2 de Julio, 2012, resultado de un México sin EDUCACIÓN

Eramos la Nueva España por más de 300 años. A través de la Santa Inquisición la monarquía española marginaba a los nuestros de la educación. Enclaustrada, Sor Juana elaboró una obra de la cual el noventa porciento quedó reducida a cenizas

De 1810 a 1821, México quedó hundido en la barbarie. Años de miseria, sangre, dolor que azotaban a un 90 porciento de pobladores ignorantes, analfabetas, fanáticos de la Guadalupana y sumisos a mesiánicos como lo fueron por ejemplo Hidalgo y Morelos. Ahora la historia oficial los bautiza como “héroes que nos dieron patria”. No habla con la verdad ni confiesa que el primero terminó apresado por Allende, Aldama y Abasolo, en razón de sus acciones irracionales y sanguinarias. Igual Morelos, siguiendo el ejemplo de Hidalgo, además de ser cruel y despiadado, una vez apresado por los realistas y sentenciado a muerte, resultó tan cobarde, que a cambio de su vida, pretendió el indulto delatando a sus compañeros insurgentes. Éstos terminaron abandonándolo. En resumen, fueron 10 años de solo intentonas que solo significaron tragedias tras tragedias.

Iturbide, fiel a la corona, como soldado en el activo, se percató que el buen camino para alcanzar la independencia significaba la negociación. Pasó a formar parte de las líneas insurgentes, promovió una lucha en paz y gracias al apoyo de Don Juan O’Donojú, quien llegara al país a hacerse cargo del despacho luego de la salida del último virrey Juan Ruiz de Apodaca, el 21 de Septiembre de 1821, México alcanzó su objetivo.

La alta sociedad mexicana, ávida de poder y por tradición intrigante y mezquina, así como forzó a Don Agustín a asumir el papel de emperador, terminó traicionándolo, exhiliandolo a Europa y después a su regreso no quizo prestar atención a la advertencia que pretendía señalar Iturbide en el sentido de que España apoyada por la Santa Alianza, tramaba rehacerse de nuestro territorio. Iturbide no fue fusilado, fue finalmente asesinado.

Arribó entonces Santa Anna. Poco se puede agregar en torno a lo que ya sabemos los mexicanos respecto de tan nefasto personaje. A lo largo de su larga estadía terminó otorgando a USA más del 50 por ciento de nuestro territorio ante las complacencia, una vez más, de una sociedad burguesa y ruín que en razón de su sumisión al punto de lo indigno, prefirió aplaudir y congraciarse con aquel maldito que tanto daño nos causó.

Luego arribó Juárez. Usurpador, déspota, vendepatria y dictador. Igual nuestra historia lo califica de “benemérito” y esconde de entre tantas pillerías suyas una realidad significada en la pretensión de otorgar a los norteamericanos, a cambio de su apoyo, el Territorio de la Alta California, el Estado de Sonora y la concesión a favor de aquellos, de su libre paso a nuestro territorio por nuestra frontera al norte y por el Istmo de Tehuantepec. El Tratado McLane-Ocampo no se ratificó gracias a la intervención de Abraham Lincoln, quien ante la rapacidad de sus congresistas se vió obligado a un ¡ya basta de abusar de México! Juárez no tomò nunca en cuenta que nuestro pueblo era por tradición conservador y que ante el mal gobierno que tenía a México en ruinas, prefirió buscar ayuda de los franceses, que al igual que los norteamericanos veían con codicia la posibilidad de extender su poderío haciéndose de nuestras tierras. Resultó irónico el que Maximiliano se mostrara ante nuestra nación, más liberal y amoroso a México que el propio zapoteca siempre envenenado por la soberbia y el rencor.

Con Don Porfirio las cosas cambiaron y en mucho. Si bien dictador, logró por fin sacar a nuestra patria del marasmo. Trajo paz, seguridad, nos internacionalizó, atrajo grandes inversiones extranjeras, etc. Sí, además de su prolongada existencia en el poder, descuidó a las clases marginadas, sembrando con ello un resentimiento que provocó la presencia de un imbécil de apellido Madero, quien después de su muerte, cerró el telón a una supuesta “Revolución Mexicana” que solo dio paso a verdaderos rufianes que se apoderaron del país hasta la llegada de Don Lázaro Cárdenas de Río ¿Cómo suponer una revolución cuando nuestro pueblo estaba significado en un 90 por ciento de analfabetas? Una revolución exige “conciencia de nacionalidad” derivada de EDUCACIÓN de la cual a esta fecha seguimos adoleciendo.

Don Lázaro Cárdenas fue el mejor presidente que México ha tenido. Solo que sus grandes logros a esta fecha han resultado banquete de chacales. Corrupción, ineptitud, demagogia, salvo en el tiempo que corrió de su administración hasta la época de Gustavo Díaz Ordaz que mostró no obstante irregularidades priistas, un camino al crecimiento que nos encaminaba a formar parte del sector de los países desarrollados. Paz, mínima inflación, buenas reservas que dieron por resultado un peso firme frente al dólar hasta el momento que apareció lo peor que nos ha sucedido: Luis Echeverría Álvarez. De ahí el declive de su partido al punto de quedar hecho pomada luego del triunfo de un presidente promovido por un PAN que durante 12 años terminó por llevarnos al caos  al punto de tenernos al borde de un precipicio muy profundo y difícil de superar.

Notará el lector, que a lo largo de toda esta relación en ningún momento se exaltó  la palabra EDUCACIÓN. Tanto ha sufrido México que la misma no ha existido, de ahí nuestra gran desgracia. Somo nación/territorio, en la cual por falta de EDUCACIÓN la conciencia de nacionalidad no existe. Me pregunto entonces “¿Qué podemos esperar de las próximas elecciones a sabiendas de nuestra insensibilidad política derivada del devenir de un México siempre a la deriva?”

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