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ATRÁS DE NUESTRA PSEUDO REVOLUCIÓN: EL PETROLEO.

31/07/2013

Cuando Richard Nixon fungía como Presidente de Estados Unidos, había heredado una papa muy caliente que se llamaba la guerra de Vietnam. Su país estaba al borde de la debacle en todos los aspectos: económico, político y social. Tantos años había durado el conflicto y tanto dinero y calamidades había significado, que le era indispensable acabar con él a como diera lugar. Llegó un momento en el que la economía norteamericana giraba principalmente alrededor de casi solo Vietnam. Sus plantas productivas de acero, aviones, automóviles, llantas, herramientas, textiles, etc., del total de lo que producían, un altísimo porcentaje estaba destinado a satisfacer las necesidades crecientes que urgía todo aquello. Por ejemplo: en la medida en que la industria automotriz se veía precisada a producir cada vez más jeeps o vehículos blindados, en esa misma medida dejaba de manufacturar para satisfacer el mercado doméstico, y en adición también paulatinamente dejaba de exportar. Y por lo mismo, como ya tampoco vendía al exterior, los compradores se dirigían a buscar mercados alternativos que sí contaban con oferta vehicular como para sustituir lo que ya la Chrysler, la Ford o la GM no podían ponerles a su alcance. Así entonces Estados Unidos, de ser fabricante local a favor de sus consumidores internos y exportador, pasó a convertirse en país importador.

En resumen, los mercados norteamericanos se iban constriñendo en la medida que Vietnam crecía en necesidades ¿Pero qué pasaría si Estados Unidos se retiraba de Vietnam? Entre otras cosas, el desempleo crecería de manera incontenible y así por ejemplo no habiendo demanda suficiente por falta de capacidad adquisitiva, entre otros productos de automóviles americanos como antes, o porque ya las industrias japonesa, alemana, francesa, etc. las habían rescatado para ellas ¿a dónde irían a parar todos los corridos de sus trabajos víctimas de la terminación de la guerra referida?

Le era urgente a los yanquis recuperar sus estructuras comerciales tanto domésticas como de exportación, para con ello seguir dando ocupación a su mano de obra al margen de una economía de guerra.

Por ahí andaba un chaparrito de nombre Henry Kissinger, quien después de ser Asesor directo de Nixon, pasó a convertirse en su Secretario de Estado. Hombre a mi gusto brillante en extremo y gran estratega. Sabía que solamente un arma sería capaz de derrotar en la guerra comercial a favor de los Estados Unidos: EL PETRÓLEO.

¿Con qué energéticos producían los principales competidores de los americanos? Fácil: principalmente con los provenientes del Medio Oriente, esto es Kuwait, Arabia Saudita, Libia, etc. ¿Tenían ejércitos los árabes? Por supuesto que no. Las únicas armas con que contaban los árabes eran sus hidrocarburos.

Y bueno, a don Henry como buen judío, se le ocurrió que si enviaba a sus amigos árabes a tomar por sorpresa mientras sus paisanos oraban en sus sinagogas justo a la hora de la celebración del “Día del Perdón”, esto es el Yom Kipur, éstos a la salida encabronadísimos tomarían hasta sus resorteras para ir en venganza por la acción por parte de los árabes. Resultado: todos se aliaron con los israelíes por representar los intereses de Estados Unidos. A manera de revanchismo, los árabes advirtieron a todos los que dependían de su petróleo “van a ver bolas de saniores cabrones, ahora se quedan sin nuestros batroleos”. Y ¡zaz! decían los europeos y los japonesitos “y ora ¿con qué producimos?”. Nixon y Kissinger se desternillaban de la risa. “Ya no me hagas carcajear Henry porque me voy a cagar en los pantalones”.

Así, de pronto apareció Nixon en cadena nacional en la radio y televisión y anunció su decisión de la “derrota digna” que daría paso al retiro de las tropas americanas de esa tan atormentada zona y colorín colorado, los gringos recuperaron sus mercados, la economía se consolidó nuevamente, no hubo desempleados y los que se habían aprovechado de la distracción del Tío Sam por culpa de Vietnam, ésos sí que se hicieron popó en serio y en forma de diarrea.

¡Y ya verán lo que luego pasó en Europa!

“El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el Diablo” Ramón López Velarde.

@ap_penalosa

¿REVOLUCIÓN MEXICANA?

30/07/2013

¿Qué es una revolución? ¿En qué nos favoreció al día de hoy dicho acontecimiento? Según el diccionario, a una revolución se le define como “un cambio brusco y violento en la estructura social de un estado”. Yo no sé por qué carajos tuve que estudiar Marxismo durante la carrera de Economía, materia que ahora forma parte del archivo de lo antiguo, de lo obsoleto. Sin embargo y distando de ser comunista, recuerdo que Lenin igual pregonaba algo interesante en torno al mismo concepto. Decía que para que prosperara se requería de un pueblo controlado y manipulado por los intelectuales que formaran la élite en el plano del conocimiento del materialismo historico, o sea, solo unos cuantos. Agregaba además que un pueblo inconsciente a falta de educación, representaba una mayoría que a ciegas actuaba como el mejor promotor de su ideología. De aquí el que a los seguidores del mismo los calificara de “idiotas o tontos útiles”. Ahora bien, no necesariamente debe entenderse como condicion sine equa non que solamente los pobrecitos sean los mejores conductos, también podría quedar incluida en paralelo a la “chusma” la clase media.

En México para ser más bondadosos, mejor los bautizamos como “borregos”. Un buen ejemplo de esto está en todas esas hordas que salen a lo tonto sin saber a qué van, pero que a cambio de 200 pesos por marcha caminan gritando “arriba no sé, abajo tampoco, pero yo prefiero sentarme en el trasero de López Obrador…”. Lo malo es que en su ruta van destruyendo todo, aún joyas coloniales como las de una ciudad tan bella y rica como Oaxaca, ahora con cada día menos turistas o, si por ahí aparece un grupo de gringuitos, alemanes o franceses, salen disparados gritando “¡oh my God!”. Véase el caso de los “maestros”¿? de la sección 22 del Sindicato de la Educación en donde como ya es tradición, además de estar atentos cada año a las instrucciones que se les dan, arman tales desmadres que entre otras cosas los que salen pagando son los pobres niños que llegan en ocasiones a quedarse sin clases algunas veces hasta meses ¡Vean nuestra educación!

Lo peor de todo es que esos mismos maestros en manada suman en cada proceso electoral tal cantidad de votos dirigidos por pseudo políticos ávidos de poder y de dinero, que a la larga los que resultamos más imbéciles somos aquellos que por no ir a votar por pereza o porque ya ni nos interesa, no obstante ser supuestamente nosotros, los pensantes que sí podríamos si nos decidiéramos en forma responsable, manifestar nuestras inconformidades, hacemos nada.

En México al contrario de lo que decían Marx y Lenin, los “idiotas útiles” compiten y con ventaja frente a los “pensantes pendejos” que prefieren ir al fut, al cine, al cafecito a mentar madres contra el sistema e idear y proponer una nueva sociedad, pero ni hablar de irse a parar en una casilla electoral. ¿Cómo podía haber revolución en México si la mayoría de su población en aquel entonces era analfabeta y sus líderes tanto o más que la primera? Era la misma chusma que Hidalgo y Morelos en su momento sacaron para engrosar un enorme número de gente con el “pus yo no sé, pero vamos a entrarle vieja y a ver de camino de qué nos hacemos para que coman los chilpayates” ¿Resultados?

A ver ¿qué pasa con el ejido? ¿Cuántas veces se han repartido las mismas superficies ahora abandonadas, secas y agrietadas según cada presidente propuesto por el PRI a lo largo de su historia? Ya no digamos el PAN de porquería ¿Qué pasó con la industria de fertilizantes e insecticidas? ¿Crédito barato al campo dónde? ¿Aseguradoras? ¿Nuevos estímulos a favor de nuestras tierras? ¿Qué más….?

@ap_penalosa

SUFRIMIENTOS DE DON PORFIRIO PREVIO A SU DESTIERRO Y MUERTE

27/07/2013

Lo escrito por Amada Díaz se expone como álbum y no como diario debido a que no tuvo tiempo para hacer anotaciones cada día. Las circunstancias la mantenían absorta en muchas otras actividades según las tristes circunstancias que en cada momento de su existencia tuvo que afrontar. Muy brevemente, de su puño y letra se exhibe en forma muy resumida según fechas de sus escritos, lo que fue el acontecer de los peores momentos y verguenzas para México en el proceso de lo que se da en llamar “Revolución Mexicana”, de la cual surgen anécdotas que hacen notar al lector tantas mentiras y elevación a las alturas de personajes que en la realidad resultaron por demás dañinos, detestables y quienes a la postre según los “historiadores” debieron ser elevados a la categoría de héroes, mas en la práctica de barro o judas de cartón a ser quemados con muchos, muchos cohetes y que ahora irónicamente con sus nombres embarran y hasta ensucian grabados con letras de oro, ese circo nuestro llamado Congreso de la Unión.

Amadita casó en 1888 con un hombre muy rico, hijo de un poderoso hacendado llamado Ignacio de la Torre quien había hecho gran fortuna con propiedades entre otras azucareras, localizadas principalmente en el estado de Morelos. Era muy trabajador y ambicioso. Se dice que además era justo y espléndido con su gente. Le querían bien, lo respetaban y por lo mismo obtenía de ellos su mejor esfuerzo. Entre la lista de trabajadores aparecía el nombre de Emiliano Zapata, hijo de otro Zapata que siempre se mostró agradecido a la familia De la Torre.

Apenas contrajeron nupcias, Amada sentía a su esposo muy distante de todo aquello que como toda recién casada deseaba saborear, esto es, las mieles del amor en todas sus formas. Lo notaba alejado, desinteresado y hasta temeroso a la cercanía con ella. Sospechó entonces que en sus actitudes había algo extraño. Ignacio solía alejarse con mucha frecuencia de su casa, era amigo de la farándula pero además, dichas fiestas hacían coincidir a hombres homosexuales. Ignacio era uno de ellos. En cierta ocasión alertada la policía de dichos escándalos, penetró al lugar donde se llevaba a cabo una más de tantas fiestas y resultó que entre los detenidos se encontraba su marido vestido como mujer, con la cintura avispada pero eso sí, luciendo el típico bigote que la moda de aquella época imponía. Don José Guadalupe Posada, uno de nuestros grandes caricaturistas mexicanos, dispuso de dicho tema para elaborar una burlesca ilustración intitulada:” Los 41 Maricones encontrados en un baile de la Calle de la Paz el 20 de noviembre de 1901″, la que dio la vuelta por todos los ambientes sociales de la ciudad causando estupor.

Cuenta Amadita que cuando habló con su esposo al respecto, éste todo lo negó aduciendo que sólo era producto de acciones de los enemigos de Don Porfirio. Pero para ella lo sucedido simplemente significaba la confirmación de sus sospechas.

Más pronto que tarde, Díaz la mandó llamar y le confirmó que lo que se decía de su yerno era cierto y que para evitar un escándalo en detrimento también de su persona, había intervenido para que Ignacio quedara de inmediato en libertad. Respetó a su hija y le advirtió que él de ninguna manera se inmiscuiría en un asunto tan de pareja, pero que fuera cual fuera la decisión que aquella tomara, él como padre, estaría en la mejor disposición de brindarle cualquier tipo de apoyo y consuelo. La pobre mujer siempre vivió entre la espada y la pared. No obstante la pena que tanto afectaría el resto de su vida, nunca dejó de amar y respetar a su marido, quien por cierto en la medida del tiempo fue mostrando más a la luz pública su tendencia sin sentirse molesto ni preocupado por lo que se hablara de él. El amor de Amadita a su marido, su tortuoso correr y la maldad de Zapata, sumados a las circunstancias de la revolución, hicieron que su vida se tornara en un infierno hasta el día de su muerte.

Me decidí a escribir esta serie de artículos a partir del pasado 1 de Julio, porque tengo que decir que mi intención fundamental es la de colaborar a hacer conciencia entre los lectores que se acerquen a leerme, de la urgencia que todos los mexicanos tenemos para estar claros del real entorno que nos cobija y que a mi juicio está muy deformado en cuanto a su verdadera imagen. Muchas veces he mencionado a lo largo de mi redacción que en mi opinión nuestro problema fundamental radica en la falta de verdad y educación, punto.

Ahora bien, además de que no soy historiador, sólo me reconozco como mexicano interesado en conocer la realidad en torno al proceso que efectívamnete ha seguido mi país. Me está muy claro que todo lo que haya señalado debe estar bien sustentado en razón de consultar tantas obras históricas que se han escrito casi inmediatamente después de que los acontecimientos se suscitaron, como también libros recientes que denotan mucha investigación previa.

Por otro lado y también derivado de tanto que he tenido la oportunidad de leer y confrontar, de pronto siento algo así como URGENTE hacerle a ver a mis compatriotas que hemos sido muy injustos con muchos personajes de nuestra patria a quienes deberíamos de reconocer, admirar y hasta agradecer por tanto que hicieron por nosotros y que desafortunadamente pasaron al olvido o con toda intención se les encerró en un armario asegurado con varias chapas. Igual me parece injusto, deshonesto y hasta arbitrario el que personajes lejos de hacernos sentir orgullosos, en la práctica hayan resultado deleznables. Pero además lo que es peor, elevados a la categoría de “prohombres” porque así, aprovechando el sistema esa ignorancia de la que somos víctimas, muchos gobiernos se han basado en ellos con afanes demagógicos y a afecto de ganar votos que los lleven al poder y desde ahí cometer todo tipo de traperías que cada día desgastan más a nuestra nación.

Me niego rotundamente cuando me refiero al tema relativo a la Revolución Mexicana a hacerlo como tradicionalmente se expone porque a mí en lo personal dicho movimiento me parece una farsa protagonizada por muy pocos en detrimento de muchos más que sumados a tantas víctimas inocentes y manipuladas desde que los primeros independistas atraparon para sus objetivos personales y hasta mesiánicos, hoy si se hiciera un censo podrían significar probablemente millones de muertes inútiles y estériles. Madero, Zapata, Villa, Huerta, Obregón y hasta Calles con sus dos achichincles que se dejaron manejar de acuerdo a los intereses de este último, simplemente protagonizaron una tragicomedia que después de Don Porfirio nos volvió a sumir en lo más profundo de un precipicio, trayendo con ello terribles consecuencias. ¡Cuánto se ha escrito y publicado sobre Revolución Mexicana! ¿Cuánto de todo lo enaltecido es cierto? ¿Cuánto de lo publicado, que no es cierto, es en lo que más insisten los políticos en resaltar para con base en ello mover muchedumbres que no saben a dónde se encaminan?

Me bastó leer a manera de “remate” el libro de don Ricardo Orozco, para darme cuenta en 186 páginas, que tantos otros libros antes consultados sobre Revolución Mexicana habrían salido sobrando y me hubieran permitido leer otras cosas sobre México, que lejos de frustrarme terminarían por alentarme. En ese libro, repito, en el que se inserta lo escrito con toda honestidad por la hija de Don Porfirio Díaz, terminarán muchos de darse cuenta quiénes fueron realmente esos personajes de esa pseudorevolución por los que tantos ¡vivas! proferimos y que por el contrario, sabiendo lo que realmente hicieron, nos pondrían a llorar. Yo recomiendo ampliamente dicha obra. Es muy fácil de leer, a mi juicio honesta y por lo mismo veraz, en razón de provenir de quien fuera sangre de su padre. También ahí se percata uno sobre personajes, entre otros de torva figura como lo fue la de Emiliano Zapata a quien no se le puede adjudicar un adjetivo más allá de maldito, desalmado y vergonzante.

Termino así mi serie y espero les haya resultado de utilidad. Muchas gracias.

@ap_penalosa

CERCA DE TERMINAR CON DON PORFIRIO

26/07/2013

Seguido de la muerte de Iturbide, nuevamente México cayó en la sumisión en este caso a un loco y diabólico traidor, Santa Anna, quien no tuvo empacho por afanes personales como fue en el caso de Juárez, en poner en venta parte de nuestro territorio y lo más deleznable, nuestra dignidad y soberanía. López de Santa Anna, Juárez, otros mexicanos y la Iglesia pusieron a competir en detrimento de nuestro país a dos invasores: los Estados Unidos de Norteamérica y Francia. Los primeros quedaron desilusionados por no haber logrado finalmente el objetivo contemplado en el Tratado MacLane-Ocampo, los segundos finalmente optaron por renunciar a sus ambiciones.

Con Juárez su actividad de pastor de ovejas trascendió a la de manejar grandes rebaños de borregos enfrentados entre sí: liberales y conservadores bajo el arbitraje de un referee personalizado por el país vecino. Finalmente este último dió por concluida su propia pelea en lo interno: la Guerra de Secesión.

Llegó Don Porfirio sin tomar partido. Su prioridad era su patria destrozada, volver a reunir a los mexicanos en un solo grupo, abrirle las puertas a todos y con ello a las oportunidades, pero lo más importante, en un marco de paz. Eso era lo que más deseaba y urgía a México. Fue Dictador sí, no quedaba de otra. 80 por ciento de la población vivía incontrolable en la miseria y en la más absoluta ignorancia. Bien lo sabía. Se aprovechó de dicha circunstancia pero con todo y todo y a pesar de muchos que no lo querían, Díaz resultó un buen gobernante. Conocía bien a México desde ser un militar que se oponía a las intervenciones hasta que asumió el poder consciente de un país que recibió arrasado y que levantó al grado de cambiarle la vestimenta de tribu y exhibirlo como nación en vías de la prosperidad. Era un ser humano más, pasional aunque a la vez reflexivo, calculador, prudente y tolerante.

Con Don Porfirio en una buena parte de nuestro enorme territorio se dio crecimiento y trabajo. Eso no quiere decir que haya logrado salvar sectores marginados, pero bueno, puso a la nación en una charola de plata que nuevamente fue pateada y de ella cayeron valores que terminaron pisoteados, aplastados y hasta ignorados. Continuó un nuevo ciclo que se llamaría Revolución Mexicana a lo largo de la cual todo sería igual a los tantos periodos anteriores: luchas fratricidas, asesinatos, traiciones, sangre, muertes, debacles y nuevamente un espacio de trogloditas que daba oportunidades a aquellos atentos a eso de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. En el México independiente, con todas sus cosas buenas y malas puestas en una balanza, me temo que en las segundas está representado el mayor peso.

Me pasa como lector que de pronto me arrimo a obras constituidas por tantos volúmenes o páginas y me digo: “si trato de leerlos completos luego ni me voy a acordar y no tendré tiempo de avocarme a otros”. Eso me pasa con “México a través de los siglos” o con “Don Quijote de la Mancha”. Pero cuando los vuelvo a abrir al azar o buscando algo en específico, en el caso de la primera obra siempre termino satisfecho e impresionado. No me imagino cómo le hizo Don Vicente Riva Palacio para organizar con sus colaboradores ese monumento que desafortunadamente pocos coterráneos tienen en sus casas. Ahí está plasmada lo que yo califico una sincera historia de nuestro correr no sólo en su avanzar político, sino también en lo económico, en lo social, en lo cultural, en la heráldica, en sus tradiciones y costumbres, etc. Existen librerías de ejemplares viejos donde regateando se puede uno hacer de la colección incluyendo diez tomos, a no más de mil pesos y mientras más viejos, más huelen a libro y a un México lleno de sorpresas y de pronto inentendible. Muchas veces basta abrir el Quijote así en un a ver qué sale y ¡uff, cuánta sabiduría en dos páginas! En “El Principito” de Antoine de Saint Exupéry, cortito, fácil de leer, ameno, ahí sucede lo mismo. Cada vez que se vuelve a una página por enésima ocasión, algo nuevo se aprende. Leamos, aprendamos y disfrutemos. Busquemos la verdad, confrontemos y van a ver, cada vez que se dé un proceso de elecciones, vamos a poner a temblar a los chingados políticos.

Para terminar con Don Porfirio, me referiré a una auténtica testigo que fuera de ese gran personaje, su propia hija de nombre Amada a quien tocó vivir grandes desventuras derivadas de su niñez, su matrimonio y por la forma como terminó la vida de su padre. Existe un espléndido libro al respecto escrito por Ricardo Orozco, denominado” El álbum de Amada Díaz” que quien lo lea terminará reconciliándose con ese protagonista de nuestro devenir y que yo califico digno y ejemplar en las mismas proporciones en que calificaría al sistema mexicano quien por conducto de sus “historiadores” ha sido contrariamente ingrato y soez. Antes de avocarme a Amadita diré a manera de antecedente que su padre ya sentía el peso de su edad y por lo mismo ahora sí preveía su salida del gobierno. Tenía previsto para sucederlo a quien pretendía colocar previamente como vicepresidente y que llevaba por nombre don Ramón Corral. Limantour también pesaba mucho pero en aquello de previsiones no había quién le ganara al Presidente Díaz el cual prefirió mejor reelegirse nuevamente.

Madero era un hombre muy pequeño en todos los sentidos de la palabra. Además el pueblo en general optaba más por la figura de don Bernardo Reyes, en caso que Don Porfirio efectivamente renunciara. Sucedió todo lo que ya sabemos y finalmente Díaz consciente de la gravedad que significaba a México la amenaza de una nueva revuelta, prefirió declinar a seguir gobernando y salió del país desterrado por decisión propia acompañado de su esposa Carmelita y de su hijos Porfirio y Luz. Amadita permaneció en México mientras los mexicanos en su gran mayoría lloraban por su salida.

Doña Delfina Ortega, conocida como Delfinita, procreó con Don Porfirio dos hijos: Porfirio y Luz. Díaz tuvo otra hija con una extraña y a mi juicio mala mujer de quien nació Amada. Llevó por nombre Rafaela Quiñones. Esta última negoció con don Porfirio el que él mismo se hiciera cargo de la niña a cambio de un dinero que le facilitara una vida en plena libertad, cómoda y estable que además le facilitara volverse a casar a su capricho. Nunca demostró un auténtico amor de madre a Amadita, el cual doña Delfina sí le supo prodigar. Jamás mostrar diferencia entre sus propios hijos y la que vendría a ser finalmente su hijastra.

Papel importante jugó también en la vida de esa última la quien fuera última esposa del señor Díaz, Carmen Romero, con quien nunca procreó hijos y quien a lo largo de toda su vida actuó como verdadera compañera, amiga y persona que siempre regaló a Amada amor y comprensión.

@ap_penalosa

MÉXICO ANTES Y DESPUÉS DE DON PORFIRIO

25/07/2013

Si hoy la autoridad se amarrara los pantalones y de entrada mandara al bote de la basura por ejemplo a los inútiles de Derechos Humanos tan perversos como los de Greenpeace que solo son oportunistas buscalana, les aseguro que la inseguridad más allá de la proveniente del narcotráfico se reduciría en serio. Ministerios públicos corruptos, policías coludidos con la delincuencia, secuestradores, reclusorios que otorgan el grado de doctorado a sus alumnos, políticos deshonestos, “aviadores”, AMLO con su MORENA ¿qué más? Lo que pasa es que estamos tan ahogados e infiltrados por ese tipo de alimañas, que nos resulta casi imposible confiar en un juez por su criterio, sapiencia y seriedad al decretar una pena, ya no digamos la de muerte si existiera. No es difícil como algunos afirman que el 80 por ciento de personas encerrada en un penal, por falta de dinero no puedan abandonar el mismo a sabiendas de que es inocente o por lo menos que su falta no amerita la prisión. Imposible suponer que cualquier medicucho del sector salud esté listo para decretar la eutanasia cuando lo que le urge es salir a su hora para del hospital unirse con sus compadres “doitores” a encontrarse con las enfermeras en el departamento de cualquiera de ellos a celebrar un buen sarao.

En 1877 de entre tantas anécdotas, 12 asaltantes se hicieron de un considerable caudal minero que se trasladaba de Zacatecas a la ciudad de México. Los soldados federales a la vuelta de la esquina los detuvieron y los pusieron en manos de la autoridad. Los angelitos fueron trasladados a Huichapan en donde el gobernador tomó cartas en el asunto. Se dispuso desde ese punto que aquellos se trasladaran a Pachuca. Al final no llegó con vida ninguno de los malvivientes. En otra ocasión, un muchacho robó a su patrón algunas monedas. Éste último se fue a quejar con los rurales quienes antes habían sido delincuentes convertidos en soldados debido a su desempleo. Lo tomaron preso y le preguntaron si efectivamente había dispuesto del las monedas anotadas y este cínico contestó que por supuesto que no. Le ordenaron entonces voltear sus bolsillos y de los mismos cayeron las mismas. El oficial sacó su pistola, se la acercó al cráneo, le disparó y simplemente ordenó a sus acompañantes “dejen ahí el cuerpo, con todo y las monedas” ¿Qué tal que apareciera hoy Don Porfirio? Seguro que robillos, robotes, secuestros, violaciones y tantas cosas más que aturden cada día más a nuestra sociedad se darían cada vez menos en la medida en que a nuestras autoridades las manos no les temblaran cada vez ¡Ay pobrecitos, es que tanto que sufren y qué les queda! Qué les queda ni qué nada… ¡A trabajar huevones! Muchos trabajos salen de la inventiva y la voluntad.

Miren, cuando yo vivía en mi adorado Coyoacán, en una ocasión fui a una farmacia del Doctor SIMI. La cajera estaba bien ocupada contando toda la morralla que cada dos días le llevaba un sujeto vestido de manta y que a cada rato me encontraba repartiendo papelitos en sepa Dios qué dialecto, pidiendo ayuda para que su comunidad pudiera sobrevivir con la imagen de Zapata por cierto. Un día le pregunté por qué no se regresaba al campo a trabajar sus tierritas. Se me quedó mirando, se hizo chiquito y salió despavorido. Bueno, ese tarde con la cajera de la farmacia se encontraba el mismo individuo quien era el que le surtía las tantas monedas que hacían feliz a aquella empleada. Me dijo “este hombre es mi sol, cada tercer día me surte de cambio a razón de entre 400 a 500 pesos”.

Otro día, comiendo con mis brujas en el mercado de Coyoacán, se me acercó una señora con cara de compungida pero joven y fuerte. Me pidió una limosna para sus trescientos hijos, su suegra, su perico y su marido. Iba bien trajeadita con todo y bolsa. Le dije “señora, si lava los trastes que están amontonados porque mis brujas no se dan a basto, le pago la comida con mucho gusto” ¿Qué creen que me contestó? “vaya usted a buscar a su abuela porque yo no me rebajo a eso”.

Otra de limosneros: María Callas se quedaría chiquita en una ópera de tragedia. También en el mismo mercado, existe una mujer que ayudada de muletas va de puesto en puesto cantando de manera tal que la primera vez que la vi y escuché me revolqué en el piso a llorar y a darme golpes contra el mismo. Saqué 800 mil pesos de mi monedero, se los di y de inmediato me lancé a la iglesia de San Juan Bautista y no saben lo que le dije a Dios por injusto. Dos días después ¡que me la encuentro! Iba feliz corre que corre por el Jardín Centenario o brincando como cuando de niños jugábamos “avión”. Le dije entonces “¡Señora, qué gusto! Espero ya haya ido a la basílica a dar gracias por el milagro ¡mire, ya camina!” Resultado: me mentó la madre. Y el pobre de Don Porfirio, hasta allá en Francia remuriéndose de frío cuando le cae la nieve de Paris sobre su tumba.

México tiene muy corta edad, 492 años de los cuales más de 300 fue invadido y dominado por terceros. Es un país muy fácil de analizar observando sus ciclos. Si tomamos en cuenta la época virreinal durante la cual era la Nueva España, veremos que nuestro territorio además de ser muy extenso era a la vez muy próspero. Lo malo es que nuestras riquezas acababan en España o en manos de ricos hacendados o de la Iglesia, es decir, que toda esa fortuna derivaba de la explotación de nuestros coterráneos que vivían en la peor de las miserias e ignorancia. Luego, hasta antes de la llegada de Don Agustín de Iturbide, la nación se hundió más. Ya no sólo era miseria la que prevalecía, sino además la sangre que la bañaba. Igual debemos añadir a muchos de los propios mexicanos, algunos con buenas, otros con discutibles intenciones, que se encargaron de victimizar a nuestro pueblo que aunado a su ignorancia y por lo mismo presa del fanatismo propiciado por la Iglesia y otros mesiánicos sin saber a ciencia cierta de por qué era sujeto de un manipuleo que engrosó cementerios y decenas de miles de familias aterradas y desprotegidas. Los independentistas además de fracasar, desunieron a nuestros coterráneos a tal grado que entre ellos mismos terminaron destruyéndose y lo que es peor, llegando al extremo muchas veces de odiarse lo unos a los otros.

Con Iturbide después de 11 años de masacres, nuestra tierra por fin nació como nación independiente. Ya felizmente se daban objetivos concretos que alentaban a nuestros habitantes a trascender. Muchos patriotas antaño sus enemigos, realistas o insurgentes, se unieron a su causa y con sentido práctico. Don Agustín se empeñó en basar a México en la concordia con España, incluyente hacia la Iglesia y, como Don Porfirio, ansioso de una paz que estabilizara a la nación. Tristemente, la traición y el interés por lo personal y no por la patria, característica tan propia en nuestro devenir, hizo que ese gran esfuerzo se viniera abajo.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, misma que está por concluir. Ver blog.

@ap_penalosa

¡AH, PERO ESE DESGRACIADO DON PORFIRIO!

24/07/2013

A mí me encanta ser mexicano. Nací y deseo morir como tal. Yo me revelé a continuar leyendo a Vargas Llosa aún con su espléndida literatura, cuando por razones políticas y quizá por resentido al no alcanzar la elección presidencial, renunció a su nacionalidad peruana para hacerse español. Hay que decir que los mexicanos formamos una sociedad a mi juicio sui generis. Eso un poco lo atribuyo a que hemos sido consecuencia de sangres tan distintas que han dado por consecuencia una raza a veces muy diferente a otras en las cuales se denota una estructura física y mental más definida y estable. De indígenas pasamos a ser criollos, luego mestizos. Son muchas las combinaciones que nos han ligado con génes de todo tipo. Españoles árabes, italianos, franceses ¡puff…! todo un tuttifruti.

Tenemos una característica que nos hace muy especiales en términos de actitudes. Igual criticamos, exigimos, nos exhibimos mártires, etc., pero al mismo tiempo nos resistimos a cooperar, a ser tolerantes y pacientes y además, tristemente muchos compatriotas terminan renegando de su nacionalidad. Otra cosa también muy propia de nosotros está en que no valoramos ni disfrutamos tanto que tenemos y nos enriquece ¡Cuántos otros países desearían poseer aunque sea un poquito de nuestro patrimonio! Muchas veces nos sucede que no sabemos qué hacer con lo nuevo conquistado, por ejemplo la democracia. Lo que pasa es que un valor como ese para saberse asimilar y practicar se requiere de educación, esa sí condición fundamental de la que desafortunadamente adolecemos y que cada día se hace más pobre, raquitica en la medida que la población aumenta. Nuestra economía se hace día a día más escasa para las mayorías y el resto va a parar a manos de corruptos, ineptos o desinteresados en dejar sus ganancias en la nación para así mantenerlas protegidas por bancos extranjeros.

Yo recuerdo cuando el presidente Calderón asumió la Presidencia, que advirtió algo que todos aplaudimos con vivo entusiasmo al anunciar que ahora sí el gobierno se avocaría a combatir al narcotráfico. Advierto que yo disto y por mucho de aplaudir los resultados de la gestión Calderonista y luego diré por qué. Sin embargo, resultaría necio de mi parte no reconocer el esfuerzo que a ese respecto hizo aunque por supuesto en forma pésimamente concebida. Pero igual a veces me pregunto ¿y si no le hubiera entrado al toro el gobierno a eso, cómo estaría el país ahora? Advirtió ese mandatario que habría por resultado muertos, entre ellos inocentes, pero también señalaba que estábamos en la orilla y ¡vamos que de verdad eso era cierto! Han caído capos y más capos y nos sabemos cuántos faltan ni cuántos nuevos aparecerán. ¿Que han muerto muchos inocentes? no existen en los anales de la historia universal capítulos que hablen de guerras en las que los inocentes en su totalidad se hayan salvado, punto.

Pero ahí aquello con lo que empecé: hoy la mayoría de los mexicanos criticamos, denostamos y culpamos de todo al gobierno o a Estados Unidos o qué sé yo a cuántos más. Pero eso lo llevamos a cabo tomando café con los amigos y ahí somos rebuenos para decir cómo se deberían resolver las cosas. Se nos olvida lo trascendente y ¡pácatelas! si no aparecen noticias relativas al Kalimba, a Carmen Aristegui o al patán de Fernández Noroña y compañía, entonces baja el rating de los noticieros y la prensa se ve precisada a mostrar buenotas encueradas, para por lo menos recuperar los costos de sus ediciones. Alguna vez hace muchos años, no recuerdo quién me comentó que en nuestro ambiente cuando alguien es señalado de borracho, ratero, maricón o comunista, ya no se la va a acabar para el resto de su vida. Ningún presidente mexicano ha dejado de ser tachado de homosexual, ladrón, asesino, tonto y así, una bola de epítetos más. Y de esta manera la seguimos llevando cada tarde sobre todo los viernes a la hora de dominó. “Pinche presidente, cabrones empresarios abusivos y avaros, mira qué bien que está la mesera, déjame ver si me la ligo, qué cagado el Noroña, bien que paró al congreso ja, ja” Y luego nuestros señores diputados y senadores quitándose la palabra para subir a la tribuna para expresar solo pendejadas, a veces a menospreciar a sus compañeros e insistir que solamente el partido que cada uno de ellos representa es el capaz de salvar a México. Y al rato: “miren para que vean que somos buenitos y demócratas, nosotros los que le decíamos espurio al presidente, las vamos a chocar y en alianza con el PAN le vamos a romper la madre a los del PRI”. Mientras, el PRI se regocijaba y todavía hace poco hacía planes con el Verde Ecologista e iban con la Gordillo a decirle ”mi alma, ven y ahora siéntate en nuestras piernas” ¡Y ahí llegaba la otra!

Exactamente igual a cuando en la época de Iturbide se constituyó un congreso, nada ha cambiado. Por lo contrario, nos hemos hecho maestros o hasta doctorados en la grilla y los que observamos seguimos en la baba y los que nos representan bien que se preocupan porque esa baba persista y hasta aumente aunque nos ahoguemos en ella. Luego en medio de esa democracia “patito” (perdón Patricio, mi hijo), salimos cada tres o seis años a votar. Y nuestra incomparable patria: bien gracias. A veces también da la impresión que a los mexicanos nos place que se nos trate con rudeza, así como a muchas mujeres u hombres que si no salen de pronto golpeados por el o la cónyuge piensan que ya no se les quiere. Don Porfirio no se andaba con medias tintas, “o se ponen en paz o les rompo la madre”. Y cumplía con la amenaza ¡sí, señor! y astuto como era también respaldaba con el “buen ejemplo” el bien hacer dando seguimiento a los mandatos impuestos por la Constitución. Creo que fue el precursor del “tapado”. No sé si se recuerde, previo a la decisión Presidencial a favor de López Mateos o de don Gustavo Díaz Ordaz, aquel anuncio de una cigarrera que rezaba “el tapado fuma Elegantes”. Así Don Porfirio, como en el acto de streaptease, de pronto mostraba y luego ocultaba. En 1898 en Monterrey, cerca ya de la convocatoria a nuevas elecciones, le dio tal coba al general Bernardo Reyes en una banquete a la hora del brindis, que todos los regiomontanos daban por seguro que el sucesor de Don Porfirio sería aquel, en ese momento gobernador de Nuevo León. Haciendo a un lado al mismísimo Presidente, todos se fueron a la cargada para hacerse notar ante el señor Reyes. Díaz en su interior se sentía muy bien y sonreía malevolamente. ¡Vaya que se había exhibido demócrata!

Lo que no sabían los del Cerro de la Silla era que en ese mismo momento en México habría otro gallo que también cantaría: don José Yves Limantour quien estoy seguro, en caso de no haber aparecido por ahí el señor Madero, hubiera sido el sucesor de Díaz, en serio. Su gestión lo hizo resaltar como unos de los mejores secretarios de hacienda que ha habido en nuestra historia. La salida de Don Porfirio a su destierro aunada al inicio de lo que a la postre significaría un rotundo fracaso, esto es la gestión de Don Francisco quien terminara asesinado junto con Pino Suárez, no dio pie a la continuación de un Porfiriato. Esto conllevó a nuevas décadas de sangre y masacres inútiles que quedarían entonces reflejadas en una nueva Dictadura de 70 años encabezada por un partido que ahora sigue vigente y se está recontruyendo que se llama PRI.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio” próxima a concluir. Ver blog.

@ap_penalosa

DON PORFIRIO EN SU PASO A ESTADISTA

23/07/2013

Recordando a Don Joaquín Pardavé en aquella inolvidable película México de mis recuerdos, se me antoja mucho haber sido testigo de aquella época. Quien hizo el guión de la misma supo muy bien plasmar ese nuevo costumbrismo de un México que me parecía delicioso y divertido. Las funciones de teatro, las andanzas y líos de faldas, la hipócrita y a la vez inocente burguesía que lo envolvía. Vamos, hasta lo último traído de tradiciones francesas que incluían los duelos a muerte derivados de la defensa de la dignidad y que bien supo adoptar el político y poeta Salvador Díaz Mirón a quien hasta la muerte se la pelaba y respecto de la cual se moría a carcajadas. Lo que sí habrá que decir es que al guionista aludido, o le faltó tiempo para adentrarse al campo mexicano o no lo quiso hacer porque entonces el filme hubiera tenido que terminar por lo menos con un título distinto: México de mis recuerdos gratos y cabrones.

Algunos datos interesantes y relevantes del Porfirio Díaz hasta antes de 1898:

1. Como ya había mencionado, la sumisión ¡vean! al mandato constitucional que obligaba a elecciones cada cuatro años. El pueblo no dio importancia ni se preocupó por cumplir con esa obligación. Con Díaz se vivía en paz y por primera vez se vislumbraba un camino llano que encaminaría al país a alcanzar una mejor calidad de vida. A eso debemos agregar que fue gracias a el que los mexicanos lograron saberse tranquilos porque la autoridad no les impediría asistir a un templo ni a festejos aún prohibidos por la Carta Magna que les permitieran continuar gozando con sus emociones derivadas de su fe.

2. Don Porfirio nunca se enriqueció y menos a costa del erario. Jamás, ni sus peores enemigos lo acusarían por eso.

3. Aún a sabiendas de su poder e influencia, para ese señor no había enemigo pequeño. Sabía medirlos y calcularlos en sus intenciones. Siempre les abrió las puertas a efecto de no menospreciarlos y a la vez tuvo para cada uno la caballerosidad de mantenerlos cercanos. Enterado de un General García Cadena que pretendió derrocarlo, con suavidad lo controló sin agredirlo. Al propio Manuel González todavía lo hizo sentir su amigo nombrándolo Gobernador de Guanajuato. No descartó que su propio suegro le volteara la espalda cuando también se enfermó de avidez por el poder. Lo mantuvo en Gobernación pero en forma elegante lo supo hacer a un lado para él mismo encargarse de los asuntos relevantes relativos a dicha cartera. También tuvo el tino de reconciliarse con antiguos Juaristas y Lerdistas a quienes llegó a hacer sus colaboradores. En resumen, sabía sumar, aún el resultado significara una mezcla de peras y manzanas pero cuidando mucho que ninguna de ellas terminara pudriendo a las demás.

4. Es cierto que sacrificó bandidos llevandolos a la horca en cantidades considerables, pero a los arrepentidos hasta los organizó en beneficio de la seguridad del territorio. Convocó a la organización de fuerzas rurales con esos elementos, bien pagados y que terminaron por garantizar aquella seguridad que mientras no existía y hacía que la gente congelara sus bienes en detrimento del desarrollo de un comercio o bien salían a la aventura a sabiendas de que en cualquier momento todo su patrimonio acumulado a base de trabajo muchas veces por toda una vida, de pronto se vería perdido.

5. Hubo un teniente coronel de caballería que pretendió asesinar a don Porfirio acorde a instrucciones de Lerdo de Tejada. Cuando supo el Presidente en donde se encontraba lo mandó llamar. Notó en él facultades para depurar contingentes invadidos por oficiales corruptos que jugaban con los salarios y hasta con los forrajes para sus caballos en su beneficio. Lo asignó responsable de aquellos haciéndole saber además que bien sabía de las intenciones que había tenido en su contra. El oficial quedó estupefacto.

6. Tanto se esforzó por tranquilizar a la Iglesia, que hasta se excedió en reconocimientos a su favor e intenciones de relaciones en el marco de la conciliación. Al cumplir sus bodas de oro como sacerdote el Arzobispo don Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos, le hizo un regalo consistente en un báculo labrado en plata con incrustaciones de carey. Así, se ayudó gobernar evitando que la Iglesia entorpeciera su labor ¿Compró a la Institución? sí, es posible, pero a cambio de ese pago logró un gobierno que fue incluyente.

7. Cuando en Sonora se dieron concesiones que amenazaban con la soberanía del estado en materia patrimonial consecuentes de arreglos de particulares mientras Juárez a ese estado lo tenía incluido en el paquete McLane-Ocampo, Don Porfirio en cambio, hizo dar marcha atrás como Gobierno Federal y rescató de la avaricia extranjera lo que a nuestra patria pertenecía.

8. Así como Juárez se exhibió como entreguista a los norteamericanos, Díaz por el contrario en ningún momento accedió a sus ambiciones. Cualquier propuesta de aquellos la sopesaba antes de dar un sí o un no. No peleaba, no se enfrentaba, simplemente no se dejaba.

9. Con Don Porfirio México se fue deslavando la imagen de país de cuarto mundo. Se orientó a alentar la cultura, a promoverla. Empezaron a destacar figuras como Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, Manuel M. Flores y muchos más. Gracias a él para nuestra patria una nueva cara: la de la civilización. Jamás aunque lo diga la historia oficial, el hombre actuó como déspota y tirano. Sensible como político, inteligente, práctico, duro a veces cuando lo debió ser y quizás hasta implacable. Simplemente era primer mandatario de una nación a la que había que poner en orden. Si hoy no tenemos democracia por efecto de la pésima educación de que somos víctima ¿qué democracia se le podía exigir a un país que en ese entonces incluía a un 90 por ciento de población analfabeta? Eso sí, un poco menos que nuestros maestros normalistas actuales, buenos para armar desmadres pero muy lejos de estar capacitados y con vocación de educar. Ese era el Porfirio aún en ocasiones con todo en contra.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, ver blog.

@ap_penalosa