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LA ETAPA PORFIRISTA O EL PORFIRIATO

22/07/2013

Con dicho término se bautizó el periodo en que el General Díaz gobernó a nuestro país. Don Vicente Guerrero tenía un nieto que se llamó Don Vicente Riva Palacio, coautor de la espléndida obra México a Través de los Siglos. Fue militar y escritor y logró hacerse de los archivos de la Santa Inquisición. Mi tío Joaquín decía algo así como “no sé de dónde se los fue a volar aquel”. También brilló como militar. Leí que cuando Manuel González lo hizo detener para mantenerlo encarcelado alrededor de un año, durante ese tiempo Don Vicente se dedicó a escribir el tomo correspondiente a la etapa virreinal. Aquí debo hacer referencia a la obra de Don Armando Fuentes Aguirre que refiere a tanto personaje de saber que resaltaba en el terreno intelectual y que necesariamente forzaba al presidente a elevarse a la altura de una sociedad muy exquisita, culta y demandante de mostrarse aristocrática.

Aún ya siendo Presidente en sus primeros años Díaz, éste molestaba con su rudo comportamiento propio del militarsote que no se detenía a escupir en una alfombra. De ahí entonces el seguir los consejos de sus allegados que le invitaban a ponerse a la altura de las circunstancias. Decidió entonces por lo pronto estudiar inglés y a la postre resultó que su maestra terminaría contrayendo nupcias con su alumno. Se llamaba Carmelita Romero Rubio, contaba con 17 años de edad y francamente me parece difícil verla casada con un garañón como lo era Don Porfirio que entonces sumaba 51 años de edad. Se sabe que ya en su segunda etapa como Presidente y gracias a su esposa, don Porfirio puso especial énfasis en su persona, a fín de que su imagen se fuera aterciopelando y empatando con las características de la alta sociedad mexicana. Carmelita además de haber sido su maestra de inglés, imprimió en su esposo todos los modos de comportamiento que lo hicieran lucir como un presidente digno de cualquier ambiente elegante y sofisticado fuera a nivel nacional como internacional. Díaz resultó buen alumno. Ya de por sí su porte natural representaba a un maniquí fácil de sublimar.

El padre de Carmelita fue Don Manuel Romero Rubio, quien antes había sido hombre muy cercano a Lerdo de Tejada encargado de manejar la campaña política de aquel cuando pretendió reelegirse en la Presidencia. Al final se dieron diferencias entre los dos y así el rompimiento de lo que había sido una profunda amistad. Don Manuel era masón y aunque Carmelita profesaba con mucha fe la religión católica, su padre la atemperaba como buen liberal, buscando que su hija no cayera en fanatismos. Aprovechó bien el tiempo y mientras el general Manuel González gobernaba, don Porfirio se pulía.

El 6 de noviembre de 1881 vino el casorio con Carmelita lo cual significó todo un acontecimiento en el que ofició el Arzobispo de México Don Antonio Pelagio de Labastida. En poco tiempo el que fuera gran soldado empezaba a ser otro. Bien vestido, refinado, de hablar pausado, etc. Estaba en condiciones para ubicarse a la altura de las circunstancias como todo un “señor presidente”. Buena Pigmaleón resultó Carmelita. Antes de asumir la Presidencia el 1 de diciembre de 1884, Díaz viajó con su esposa y con su suegro a los Estados Unidos, un poco a manera de luna de miel. Creo que eso le valió a Romero Rubio ser tomado en cuenta para hacerse cargo de la cartera de Gobernación. Díaz inició su nueva gestión con miras a tres importantes proyectos: reconstruir la economía nacional dando entrada a la inversión extranjera, consolidar su régimen de manera de eternizarse en el poder y por supuesto el relativo a otra consolidación: la paz. Estaba decidido a dar jaque al Rey promoviendo el avenimiento entre dos antaño enemigos a muerte: la Iglesia y el Estado. Suspendió de manera discreta las Leyes de Reforma. Bien fácil, la Iglesia volvía a hacer de las suyas y el gobierno así como que se hacía como mi hijo Patricio, “Pato”. Además de Romero Rubio figuraron en su gabinete en Relaciones Don Ignacio Mariscal, y como Ministro de la Guerra alguien que causó gran sorpresa: Don Manuel Dublán, quien en tiempos anteriores se había distinguido como aguerrido conservador y defensor del Emperador Maximiliano ¡Vaya Águila Real Don Porfirio en materia de sensibilidad política! En ese punto superó y por mucho a otra Águila también de gran realeza, a Napoleón Bonaparte, Para el General Díaz ya no cabían conservadores y liberales. El espacio estaba únicamente para dar lugar a mexicanos eso sí, con etiqueta porfirista. De otra forma ¡aguas!

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, ver blog.

@ap_penalosa

DON PORFIRIO, LAS PACES CON LA IGLESIA Y MÁS ¿QUÉ HACER?

20/07/2013

Vean el por qué de mi paralelismo entre Don Porfirio y Salinas. El primero era más mañoso. De ahí se dio aquello de “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Un día llegó Díaz a Puebla y ahí fue recibido por el Obispo de dicha ciudad de nombre Eulogio Gillow, hombre prominente por su abolengo de apellido, por ser de familia muy rica y por su vasta cultura. Entre otras cosas, ese señor manejaba un hospicio para niños que el presidente quiso conocer, me imagino que con el pretexto para acercarse más a tan ilustre personaje muy respetado y amado por una comunidad hasta hoy acérrima católica. Arribó al lugar, sus hermanos masones lo esperaban y en señal de manifestación liberal pusieron en sus manos una bandera para que con ella entrara al orfanatorio. Díaz la tomó, ingresó al edificio, pero al llegar frente al sacerdote cambió la bandera de mano y con la derecha estrechó la del clérigo la cual éste a su vez la recibió con igual calidez y energía. Fue ese momento de tanta trascendencia y yo diría en términos de “pequeño gran detalle”, que la historia de México en virtud de ese acontecimiento daría un giro de 180 grados. Así como cuando Salinas reanudó relaciones diplomáticas con el Vaticano.

Precedió entonces un banquete en el cual se situó al Obispo muy cerca del Presidente y cuando se sirvieron los aperitivos, a distancia Don Porfirio brindó con el Obispo. Nadie daba crédito a aquello que estaba sucediendo. Díaz en cambio tenía muy claro lo que estaba maquinando. Me imagino que los masones ni siquiera levantaron la mano para mostrar urgidos dos dedos porque si esperaban el sí, ya antes se habrían hecho popó. Un día después Díaz invitó a comer a solas al señor Gillow, hablaron mucho y terminaron siendo muy buenos camaradas. De ahí que la Santa Sede hasta previera entonces promover un espacio para un cardenal mexicano. Don Porfirio cauto, consideró que no era el momento oportuno y con toda elegancia dijo: “no, gracias, esperemos un poco más”. Esta hubiera sido una buena lección para el Presidente Salinas.

Si en el México de aquellos días Adam Smith nos hubiese terminado asesorando, encontraría que su principio de “dejar hacer, dejar pasar (laisser faire, laisser passer)” no era aplicable para nuestra nación. No había mucho quehacer y por lo mismo no se denotaban resultados que coadyuvaran a favor de la subsistencia de la gran mayoría de nuestros coterráneos. A la salida del General González ya narrada y después de una acción electoral de la cual muy pocos estaban enterados, Don Porfirio salió como absoluto ganador pero tuvo que enfrentar a un país arruinado y en condiciones en las que el 90 por ciento de su población vivía en la miseria. Si sumamos desde antes, entonces y a la fecha al tránsito de nuestro país todo tipo de calamidades de entre otras la corrupción, la politiquería y gastos militares derivados de sólo violencia a partir de la aparición de los primeros independentistas, salvo un rato de relativa paz con la llegada de Iturbide, era lógico suponer que lo único que persistían en nuestra patria eran el desánimo y la dejadez. Muy pocos tenían acceso al trabajo como obreros, pero además sus condiciones en materia salarial y calidad de vida eran deplorables. Empezaban a darse los primeros movimientos de huelga que Don Porfirio observaba con atención y digamos que de alguna manera le servían como referencia para imaginar medidas que ayudaran a su superación.

Peor eran las cosas en el campo. En ocasiones a los pobrecitos campesinos apenas si les alcanzaba lo que producían sus tierras para una actividad consuntiva. Antes de concluir el año y a falta de maíz, complementaban su alimentación con sólo tunas o nopales y de pronto con algún animalito que la naturaleza pusiera a su disposición. La minoría representada por los poderosos, más que desarrollar especulaba y acrecentaba sus ganancias negociando concesiones, sobre todo con los norteamericanos que se aprovechaban de hacerse de recursos principalmente derivados de la minería o de aquel petróleo que empezaba a aparecer a flor de tierra y que irónicamente tanto estorbaba a los agricultores para que sus tierras no se vieran afectadas.

Don Porfirio por un lado se negaba a toda costa a comprometer el territorio en beneficio de los extranjeros pero al mismo tiempo ideaba un justo medio que diera paso a su inversión pero de manera controlada. Previó que nuestro territorio se mantuviese soberano contrario a Juárez quien pretendió hacer uso de él para satisfacer sus apetitos mesiánicos que lo mantuvieran en el poder. De ahí su entreguismo irresponsable a favor de los norteamericanos. Dios nos ha amado mucho, también Lincoln y un buen número de sus compañeros congresistas. Prueba de ello fue el hecho de que el humillante tratado MacLane-Ocampo quedara sumido en el olvido. Yo en lugar de tantos monumentos a Juárez, mandaría edificar otros en su lugar en memoria de don Abraham, incluyendo placas en las que quedaran inscritas los nombres de tantos diputados y senadores de Estados Unidos que manifestaron un “ya basta” al excesivo afán expansionista de los Estados Unidos de América. Doctrina Monroe: “¿América para los americanos o, para los norteamericanos?”

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, ver blog.

@ap_penalosa

PORFIRISMO Y SALINISMO ¿SIMILARES?

19/07/2013

En torno a la presión británica, de entre los congresistas se encontraba un veracruzano bravo, simpático, afecto a enfrentarse en duelos y magnífico orador. Tenía por nombre Salvador Díaz Mirón, poeta también de la talla de un Enrique González Martínez quienes por mucho le habrían ganado a Octavio Paz el Nobel de Literatura. Lástima que Díaz Mirón terminara enlodado, contagiado y tan loco por los afanes huertistas. Advierto esto de antemano, porque cuando me refiera a la Revolución Mexicana de ninguna manera agregaré a tanto que se ha escrito sobre ese acontecimiento sino más bien resaltaré lo que mientras en esa misma época sucedía en el resto del mundo y que eso sí tendría gran repercusión en nuestra historia y no lo que significaron los tristes y ridículos resultados de lo que insistimos en llamar nuestra revolución.

La actuación furibunda de don Salvador propició un levantamiento de la sociedad que trajo por consecuencia una represión que produjo muertos, heridos y encarcelados. Esto es que a más de la sumisión negociada entre don Porfirio y González en detrimento de nuestro pueblo y a favor del primero, también podríamos decir que González terminaría siendo el buen ejemplo a seguir por nuestros políticos que lo sucedieron hasta ahora y que han demostrado ser buenos aprendices de su biografía y seguidores de su ejemplo. Me refiero a la corrupción.

Sé que esto que ahora procedo a exponer no será del gusto de todos pero es mi punto de vista y además cabe para analizar mejor el perfil de Don Porfirio Díaz.

Cuando hacía referencia en uno de los capítulos en mi libro “La Patria que No Rumbo al 2012” al México de mi infancia y juventud, evoqué con mucha emoción a la UNAM mi Alma Mater y también a mi Escuela Nacional de Economía, hoy Facultad. Mencioné tantos maestros y alumnos que formaron parte de mi generación 1967-1971, muchos de ellos particularmente trascendentes. Goza de muy buen prestigio y me siento por eso satisfecho y agradecido. De entre tantos compañeros recuerdo a Carlos Salinas de Gortari. Debo confesar que me impresionaba su talento y seriedad ¡Quién iba a decir que compartiría pupitre con quien llegaría a ser el primer magistrado de la nación! Hasta el año 1993 Carlos era no sólo para mí sino también para una gran mayoría de mexicanos un espléndido Presidente, al grado de que muchos incluido yo, apostabamos y hasta promovíamos el que se hicieran modificaciones a la Constitución para dar paso a la reelección.

Por ese entonces, los logros salinistas estaban demostrados en una economía por demás estable, se estaba llegando a duplicar en longitud las carreteras que cruzaban nuestro territorio, ya se había firmado el Tratado de Libre Comercio que para bien o para mal sigue vigente y que si en algunos aspectos requiere de ajustes como todo en la vida, una vez más nosotros los mexicanos por indolentes no supimos consolidarlo en virtud entre otras cosas de que mucho como es nuestra costumbre, lo dejamos para después y el tiempo nos ganó. Salinas dejó el poder heredando una reserva que diera pie a que en un tiempo acordado posterior a la firma del Tratado, se aplicara a la modernización del campo.

Básicamente por posturas de soberbia, el Presidente Zedillo destinó aquel capital a otros rubros y así nuestra agricultura continuó en decadencia. El abandono de la misma propició el engrosamiento de las poblaciones urbanas derivado de campesinos que llegaron por ejemplo al DF a costarnos muchísimas calamidades entre otras contaminar más nuestra ciudad que ya de por sí nos ahogaba. Una buena parte de esa gente terminó sobreviviendo de la economía informal como vendedores ambulantes, o bien incrementaró la inseguridad porque a falta de empleo terminó inmersa en la delincuencia o en el hacer nada.

A falta de agricultura, nuestras reservas salían para comprar en el extranjero lo que antes nuestras tierras nos proveían. Con eso inició una vez más un México en picada pero que seguía encumbrando a nuestra ridícula Revolución Mexicana. Para decirlo más claro, seguíamos haciéndonos pendejos. Yo creo que Carlos Salinas de Gortari, un poco por su juventud y por lo mismo su agresividad, cometió un error: ser cándido y al mismo tiempo en extremo ambicioso. Sabía muy bien que sus éxitos estaban a la vista y ¿qué ser humano triunfador no aspira a crecer más? Solamente el medianamente ganador mediocre. Existen muchos de esos, aunque suene contradictorio. Ahora bien ¿por qué digo que fue cándido? Simplemente porque confió en una institución que por naturaleza es desconfiable: la Iglesia. Yo estoy seguro que al Presidente Salinas y a México en esos momentos y también como antes y ahora, el Clero nos hizo otra de sus traperías.

Salinas políticamente y consciente de que nuestra nación por naturaleza y tradición se distingue por su catolicismo, imaginó que la Iglesia apoyaría su reelección si finalmente en su gestión se decidía después de más de 150 años hacer las paces con el Vaticano reanudando con eso relaciones diplomáticas. En adición a eso y a los logros demostrados por su administración, estoy seguro que el país hubiera dado paso a la reelección. La inocencia de Salinas quedó patente cuando quizá al pretender cobrarle la factura a los ensotanados, serpientes asquerosas que reptan entre las hierbas, lejos de pagarle, terminaron mordiéndolo y envenenándolo. Fue entonces cuando Salinas y los mexicanos entramos en la debacle. Primero se dio la muerte del Cardenal Posadas. Este evento a mí me estremeció no porque haya muerto el citado sacerdote, sino porque dio pie a que se terminara observando algo inusitado en nuestra historia moderna cuando se vio luego de tantas décadas desde la época de Juárez, a un Presidente de México asistiendo con su gabinete a penetrar un templo, en este caso la Catedral de Guadalajara. Eso me puso cauteloso y temeroso porque a partir de ese pasaje nuestra patria se metía en la boca del lobo. Vino después el movimiento en Chiapas, por cierto ¿dónde está el farsante del Comandante Marcos? ¿se acuerdan de él? Se hablaba entonces mucho de la “Teoría de la Liberación” manejada por la Iglesia de la izquierda nacida en Alemania y muchos atribuían a ese movimiento lo que acontecía al interior de nuestra tierra.

Posteriormente ¡pum! el asesinato de Colosio, luego se sumó el de Ruiz Massieu y así finalmente apareció Zedillo con un gabinete de cagada que asustó a tal grado que en menos de treinta días provocó que nuestras reservas cayeran a tal punto que no el error, la “pendejada del ‘94” nos sumió en una crisis que a esta fecha no hemos superado y que por el contrario, día a día se hace más profunda. Salinas no fue la causa del desastre. Creo sin temor a equivocarme que provino de la acción de los malditos, detestables curas de mierda y ambiciosos. Yo soy muy religioso pero tengo a mi propio Dios y líbreme mi Dios verdadero del dios que la Iglesia nos pretende imponer.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, ver blog.

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DON PORFIRIO Y SU NUEVO “QUERER”

19/07/2013

En su camino a la reelección Don Porfirio estableció estrecho contacto con todos los Gobernadores. Se vistió con mandil y gorro de Chef haciendo referencia a sus recetarios para que sus incondicionales prepararan los platillos recomendados, los cuales serían sujetos de concurso para ver cuál de todos los que se ofrecieran resultaba el que más gustaba a los comensales. A la hora de la presentación de los manjares, éstA repercutió en la siguiente votación:

Don Manuel Zamacona: 76 votos
Don Ignacio Vallarta: 165 votos
General Ignacio Mejía: 565 votos
General Trinidad García: 1,075 votos
Don Justo Benítez: 1,368 votos
General Manuel González 11,528 votos

¡Vaya que ganó el gran cocinero! Grande y patriótico fue su esfuerzo a favor de la democracia mexicana prevista en la Constitución de 1857. Se respetó por supuesto la “no reelección” ji, ji… Después de ese primer round, Kid Díaz llegó a su rincón bastante limpio de la cara, sudadón y así como que más claro respecto de nuevos contrincantes con los que luego se enfrentaría. Ya los tenía bien estudiados. Le darían cada vez cuatro minutos de descanso para que se repusiera y se dispusiera a volver al centro del cuadrilátero. Los referee le revisarían los guantes y declararían que estaban en orden. Nunca se encontrarían al interior de los mismos tuercas, tornillos, boxers, nada que coadyuvara a apendejar ilegalmente a sus contrincantes. Sus manejadores le daban consejos pero curioso, no acostumbraba llevar manager, no lo necesitaba. El buen Don Porfirio siempre hizo sombra a solas y así mejor se conocía a sí mismo.

Cuatro años estuvo Don Manuel González en el poder a consecuencia de una “limpia elección” acorde con la Carta Magna. Ya después su antecesor se fue por la libre e hizo bien. Luego del final de la administración del primero se convocaron a elecciones simplemente por cumplir un trámite constitucional pero a la vista de todos dicho proceso estaba por demás. Don Porfirio así quedaba bien afianzado a la silla presidencial y “de ahí pal real”, mejor vámonos a trabajar ¡y vaya que hacía falta! México se encontraba en el total marasmo. Ya no más gastos de campaña innecesarios que representaban dineros que más útiles resultaban para satisfacer otro tipo de prioridades y además hacer a un lado a tantos políticos que tanto chingan, estorban, prometen para terminar con el: “pus no se pudo, pero la historia me juzgará”. Ahora cambio a: ¡jo, jo, jo, jo!

De verdad que Don Porfirio Díaz era político pero a veces muy malévolo. Fíjense ahora lo que vino a hacer con el pobrecito de Don Manuel su compadre del alma: durante todo el tiempo en que González permaneció de presidente, Díaz se encargó de exhibirlo como incapaz y pelotudo. No dejaba pasar oportunidad para hacerlo aparecer como un bueno para nada. Y es que al mismo tiempo el propio Don Manuel le respaldaba sus afirmaciones porque en la práctica lo que el primero decía de él tenía mucho de verdad. Al nuevo primer mandatario le dio más por el “dolce farniente” que por gobernar. Hizo lana de a montón descubriéndolo la sociedad también como socio de varios bancos, damiselas al por mayor, comilonas casi a diario. Pero se dice que era hombre de muy buen corazon y noble a más no poder. No había gente que lo buscara pidiéndole auxilio que no saliera favorecida por esos buenos sentimientos que siempre lo caracterizaron. Yo creo que en la medida en que Don Porfirio lo atacaba, don Manuel prefería hacer mutis, por un lado para no perder sus prebendas y por otro, porque en el fondo sabía que todo lo que se decía y sucedía no era otra cosa más que el resultado de lo que ambos, él y su enorme amigo, habían planeado.

Un día al llegar a Palacio Nacional, una multitud lo esperaba para reclamarle el que se hubieran introducido monedas de níquel. A punto estaban de comérselo en pipián con todo y carruaje. Bravo como era, se bajó del transporte y los enfrentó. ¿Qué les dijo? sepa Dios. El hecho es que al final, los mismos que le recriminaban terminaron aplaudiéndole y hasta limpiando el carruaje que le habían ensuciado. En otro momento, con eso de sus gustos por lo femenino, ordenó la construcción de un discreto túnel para que por él pasaran aquellas interesadas y atraídas por el que a cambio del dinero que necesitaban o trabajo para el marido, estuvieran dispuestas a regalarle sus favores.

Muchos platican que Don Porfirio al pasar y mirar Palacio Nacional en esos días, en lugar de entrar a saludar al presidente, mejor optaba por caminar a la Alameda y recordar los momentos ahí vividos con su primera esposa Delfina quien meses antes había muerto y a quien recordaba con inmensa melancolía. Por cierto, Doña Delfina fue la única esposa de un presidente fallecida en Palacio Nacional. Quizá por eso Don Porfirio siempre se mostró renuente a residir en ese edificio. Pienso que Doña Delfina antes que su última esposa Carmelita, fue el gran amor de Díaz.

En resumen, de Don Manuel González no hay mucho que decir más allá de algo que resulta importante e interesante. México desde Iturbide, fue acrecentando su deuda con Inglaterra al punto que mientras las arcas estaban prácticamente vacías a consecuencia de la mala administración de González y que apenas alcanzaba para pagar a los soldados para con eso evitar eventuales levantamientos, esto mientras tanto hacía feliz a Don Porfirio porque con eso se fortalecía a los ojos del pueblo la necesidad de su presencia nuevamente. De pronto apareció un inglés quien se decía Demandante Oficial de la Corona para exigir el pago. González abrumado volteó las cosas y logró convencer al mismo británico para constituirse en una especie de mediador entre nuestro país e Inglaterra. Con eso le ganó tiempo al tiempo, sólo que cuando aparecieron los números que según los ingleses significaban la deuda mexicana a su favor, el congreso se enfureció alegando que el monto planteado sobrepasaba en mucho lo que realmente era la obligación del finiquito incluyendo hasta intereses.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio”, ver blog.

@ap_penalosa

TAMPOCO SANTIFIQUEMOS A DON PORFIRIO

17/07/2013

A mí me resultó muy tortuosa mi intención de ser equilibrado y colocarme en un justo medio cuando me referí a Juárez. Por más que me esforzaba en encontrarle cualidades que justificaran el por qué de la idolatría del pueblo de México a su persona, por lo contrario, en la medida que avanzaba en mis investigaciones más terminaba molestándome. Lo encontré a mi gusto intransigente, traidor, necio, déspota y ambicioso. Pero el sistema que ha pretendido imponerlo con todos sus títulos de “prócer”, “Benemérito”, etc., a ese sí francamente lo califico de deleznable, mentiroso y hasta diría grotezco.

Por el contrario, en el caso de Don Porfirio en general y con todo y sus asegunes, me parece más fácil identificar a un ser humano sus bondades y carencias. Sería arbitrario de mi parte resaltar sólo lo que fue positivo en él haciendo caso omiso a esos enormes defectos y crueldades que también en su momento lo caracterizaron. Ejemplo de esto último está en cómo fue su relación con el General González. Este último nació con la vocación militar, punto. No había más que esperar de esa su tan característica personalidad. Actuó muy bien. Primero fue conservador pero ante la intervención francesa cambió al partido liberal y fue entonces cuando se encontró por vez primera con Don Porfirio. Fue Don Manuel el último peldaño que llevó al triunfo a este último cuando con sus apoyadores indígenas no se daba a basto hasta en tanto no llegó González con sus tropas de caballería a poner a los federales en situación de total derrota. Era un hombre ya en el retiro que acumulaba gran fortuna mas no sé de su procedencia. Saltaba a la vista que era propietario de la hacienda de Chapingo, enorme espacio y construcción en la cual después se ubicarìa la Escuela Nacional de Agricultura que pasó a ser de militar a otra pero civil, autónoma y bien reconocida con todo y alguno que otro lechuguero que sé que me está leyendo.

A Don Manuel le encantaban las mujeres, lo cual a mi juicio lo enaltece. Era ávido en su afán de conquistarlas y vaya que lo hacía bien. Primero por mojigaterías y después por razones políticas se le satanizó. No lo dejaban de tachar de promiscuo, farsante, mujeriego, jugador, sobre todo los persignados que dolidos y envidiosos, tenían que acercarse del brazo de su esposa todas las tardes al rosario, mientras aquel mejor se encontraba en sabrosas tertulias con damiselas que le alegraban su existencia. Pero bueno y en resumen, el General González terminó actuando como “hombre de paja” de Don Porfirio. Los que no eran del Club de “los rosaristas”, en lugar de ir a la iglesia a la seis de la tarde con la esposa, se reunían para ver de qué manera obstaculizar la pretensión del presidente de manera de imponer a quien sería su extensión en el poder. Hasta se formó un partido llamado de los “burocráticos” que insistían en apoyar al señor Benítez quien sufría su soledad y su miseria en Europa pero que con lo poco que le quedaba desde allende el mar azuzaba en contra de Don Porfirio. Este último, y por eso también hablaré de sus excesos, un día recibió noticias de su Policía Secreta desde Veracruz, que le hacían ver de los intentos de gente de muy altos niveles que estaba conspirando en contra de sus pretensiones. Entonces Díaz, cauteloso y desconfiado como era, cuidó que en el Puerto agentes suyos se colaran entre los diversos sospechosos y sí, terminaron confirmándole con pelos y señales qué decían y qué pretendían hacer. Supongo fue en Veracruz donde surgió la famosa frase de “mátalos en caliente” porque a resultas de todo lo anotado, Díaz tomó de inmediato contacto con el Gobernador de Veracruz, su incondicional Don Luis Mier y Terán originario de Guanajuato y con quien alguna vez al alcanzar Oaxaca terminó estrechando profunda amistad.

El 23 de junio de 1879 ya se tenía conocimiento preciso respecto a los implicados en el complot y se ordenó a Don Luis que los hiciera detener. Al conocer la lista, Mier y Terán se quedó helado. Se percató que incluía nombres de personajes bien avecindados y sujetos de todo respeto. Trató un poco de hacerse el desentendido esperando dar tiempo a favor de aquellos infelices, pero ya para el 24 de junio el movimiento estalló y con ello Don Porfirio se enteró que el gobernador no había cumplido con sus instrucciones. Entonces al señor le entró lo “Díaz” y fue cuando se afirma que se aplicó aquella frase referida. Se habla que el número de sacrificados sumó 25 personas.

Muy triste resultó el final de Don Luis Mier y Terán. Yo tuve el gusto de conocer a una alumna mía hace muchos años en la UNAM quien me platicaba que Mier y Terán, su tío bisabuelo, había muerto en total estado de demencia. Aparentemente la razón de su desquiciamiento derivó de la angustia existencial que precedió al sacrificio de las víctimas que se vio obligado a ejecutar. También Catón narra un pasaje por demás dramático cuando hace alusión a la madre de una criatura quien se fue a poner a la puerta de la casa de Don Luis. Cuando éste apareció, la señora le expresó a su hijo: “mira, éste es el asesino que mató a tu padre…”.

Nota:
Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio” (ver blog), continuará.

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DON PORFIRIO LUEGO DEL PRIMER ROUND

17/07/2013

A la llegada del Imperio, Justo Benitez se alistó en el Ejercito Republicano y tuvo la desgracia de resultar aprehendido y estuvo a punto de ser fusilado. Igual como sucedió con el cobarde Morelos y Pavón a efecto de salvar la vida, cosa que no logró, Don Justo entonces vomitó víboras, lagartijas y ciempiés en contra de Juárez. Los franceses entonces se compadecieron de él y terminaron poniéndolo en libertad. Entonces salió rumbo a Estados Unidos y de ahí luego se dirigió a Europa. Era hombre bien reconocido y respetado por la sociedad, tenía fama de ser en extremo inteligente y eso ponía nervioso a Don Porfirio en razón de sopesarlo como serio contendiente a enfrentar para los comicios que se avecinaban. Cuentan que el señor Benitez tenía tal popularidad entre los Congresistas que éstos ya lo adelantaban como ganador y sí, efectivamente 113 lo apoyaban menos 35. Ya en adición se había formado un partido “Constitucionalista” que se hizo cargo de postularlo. Algo raro pasó. El hecho es que de la noche a la mañana, el buen Justo anunció que le era urgente trasladarse a Europa argumentando no desear ser motívo para de discordias que repercutieran en detrimento de la imagen de su partido. Para decirlo con más claridad: seguro estoy que Don Porfirio le advirtió a Benitez algo así como: “o te vas a echarle una moneda a la fuente de Trevi o vas a ver el baño que aquí mismo hago que te apliquen”. Mientras desde Italia, el Embajador de México envió información en el sentido de que efectivamente ya por allá se encontraba ese buen amigo y que en un siguiente paso se trasladaría a radicar en Paris. Se había jurado no volver a intervenir en asuntos de política.

Mientras en Europa don Justo las pasaba de mal en peor a falta de recursos, aquí en México la gente decidía esperar a ver a dónde se dirigiría el dedo de Don Porfirio para imponer al que sería su sucesor. Obvio ¿quien más que su muy querido y fiel compadre: el General Manuel González? Era un hombre muy apreciado por Díaz, también hay que decir que a la vez de ser su amigo, éste último lo utilizó y manipuló al grado de convertirlo en el puente que le permitió regre a la Presidencia. Benítez ya no pesaba y otros con afanes de competir si bien lo hicieron, en el fondo sabían que las elecciones estarían por demás dirigidas y amañadas a fín de que Don Porfirio gracias al General González, retornara a manejar los destinos del país.

@ap_penalosa

SI HOY VIVIERA DON PORFIRIO

16/07/2013

Con respecto a la Iglesia también brilló el talento de Díaz. Si bien no se retractó de las leyes que limitaban a los clericales, terminó dándoles más manga ancha al punto de “así como que no me doy cuenta” permitirles actuar con tal libertad que los curas terminaron haciéndose sus amigos. Regresaron los jesuitas, se reabrieron los conventos, las campanas de las iglesias volvieron a tañer convocando a los creyentes y hasta las procesiones tan prohibidas y perseguidas por Juárez y Lerdo como la de Corpus Christi retornaron a darle realce a ese tradicionalismo mexicano que además tan bello y grato resulta. Cordial pues y tolerante esa Dictadura inventada.

Yo tengo una teoría en relación con los muebles actuales o puertas, paredes, etc. fabricadas a base de lo que llaman “maderas conglomeradas”. Son auténticas porquerías, feas, corrientes, débiles, en fin, así como tipejos como el tal Fernández Noroña o el casi, casi, Presidente alguna vez Porfirio Muñoz Ledo con todo respeto a Díaz. La razón de dichos materiales obedece entre otras cosas a que ya no existen maderas suficientes como para ser empleadas para continuar produciendose auténticos muebles para toda la vida. Se han acabado por falta de administración de nuestros bosques o debido a la corrupción y mezquindad entre taladores y autoridades. Igual con respecto del petróleo. Ya verán más adelante que les platique cómo cuando nuestra ejemplar “Revolución Mexicana” se llevaba a cabo a lo pendejo, en México contábamos con yacimientos tales de hidrocarburos que en mucho actuaron como factores que terminaron por disparar a Estados Unidos a participar en la Primera Guerra Mundial.

Es decir que mientras por ahí andaban Villa, Zapata, Victoriano Huerta, Obregón, Calles y tantos más armando verdaderos desmadres de los que ahora nos enorgullecemos y por los cuales tanto hemos tenido que pagar, hoy por resultado en México ya casi no existen recursos antaño abundantes. Con respecto a petróleo Cantarell ya está casi agotado y claro, los beneficios que derivó fueron a parar en los bolsillos de los miembros del sindicato de PEMEX o de sus viejos “técnicos” donde un Director General pasa apenas como figura decorativa. Si el Presidente Cárdenas observara hoy el curso que siguió el petróleo que expropió en beneficio de la nación, seguro que mandaría fundir la estatua que en PEMEX colocaron en su memoria para con ella fabricar cañones apuntados a más de cuatro que le quitaron a la nación un patrimonio conquistado para ella.

Actualmente el costo de extracción y refinación del gas natural proveniente de nuevos yacimientos rebasa por mucho los precios internacionales del petróleo. Ah pero eso sí ¡qué ricos estamos en términos de número de diputados, la mayoría hechos a base de conglomerados como los arriba anotados! Bueno, ya hasta las maderas con las que se fabricaron a nuestras abuelitas, tías abuelas y hasta bisabuelas ¿pus onde andan tú? A falta de sus remedios a la antiguita nos curamos con pastillitas que nos ponen peor que la gripa porque por maricones no dejamos que la misma fluya de manera natural y ahí andamos contagiando a todos. ¡Qué distinta nuestra historia actual con respecto a la pasada cuando se actuaba a la manera de Don Porfirio!

Un Fernández Noroña ha causado que 30 imbéciles paralicen el tránsito en detrimento de automovilistas y transeúntes que no llegan a tiempo a cumplir con sus obligaciones. Muchos “diputadetes” así como los “abogadetes” que bautizaba Don Porfirio, no rebuznan porque ni eso saben hacer. Las autoridades bien gracias porque “defienden” la libertad de expresión, el campo vacío, los vendedores ambulantes invadiendo cada día más las calles. La delincuencia lógico a la alza, en fin. Ah pero eso sí: ¡viva nuestra Revolución Mexicana gracias a la cual hoy México se exhibe al mundo digno y conformante de las economías llamadas emergentes! Cómo me hubiera gustado ver a Fernández Noroña tratando de armarle algún desmadre por pequeño que fuera a Don Porfirio, ja, ja. Mientras tanto AMLO ya estaría con su Partido del Trabajo haciendo proselitismo pero en el Polo Norte, contaminando a los pobrecitos pingüinos si antes no les llegara un oso polar para mandarlos a la Chingada. Con Fernández Noroña, así como nos exhibíamos con Juárez como país de salvajes, ahora nos mostramos como tierra de patanes ¿Y saben cuánto nos cuestan tíos como ese malnacido? ¡Toda la lana que cada día es más escasa en nuestros pobrecitos bolsillos! ¿Por quién votamos para el 2012/2018? Y ése nuevo ¿cuántos Fernández Noroña sacará de su sombrero como los magos que de pronto hacen aparecer a sus conejos? ¡Ay Don Porfirio! ¿Por qué te nos juites? Y tú Madero ¿a qué venites?

La primera reelección de Don Porfirio le sirvió para aprender como a futuro las cosas le resultaran menos complicadas. Como decía antes, si bien había traído por primera vez en muchas décadas la paz, todavía faltaban acciones a concretizar que hicieran más contundente su presencia. También habían otros que se sentían con derecho a participar en la contienda. Por ahí apareció un señor de nombre Justo Benítez al que mencioné al referirme a Juárez. Persona de triste infancia que había sido abandonado por sus padres y a quien un sacerdote recogió dándole su apellido y educándolo. Éste personaje también pretendió ser sacerdote, pero como tantos otros en aquella época, mejor se decidió por la carrera de abogado. Era oaxaqueño y siendo Don Benito Gobernador de aquel estado, después de escuchar un discurso de Benítez lo hizo llamar para a partir de ese momento nombrarlo como su Secretario Particular.

@ap_penalosa