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CARRANZA ENTRE EL TELEGRAMA ZIMMERMANN Y LOS ENREDOS “REVOLUCIONARIOS” EN EL INTERIOR DE MÉXICO

31/08/2013

Lo primero que tranquilizó a Don Venustiano después de leer el mensaje anotado en mi artículo anterior, fue darse cuenta que olía a salchicha, chucrut, papa al horno y también a chamorro. Seguramente antes de introducirlo en el sobre, quien lo hizo lo manchó de cerveza, de esa gruesa que en Alemania en invierno se bebe caliente al igual que el vino. Cabe señalar en adición, que dada la característica de los germanos, el texto era muy escueto. Adolecía de tanta paja y exceso de palabras que para los teutones representan tiempo perdido. En aquel país la gente no se anda por las ramas, van derecho al punto, esto es: sí o no y “zubenn strügen wajan”, así como en el metrobus en México. Esto ¡vaya que me consta! Conozco más Alemania que muchos de oriundos de aquella nación en razón de tantos años de trabajar con ellos y haber sido allá en muchas ocasiones el encargado de actuar como anfitrión de representantes de empresas o instituciones gubernamentales mexicanas interesadas en entrar en negocios con el grupo Thyssen Krupp.

El 28 de julio de 1914 estremeció al mundo. El Príncipe Heredero de la Corona Imperial Austriaca, Fernando, durante un paseo en su carruaje descubierto, terminó muriendo víctima de una bomba. Ese hecho fue el disparador de una de los peores conflictos que ha sufrido u observado el mundo. Cuando uno se encuentra en Europa en épocas de frío con todo y el mejor abrigo, bufanda, sombrero y guantes además de ropa interior específica para el invierno, no se explica cómo les fue posible a los soldados y habitantes a lo largo de varios años, enmedio de enfrentamientos de trincheras a trincheras, superar los impactos físicos y traumáticos resultado de las masacres que se suscitaron y que a millones de seres humanos les costó la vida. Con petróleo la guerra se hubiera hecho menos cruenta para aquel o aquellos que lo poseyeran. Tres países figuraban en ese momento como aportadores principales de dicho hidrocarburo: Estados Unidos con su poderosa Standard Oil, los rusos y México. Inglaterra dependía básicamente del apoyo que Estados Unidos le proporcionara.

Mientras, al interior de México, un Villa enfermo de poder y enemistado con Carranza, abrigaba esperanzas de alcanzar la presidencia de la republica ¿Se imaginan lo que le hubiera costado a nuestra nación tener que prever presupuesto para tantas Primeras Damas como esposas tenía ese cuatrero, asesino, chillón marica y acomodaticio Villa? Éste último con el pretexto de aglutinar a todos los “revolucionarios”, organizó una asamblea farsante en Aguascalientes que no tenía otro objetivo que el de desconocer a Carranza como máxima autoridad. Supuso que sabiendo que Wilson no le daba el reconocimiento oficial al primero, entonces voltearía a fijar sus ojos en el Jefe de la División del Norte para que tomara las riendas del gobierno. En resumen, una vez más en México se reactivaba la que insisto en calificar de pseudo revolución. Wilson no veía en el de Durango simpatía hacia los alemanes ¡qué iba a saber! lo que por consiguiente le daba eventualmente al centauro un punto a su favor. El santo señor de la Casa Blanca seguía exhibiéndose necio por demás cauto y no terminaba por reconocer ni a Villa ni a Carranza.

Ya entonces fue cuando los petroleros en México, entre el conflicto en Europa, la especial atención de Wilson puesta más hacia aquel continente y sus indecisiones con respecto a México, decidieron tomar por propia mano el control y protección de sus instalaciones y procedieron a organizar un ejército de fuerzas blancas para que se constituyera lo que se llamaría un “Buffer State” que concentraría a todos los territorios ricos en yacimientos e inversiones de forma que quedaran protegidos de eventuales intentonas de invasión por parte de Zapatistas, Villistas o Carrancistas.

Pasarían varios meses antes de que el Telegrama Zimmermann llegara a manos del señor Carranza. Pero es importante adelantarme al hecho dado que lo que acontecería en nuestro país entre finales de 1914 y los primeros días de enero de 1917, abría a Alemania las puertas a grandes posibilidades de convertirse en el pescador más afortunado de la presa que tantos otros pretendían llevar a su red.

Se envió codificado el Secretario de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán. Incluía una propuesta al gobierno mexicano para formar una alianza contra Estados Unidos. Por razones de suerte extraña, los ingleses lograron interceptar el contenido del documento, lo que hizo entonces a Estados Unidos decidirse a entrar en guerra también no solo contra los germanos, también contra los japoneses. La estrategia alemana preveía persistir neutral ante los yanquis. Pero en caso de que dicha esperanza no de sucediera, entonces se invitaría al gobierno mexicano a aliarse con ella para atacar a sus enemigos de entre los cuales obvio figurarían los Estados Unidos. A cambio de lo antes anotado, Alemania garantizaba rescatar a favor de nuestra nación los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona, los cuales durante la estancia de Santa Anna nuestra patria había perdido en el año 1848.

Lo que anoto de ninguna manera pretende soslayar lo que pasaría en México antes de la llegada del Telegrama Zimmermann, pero a mi juicio esto último reviste mucha más trascendencia que los sucesos de 1915 y 1916 en nuestras tierras, que no eran otra cosa que pleitos de tamaleras de mercado encabezadas por Villa y Zapata involucrando a don Venustiano, mientras los petroleros seguían con su mismo objetivo: salvar sus intereses y aprovechar la conflagración para hacerse de todo un mundo de utilidades que de ella derivarían. A continuación transcribo el contenido del telegrama traducido al castellano:

“Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América. En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Echardt]. Queda usted encargado de informar al Presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros. Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.

Por razones verdaderamente circunstanciales [véase F. Martín Moreno, “México Secreto” y bibliografía que incluyo en mi manuscrito “La Patria que No Rumbo al 2012”], el Telegrama Zimmermann fue interceptado y más o menos descifrado para identificar su contenido por dos oficiales británicos del Cuerpo de Inteligencia de aquel país. Uno se llamaba Nigel de Gray y el otro William Montgomery. Dicha Unidad de Inteligencia se conocía como “Room 40” a las órdenes de un Almirante de nombre William R. Hall”.

A mí desde niño me encantaban las novelas en las que el espionaje jugaba papel preponderante. Me parecían libros muy mágicos al punto de que al leerlos, acababa al día siguiente percatándome que por lo picado que estaba, ni siquiera había hecho la tarea y lógico, mi resultado en calificaciones semanales era catastrófico. En el caso del Telegrama Zimmermann, la situación no formaba parte de una novela, sino de un hecho real que además tuvo particular repercusión en el caso de la real historia de nuestra nación. ¡Vaya papa caliente que dicho documento significaba para los británicos!

@ap_penalosa

EL DIABLO QUE PRETENDIÓ TENTAR A CARRANZA

30/08/2013

Wilson por muy puritano y demócrata que fuera, no dejaba de ser un americano más en sus usos y costumbres. No le cabía en su pensamiento el que un pueblo de indígenas, tal y como lo manifestaba también Mcdoheny, le resultara respondón, chismoso, fodongo, igualado, flojo, indolente y altanero “¿What?” Jamás le perdonaría a Carranza su negativa a ceder el liderazgo a Federico Gamboa cuando el ¡oh, my God! Presidente de los Estados Unidos de América pidió a Huerta y a don Venustiano que se hicieran “buenitos” y firmaran un pacto de armisticio. Por el contario, el segundo ni aceptó tal propuesta y sí en cambio le salió a mister Wilson con el “mira mi cuate, mejor déjate de fregaderas y a la de ya te me largas de Veracruz. Si no, vas a ver cómo me sale lo coahuilense qué caray. “Sí Chuchita ¡cómo no! ¡qué lindo eres cuando me mandaste tropas dizque para ayudarme…!” ¡Eso mi Don Venus, así se habla! Así entonces el presidente yanqui solo se rascaba la cabeza y decía “mi no entender….” Ja, ja…

¿Quién hubiéra llegado a suponer que la Constitución de 1917 imaginada y signada por Carranza, verdaderamente se implementaría en su totalidad hasta la llegada al poder del presidente Lázaro Cárdenas? Muchas cosas habrían de suceder mientras tanto y nuestra nación pasaría todavía un buen número de años para alcanzar su independencia, no sólamente en hidrocarburos, sino en torno a tantas otras riquezas naturales que por décadas habían sido sujetas de la avidez de los extranjeros. Carranza era como un toro bravo que se acrecentaba en la medida del castigo. Antes de salir el matador, el burel ya lo esperaba al centro del ruedo y con sus pezuñas rascaba antes de embestir. Bufaba y su cornamenta afilada y alzada no se atrevían los toreros o alternantes a menospreciar.

Por lo pronto y para tal efecto, el coahuilense tenía previsto modificar su Plan de Guadalupe y además, en previsión de contar con suficientes recursos para hacerse de material bélico y a sabiendas de que las condiciones de los proveedores obligaban a pagar con oro solamente porque no aceptaban ni siquiera dólares o libras esterlinas, entonces por mediación de agentes que lo representaban, concertó cobros por adelantado consecuentes de impuestos por pagar a futuro por las explotaciones petroleras.

A partir de la salida de Huerta del poder y ante la actitud tanto de Wilson como de los mismos petroleros, Carranza no dio validez a los pagos que con anterioridad habían realizado los acreedores. Para él la hora marcada por el reloj sería aquella prevista por las manecillas ajustadas según su criterio, o sea, “de aquí pal real”. Obregón por su parte, si bien mostraba la intención de dar luz verde a las reflexiones e intenciones de don Venustiano, en el fondo dudaba que la vía prevista por aquel resultara viable. Según Álvaro, el país estaba muy agotado y por lo mismo en condiciones de mucha debilidad como para un “tú a tú” con los yanquis y los ingleses. Sólo que el que luego resultara manco, o no tenía imaginación o simplemente daba poca importancia a lo que en Carranza en ese momento resultaba excelente perspicacia: en cualquier momento daría inicio la Primera Guerra Mundial, razón por la cual la mayoría de las flotas navales se concentraban cada vez más para orientar sus cañones hacía Europa.

Mcdoheny era un hombre con mucha visión. Muchos defectos lo caracterizaban, pero sería necio negar que sabía conjuntar de manera perfecta los resultados de sus propias conjeturas, sus magníficas relaciones e influencia tanto con las más altas autoridades gubernamentales como con los grandes magnates que conformaban los más importantes trusts. También era experto en materia de Inteligencia. Contaba con un gran aparato de espionaje que lo ponía al día de todo lo que a su juicio era relevante. Dudaba mucho de la efectividad y capacidad de Wilson en torno a tomas de decisiones. Sabía que sus prejuicios morales de ninguna manera llevarían al éxito para que por la vía de su tan proclamado espíritu demócrata se diera satisfacción a la demanda de él y sus colegas a efecto de poner un “hasta aquí” a nuestro país por el camino de la intervención militar franca y abierta.

En su opinión, la invasión a Veracruz había resultado un fracaso. Había significado una especie de uso de un elefante enviado para solamente pisar a una pulga. Despotricaba contra su presidente por lo que los mexicanos calificamos como “falta de huevos” a la mera hora. Insistía en criticar el forzamiento a la salida de Huerta del poder. Según el buen Edward, Victoriano había significado la mejor opción para dar una auténtica consolidación a la infraestructura petrolera americana. Ya después, entre ellos mismos y con el aval del chacal, se habría podido alcanzar un acuerdo con los ingleses de manera de llevar la fiesta en paz.

Cuando se enteró que el yerno de Don Venustiano, a la sazón gobernador de Veracruz, había promulgado decretos que obligaban a los extranjeros a recabar autorización previa del gobierno estatal para arrendar o subarrendar terrenos, Mcdoheny sintió que le habían metido un cartucho de dinamita por el trasero y bien cargado de pólvora, dada la intención de Carranza de hacer una valuación de la inversión de la infraestructura petrolera establecida en México para así encontrar una fórmula de política hacendaria más equitativa a favor del reforzamiento de nuestra economía.

En resumen: si Wilson no se decidía a actuar de manera radical y mientras tanto Carranza y los suyos avanzaban al punto de hacerse incontrolables, entonces los petroleros actuarían por su propia cuenta, punto. En un último intento desesperado, Mcdoheny influyó entre distintos senadores allegados a su persona con el objeto de concientizar a Wilson que a la luz del inminente estallido de la Guerra Mundial, más le valía asegurarse del abastecimiento de hidrocarburos provenientes de nuestra nación para con ellos alcanzar autosuficiencia tanto para su país y también para dar apoyo a sus aliados europeos amenazados por el enorme poder germano harto ya de haber acumulado tantas derrotas a lo largo de su historia.

¡Qué lejos estaba Carranza de imaginar que aparecería un “duende” que dejaría sobre su escritorio una carpeta conteniendo un recadito al cual al principio se negó a dar crédito porque su contenido era a tal grado atractivo e impresionante que ya de por sí siendo hombre desconfiado, bien sabía que estaba expuesto a muchas trampas así como con las mujeres hermosas que de pronto aparecen por un pequeño sendero en el bosque de Bermudez que limita el bello pueblo de Huasca de Ocampo en el estado de Hidalgo. Esas atraen a los incautos que las miran y hacen que las sigan para que a la mera hora terminen convirtiéndose en brujas y así concluir haciendo papilla al iluso infortunado “¿Qué, qué? ¿qué es esto? ¿qué se traen? ¡Van a ver bola de cabrones si esto resulta una bromita o una treta! ¡Ya verán como mis barbas de chivo como algunos las llaman, se convertirán en espinas filosas que a larga distancia dispararé a las nalgas de cualquiera que se quiera hacer el graciosito. ¡Pinche bola de ojetes! Ya de por sí bastantes problemas tengo con los chingados gringos para que todavía me salgan con estas babosadas”. Lo que no se imaginaba don Venustiano era que todo lo que platicaré no era falso ni disfrazado. Era un documento en serio, auténtico. Se conoce como el “Telegrama Zimmermann”.

@ap_penalosa

¡VAYA HERENCIA QUE LE DEJARON A CARRANZA

28/08/2013

A su salida a Europa, Victoriano se dedicó al “dolce farniente” con su cercanísimo amigo Blanquet. Eran algo así como los consentidos del kaiser alemán Guillermo II quien no se detenía en brindarles todo tipo de atenciones y deferencias. Gracias a ese personaje, Huerta abrigaba esperanzas de retornar a México para hacerse nuevamente del poder. Sin embargo, su alcoholismo ya lo tenía totalmente atrapado. Dos razones movían al kaiser para dar especial importancia a México: sus recursos petroleros, mismos que estaban bajo control principalmente de Estados Unidos e Inglaterra y la certeza de que sin ellos, a la vista de la conflagración significada en la Primera Guerra Mundial, ponía a los germanos en franca desventaja frente a sus enemigos potenciales. O sea que México representaba importancia prioritaria y determinante del triunfo de los que se batirían en Europa. Recordemos que Wilson se decidió contra toda su voluntad a favor de Carranza porque el resto de la “caballada” en su opinión estaba más que flaca. Además, dos de los caballos eran muy “pajareros”, término que en equitación se utiliza para definir a un animal voluble que de pronto por cualquier movimiento extraño se asusta, se sale intempestivamente de su ruta y hasta pone en peligro al jinete. Así eran Villa y por supuesto Zapata.

Le molestaba a Wilson no haber terminado mejor echando mano de Pascual Orozco en lugar de Carranza. “Aceptó” a regañadientes a este último resignándose a tantos problemas que le significarían su relación con el en razón de su rebeldía, tozudez, intolerancia a la presencia yanqui en nuestro territorio, etc. Por supuesto, no estaría en principio de acuerdo Wilson en otorgar a don Venustiano su reconocimiento como Presidente Constitucional de México. Eso según Wilson, tendría que ganarlo derivado de la sumisión que Carranza poco a poco fuera demostrando a su gobierno. Digamos que Wilson se echó un señor alacrán de esos bien güeros como los de Durango sobre sus espaldas. En mi opinión, con la llegada de Carranza al poder, la mentada Revolución Mexicana entraría a su proceso final. Todo eran divisiones entre los que la representaban, intereses personales y a fin de cuentas dicho fenómeno facilitaría las cosas a los yanquis para acrecentar sus intereses pero sobre todo la satisfacción de sus necesidades.

También los petroleros denotaban reticencia hacia Carranza pero no dejaban de desesperarse ante la falta de decisión por parte del gobierno americano. Don Venustiano literalmente odiaba a los norteamericanos. No les perdonaba la intervención de la que habían hecho sujetos a Veracruz y Tampico, pero lo que más lo ponía iracundo estaba en el hecho de que se encontraba entre dos aguas: por un lado sabía que requería el apoyo de los gringos pero a sabiendas de que eso entrañaría entregarles prácticamente todo el control y con eso el riesgo de la pérdida de nuestra autonomía. Por el otro, también le estaba claro que dejarlos entrar hasta la cocina lo expondría a aparecer como traidor ante su pueblo. En esos momentos la relación de Carranza con Obregón era muy estrecha y por lo mismo el primero no se percataba que Álvaro era muy ducho en escuchar y obsequiar puntos de vista pero sin comprometerse. Era de los que sabían meter hebra para sacar hilo.

Tenía mucha razón don Venustiano cuando decía que nuestra nación primero había satisfecho solo apetitos territoriales a los Estados Unidos. Ya luego, esos antojos se convirtieron en más, en la medida de ir descubriendo todo lo que nos seguía quedando. También en sus reflexiones, concluía que Taft había apoyado a Madero con la condición de recuperar lo que don Porfirio había concesionado a los ingleses, pero siempre, siempre, los petroleros habrían estado involucrados justo cuando se presentaba un problema político entre el país del norte y México.

Llegó a temer don Venustiano que si nuestra nación no cedía a las presiones norteamericanas, lo único que se podría esperar sería una cadena de sabotajes, represiones y más cosas que orillaran al país a su destrucción. Defendía a pulso a Madero y lo calificaba como compatriota digno que había sabido defender nuestros intereses al punto de perder la vida en razón de las intrigas de Lane Wilson. Sin embargo, era obvio que en su pretensión de resaltar a don Francisco, tampoco podía descartar que ese mismo presidente asesinado, flaco favor le había hecho al país cuando tanto aquel como Huerta le heredaron el gran problema surgido con los petroleros y que se había significado en su rebeldía a pagar los impuestos consecuentes de la explotación de los yacimientos y del registro de sus activos, lo que para los gringos y británicos les hacía suponer que sería el paso previo a la expropiación. Era obsesión de Carranza rescatar la autonomía política y administrativa del país llevada a pique por las intromisiones de los inversionistas referidos durante el porfiriato, el maderismo y el huertismo. De aquí a mi entender, el que Carranza suspirara por Alemania, quien sería el enemigo atroz a vencer por parte de los dos primeros enemigos perfilados a unirse con la mayoría de las otras naciones europeas temerosas de la acción de los teutones.

Agrego fotografías de Edward McDoheny (La Tolteca) y de Lord Cowdray (El Aguila) y del Kaizer de Alemania Guillermo II

@ap_penalosa

VENUSTIANO CARRANZA, MÁS TRAICIONES Y EL TELEGRAMA ZIMMERMANN

27/08/2013

Yo he tenido en mi vida muchos amigos militares y marinos por lo cual me siento muy orgulloso. He aprendido mucho de ellos porque entre otras cosas me doy cuenta que saben mucho sobre la verdadera historia de nuestra nación. Recuerdo con especial cariño al general Víctor Manuel Ruiz Pérez ya fallecido, y con quien platicaba cada vez alrededor de tantas cosas que la historia oficial se ha empeñado en ocultar. Víctor formaba parte de una familia a la que se le llegó a calificar por los hombres que la formaban empezando por su padre, como “La de los príncipes del Ejército Mexicano”. Tanto el progenitor de Víctor como sus hijos fueron en extremo brillantes por su especialidad en lo castrense. Su hermano Leobardo como médico militar llegó a ser el Director General de Sanidad, esto es, la máxima autoridad médica en el ámbito de la Secretaría de la Defensa Nacional. Luego llegó a ser el Director General del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Víctor por su parte de entre tantos y tantos cargos a lo largo de toda su carrera, siendo del Arma de Caballería, llegó a ser el Comandante de la Primera Zona Militar que incluye a la ciudad de México y estados aledaños. Fue Agregado Militar en Francia y estuvo a un paso de constituirse en el secretario de aquella dependencia. Desafortunadamente su salud no se lo permitió. Sufrió una diabetes que lo llevó finalmente a la sepultura con todos los honores dignos de un gran General de División. Ahora mismo, sigo extrañando a ese amigo mío tan entrañable. Independientemente de su capacidad, Víctor fue un hombre sumamente cálido, sencillo, culto y empapado de nuestro real acontecer.

Nos gustaba mucho comer regularmente en buenos restaurantes franceses o particularmente tenerlo con su esposa Babi en mi casa dado que mi ex esposa Aline también como buena francesa es excelente cocinera. Igual yo tocaba el acordeón y él a su modo cantaba melodías francesas frente a todos los que hacíamos un grupo delicioso, o bien él, mi suegro y yo nos subíamos a mi estudio a tomar un buen Armagnac y a conversar sobre historia de México, mientras nuestras esposas y mis hijos se quedaban en el jardín a pasar la tarde disfrutando el postre.

A veces, sobre todo Víctor y yo, salíamos peleados porque yo en muchas ocasiones no estaba de acuerdo con lo que él planteaba y le reprochaba según yo su “aberrante” nacionalismo militar. En algunas ocasiones, muy pocas por cierto, yo sentía que le ganaba pero en la mayoría de ellas él acababa derrotatándome porque sonriente se percataba de que muchos capítulos de la historia de mi país yo los desconocía y entonces con mucha bondad me ponía al tanto. Fluía después en mí un muy fuerte resentimiento una vez más hacía la historia oficial escrita sobre nuestro devenir.

Mis encuentros con Víctor Manuel y con mi suegro Louis Sol La Lande eran exquisitos. Ambos aportaban en materia histórica relatos fascinantes. Los dos conocían muy bien tanto de la historia mexicana como de la francesa ¡Qué decir de Napoleón Bonaparte o de Jacques Soustelle a manera de ejemplos! Yo prefería guardar silencio y escuchar respecto tanto que además me resultaba gran sorpresa. Ellos me enseñaron a profundizar en torno al tema de la Batalla de Camarón de la cual ya escribí en otros blogs con anterioridad y respecto de la cual me percaté que ni yo ni la mayoría de los mexicanos sabíamos ni pío. En relación con Revolución Mexicana, hacia la cual siempre he manifestado mi indignación, me di cuenta gracias a ellos que yo en parte tenía razón. Habían muchas cosas ocultas que vinieron a confirmar el por qué de mis estados de ánimo en relación a dicho acontecimiento.

¡Qué sorpresa me significó todo lo verdadero y bien guardado atrás de aquel evento cuando de pronto tomé conciencia de la estrecha relación de don Porfirio Díaz con la materia relativa a “Su Majestad el Petróleo”, con la Primera Guerra Mundial y luego para rematar, con el suceso referente al famoso Telegrama Zimmermann. Un día Louis me preguntó irónicamente: “¿Antonio, te imaginas que esta misma conversación que ahora estamos sosteniendo, la estuviéramos llevando a cabo hablando en Alemán?” Fue cuando me estremecí al saber que si Alemania hubiera ganado la Primera Guerra Mundial ese país se habría apropiado del nuestro ¡Y vaya que estuvimos cerca de eso!

Más adelante haré referencia al famoso Telegrama. Por lo pronto, una vez más, así como se ha ocultado la trascendencia y orgullo para los mexicanos lo que significó el pasaje Camarón, casi tampoco se ha hablado de manera abierta en alusión al Telegrama Zimmermann. He encontrado más referencias que aluden a este asunto en Europa, principalmente en Inglaterra, Alemania, también en Estados Unidos y finalmente, aunque con cierta cautela, en la obra escrita por Francisco Martín Moreno, quien en su libro “México Secreto”, a manera de novela expone lo que a su jucio sucedió.

@ap_penalosa

POR FIN HUERTA TERMINÓ POR IRSE

26/08/2013

Para acabar por el momento con este tema, diré solamente que cuando ya a la vista
estaba la salida de Huerta, Wilson no sabía a quién dar su beneplácito entre Gamboa, Carranza, Villa o Zapata. Para Wilson todos eran basura inmunda. Cuando Villa era “buenito” frente a los norteamericanos, también traicionó a estos últimos y a los mismos mexicanos. Siendo gobernador de Chihuahua, llevó a cabo expropiaciones agrarias sin compensación alguna con base en un decreto que tendría profundas consecuencias ¡Vaya angelitos todos! Al final Wilson después casi con un “de tin marín de do pin güe” se decidió por el menos malo: Don Venustiano Carranza.

¿Será acaso que la Revolución Mexicana emergió como enorme ciempies con dos larguísimos cuellos coronados por cabezas descomunales? Sabía muy bien Wilson que Carranza le representaría fuertes dolores de cabeza. Ya antes había pensado en invadir México para eliminar tanto a Huerta como a Carranza para ceder el mando a Gamboa, no obstante ser éste último aliado de Victoriano. Sin embargo prefirió no arriesgar su imagen frente al resto de las naciones y se decidió por esa carga que si bien pesada confiaba en soportar. Además, viendo las cosas como se encontraban en Europa y con los japoneses, le resultaba muy riesgoso no contar con sus fuerzas militares en su totalidad para estar en condiciones de entrar en la conflagración que sentía estaba por estallar. Huerta se encontraba ya prácticamente en plena retirada, sin recursos y mientras los revolucionarios controlaban la mitad del país y estaban próximos a tomar también los puntos fronterizos.

Por su lado Mcdoheny mientras las cosas persistían violentas, proponía que USA controlara los estados de San Luis Potosí, Tamaulipas y Veracruz para alejarlas del alcance de los revolucionarios y así mantenerlos aislados de cualquier eventualidad en detrimento de sus intereses y argumentando que los yacimientos ahí incluidos se justificarían como un patrimonio a favor de todo el mundo. La idea le pareció acertada a Wilson pero advirtió que de llevarse a cabo se hiciera cuidando de no establecer de manera permanente fuerzas que luego requeriría para Europa. Con eso además sentía Wilson que se daría mucha más tranquilidad al grupo de los petroleros.

Y bueno, fue entonces cuando se enviaron barcos frente a las costas de Tampico. Ahí sucedió algo insólito. Resulta que varios marinos al desembarcar fueron arrestados. El capitán del barco enfureció y reclamó 21 cañonazos para lavar el honor norteamericano. Los mexicanos lo mandaron a volar y entonces el capitán dispuso un desembarco masivo para atacar a cuanto jaibo se les pusiera enfrente.

Ya el Presidente Wilson había sido informado que el barco Ypiranga estaba a punto de llegar a Veracruz con todo un arsenal y ordenó el inmediato desplazamiento de fuerzas navales a ese Puerto para impedir la descarga de todo aquello. Con eso Wilson le aplicó la estocada a Victoriano Huerta. Todo el armamento que estaba por recibir provenía del último ingreso que había obtenido de los impuestos antes cobrados en las aduanas que ahora Huerta ya había perdido. Al llegar los barcos yanquis vino la hecatombe. Dispararon sobre el puerto matando a cientos de inocentes y con ello Veracruz cayó una vez más en manos extranjeras. Paralelamente Tampico fue tomado por los constitucionalistas y Carranza sumamente enojado se negó entonces a colaborar con Wilson en remate sobre el usurpador. Ahí es cuando Villa decide aliarse con los gringos con el ánimo de acabar con Carranza.

Por fin, el 14 de julio de 1914, Victoriano Huerta anuncia su renuncia ante la fuerte presión de Obregón y sale con Blanquet feliz de la vida, cargando una buena suma de marcos en oro, joyas y documentos por cobrar que terminaría de agotar. Pronto la muerte lo arrebataría del escenario con el estómago saturado de alcohol. Según Huerta, habría de encontrar un nuevo camino para retornar a México a salvarlo, así como en su momento lo hizo Antonio López de Santa Anna. Éste último moriría de diarrea. Huerta sin anestesia, se sometió a una operación del hígado de la cual no salió airoso.

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HUERTA APRENDIZ Y MAESTRO EN PROPICIAR TRAICIONES

25/08/2013

Recuerdo al Ing. Jorge L. Tamayo cuando impartía la materia de Geografía Económica en mi facultad de la UNAM. Al hablar del concepto “disciplina social derivada de la Geografía”, hacía referencia a manera de ejemplo a Egipto con todo y su Río Nilo. Decía que ese río era el determinante del desarrollo de aquella sociedad según las épocas del año. Cuando el Nilo inundaba el valle, los habitantes dedicaban el tiempo a pensar, a producir textiles, a construir, a imaginar sistemas de organización social y política, al arte, a la invención de la escritura, etc. Cuando las aguas se retiraban, entonces los egipcios se dedicaban a la agricultura, la cual era altamente productiva en razón del humus que contenía ricos nutrientes a favor de la misma. El Nilo entonces se entiende como el factor de lo que llegaría a ser el disparador de una gran civilización a partir de la cual el occidente continuó su desarrollo ulterior.

Hoy en día, recordando a ese inolvidable maestro, me reprocho no haber disentido con él para hacerle ver que así como existen ríos maravillosos a favor del desarrollo del planeta como lo fueron también el río Tigris o el Eufrates, existen otros ríos hijos de puta como el Río Bravo que lo único que ha sabido generar son desmadres, salvajismos, divisiones territoriales con ánimo parcial, etc., al punto que al día de hoy, ese río de la Chingada sigue jodiendo con aquello de facilitar o no el que los mexicanos tengan chamba y los gringos se queden sin una excelente mano de obra. El Río Bravo lejos de disciplinar más bien indisciplina y me temo que seguirá actuando igual.

A eso debemos agregar así como en un análisis sociológico de México, que nuestro comportamiento siempre ha sido sui generis y vaya que difícil de entender. Antes mencioné que nuestro país siempre ha sido ejemplo de traiciones, asesinatos, revanchismos, ansias de poder, etc. Eso lo hemos visto desde que don Agustín de Iturbide constituyó a nuestra nación como tal e independiente. Es tan importante para el político triunfar en México, que si no toma en cuenta el factor “traición”, difícilmente podrá seguir un camino sin haber previsto que de pronto alguien se le va a aparecer diciéndose su amigo y luego a la primera oportunidad buscará el mejor momento para lanzarlo por un barranco. La traición ha invitado a los políticos a acercarse cada vez a la Casa Blanca para obtener de ella los apoyos a cambio de que el gobierno norteamericano resulté favorecido. Ahora bien, si el político mexicano decide no acudir a pedir ayuda del Tío Sam, entonces los americanos disfrazados de querubines nos envían a elementos como Lane Wilson con el ánimo de brindarnos cualquier tipo de ayuda. Véase lo que le pasó a Madero.

Carranza, a sabiendas de que no estaría nunca de acuerdo con las intenciones intervencionistas norteamericanas, no tuvo más remedio que abrigarse en la Casa Blanca y en las ofertas de Mcdoheny, sin saber que a la larga sería traicionado y que él mismo también traicionaría al coquetear con los alemanes. Carranza y Obregón se hartaron de Villa y de Zapata y ya ven lo que pasó. Los americanos con Taft traicionaron a Félix Díaz para después inclinarse a favor de Huerta. Luego Huerta traicionó a Díaz a quien con tanto amor se dirigía como “mi hermano”. Abajo del Río Bravo esto es desde México, los ingleses traicionaron a los gringos y se entregaron tan inocentes como eran a Huerta. Woodrow Wilson se cuidó de traicionarse a sí mismo en materia de convicciones, pero era tan santito y recto que no se daba cuenta de la alta traición que le aplicaban los petroleros americanos, que con la mano derecha saludaban a Wilson o a su Secretario de Estado, mientras con la izquierda enviaban dinero a Carranza para sofocar a los Huertistas y con ello fregar a los británicos.

Los ingleses luego de traicionar, también resultaron traicionados y muy cara la iban a pagar al punto de que hasta el apoyo norteamericano lo hubieran podido perder frente a las intenciones de Alemania. Cada Presidente americano por demócrata o republicano que diga ser, tiene en su escritorio una formula de traición y de revancha. Wilson estuvo a punto de someter a los ingleses imponiéndoles una “tarifa especial” por atravesar el canal de Panamá. Igual no descartaba la posibilidad de poner un “hasta aquí” a nuestro país que finalmente llevó a cabo ubicando barcos frente a Tampico y Veracruz causando con ello una masacre entre gente inocente en ese segundo puerto consecuente de la soberbia de un gringo imbécil capitán de un barco. Ahí Wilson sí se traicionó a sí mismo.

Villa fue traicionado por obregón y Calles, a Carranza estos dos últimos lo traicionaron. Un día Villa estuvo con Madero, otro no y luego Madero traicionó a Villa. Zapata si bien no tuvo tiempo de traicionar a Madero aunque ya lo había desconocido para luego ser asesinado, ya estaba en la lista de los que también serían traicionados. Falta decir también de esos dos “patrióticos sonorenses” Obregón y Calles, que mientras caminaban por las terrazas del Castillo de Chapultepec siendo el primero Presidente, planeaban de entrada una traición contra nuestro país con el: “ahora yo y después tú, pero luego me la devuelves ¿eh?” ¿Y quién traicionó luego a Obregón y ayudado por la Iglesia lo asesinó? Cálle…se.

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HUERTA Y SU SENTIR DEL AGUA AL CUELLO

24/08/2013

Huerta todavía tuvo la osadía de proponer a Wilson que a cambio de dejar la Presidencia se le reconociera como Secretario de la Guerra dentro del Gabinete Presidencial que le sucediera. Wilson en lugar de molestarse, prefirió soltar la carcajada. Sabía que ya tenía a Victoriano agarrado del pescuezo aunque no descartaba que éste todavía contaba con un origen de ingresos derivados de los impuestos a la importación y exportación por mercancías que entraban y salían desde los puertos de Tampico y Veracruz. Era menester entonces hacer algo a ese respecto. Su enviado personal John Lind le había sugerido tomar militarmente aquellas aduanas y así evitar que Huerta siguiera abasteciéndose de armamento proveniente de Europa.

La sugerencia anotada la rechazó Wilson pronosticando que dada la situación de Victoriano ante los ojos del mundo y en razón de las presiones de USA, quedaría marginado del acceso a nuevos créditos, aunque no dejaba de calcular la eventual posibilidad de que no obstante todo ello, Alemania persistiera en seguir reforzando al gran traidor. Para Wilson una acción armada sería igual a una invasión, la cual lo haría contradecirse en torno a sus convicciones de respeto a la dignidad de las naciones. De todas formas la idea la dejó guardada pero a la mano en su escritorio, caso absolutamente necesario.

México mientras tanto era un verdadero caos en lo económico. Todo era bilimbiques según cada uno de los líderes revolucionarios, o sea valor cero o bien monedas de oro y plata rescatadas de los bancos como resultado de robos a los mismos o a los ricos. Caso que un comerciante se negara a vender, de inmediato era pasado por las armas villistas, zapatistas y también en ocasiones carrancistas acusado de traidor a la patria. Por supuesto, luego de la ejecución no tenían ningún empacho en hacerse de toda la mercancía de los pobres comerciantes cuyos cuerpos destrozados quedaban a la vista de todos incluyendo esposa e hijos. El poco dinero que iba quedando se utilizaba principalmente para compra de armamento. Villa en su afán de hacerse del poder no mostraba reparo alguno por buscar caminos que lo engrandecieran y hasta de manera discreta buscaba el apoyo de los yanquis a favor de su causa. Transportaba en el tren del cual se había apoderado, maquinas impresoras de dinero que ¡pobre de aquél que no se dignara a aceptar! Era tal la escasez monetaria que hasta los mismos gobiernos estatales se veían precisados a imprimir su propia moneda. En la medida que las monedas fuertes salían al extranjero, la inflación se aceleraba en forma icontrolable. Nadie estaba en condiciones de manejar las finanzas del país.

De entrada, el propio Huerta ya se encontraba deshabilitado. Simplemente ya no tenía recursos. Si a eso agregamos que ya no contaría con los dineros provenientes de las aduanas de Tampico y Veracruz, ya no le quedaba algo por hacer. Se temía en todos los medios el inminente decreto por parte del gobierno que anunciara la suspensión de pagos. Eso implicaría entonces que todos los inversionistas extranjeros, a excepción de Estados Unidos, harían fila esperando ser recibidos por el Secretario de los Estados Unidos o por el propio Presidente Wilson para entregarle una hoz bien afiladita y con ella de una vez por todas, cercenar la cabeza del chacal. Por su parte los petroleros encabezados por McDoheny también clamaban por una ocupación como única alternativa viable.

Ante la amenaza alemana, a Inglaterra le era imprescindible seguir contando con el abastecimiento petrolero proveniente de México. Mientras Alemania imaginaba estratégias a modo que los británicos no contaran con el mismo. De aquí que entonces nuestros hidrocarburos se constituían como la pareja más apetecible e indispensable para la iniciación de una baile que se llamaría la Primera Guerra Mundial. El kaiser Alemán era el único interesado en seguir teniendo de su lado a Huerta. Prácticamente le tenía reservado para su uso personal el famoso barco Ypiranga a efecto de enviarle todo aquel material bélico que pudiera requerir.

Huerta como lo sabemos, taimado y astuto, todavía vislumbraba la posibilidad de acercarse a los constitucionalistas junto con sus Fuerzas Federales con objeto de exaltarles el nacionalismo de manera que todos de acuerdo y tomaditos de la mano terminaran rechazando cualquier intento de invasión norteamericana. Así como Echeverría con su proclama “Arriba y Adelante”, Victoriano pretendió tentar el corazón de los revolucionarios con otra: “La Patria es primero”. Por supuesto que se la peló cuando todos, todos, terminaron mandándolo abiertamente a la Chingada. Se sentó entonces en la banqueta de Palacio Nacional y envió a un grupo de miembros de su policía secreta a que le compraran una docena de pañuelos, más bien paliacates, para llorar sin llenar el piso de moquerío. Pobrecito ¡bu, bu, bu…!

La Revolución Mexicana tenía que resultar un fracaso en razón de tantos que se metieron en ella con ideas y afanes distintos. No había una unificación de pensamiento. Cada líder tomaba el camino según sus romanticismos o intereses personales. Estos últimos según la honestidad y real vocación nacionalista de quienes la promovían. (pág. 529)

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