Archive for 23/08/2013

Y MIENTRAS HUERTA CONTINUABA….

23/08/2013

Seguían los asesinatos. En este caso consecuentes del odio y rencor de tantos
ignorantes campesinos víctimas de los abusos y arbitrariedades promovidas por Mcdoheny a instancias de su inspector Dodó, alias el Licenciado Sobrino a quien, siempre apoyándose en las leyes mexicanas y en los dolares americanos, lo único que le faltaba era tener madre. Mexicano como era, en lugar de defender a sus pobrecitos compatriotas y sumiso al despotismo de su jefe, no tenía ningún escrúpulo que le permitiera quedar bien no obstante el trato que aquél siempre le otorgó como si fuera una basinica. Dice Francisco Martín Moreno en su obra: “México Negro” que: (comentado):

“Un día, el hermano de uno de tantos campesinos engañados y vilipendiados por Sobrino, se enteró de que éste último había comprado al segundo invitándolo a francachelas con todo y prostitutas al punto de que el pobre muchacho quedó atrapado a voluntad del licenciado y sus secuaces. Ese hombre nunca se la perdonó al abogado y cierto día, cuando Sobrino paseaba después de haber acudido a la iglesia, de pronto fue atacado por tres individuos que luego de golpearlo en la cabeza, lo tomaron secuestrado y lo llevaron a algún lugar en el cual Sobrino despertó aturdido. No tenía idea de la razón de la acción en su contra hasta que sus victimarios le recordaron todas sus andanzas alrededor del muchacho sujeto de sus terribles intenciones. Fue entonces cuando al buen Sobrino le dieron una “sopa de su propio chocolate” saturando su estomago con alcohol hasta que sucumbiera víctima de una intoxicación brutal.

Cuando Mcdoheny se enteró del hecho mucho se alarmó, aunque después supuso que lo acontecido derivaba de alguna cuestión ajena a sus negocios. No obstante, no descartó que atrás de todo ello hubiera estado la mano de Huerta por ser aliado de los ingleses pero después descartó la idea cuando reflexionó que Victoriano no era afecto a esas formas de actuar en razón de ser muy cuidadoso de su pellejo. De los Carrancistas ni hablar. Recibían todo el apoyo de los petroleros americanos y por lo mismo a Sobrino lo consideraban como aliado de los mismos. Tampoco desechaba la posibilidad de la mano de Lord Cowdray, pero cuando recordó que entre las mafias también existían principios éticos, descartó la posibilidad”. (Concluye nota).

Al Presidente Wilson le preocupaba el saber que en tanto ya su decisión era no reconocer al gobierno de Huerta, paralelamente los europeos se aprovechaban de esa circunstancia para acercar agua a su molino. Sumaban ya nueve meses desde la fecha en que Madero había sido sacrificado y los mismos europeos se sorprendían por la tozudez de ese presidente. El tiempo seguiría corriendo en contra de Wilson debido a las elecciones amañadas que daban paso a la posibilidad de que Huerta extendiera su estancia en el despacho presidencial. Sería necesario entonces esperar hasta el mes de abril, previsto para que se celebraran las nuevas elecciones.

El Secretario del Tesoro de los Estados Unidos quien a la postre se convertiría en yerno de Woodrow Wilson de nombre William McAdoo, había logrado hacerse de la copia de una carta que Huerta había enviado a un hombre prominente de negocios alemán a quien le manifestaba su intención y objetivo de hacer a nuestra nación menos dependiente de la influencia norteamericana y por lo mismo su especial interés en intensificar las relaciónes con los capitales europeos. Celebraba la amistad de Europa hacia México y hacía énfasis a su espíritu de justicia. Le angustiaba a McAdoo que en la medida que tiempo corriera, los de allende el mar se aprovecharan para intensificar su influencia de manera que a la salida de Huerta quedaran en beneficio de USA solamente las migajas. Sabía McAdoo también de las intenciones alemanas de invertir en México en el ramo ferrocarrilero, lo que redundaría para los germanos un mayor acaparamiento del comercio.

Fue entonces cuando el Presidente Wilson sacó de la manga una carta que sorprendió a McAdoo en forma de una nota que había enviado Wilson a todos los gobiernos que habían apoyado a Victoriano y que en resumen advertía que él como presidente desconocería cualquier contrato firmado con el gobierno mexicano desde que Huerta había asumido el poder, así como cualquier ley aprobada por el congreso durante su gestión.

De esa forma puso a temblar a los que pretendían figurar como nuevos concesionarios debido a que quedaban conscientes de que si Huerta llegaba a ser derrotado, todos los capitales invertidos en México correrían peligro de quedar en situación de alto riesgo. Sabían que en la medida en que inyectaran mayor inversión en nuestra patria, el peligro de perderlo todo beneficiaría automáticamente a los yanquis. De ahí que entonces los primeros en dar marcha atrás fueran los propios ingleses y luego otros países antaño dispuestos a apostar a nuestro favor. Hubo gran enojo por parte de la Corona Británica cuando acabó por darse cuenta que había caído en el manipuleo proveniente de los petroleros británicos. Sin Huerta, su flota adolecería del abastecimiento petrolero mexicano que resultaba altamente atractivo en función de sus bajos precios, pero ante la amenaza de Wilson no se atrevería a demandarlo. Lord Cowdray fue llamado de inmediato por el Ministro de Asuntos Exteriores de su país y por lo pronto el embajador, empleado de Cowdray, fue llamado a Londres y de inmediato fue cesado en sus funciones. Con eso quedaba claro que Inglaterra a cuatro meses de haber reconocido a Huerta, ahora se retraía. Lord Cowdray con todo esto terminaba acabado.

Otro serio problema vivía Inglaterra. Sus relaciones con Alemania eran cada vez más tensas y no se descartaba la muy próxima eventualidad de un conflicto bélico que haría necesario para los ingleses el apoyo de norteamerica. Para acrecentar la tragedia de los ingleses, astutamente Mcdoheny valido sepa Dios de qué artimañas, se encargó de hacer que el almirantazgo inglés anunciara que los hidrocarburos procedentes de nuestros yacimientos no daban la potencia exigida por su flota. Entonces, el gobierno británico sustituyó el abastecimiento del petróleo requerido por otro, ese sí de buena calidad, a ser proveído por la empresa del santo varón llamado Edward Mcdoheny. Dicen que cuando Mcdoheny llegó al cielo después de muerto, Satanás ya había negociado con Dios que lo reservara para él en razón de que le permitiría reforzar su departamento maquiavélico que tanto estaba dejando que desear. Dios pactó con el diablo, aceptó la propuesta pero le advirtió: “si veo a este pinche Mcdoheny a cincuenta metros de mis terrenos, te lo regreso al Infierno a punta de escobazos ¿de acuerdo? “Ok chief, tú mandas”, le contestó el diablo.

Luego de que Wilson pusiera en su lugar a los ingleses, entonces sí se fue con todo pero cuidando de sobremanera su imagen de auténtico demócrata. Le preocupaba que sus acciones sobre México no desvirtuaran su imagen ante el resto del mundo. Por lo pronto y a manera de rematar a su contrincante, propuso a su congreso el aumento a las tarifas por derecho de paso por el canal de Panamá bajo la administración americana. Con eso, los costos de la más grande flota del mundo se verían encarecidos. Sin embargo dicha propuesta quedaría diferida y solamente venía a significar una demostración adicional de fuerza de los Estados Unidos que a los británicos les representaba enorme preocupación. Inglaterra en esos momentos y dadas las circunstancias que se preveían en relación a un enfrentamiento con Alemania, en ese momento sentía más oportuno el estar en buenas relaciones con los que a la postre serían sus aliados dejando en segundo plano el petróleo mismo. Ya estaba claro que nadie en el mundo se arriesgaría a invertir en nuestro país sin el aval político de los gringos. Al levantarse el embargo de armas contra México, se facilitarían las cosas para los constitucionalistas. Así podrían abastecerse a costos más adecuados a su capacidad económica.

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¡VAYA PACIENCIA QUE SE LE TUVO A HUERTA!

22/08/2013

Huerta enfrentaba a un Congreso de Diputados constituido por un buen número de maderistas. Pero a quien más temía era a la Cámara de Senadores la que prácticamente en su totalidad estaba en contra de su régimen. De ahí su decisión de disolver al congreso y no sólo eso, sino que también procedió a exhibir escarmientos que puso a la gente a temblar. Así como en El Padrino, de la noche a la mañana aparecieron más y más cadáveres con la etiqueta victoriana. Dantesco fue el final de don Gastón Santos Paredes. Después de estar cuatro días desaparecido, se encontró su cadáver apuñalado a las puertas de su casa. Wilson era una amenaza para los europeos porque en caso de no caer Huerta, ya dicho presidente había advertido a los bancos que su gobierno no respaldaría créditos a favor de nuestro país. Por lo mismo, los ingleses temblaban ante la posibilidad de que el chacal concluyera derrumbado. ¿Cómo se resarcirían del valor de todo lo invertido a favor de aquel gobierno?

También sabía el inmundo, que gente como Mcdoheny estaba muy preocupada si Carranza no lograba sacarlo del gobierno. Lo más grave resultó cuando Huerta a efecto de extenderse en el poder, ideó una elección que resultaría invalidada. Tuvo la osadía de hacer que se agregara en las boletas electorales un espacio que además de exponer a los candidatos oficiales, abría la oportunidad para que el votante optara por una alternativa adicional: “OTROS”. Esto significaría el que por debajo del agua muchos electores podrían renunciar a apoyar a los oficiales y el número que quedara definido en ese último cuadro podría significar un peso suficiente como para que Huerta justificara la invalidez de la elección. De esa forma, entre que se convocaran a nuevas elecciones, no había más remedio que seguir asumiendo el poder ya que al no haber sustituto, Huerta por obligación tendría que continuar como presidente. Un malo pendejo resulta peligrosísimo, pero más un malo inteligente.

Días después de la disolución del congreso se le apareció a Huerta una “hada madrina” que le envió Lord Cowdray desde Inglaterra. Era el nuevo embajador británico para México: Sir Lionel Carden, quien se manifestaba acérrimo enemigo de los yanquis ¡Buena patada en el trasero para el presidente Wilson, Mcdoheny y su pandilla! Carden además se encontraba en la nómina de Lord Cowdray quien se encargó de recomendarlo ampliamente ante la Corona Inglesa. Mcdoheny y sus colegas ya estaban al punto de la máxima irritación en contra de su presidente. Se preguntaban cuándo pondría finalmente los pies en el suelo y se avocaría a gobernar al margen de sus principios teologales.

Carranza por su parte en la medida que avanzaba con el apoyo de Obregón, prefería alejarse de Villa. Pero bueno, no demos importancia como lo manifesté desde un principio, al circo de la Revolución Mexicana como nos la describen. Mejor sigamos la ruta petrolera y estemos atentos a algo que terminaría por concluir dando sabor al platillo fuerte mientras aquel espectáculo barato y pulguiento continuaba su función, en este caso con los artistillas Villa y Zapata, quienes en sus debidas proporciones seguían cometiendo pendejada tras pendejada.

Cada día más se acercaba el momento en que además de Inglaterra, Alemania mostrara sus fauces ávidas también del alimento significado en el petróleo mexicano. Todos los días a la hora del desayuno el kaiser alemán se interesaba en demasía por saber qué decían los periódicos respecto a los acontecimientos mexicanos. Se inclinaba particularmente por un personaje a su gusto clave: don Venustiano Carranza por el cual estaría dispuesto a apostar. Muy poco o casi nada se ha hablado en México debido a la mediocridad de nuestros cobardes e ignorantes “historiadores” que yo no sé por qué razón le han sesgado a exponer a la luz pública un capítulo de nuestro correr que resulta apasionante y que se refiere a un telegrama conocido como “El Telegrama Zimmermann”. Excluyo del rebaño referido al señor Francisco Martín Moreno y a algunos investigadores del Colegio de México y de la UNAM, entre los cuales yo me incluyo como simple economista venido a menos en razón de mi retiro en lo profesional.

Cuando mi perro Góngolo y yo nos ponemos a pensar en el señor Woodrow Wilson en su oficina Oval de la Casa Blanca, al imaginarnos todas las notas que recibía cada día relativas a cada nueva travesura y artimañas de Victoriano Huerta, sin ser simpatizantes por supuesto del Chacal, definitivamente caemos nuevamente en carcajadas. Góngolo por supuesto siendo escocés además de mofarse y empinar su whisky que acostumbra beber por las tardes acompañado de su inseparable pipa me dice: “ya me imagino al pobre señor. De seguro por tanto preocuparse por los mexicanos, no tuvo tiempo de analizar a los británicos en sus usos y costumbres ¡Y eso que hablan el mismo idioma! Debió haber llegado el momento en que Wilson se viera precisado a aparecerse en México, tomar a Huerta por la parte superior del cuello de la solapa y su cinturón a la altura del trasero y a punta de madrazos, arrastrarlo hasta la orilla del mar y mandarlo al mismo después de una buena patada en las nalgas”. (Pág. 524)

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VICTORIANO HUERTA A MÁS COGNAC MÁS MAQUIAVELICO

20/08/2013

Para el chacal sus más preucupantes enemigos más allá de los que en nuestra nación se manifestaban en su contra, eran finalmente el gobierno de Wilson y los empresarios en especial los petroleros. Sabía que ya contaba con Inglaterra pero no le era suficiente como para sentirse tranquilo. En adición pensó entonces además en Alemania. Por eso ideó una nueva ofensiva que si bien sonaba en extremo audaz, en el fondo tenía una buena lógica. Incrementó de la noche a la mañana a un peso el impuesto por tonelada extraída de petróleo y no sólo eso, también meditó la posibilidad de finalmente expropiar toda la industria petrolera para acabar de una vez con cuentos chinos.

Blanquet quien era su Secretario de Guerra en principio se asustó y argumentó que eso significaría una traición en contra de los ingleses que tanto los habían apoyado. Sin embargo Huerta lo atemperó haciéndole la observación de que vería que el congreso aprobara un artículo en la ley que otorgara al presidente facultades extraordinarias para que a juicio suyo, una decisión de expropiación se hiciera flexible de manera de hacer excepciones que evitaran en este caso afectar a los que hasta el momento eran sus aliados. Con esto, Huerta terminaba de amarrar navajas y se hacía a un lado en el enfrentamiento abierto que se suscitaría ya solamente entre Estados Unidos y la Gran Bretaña.

Todo esto a mediano plazo sifnificaría un capítulo de enorme trascendencia en razón de lo que en el mundo ya se estaba cocinando y en torno a lo cual México con sus grandes riquezas petroleras sería protagonista particularmente importante: la Primera Guerra Mundial. Huerta con tanto Henessy en la cabezota no proyectaba que el río que se estaba revolviendo haría que la profundidad de los manantiales estuviera muy lejos de ser vista con toda claridad. En cuanto a lo que sucedía al interior del país a Huerta le valía madres y no se detenía ante la actitud de los diputados del congreso. Sentía, sabía que los tenía “controlados” aunque aquellos no apoyaran sus planes y conducta. No sucedía lo mismo en el caso del senado donde de manera abierta sus participantes cada vez más se encargaban de denunciar con toda acritud al gobierno usurpador. A más de eso, también habían piedras en las botas de Victoriano. Una de ellas era la Casa del Obrero Mundial desde donde sus miembros también se manifestaban en su contra. En relación a dicha institución, el presidente de facto pretendía clausurarla pero no se atrevía dado que no quería propiciar conflictos laborales que fueran a afectar la productividad de las empresas.

Había entre los senadores un señor chiapaneco de nombre Belisario Domínguez, quien no se detenía en su insistencia de calificar a Huerta con todos los adjetivos que coincidían con su personalidad: usurpador, asesino, incapaz de darle paz al país y más bien provocador de que la situación que entonces prevalecía fuera peor que antes. Cuando el yerno del chacal se enteró de lo expresado por Domínguez, enfureció y salió a salvaguardar la dignidad e imagen de su suegro. Hipócritamente Huerta dijo que había tratado de controlar a aquel de nombre Alberto Quiroz para evitar con ello que el conflicto cayera en el extremo.

El hecho es que un día por la noche el yerno acompañado de tres elementos, se acercó al hotel donde se hospedaba el senador para secuestrarlo y obligarlo a acompañarlos a un cementerio en el cual ya previamente se había cavado una fosa. Estos malditos procedieron de entrada a cortar la lengua del pobre hombre, luego lo golpearon y por último terminaron baleándolo y sepultándolo.

Huerta luego se decidió a disolver la cámara para poner fin a los ataques del Senado no obstante que Blanquet trataba de hacerle reflexionar que a la vista de las elecciones previstas para tres semanas después a esa fecha, el presidente Wilson seguro no se detendría en mandar tropas a México y así llegar a tomar el zócalo de la capital.

Huerta de pronto me recuerda la obra de Mario Puzzo: El Padrino. Cuando se decidía a arrasar lo hacía en serio y debo reconocer que sus planes provenían de una mente diabólica pero con un contenido de gran inteligencia. Sabía imaginar y llevar a cabo estrategias como militar que luego llevó a la práctica en el terreno también de la política. Entendía muy bien y sabía jugar según la ubicación de los enemigos. Tenía razón cuando se rebelaba a la posibilidad de que un gobierno extranjero tomara las riendas de su país aunque aquel tuviera sobradas razones para tratar de imponerse. También le estaba claro que ese enemigo estaba enfrentado con otro que tenía a su gobierno en crisis cada vez mayor: el gran capital norteamericano. Buscaba inducir a que los dos se enfrentaran entre ellos para así debilitar a quien en ese momento era su principal amenaza al interior del país: Carranza y el Congreso de la Unión. Victoriano Huerta era como el experto en ajedrez que de pronto estaba capaz de jugar con varios contrincantes a la vez.

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LOS TRAPITOS AL SOL DE HUERTA Y HENRY LANE WILSON

20/08/2013

Finalmente llegó al escritorio de Woodrow Wilson el reporte de las averiguaciones hechas por parte de su enviado Bayard Hale. El informe encendió al presidente pero al mismo tiempo le permitió corroborar todas las sospechas que tenía. De entrada se advertía que el movimiento en contra de Madero derivó de una conspiración y no de un movimiento popular. Calificaba de “traición mercenaria” de los altos generales del Ejército Federal la que se aplicó en contra del presidente. Muy grave resultó la anotación en relación al hecho de que la decena trágica pudo haber sido evitada si el embajador norteamericano se hubiera manifestado en contra de ella. Más grave todavía resultaba la conclusión en terminos de que la ejecución de los tres mártires fue sometida a la aprobación de Lane Wilson. Lo peor: el mismo embajador se obligó a que a cambio de la todo lo referido, su gobierno de inmediato otorgaría el beneplácito a favor del usurpador. Terminaba el reporte con una especie de acto de contrición cuando se reconocía que todo lo sucedido fue resultado de una conducta deshonesta e inhumana por parte de USA siendo que dicha nación antes que nada tenía la obligación moral de propugnar por la paz sobre todo tomando en cuenta a México como el país líder de América Latina.

Con todo esto saltaba a la palestra la imagen de otro tan chacal como Victoriano Huerta: Henry Lane Wilson. También concluía definitivamente el nuevo presidente en que mientras el usurpador ocupara el cargo, no reconocería ninguna nueva supuesta elección que se pretendiera llevar a cabo. Se acabó y a otra cosa mariposa, ya ni insistir. Después de todo lo que se había exhibido, Mcdoheny terminó por darse cuenta que no era sino una cucaracha más entre tantas que en millones existen en este mundo y que distaba en mucho de ser el ombligo del mismo. Optó por mejor meter la mano en su abultada cartera, dejó de importunar al ocupante de la Casa Blanca y por abajito del agua se lanzó a mandarle en señal de buena voluntad a don Venustiano un regalito consistente en 900 mil dólares.

Sobra decir que la popularidad del chacal andaba por los suelos. Sobre todo cuando además el congreso incluía a miembros valientes y temerarios que no se tentaban el corazón para sacar de su ronco pecho todo aquello que pensaban de aquel y sus intenciones buscando con eso sacarlo del poder a la de ya. Henry Lane Wilson fue convocado por Woodrow Wilson y con eso terminaría la deleznable y vergonzosa carrera política del primero. Victoriano en tanto ante la oposición de las mayorías no se tentó el corazón para hacer retornar a México a una barbarie que reflejaba persecución, fusilamientos, en fin, todo lo que reconvertía a nuestro entorno en paisaje de pueblo de salvajes. Insisto en un personaje por el cual yo siento mucha admiración: don Gastón Santos Paredes. Se recordará que en la época Maderista no tuvo ningún temor por manifestar todo aquello que para él significaba algo que fuera en detrimento del país o de la dignidad de la propia Institución Presidencial. Don Gastón reconocía las cualidades de Woodrow Wilson y hasta tornaba a manifestar su admiración por su persona además de su profundo respeto y yo diría que quizá hasta agradecimiento.

Sin embargo eso no significaba que estuviera de acuerdo con el afán intervencionista de los Estados Unidos. Al mismo tiempo renegaba de la actitud de muchos mexicanos que se sometían a una sumisión que para él representaba una autodevaluación por parte de nuestra patria. Proclamaba que México debería salir adelante por sí solo y que debía procurar guardar para sí todas las riquezas de las cuales los extranjeros estaban disponiendo. No aprobaba que fueran los de fuera los que sacaran a Huerta del gobierno. Insistía en que esa fuera tarea a realizar por el propio pueblo. Seguía guardando mucho rencor a Don Porfirio por el hecho de haber negociado con los ingleses la Dirección General de El Águila en México en beneficio de su hijo Porfirito. Igual, aunque habiendo muerto en forma tan ruin y soez, no dejaba de señalar a Madero como hombre débil que no había sabido ser congruente con sus convicciones. Lo que contaba para don Gastón era el presente y eso lo hacía urgir a que el país tomara conciencia en el sentido de un inmediato “ya no” contra el despotismo y usurpación de Huerta.

Mientras el presidente de facto seguía en el cargo no había en México embajador norteamericano, sólo un encargado de negocios. En sustitución de Hale, Wilson envió a México a un representante llamado John Lind para que actuara también como observador. Éste último tomó contacto con quien fuera el Secretario de Relaciones Exteriores de Huerta, Federico Gamboa. Su intención era discutir con aquel respecto de los puntos anotados en el segundo memorándum que derivó de la reunión propuesta por Mcdoheny en la que estuvieron presentes las tres poderosas empresas mencionadas con anterioridad y que se referían a: cese inmediato al fuego y el acuerdo de un armisticio general, la perspectiva de una elección democrática que diera cabida a todos los partidos, la confirmación de que Huerta no aparecería como candidato y la promesa de que todos los contendientes respetarían los resultados.

Yo siento que si Naciones Unidas o Guinness convocaran a un concurso para seleccionar a hombres malos y perversos en la historia de la humanidad, México resultaría muy afortunado por el capital que tiene en número de representantes. Estoy seguro que entre los finalistas quedarían personajes eclesiásticos que formaban parte de la Santa Inquisición y por supuesto Victoriano Huerta. Fíjense, no incluyo a Santa Anna porque era jarocho y se dice que el tipo era muy sinvergüenza pero al mismo tiempo muy simpático, alegre, mujeriego y afecto a todo lo que era romanticismo. Gustaba de la poesía y era lector de historia y admirador de Napoleón Bonaparte y Alejandro el Grande. En cambio Huerta era cruel, sanguinario, malvado, insensible, cínico. No se detenía ante nada y por compañera inseparable tenía a su pistola y a todos aquellos que por su propia seguridad siempre estaban dispuestos a darle un sí a cualquiera de sus ideas. Uno de ellos era su inseparable amigo también general de nombre Aureliano Blanquet quien había hecho un doctorado en Limpia de Zapatos con la Lengua en la Universidad de Brown, en el estado de Rhode Island.

Huerta, no obstante el apoyo con que ya contaba por parte de los ingleses (y que por cierto de eso en términos económicos ya se lo había gastado por compromisos que le heredó Madero), no se explicaba de dónde carambas provenían los recursos que a los carrancistas les permitían ir poco a poco conjuntándose con el objeto de acabar con su gobierno. Ya se sabía que Mcdoheny se había dedicado a coquetear con los constitucionalistas al punto de darles un primer adelanto de 900 mil dólares luego de ver que con el presidente Wilson no sería posible llegar a un arreglo.

Carranza efectivamente recibía dinero de las trasnacionales, pero además acrecentaba sus recursos a base de imprimir bilimbiques, robar bancos para hacerse de oro y plata y obligaba a los grandes hacendados a colaborar por su causa. Yo supongo que el Presidente Wilson se hacía el desentendido. Lo importante para él era más que nada que Huerta desapareciera del panorama y bueno, de entre malos y malos, prefería quedarse con los menos agresivos y amenazantes en aras de salvar su prestigio como buen demócrata. El Chacal, taciturno reía a su interior porque sabía que si eventualmente lograba acabar con Carranza, todo lo que los yanquis le habían avanzado a aquel lo perderían a menos de que finalmente aceptaran acudir sumisos a un presidente consolidado que entonces sí les pondría los puntos sobre las íes. En la medida que Carranza avanzaba y dominaba territorios, iba devolviendo las concesiones a los norteamericanos que por Huerta se habían visto afectadas. Por otro lado, confiaban también en recuperar el costo del apoyo otorgado a Carranza a partir de deducir el mismo del valor de los impuestos que en su momento se vieron precisados a pagar.

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A VICTORIANO HUERTA LO AMABAN LOS SANTOS REYES

19/08/2013

Estaba muy claro todo para el inglés Weetman Pearson conocido también como Lord Cowdray quien como anoté era el accionista mayoritario de El Águila. Tuvo la suficiente astucia como para promover el beneplácito a favor del gobierno de Huerta por parte de la Corona Británica mientras los gringos se lo negaban. Salió entonces de inmediato a Londres. Lord Cowdray con El Águila, representaba aproximadamente el 60 por ciento del crudo que se producía para abastecer el mercado nacional. Su empresa era concesionaria de yacimientos en territorios localizados en estados como Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí, Campeche, Tabasco y Chiapas. Contaba también con la infraestructura para transportar sus hidrocarburos por conducto de una empresa de la que también era propietario que llevaba por nombre Eagle Oil Transport Co, la cual en aquellas épocas estaba considerada como la más grande del mundo. ¡Vaya magnate! ¿Y cómo no lo iba a recibir el Ministro de Asuntos Extranjeros de Su Majestad para tratar el asunto relativo a nuestra nación y a Huerta?

El Licenciado Sobrino tuvo que apechugar y presentarse en las oficinas de Nueva York a informar a Mcdoheny sobre esas “malas nuevas”. En la medida que se ampliaba en su información Mcdoheny enfurecía hasta el punto de exigirle que mejor se ahorrara sus comentarios. Le estaba claro además que Lane Wilson quien fuera su aliado/empleado ya estaba fuera de toda jugada y que paralelamente el presidente Wilson ya se había encargado de enviar a un observador de nombre William Bayard Hale a efecto de que éste último verificara qué había sucedido realmente atrás del crimen de Madero y que vino a concluir en la terrible “Decena Trágica”. Edward Mcdoheny se sentía atrapado y si a eso agregamos su carácter, es de suponer que rumiaba muy en su interior que las cosas se pondrían en extremo complicadas.

Lord Cowdray sabía perfectamente porque él mismo se encargó de que así fuera, que desde México el Embajador británico de apellido Stronge, recomendara a la Corona aprovechar la coyuntura significada en la necedad del presidente Wilson en el sentido de aferrarse a sus convicciones democráticas aún a costa de afectar los intereses del gran capital americano en México. Lane Wilson acabó reconociendo con resignación que aunque forzara a su gobierno a aceptar a Huerta, al no conseguirlo, terminaría con eso ayudando a los ingleses. Esto es que al no alcanzar que el presidente reflexionara de manera práctica sobre las reales circunstancias al margen de sus convicciones moralistas, ponía a nuestro país a favor de los de allende el mar como expresamos ahora “de a pechito”. No pasó mucho tiempo. A falta del regalo que Huerta no obtuvo de Santa Claus el 24 de diciembre, los Santos Reyes le dejaron en su zapato del 5 al 6 de enero, otro proveniente de Inglaterra con una tarjetita en la que se le manifestaba su cariño y aceptación oficial como primer magistrado legítimo de México ¡Cuánto habrá tenido que pagar Mcdoheny el 2 de febrero por concepto de tamales después de haber recibido el muñequito de la rosca que el ahora casi sí señor presidente Victoriano Huerta le metió por el trasero!

Armandose de valor, Sobrino le sugirió a McDoheny a manera de alternativa mientras que el gobierno americano no diera su brazo a torcer, tomar camino por la vía del soborno, es decir, ofrecer abiertamente apoyo económico a Huerta además de armas y municiones. Al principio el magnate dio la impresión de escandalizarse, pero luego de repensar fue imaginando una forma de ajustar la idea. Por cierto, habrá que decir que el impuesto que originalmente gravaba la tonelada extraída de petróleo a razón de 20 centavos por tonelada durante la administración maderista, fue incrementado a 75 centavos por decisión de Victoriano.

Conluida la entrevista que sostuvo con Sobrino en New York, Edward Mcdoheny definió un plan de contraataque al gobierno de Woodrow Wilson. Un abogado que había trabajado para él actuaba en esos momentos como juez en Estados Unidos. Se llamaba Delbert H. Haff. Por ordenes de Mcdoheny esta persona elaboró un documento para ponerlo a la consideración de tres importantes inversionistas: The Southern Pacific Raildoad Co., Phelps Dodge and Company y la Green Cananea Consolidated Coper Company. Quien en esa época actuaba como presidente del consejo de directores de la primera empresa anotada era el señor Julius Krusttsschnitt a quien se seleccionó para hacer entrega del documento referido al Departamento de Estado Americano. Dicho documento a manera de resumen proponía al gobierno de Wilson una especie de compás de espera entre Huerta y sus adversarios a cambio de que el primero aceptara convocar de inmediato a elecciones. También aducía que ya otras naciones se proponían restarle fuerza a los yanquis sobre México. Mencionaba concretamente como ejemplo el caso de Inglaterra, la cual finalmente terminó por reconocer al nuevo gobierno en carta signada por el propio rey luego de tantos esfuerzos demostrados por Lord Cowdray. Se acusaba a los ingleses de estar otorgando préstamos importantes a la administración huertista y advertía además que de seguir así las cosas, no sólo Inglaterra, sino también a la postre Alemania podría quedar involucrada. Así se incermentaría el riesgo en detrimento de los Estados Unidos. El papel respaldaba a Huerta al que si bien reconocían como un presidente de facto, no podría hacerse de lado y a su favor su capacidad administrativa, energía como gobernante y su liderazgo ante su ejército.

Mientras tanto Wilson, quien ya estaba enterado de lo apuntado no se inmutaba y persistía en su decisión de poner coto al “monstruo capitalista” americano. Se daba tiempo a esperar el reporte de su enviado William Bayard Halle en quien confiaba para aclarar lo que realmente había sucedido en México durante la gestión de Taft y muy particularmente en relación a la actuación de Lane Wilson como embajador. Mcdoheny por supuesto, ante la negativa del presidente, ya tenía bajo la manga una nueva estrategia que implicaba entonces la proposición, nuevamente derivada del grupo arriba mencionado, en el sentido de que a sabiendas de que Huerta no contendería como candidato para las elecciones previstas, entonces se previera el reconocimiento del gobierno americano a favor del gobierno que encabezaría un eventual candidato ganador. En esos términos entonces sí los capitalistas norteamericanos estarían en un buen camino que redundara en el desconocimiento de Victoriano Huerta.

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AHORA SIGO CON HUERTA, CONTINÚO CON EL PETROLEO. Y USTEDES PINCHES CONGRESISTAS DE AHORA ¿SABEN QUÉ REALMENTE SUCEDIÓ? ¡INUTILES!

17/08/2013

Apenas diez días después del asesinato de Madero, Woodrow Wilson tomó posesión como Presidente de Estados Unidos. Había nombrado en lugar de Knox como Secretario de Estado a William Jennings Bryan. Wilson era la otra cara de la moneda en relación con Taft. Habían pasado muchos años para que nuevamente un demócrata arribara a la Oficina Oval. Llevaba consigo el muy fresco recuerdo del asesinato de Madero a quien calificaba como auténtico constitucionalista y se exhibía como enemigo feroz ante la imagen de Victoriano Huerta. De ninguna manera estaría dispuesto a reconocerlo como presidente oficial de México y por el contrario, lo calificaba de auténtico carnicero. Resaltaba de Madero su espíritu democrático, su honestidad, su respeto al poder legislativo, en fin. Madero era para Wilson un modelo para el resto de América Latina. Estaba convencido que su tragedia provino de los intereses de Wall Street y aseguraba que si él hubiera estado en lugar de Taft, los financieros norteamericanos no habrían alcanzado el grado de saqueo al que sometieron por sus cuestionables intereses a nuestra nación.

Bryan por su parte de manera prudente y respetuosa, trataba de hacer ver a Wilson que con o sin Madero las cosas no habrían de cambiar en México. Se basaba mucho en los reportes salidos de la embajada americana en nuestro paìs y también en los comentarios y opiniones expresadas por el Departamento de Estado a lo cual daba mucho crédito. Pretendía hacerle ver a su superior que con sus pretensiones Madero finalmente habría terminado por afectar seriamente los intereses yanquis. Hacía alusión a los impuestos a la producción petrolera a manera de ejemplo y también justificaba que si Lane Wilson en su momento se vio precisado a pretender tomar el mando absoluto en México en representación de su gobierno, ello obedecía a que la actitud de nuestro país denotaba un muy claro repudio a todo lo que sonara a Estados Unidos de Norteamérica. Wilson reviró apuntando que precisamente ese exceso por parte de Lane Wilson, sobre todo en los últimos días de la administración de Taft, lo único que reflejaba era un pretexto para una intervención armada que él por supuesto en ningún momento hubiera estado dispuesto a apoyar. Es decir, Woodrow Wilson era un crítico muy duro ante la actuación de su antecesor y particularmente de Lane Wilson y Knox.

He leído en algunos libros de editores norteamericanos que Wilson era un hombre muy explosivo. Cuando alcanzó el punto de la orilla como en este caso con Bryan, hasta llegó a reprocharle sus comentarios siendo que éste último era el hombre de todas sus confianzas en materia de política exterior. Bryan prefirió guardar silencio. En el fondo pensaba que Huerta aun habiendo llegado de manera irregular a la presidencia, daba más garantías y confianza a los norteamericanos. Wilson dio fin de manera contundente a la discusión con un no definitivo a la aceptación de Huerta e insistió que si lo hiciera, caería en contradicción ante los ojos del mundo a quien trataba de exhibir sus insistentes convicciones democráticas, punto. No estaba dispuesto a tratar con delincuentes y menos asesinos.

La muerte de Madero provocó tristeza, conmoción, irritación y a mi juicio también mucho desasosiego entre distintos personajes. De entre ellos particularmente en Venustiano Carranza quien en todo momento se había mostrado partidario de don Francisco. Optó por levantarse en armas contra el nuevo dictador e igual por su parte Villa y Obregón, aunque para efecto de este artículo me referiré solo a don Venustiano. Lo curioso es que antes de que Carranza entrara en franca acción en contra de Huerta, trató de hacer intercambios de comunicaciones con este último a través de emisarios enviados para tal efecto. No obstante, dichos intentos no dieron resultado alguno a falta de respuesta de la oficina del chacal. De ahí entonces que Carranza se decidiera a publicar lo que se llamó el “Plan de Guadalupe” el cual resaltaba la decisión del levantamiento en contra del usurpador. Ese plan en mi opinión, adolecía de una estructura bien armada y dejaba traslucir más que nada una postura visceral, algo así como una intención principalísima de venganza. El plan además de desconocer a Huerta, también hacía de lado a los poderes legislativo, judicial y a los gobernadores que no se adhirieran al mismo. Don Venustiano se autonombraba como Primer Jefe del Ejército Constitucional y se comprometía a alcanzar la paz para el país para luego convocar a nuevas elecciones. Reconocía además la Constitución del ’57.

Pero el documento no estaba completo. No daba inclusión al tema agrarista, a las inquietudes políticas, obreras ni tampoco a la eliminación de las deudas derivadas de las famosas tiendas de raya que de alguna manera seguían haciendo patente esa especie de esclavismo en el que la mayoría de los mexicanos estaban insertos. Tampoco hacía alusión a la abolición de los grandes latifundios. El error de Carranza radicó quizá más en el hecho de que en la práctica hizo que la gente lo interpretara como una imposición. Es decir que no lo había hecho sujeto de abrirse al punto de vista de los ciudadanos. Digamos que el Plan de Guadalupe resultó de alguna manera una imposición arbitraria.

Don Venustiano insistía en tratar de hacer entender a la gente que lo prioritario era implementar las cosas a la mayor brevedad de manera de no dar tolerancia a más tiempo a favor de Huerta, o sea, mientras más rápidamente saquemos a ese individuo del poder, menos sangre y tragedias se suscitarán en el territorio. No dejaba de tener razón. Victoriano por su parte trataba de ganar popularidad echando mano de la simbología significada en la religión y también en la figura de quien fuera el ser al que más respetó y que sabía que por él la sociedad suspiraba: Don Porfirio Díaz.

En razón de su obsesión por contar con el apoyo del gobierno de USA, Huerta estaba dispuesto a todo. Le estaba claro que sin él su posición era por demás frágil y por lo mismo no contaría con las herramientas que le permitieran enfrentar a los sublevados que iniciaban su aparición en toda la república. En especial se sentía aterrado ante la inminente acción por parte de Venustiano Carranza. Requería dinero para disponer de armas y municiones. Sabía que en cualquier momento su liderazgo como general bien reconocido podía venirse abajo si no lograba abastecer a sus fuerzas federales para que lo protegieran. Supongo que por sus angustias, no se percató que alguien por ahí se divertía al advertir que la pasión democrática personificada en Woodrow Wilson, le daba la oportunidad de jalar agua a su molino. Me refiero a Inglaterra.

@ap_penalosa

MADERO Y UNA DECENA TRÁGICA DEBIDA A UN CHACAL Y SUS ALIADOS

17/08/2013

Yo no sé si a cualquiera de ustedes les pase lo que a mí cuando de pronto me siento impotente para aplicar un calificativo a alguien grandioso por su bondad, talento o por su perversidad. En el caso de Henry Lane Wilson no encuentro palabras para definirlo. Lo que sí me está muy claro es que si hoy lo tuviera frente a mí le escupiría. En el caso de Victoriano Huerta en mi interior surgen muchas confusiones. Me pregunto cómo es posible que un hombre tan brillante a lo largo de su carrera militar y a la vez tan fiel a quien tanto apoyó en el caso de Don Porfirio Díaz, haya terminado haciendo y haciéndose tanto daño. Yo atribuyo en parte esa actitud a su alcoholismo. Era un hombre enfermo. Fue un individuo que acabó prisionero de lo único que le significaba evadirse de la realidad y de sus tormentos derivados de sus defectos de carácter: la gula y avaricia por el alcohol, la soberbia y una ira convertida en odios. Muchos podrían decir que a Huerta lo dominaba la envidia. Eso no es cierto. Veía con menosprecio a todos los que le rodeaban. A ese ser nauseabundo le gustaba ser reconocido porque sentía ser el único merecedor del poder supremo y en la medida en que el alcohol más lo apresaba y lo exhibía, con eso se intensificaban sus tendencias a la egolatría. Era un hombre muy inteligente que cuando estaba claro de pensamiento reconocía sus debilidades y sus miedos.

Por eso se cuidó tanto de esperar a una vez tomada la presidencia por parte de Woodrow Wilson y previo a la salida de Taft, que se le otorgara el reconocimiento oficial del nuevo gobierno. Bien sabía que el presidente por arribar, demócrata, difícilmente estaría dispuesto a darle su parabien. Lane Wilson se sabía y en realidad lo fue, la máxima autoridad en México. Tenía todo el apoyo de los inversionistas norteamericanos quienes además decidían cuando sí o cuando no dar apoyo al gobierno en turno en su propio país. Nuestra nación, el gobierno norteamericano, el cuerpo diplomático establecido aquí, tenían por autoridad a solamente un grupo: el representante de los grandes capitales norteamericanos quienes a su vez seguían las instrucciones de solamente un individuo: Mcdoheny.

Por eso insisto: eso es lo que trascendía en esos momentos en torno a nuestra nación. Todo lo demás en términos de personajes y romanticismos nacionalistas era una farsa. Madero no supo ser presidente, por lo contrario, complicó más las cosas. Zapata, Villa, Carranza y a la postre Obregón y Calles, solamente inspiraron la relación de pasajes que sirvió de herramienta para los “historiadores”, editoriales o cineastas para con eso promover mentiras que desgraciadamente seguimos creyendo y que tristemente nos despiertan un espíritu de nacionalismo muy alejado de la realidad.

En lo relativo al caso Madero, en resumen agregaré que previo a su final junto con Pino Suárez y por acuerdos entre Wilson y Huerta, aquel todavía fue urgido a que renunciara incluyendo hasta a otros miembros del cuerpo diplomático. No faltaron senadores que le recomendaron hacer lo mismo. Y así don Francisco con todo y su bondad e inocencia todavía envió un último telegrama a Taft en el que le informaba de todo lo que el primero por supuesto ya sabía. Taft simplemente se desembarazó del asunto asegurándole a nuestro apostol que se encargaría de controlar a Wilson. Cuando Madero descubrió que Huerta por debajo del agua conspiraba con Félix Díaz, todavía pretendió tomar por sus manos las cosas haciendo aprehender a Huerta. Éste ultimo supo justificar sus acciones al punto que no obstante la insistencia de su hermano Gustavo en el sentido de que el chacal lo estaba traicionando, el presidente lo restituyó como máxima autoridad militar suponiendo que de dicho general sólo podría recibir fidelidad.

Sí, por supuesto que le manifestó Victoriano ¡y vaya que lealtad! Al día siguiente lo mandó apresar en Palacio Nacional. Posteriormente dio cuenta de los hechos a Wilson advirtiendo que su acción derivaba de su vocación de servir a nuestra patria y de hacer que en la misma quedara nuevamente restablecida la paz y el orden en favor de todos sus hijos mexicanos. Le pidió que hiciera constancia de esa carta al residente Taft y a los propios rebeldes que se encontraban en la Ciudadela. Y sí, estoy de acuerdo con el mote hacia Victoriano Huerta porque verdaderamente era un auténtico “Chacal” que terminaría ocupando la silla presidencial llevando a la postre inexplicables acciones salvajes y sangrientas como disponer que a Gustavo Madero se le sacara el único ojo con el que veía para luego ser asesinado a puñaladas. Luego, después de haber sido detenidos Madero y Pino Suárez serían también sacrificados no obstante las súplicas a favor de su vida por parte de muchos miembros del cuerpo diplomático y de su propia esposa. Habría que añadir que Huerta tuvo el cinismo de argumentar que la muerte de los dos últimos había sido consecuencia de un enfrentamiento que se había dado entre sus mismos seguidores.

Wilson había citado en su despacho a Huerta y a Díaz. El segundo reclamaba sus derechos como nuevo presidente. Wilson se los negó. Le dijo que se convertiría por lo pronto en presidente interino mientras se convocaba a elecciones y aseguró que Huerta no figuraría como candidato. Mintió, esa tarde después de la entrevista anotada, Wilson convocó a una reunión en su embajada a la que invitó entre otros a los representantes diplomáticos. Saboreaban la champaña que Mcdoheny había enviado y luego a la hora estelar varios meseros llevaron al centro del lugar de la recepción un enorme pastel del cual apareció Victoriano Huerta, presidente de México para un periodo de cuatro años. Tenía razón Don Porfirio: “ya soltaron a los tigres. Ahora veamos cómo los regresan a sus jaulas”.

Huerta arribó para una corta estancia en el poder y mostrando un gusto muy especial por todo lo alemán.

Mcdoheny me la ganó. Desde aquellos años decía aquel: “México no está listo para la democracia ni lo estará por muchos años más. Es insostenible argumentar lo contrario-agregó con prepotencia-en un país donde el 80 por ciento de la población es analfabeta y el veinte por ciento restante carece de identidad nacional” [Este párrafo lo tomé tal cual de la obra México Negro del señor Francisco Martín Moreno]. Lo peor de todo es que a mi juicio esa apreciación continúa vigente porque si bien el porciento de población analfabeta que hoy día priva en nuestro país ha descendido considerablemente, aún así, sabiendo leer y escribir, muchos compatriotas no tienen identidad nacional porque el sistema se ha encargado de mantenerla dormida y en serio debido a ser un sueño provocado por una anestesia en mucho agresiva y contundente ¿De qué sirve despertar si cuando hemos estado dormidos no nos hemos podido percatar de lo que pasa a nuestro alrededor? ¿De qué sirve saber leer y escribir si no sabemos estudiar, pero además, estudiar lo que es la verdad? ¿De qué sirve que el sistema nos abra las puertas a votar si por falta de educación muchos connacionales adolecen de criterio? ¿Para qué sirve el voto en México? ¿Qué hemos hecho con la democracia conquistada gracias a Ernesto Zedillo y que finalmente apareció en el año 2000 cuando no tenemos una idea clara de con qué chingados cubiertos se administra la misma antes de acercarla a nuestro paladar?

Mcdoheny bien que conocía a México y por ende supo ilustrar a sus gobiernos sobre tal materia. Hubiera sido en nuestras escuelas superiores un magnífico catedrático en materia de Sociología Mexicana.

Taft estaba a días de abandonar su cargo y Huerta como los niños previo a la llegada de Santa la noche del 24 de diciembre, no dormía porque no estaba seguro de recibir lo que para él le era indispensable: un sobrecito que incluyera el papel del nuevo Primer Mandatario de Estados Unidos Woodrow Wilson, confirmándole que reconocía su gobierno. Era muy iluso. Ignoraba que ni el muñeco de la rosca de Reyes le iba a tocar. Temía que dicho reconocimiento estuviera sujeto a condiciones que no pudiera satisfacer o que de plano el nuevo presidente por ser demócrata, no estuviera de acuerdo con todo lo que se había suscitado en nuestra tierra y de lo cual Huerta era uno de los principales responsables. En una de tantas reuniones con el embajador Wilson y a la vuelta de la sucesión presidencial a la que hago referencia, Victoriano hizo alusión a lo anterior. El segundo, como no dando mayor importancia al asunto, en un “por cierto” puso sobre su escritorio un comunicado proveniente del Departamento de Estado norteamericano firmado por Knox. Nunca imaginó Huerta que las condiciones a que Wilson se refería, provenían de las propias recomendaciones de este último.

En resumen, lo que demandaba el gobierno norteamericano era precisamente que se diera marcha atrás con todo lo que Madero había pretendido: impuestos sobre la producción petrolera, registros patrimoniales de dicha industria y el problema de Tlahualillo (El Chamizal) incluyendo las indemnizaciones resultado de las afectaciones que en su momento perjudicaron a sus pobladores. Wilson planteaba las cosas como no dándole mayor relevancia. Trataba de hacer notar que finalmente todo era cuestión de simples trámites. Huerta entonces, sin dejar de mostrar ahora sí su impaciencia, accedió a todo con tal de que el reconocimiento llegara a la vuelta de ya y salvar con eso el que el asunto quedara como un pendiente heredado a la nueva administración demócrata.

@ap_penalosa