Archive for 29/09/2013

¿HIDALGO? ¡NUNCA! ALLENDE, ALDAMA Y ABASOLO SÍ

29/09/2013

¿De verdad pensaba Hidalgo en México, o más bien se acogía a un ego que le decía que como sacerdote y miembro de la alta sociedad era nada? No me cabe en la cabeza que un hombre bueno en apariencia, de forma tan rápida y tajante se deleitara ante el color, olor y fluir de la sangre de un ser humano. ¿Por qué no, desde el púlpito o después, en lugar de acudir a tomar chocolate con las damas de la alta sociedad, no se entregó a la formación, en lo humano, de tantos indígenas ciegos e ignorantes de la real realidad? Me asusta mucho la gente que no tiene la capacidad de condolerse hasta del sufrimiento de un animal. No entiendo qué pueda haber en su interior.

La Alhóndiga estaba repleta de gente principalmente de origen español. Muchos de ellos ricos porque como hoy, a eso se han dedicado muchos españoles y mexicanos: a trabajar, igual que muchos alemanes, franceses, chinos, japoneses, suizos, belgas, etc… ¿Eran ellos los responsables de la desgracia de un México bajo la sujeción de depravados y pendejos como Fernando VII o José Bonaparte? ¿Eran personas, todas, que desde el amanecer hasta por la noche sometían al látigo a sus trabajadores? ¿Por qué no reconocer y valorar el mérito, la esperanza en nuestro país, el esfuerzo también de ellos a favor de nuestras tierras, su agradecimiento, en fin tantas cosas que a cambio de nuestra buena disposición nos han regalado tantos extranjeros? No es posible que hasta el día de hoy, México con todas las oportunidades que tiene, siga siendo un país de tantos perezosos que con el argumento de su pobreza y faltas de oportunidades sigan esperando la llegada de un nuevo Mesías que les resuelva sus problemas a cambio de no hacer nada. Eso sí, bien que exigen luego de votar a un presidente que les cumpla para ya todo aquello que se les ofreció sin ellos hacer algo cooperando a favor a su capacidad. Alemania, Francia, Japón, Corea, tantos. Igual Chile, Perú, no digamos Brasil, sin tener tanto como nosotros, trabajan, se educan, toman conciencia de las cosas y se esfuerzan. Aquí la educación y la historia como conviene al punto de pan y circo para fieras encantadas de estar protegidas en sus jaulas. Mientras las vean, las admiren y les den de comer, todo es felicidad. Y si a eso le agregamos el futbol, pues ¡¡viva la pepa!!

Yo no sé si efectivamente el Pípila existió. Pienso que sí. Hacía falta que alguien llegara a las puertas de la Alhóndiga para destruirla y dar cabida a la plebe. Quien haya sido ese sujeto, de lo que sí estoy seguro es que era alguien del pueblo. Un “lo que usted diga patroncito y con usted mi Virgencita de Guadalupe…” Ese pobre hombre, ignorante, hambriento, a lo mejor padre de hartos chilpayates, le abrió las puertas a la muerte, a la sangre, al Infierno, con el beneplácito de un loco y ante la incredulidad de los que habían confiado en él, como Allende y los Aldama. El Pípila me recuerda al tristemente célebre y también pobre hombre Gerardo Fernández Noroña: Igual haciendo desasosiegos a cambio de quedar bien con su patrón y valiéndole madres lo que la sociedad pueda ver, pensar y sentir de sus “acciones”. Yo no sé si al Pípila lo aplastó la supuesta piedra que lo protegía. Lo que sí veo es que este otro “pipilita” está aplastado entre el hedor de la caca que tantos le hemos aventado.

Más sobre la matanza. El Intendente Riaño al ver la estampida que se venía sobre la Alhóndiga, hizo grandes esfuerzos por dar cabida a cualquiera que fuera posible hacer acceder. A punta de pistola trataba de contener a la turba que a cada momento se acercaba portando hondas, lanzas, machetes y una que otra arma de fuego. De pronto recibió un disparo que entró por su ojo y lo mató. Su hijo se abalanzó sobre el cadáver enloquecido, urgido por sus compañeros para que se pusiera a salvo. Dos días después, ese mismo muchacho también moriría a consecuencia del salvajismo delirante. La indiada apetecía cualquier cosa alcanzable, al punto de desnudar cadáveres para hacerse de sus ropas. Ya después de la masacre, rondaban por las calles pestilentes a pólvora, a sangre, a cuerpos en descomposición, igual disfrazados de militares o de grandes señores portando ropas de altísima elegancia que también en forma de vestidos satisfacían a las mujeres. Eso sí, descalzos o en huaraches y embarrados sus pies de un lodo que desprendía el hedor de la barbarie.

Creo que este suceso a mi entender representó el hecho más sangriento y estúpido de una primera intentona tendiente a alcanzar una independencia que a mi juicio se alcanzó finalmente hasta el año 1821, no antes. Por cierto se dice que Hidalgo sufrió el “rebote” al momento que enfrentó, al tener que reconocer el cadáver con el cráneo destrozado del que tantas veces expresó considerar como su gran y respetado amigo, el Intendente Riaño. Aunque el acontecimiento efectivamente terminó por causar profunda tristeza y remordimiento a Hidalgo al punto de patentizarlo con voz entrecortada, ya no había nada que hacer. Su reacción inoportuna y hasta insultante hacia la familia se significó en el envío de representantes a ofrecer pretendidas condolencias a su viuda, artículos personales del asesinado y una barra de plata. La señora con toda dignidad, enferma y en profundo estado de sufrimiento, rechazó el metal y simplemente pidió se respetara su sufrimiento. El señor Riaño era un español proveniente de Santander que destacaba por su bondad y gran talento a favor de Guanajuato. Se preocupó por engrandecerlo tanto en lo económico como en lo cultural. Sentía particular interés por integrar a los indígenas en el entorno hasta el punto de hacerlos hablar con propiedad. Más allá de la construcción de la Alhóndiga de Granaditas, encomendó bajo su patrocinio, obras al talentoso arquitecto Francisco Eduardo Tres Guerras que quedaron plasmadas en el templo del Carmen de Celaya y en el puente sobre el río de las Lajas.

Y bueno, como López Obrador después de desquiciar en su tierra natal hasta al grado de causar severos desordenes que alcanzaron instalaciones de Petróleos Mexicanos (PEMEX), para después continuar su apostolado en la ciudad de México, Hidalgo se lanzó a Valladolid, hoy Morelia. En ese lugar actuaba como Obispo Don Manuel Abad y Queipo, también en su momento muy cercano amigo del Cura de Dolores. Grande fue su sorpresa al enterarse de las andanzas de aquel culto y leído señor. No podía dar crédito a todo lo que se pretendía hacer de su conocimiento. Sabiendo que la turba estaba por alcanzar su ciudad, decretó de inmediato la excomunión en contra de Hidalgo e igualmente de Allende y los Aldama. Mandó hasta hacer un cañón aprovechando el bronce de la campana instalada en la torre mayor, el cual terminó por no funcionar y bueno ¡ Jesús, María y José tómenme en su santo seno que ahí les voy y a correr se ha dicho! Había en Hidalgo un rencor guardado hacía Valladolid, en razón de líos de faldas que lo hicieron renunciar a su cargo de Rector del Colegio de San Nicolás. Iba deseoso de rescatar esa imagen que antaño lo colocaba entre las prominentes figuras de la localidad como hombre a seguir en razón de su intelectualidad y otras dotes.

@ap_penalosa

VERSIONES DE UN LAMENTABLE LAMENTO

27/09/2013

Interesante y valiosa aportación de mi amigo José Antonio Jiménez Díaz, con respecto al grito por la indepencdencia (versiones):

José Antonio Jiménez Díaz Tocayo te paso las distintas versiones sobre el famoso “Grito de Dolores”, que al paso del tiempo ha sido un lamentable lamento… Para que documentes tu optimismo: Las versiones mas antiguas del grito recopiladas por Carlos Herrejón (Versiones del grito de Dolores y algo más ) y Jaime Rodriguez (La independencia de la América española.)

Manuel Abad y Queipo (1810)
“¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”

Diego de Bringas (1810)
“¡Viva la América!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la religión y mueran los gachupines!”

Anónimo (1810) recopilado por Ernesto Lemoine Villicaña:
“Viva la religión católica!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la patria y reine por siempre en este continente americano nuestra sagrada patrona la santísima Virgen de Guadalupe!, ¡muera el mal gobierno!”
Juan Aldama (1811)
“¡Viva Fernando VII!, ¡viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno!”

Servando Teresa de Mier (1813)
“¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!”

Lucas Alamán (1840)
“¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!” A lo que el pueblo respondió: “¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!”

@ap_penalosa

TOMESE UN CAFÉ DON VENUSTIANO MIENTRAS SIGO CON EL DESGRACIADO DE MIGUEL HIDALGO

26/09/2013

Yo no conozco el contenido del discurso que haya pronunciado Hidalgo cuando arengó a la plebe a la independencia, ni creo que alguien tenga conocimiento del mismo. Como muchas cosas que pasaron en México relacionadas con la historia, seguramente las palabras de Hidalgo se han venido deformando de tal manera, según el convenir del sistema y de la Iglesia, de forma que lo que se dice ahora que dijo ¡pus sabe tú…! Lo que sí he leído en varios libros y me hace destornillar de risa es lo que se comenta en el sentido de que Hidalgo al acusar a los españoles en México de traidores a su Rey Fernando VII, no estaba tomando en cuenta que a Francia eso le facilitaba las cosas para que España terminara pasando a ser de su propiedad a sabiendas de que los franceses odiaban a la Iglesia. Es decir, que Hidalgo culpaba a los españoles en México de los acontecimientos que se suscitaban en Europa. Después de todo el lío antes anotado y ya Francia fuera de España, regresó Fernando VII en 1814 para sustituir a José Bonaparte. Ese rey todavía se casó en tres ocasiones y terminó muriendo hasta 1833. ¡Vaya rachita que arrastraba España incluyendo a lo largo de tantos años a las tres linduras anotadas en estos párrafos!

Mire señor López Obrador, si usted se hubiera dedicado a echarle aunque sea una mirada por encimita a lo que sucedió con Hidalgo en Guanajuato después de los capítulos de Dolores, Atotonilco y San Miguel el Grande, una vez que aquel terminara de perder los estribos, seguramente se habría prestado a la reflexión respecto a la tragedia que se hubiera podido suceder en nuestro país consecuente del manipuleo que manejó alrededor de las turbas que conjugó y que podrían haber causado una terrible debacle con una enorme cantidad de víctimas ignorantes, pero mexicanas, hermanos nuestros. Hidalgo después de su “grilla” que comenzó en Dolores, la emprendió seguido de entre ochenta y quinientos apoyadores, según varían las cifras de cada historiador. Tomó camino a Atotonilco, no el de Jalisco, sino el pueblo de Guanajuato. A su paso, en la medida en que lo observaban los indígenas con la imagen Guadalupana y vestido de cura, muchos se fueron integrando pensando que se trataba de una procesión. Muchos otros, en función de lo que escuchaban de gente que venía desde Dolores, vieron con ese movimiento una magnífica oportunidad para entrarle al saqueo, al robo. Yo creo que la mayoría de los que conformaron la turba, por no saber de independencia y esas cosas, encontraron más bien oportuno rescatar por el camino de la violencia y el anonimato lo que la vida, o les había quitado, o nunca les había dado.

Actuaron como muertos de hambre que eran a la conquista de un pastel a deglutir, a devorar con ansias pero impregnados del odio y rencor derivados del azuce del cura Hidalgo. Llegaron a Atotonilco donde la gente se encontraba desconcertada por lo que observaba. Ahí Hidalgo fue a sacar de la iglesia un pendón de la Virgen de Guadalupe y con él reforzó la fe de los enrolados en el movimiento. Entonces un peninsular de apellido Elizondo salió de inmediato hacia San Miguel para alertar a la población. Ahí se encontraba el Lic. Ignacio Aldama, hermano de Juan, que se reconocía simpatizante del movimiento. Calmó al pueblo asegurando que no había nada que temer, hizo ver sí del volumen de gente que lo constituía pero que actuaba de buena fe y en fin, que no resultaría de gravedad. Es más, les aseguró que el Regimiento de Dragones de la Reina comandados por su hermano Juan y el señor Allende terminarían uniéndose a la insurgencia. ¿No pasaría nada?
¡Ni madres! Ya la chusma sumaba miles.

Como López Obrador, en el camino Hidalgo iba acarreando gente a la que si tenía caballo se le pagaba un peso diario y a los de a pie la mitad. Finalmente las hordas arribaron a San Miguel el Grande. A su llegada y habiéndose escuchado de Elizondo que a su paso había observado a muchos de sus compatriotas atados de pies y manos y caminando presos de los insurgentes, la población española entró en pánico y corrió a refugiarse en sus casas. Al llegar, el señor Allende se preocupó por acercarse a los presbíteros del lugar a efecto de tranquilizarlos. Éstos le creyeron y acudieron a hacer lo mismo con la población, quien observando formados y atentos a los Dragones de la Reina para evitar cualquier desorden sintieron cierto alivio, igual el pueblo en general sobre todo porque veían que prevalecía en la imagen Guadalupana el mensaje de la paz.

Pero grande fue su sorpresa cuando la turba descontrolada estalló y se lanzó al interior de las propiedades a saquear el botín con toda la serenidad y el bien ver de las cosas de Miguel Hidalgo. No se detuvieron ante nada: robaban, destruían todo a su paso, pisaban igual a los adultos que a la criaturas y viejos ¡Qué la independencia ni qué la Chingada! la avaricia, el odio, la venganza, el ansia de hacerse de lo que ni siquiera sabían qué era o cuánto valía: horda, turba, chusma, todo vejación. Desde el segundo piso de la casa de la familia Landeta apareció un hombre que desde su terraza lanzaba a puños monedas de plata y oro y cualquier pieza de valor para que como bolo en los bautizos, la gente se apresurara a recoger. Según dice Lucas Alamán en “México a través de los siglos”, ese hombre era Miguel Hidalgo y Costilla, el mismo “Padre de la Patria” que enaltece López Obrador ¿Y cómo no…? Ya entonces se suscitaban con más intensidad los desacuerdos entre Allende, Aldama e Hidalgo. Éste último argumentaba que si no se le permitía a la plebe la acción del saqueo, entonces abandonaría el movimiento. Allende insistiendo en la necesidad de hacerla consciente y capaz, apartándola por un buen rato a algún lugar para hacerla objeto de una formación con cimientos militares y ¿por qué no? de conciencia de nacionalidad.

Después de pasar por Celaya que se entregó sin combatir y resignada a lo ya sabido, Hidalgo tomó camino a Guanajuato. En el trayecto, él ya no se escuchaba a sí mismo; sólo se entregaba a la aclamación de los que lo acompañaban. Se acercaba a un 28 de septiembre negro, vergonzoso para nuestra historia. Ese día por la tarde, el Intendente Riaño visualizó el arribo de la horda y a su capacidad tomó las medidas pertinentes a sabiendas de sus escasas posibilidades. Le urgía el arribo de Calleja con sus fuerzas de apoyo. Mientras tanto, un poco a la melón y con la aportación de ideas de los que le rodeaban, dio preferencia a hacer todo aquello que significara la protección de todos los españoles. Decidió para ello ingresarlos a la Alhóndiga de Granaditas. Un año antes ese magnífico edificio para almacenar granos había sido inaugurado después de varios años de construcción.

Ahí decidió dar cobijo a tantas y tantas personas que ya no sólo temían por sus pertenencias sino que temían más por su vida. Estaban aterradas. Había un Mayor Berzábal, de las Fuerzas del Rey en Guanajuato. Sabía que terminaría muriendo ante lo indefendible que resultaba la ciudad. Lo advirtió a su mujer en carta y ésta y su familia se aprestaron a resignarse. Otro español, Don José Valenzuela, que con pistola y espada defendió la Alhóndiga al punto de subir y bajar varias veces para ayudar a dar acogida a los que ahí llegaban incluyendo soldados realistas, de pronto resultó herido atravesado por lanzas y machetes por los costados y llevado por los indios agonizante ante la autoridad. Antes de morir alcanzó a decir con débiles balbuceos: “¡qué viva España!”.

El capítulo de la Alhóndiga es algo que termina estremeciéndome, que me avergüenza como parte de la historia de mi país. Me resulta increíble pensar que el acontecimiento proviniera de un sacerdote que supuestamente fue formado con los principios del amor a la vida, al prójimo y todo eso siempre en el marco de la “caridad cristiana”. No me explico que un hombre con talento y supuestamente conocedor de la realidad de la época, haya podido tomar como camino las armas para matar, degollar, reducir a cero a tantos y tantos que él bien sabía eran inocentes. ¿Cómo es posible que un sacerdote que cada día que oficiaba una misa e invitaba con la palabra de Dios a sus feligreses a estar atentos a los principios de una religión inspirada, no en la Iglesia, sino en Cristo, terminara por llevar a ésos mismos a la masacre?

@ap_penalosa

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ENTRE HIDALGO, ITURBIDE Y NUESTRA PSEUDOREVOLUCIÓN

25/09/2013

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ENTRE HIDALGO, ITURBIDE Y NUESTRA PSEUDOREVOLUCIÓN

Napoleón Bonaparte, no el pendejo de su hermano José, que por cierto me pone bravo cada vez que lo encuentro descansando en los Inválidos en París alternando con el bueno de su hermano en un sarcofabo de mármol negro casi del mismo tamaño que el del “Águila Real”, bueno, Napoleón Bonaparte con todas sus extravagancias, arrebatos y caprichos que a la larga se minimizaron frente al tamaño de su obra, tenía entre muchas cualidades el ser un gran soldado como muchos que también han formado parte de nuestra historia y otros que todavía viven y pasarán a la misma como grandes, incluyendo militares y marinos. Ese hombre capaz, inteligente, formó grandes ejércitos, dominó prácticamente toda Europa a excepción de Inglaterra que a la larga representó su acabóse. En sus ejércitos que llegaban a sumar millones de individuos habían de todo: igual nobles o soldados graduados en las prestigiadas y tradicionales escuelas militares y hasta “juanitos” como los nuestros, provenientes de la campiña gala que seguramente distaban mucho de saber leer y escribir. Cuando a Napoleón le dieron la oportunidad de formar a su primer ejército, le entregaron a contingentes de seres mal vestidos, hambrientos, cansados y pobres de armamento. El corso aún siendo hijo de nobles, era muy pobre. Sus compañeros de la Academia de Saint-Cyr a donde llegó becado, se burlaban de él. Éste mientras tanto y a falta de recursos, leía, estudiaba, a su capacidad se acercaba a observar a la sociedad parisina inmersa en un ambiente similar al del México de aquellas mismas épocas donde prevalecía la burguesía por encima e insensible al pueblo.

Ya después de muchas andanzas, Napoleón habiendo alcanzado esas proporciones que lo hicieron excepcional, nunca se olvidó que en sus ejércitos habían miembros de orígenes provenientes de miserias, harapientos y desnutridos antes de darse de alta o de ser levantados en leva. Cuando el primero arengaba a sus tropas, tenía la virtud de despertar con sus discursos un ánimo tal que cualquiera de sus soldados decidía ofrendar su vida en aras de su patria, seguros que al frente tendrían a un líder que los sabría entender y acompañar. Y vaya que las condiciones geográficas de Europa siempre han sido entre otras cosas por su clima adversas para la sobrevivencia y el triunfo. Desde el de más altura hasta el modesto, todos entendían el por qué y para qué propuesto por Bonaparte. Sabía hablarles porque los entendía, sabía exigirles pero les cumplía lo que les prometía. También, sabia respetarlos, amarlos y cuidarlos. Igual Napoleón fue noble con el enemigo. Antes de su campaña a Rusia trató fervientemente de negociar con el Zar Nicolás para inducirlo a hacerle ver la conveniencia de arreglos que resultaran favorables para ambos y con ello se evitaran derramamientos de sangre. Igual hizo con Federico de Prusia y muchos otros incluyendo a los mismos ingleses.

Don Agustín de Iturbide, verdadero consumador de la independencia, actuó igual. Buscó a toda costa negociar antes de ver que los mexicanos se mataran entre si y logró alcanzar una verdadera libertad relativamente en paz. A Miguel Hidalgo y Costilla le valió madres el resultado de su irreflexiva intentona. Murieron de todo: mexicanos y españoles, los nuestros no sabían ignoraban el por qué y los segundos sin entender tampoco la razón por la que se les anquilaba y se despreciaba, si finalmente se habían integrado a México como gente buena, luchando por alcanzar prosperidad a favor de todos. Caso el persanaje Martinillo descrito por Francisco Martín Moreno.

En España, las cosas eran un lío. Y más se enmadejaba la situación en muestra nación, cuando Hidalgo además de enarbolar la imagen guadalupana, ahora resulta que en su discurso ante la chusma hizo alusión a favor de Fernando VII, gordo, tonto, de voz afeminada e imbécil hasta en proporción a la cornamenta de su señor padre Carlos IV. Este amado hijito de su mamita no daba una, creo que ni cuando terminó como tejedor y usuario de agujas para darles uso a los reales estambres y telas que se le proporcionaban. Este idiota por la intromisión de un tal Godoy, amante de su madre, resultó a ojos del padre tan mal heredero de la corona que hizo que Carlos IV perdiera los estribos al punto de expulsar a ambos de la corte y hasta enviarlos al destierro haciéndose nuevamente hacedor del gobierno. Así como si López Obrador hubiera dejado en su lugar a Gerardo Fernández Noroña y a su regreso se encontrara que éste último con Muñoz Ledo habían armado tal desorden que le era necesario mandarlos guardar un rato.

Como Carlos IV ya tenía hartos a los españoles, éstos le arman tal trifulca que hacen que el primero se vea precisado a devolverle el trono al bombón de su mamita. Aparece entonces Napoleón Bonaparte y el par IV y VII le dan la más cordial bienvenida sin tomar en cuenta que cuando Carlos IV le ofrece la Corona a Napoleón para que con ésta unjiera a su hijito (¿ de a devis…?) entonces Napoleón igualito que en su coronación, se hace cargo él personalmente de colocar la corona, pero en este caso no en la cabeza de Josefina, sino en la cabezota de otro gordo y también heroico y buen tomador: el muy querido y gran nuevo emperador de España don “Pepe Botella” alias José Bonaparte.

Ese sí que no representaría el peligro para Napoleón, como lo significó Fernando VII por andar seduciendo a los ingleses, sólo que se le olvidó que su propio hermano también coqueteaba sin darle importancia a aquellos y mientras prestando especial deferencia a la buena mesa, los vinos, los saraos y el placer de vivir. Con Pepín del Botellín empezaba el fin del buen Napoleonín. Y vaya que el pueblo español se encargó de todo eso. Se organizaron de tal forma que su triunfo sobre los franceses igualó o hasta superó el representado por la obtención reciente de la Copa del Mundial de futbol.

@ap_penalosa

CAMBIO DE DIRECCIÓN DE SEMINARIO

21/09/2013

Curso UVM, 23 de septiembre

URGENTE

Estimados amigos:

Debido a la lejanía del Campus Lomas Verdes, el curso “Análisis, discusión y correcciones a la historia oficial de México” iniciará a partir del próximo lunes 23 de septiembre (60 horas, 2 meses) en la dirección Campos Eliseos 223, piso 10, Col. Polanco (frente al hotel Presidente Chapultepec). El costo total es de $ 2,400.00. Pago inicial de $ 1,000.00 y dos parcialidades de $ 700.00 c/u. Favor de ya no depositar en banco, hacerlo al arribar al lugar. Dos sesiones por semana lunes y miércoles 15 a 18 hrs.

Quienes hayan realizado pago hasta esta fecha, favor envíar copia de deposito correspondiente a UVM Lomas Verdes, mismo que les será reembolsado. Informes 553405 60 63 (cel,)

Muchas gracias.

HIDALGO SORDO, SOBERBIO, MESIÁNICO Y MALDITO

19/09/2013

¿Que López Obrador era un peligro para México? Sí, por supuesto que sí. Pienso que toda la experiencia que vivió lo ha llevado si no a derrotarse, sí ahora a ver las cosas con más objetividad y a su interior enriquecidas. Qué bien que no ha muerto como murió Hidalgo, pero qué deleznable su vigencia. Hidalgo por el contrario era un halcón que volaba desde la provincia hasta la ciudad de México o viceversa observando un abismo en el que se situaban las grandes haciendas de los potentados y sus campos fértiles que aunados a las propiedades e iglesias del un clero maldito, destructor entre otras cosas de parte de la obra de Sor Juana, se abastecía de una mano de obra indígena, ignorante y sufrida. Así como el Tambor Garrido, esa población sabía cero de conceptos de independencia o de insurgencia.

Los del pueblo salían los domingos con permiso de los grandes señores a orar ante el altar según se les obligaba y luego a besar la mano de los párrocos, cuidadosos de evitar el contacto con ellos porque los niños mancharan con sus mocos sus sotanas o porque se contagiaran del olor proveniente de su trabajo que pudiera contaminar el aroma de los guisos que les esperaban aunados a un pan fresco y todo esto acompañado con buen vino. A Hidalgo no le siguieron éstos. Éstos siguieron a otro cura tan manipulador como casi todos los demás, que portaba el estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe. No tenían nada que perder. Quizá algunos pensaban que era la propia Guadalupe la que saldría a abogar por ellos. Eran carne de cañón, borregos dispuestos quizá hasta a divertirse esperando encontrar novedades que hicieran de su existencia algo menos monótono.

Tengo la impresión de que Hidalgo sufría muchos problemas a su interior. Siento que era un hombre que se sentía marginado. Lo mismo pienso del señor López Obrador. Así como que finalmente no cabía realmente en la clase acomodada en la que pretendía ubicarse. Tampoco creo que se sintiera parte de una Iglesia que a lo mejor como en su infancia lo hicieron sujeto de represiones. Hidalgo necesitaba de reconocimientos, tenía la urgencia de resaltar, de hacerse presente ante la sociedad como ser único sapiente e indispensable. Es obvio que Hidalgo tenía profundos complejos de inferioridad que lo hacían sufrir. Hidalgo cayó en el mesianismo, enloqueció.

El 15 de septiembre de 1810, había asistido como acostumbraba a jugar naipes con su amigo español el señor Cortina. Esa misma noche después del juego, don Miguel le pidió doscientos pesos prestados, el cual quien al acudir a sacarlos de sus caudales dio paso a lo que realmente el cura requería saber: en dónde se encontraban. Se dice que había logrado acumular cantidades importantes en dinero y armas pero que todo aquello no le era suficiente para apoyar la revuelta. Esa misma noche, al arribar Hidalgo a su casa a descansar y después de encontrarse con su hermano Mariano que vivía con él para luego retirarse a sus habitaciones, en ese mismo momento se inició lo que a mi entender marcaría la caída en rápido, del que ahora se considera prócer, por un despeñadero largo y profundo que en su camino fue arrastrando a muchos seres humanos que terminaron finalmente aplastando su cadáver.

A las 2 horas del 16 de septiembre de 1810 se iniciaba la etapa final de la vida de don Miguel Hidalgo y Costilla. Juan Aldama e Ignacio Allende acudieron presurosos a su casa urgidos de que se les abriera la entrada para encontrarlo. Éste fue avisado y vaya que adormilado y con gran esfuerzo, se salió de la cama ordenando se hiciera pasar a los que lo demandaban. Mientras Hidalgo volvía a vestirse escuchaba atento, pero sin dar la impresión de gran sorpresa lo que sus devotos compañeros acudían a relatarle quitándose de pronto entre ellos las palabras. En resumen, le hacían saber que la conspiración había sido descubierta. Apareció también su hermano Mariano quien simplemente observaba y escuchaba. Don Miguel como era su costumbre y para variar, ordenó a los mozos acercaran chocolate a la mesa y después de prestar atención a toda la narración simplemente expresó algo así como “bueno, pues ahora si a agarrar a los gachupines…”.

Tanto Aldama como Allende, desconfiados y a la vez preocupados y respetuosos, trataron de hacerle ver lo inoportuno que eso podría resultar para todos. Recomendaban que mejor se tomara un camino de escape momentáneo previendo que la persecución en su contra estaría cercana. Hidalgo los desoyó. No sólo eso, por lo pronto mandó llamar a todo el personal a su servicio ordenándoles lo acompañaran para que en el camino fueran acumulando población española obligándola a salir de sus casas y apresarla, entre otros al señor Cortina quien horas antes le entregara los famosos doscientos pesos, y dirigirse además a la cárcel del pueblo para exigir pistola en mano al responsable de la misma, la liberación de todos los reos, fueran éstos inocentes o delincuentes en toda la extensión de la palabra. A éstos les proporcionó las armas que tenían asignadas los custodios. Esos empezaron a ser sus “soldados”. Así acompañado del primer grosor de lo que a la postre se convertiría en gran turba, el cura Hidalgo llegó a la iglesia de Dolores en donde el Padre Bustamante se preparaba para iniciar la primera misa del día. Se le relegó de tal actividad y se solicitó hacer tañer las campanas para despertar la atención de la población.

Poco a poco, la gente empezó a congregarse en el atrio de la parroquia curiosa por saber qué sucedía. Hidalgo se preparaba entonces para lanzar su arenga, pobre y demagógica por cierto. Ni duda cabe que Hidalgo tenía las virtudes del líder que arrastra multitudes. También es cierto que en el fondo abrigaba un espíritu revolucionario pero a veces romántico y con tintes populacheros. Si ese hombre digamos que especial, hubiera sido más paciente, objetivo y realmente honesto, hubiéra sabido esperar mientras se diseñaba un entorno en el cual los humildes verdaderamente lo hubieran entendido y apoyado por resultar realmente convencidos, lo cual no era difícil, y listos para entrarle al toro. Hidalgo fue mediocre y con una labia que más tendía a sembrar odios y rencores derivada de una postura pasional y fanática. Desde ese momento él mismo no se escuchaba, otros no lo entendían bien a bien y sus más cercanos se atemorizaban.

@ap_penalosa

HIDALGO Y EL ENTORNO QUE ALENTÓ SU MESIANISMO.

17/09/2013

Desde México alguien simpatizaba con la rebeldía de Hidalgo al punto de apoyarlo siempre de manera por demás generosa en lo económico y deseosa de continuar haciéndose presente como mujer entre tantos hombres que a su gusto valía la pena apoyar después de haberlos sentido en sus aposentos. Se llamaba María Ignacia Rodríguez de Velasco, esto formalmente, porque en la práctica después del “de” tendríamos que apuntar muchos apellidos más según los que correspondieron a los hombres que en su momento y a su capricho cobijó en su lecho la Güera Rodríguez. Se dice que a esa excepcionalmente bella mujer le encantaban los curas, los militares y casi todos los demás. Simón Bolívar “el Caraqueñito” no regresó a su tierra sin haberla disfrutado. El Superior de La Profesa la descubrió en la sacristía en pleno “clinch” con el encargado de la misma, asustado antes por pensar que los ruidos y jadeos que había escuchado provenían de una alma en pena. María Ignacia tomó a bien retratarse con el torso desnudo siguiendo la moda que en ese momento imperaba en Europa.

Don Alejandro Von Humboldt no pudo resistirse a sus encantos y después de su expedición a México seguramente regresó a Alemania con alguna de las braguitas de la güera a manera de trofeo. Iturbide la amó como Napoleón a Josefina o a María Walewskza. Toda una “Pilarica”, rica, popular, admirada y envidiada. Pero supongo además que atrás de esa figura cínica y mundana, existía también una mujer con un gran espíritu de ternura y amor a un entorno que si bien la hacía feliz, también le hacía sentir odio y rencor por el estado de las cosas en detrimento de los mexicanos.

Como pasa en todas partes, también ahí se hacían presentes el chisme y las intrigas. Las mujeres como siempre en sus usos y costumbres y dadas las circunstancias de ese entorno social, tenían a la mesa el caldo de cultivo idóneo para dedicarse a tales actividades. Sus hombres puritanos colaboraban con ellas aportándoles cualquier información de lo que sucedía afuera, en los infiernos atestados de más ricos o más cultos que ellos, envidiosos por ser mejor reconocidos por la nobleza, pero finalmente hijos del pecado o porque según ellos eran libidinosos, hipócritas, alcohólicos discretos en la obscuridad y el misterio con sabor parisino en los prostíbulos de la alta sociedad o porque sesgaban las recomendaciones que surgían de los templos donde los representantes de la Santa Madre Iglesia invitaban a alejarse del pecado, a orar, a asistir a misa, a ser misericordiosos con los pobres indios que tanto estorbaban para su bienestar… ¡Qué sé yo!

Imagino a Don Mariano Sánchez Espinoza de Mora y Luna y Pérez de Calderón, Conde de Santa María de Guadalupe del Peñasco, frente al Reverendo José Tirado y Pliego, Prepósito del templo de San Felipe Neri en la ciudad de México, vestido de negro, flaco, escuálido, de pelos relamidos y abrillantados con vaselina, con bigotito al tamaño de su estatura, una piel blanquizca, caminando como que a escondidas por las calles mientras observaba cualquier movimiento de aquellos que le podrían dar la oportunidad de hacerlos objeto de sus críticas por pecadores y mundanos, fueran hombre o mujer sobre todo de clase superior a él.

Según Don Armando Fuentes Aguirre en su libro La otra historia de México. Hidalgo e Iturbide, la gloria y el olvido:

“Dicho santo varón acudió ante el Padre Tirado en un estado de ansiedad tal, que éste último supuso que el buen y respetable señor le anunciaría como novedad y con toda seguridad el acercamiento del fin del mundo en razón de un enojo de Dios porque en México se repetía
lo que alguna vez se suscitó en Sodoma y Gomorra. Con enorme emoción y entre sollozos, ese buen señor reconocido por todos por sus méritos en la religiosidad y el buen ser, fue a informar haber conocido al pintor que tuvo a bien hacer, a solicitud de la Güera Rodríguez, un mretrato de ella en que se exhibía desnuda hasta el punto del ombligo.
Relataba que le era imprescindible hacer denuncia de aquel suceso para en esa forma aliviar los tormentos al interior de su alma. Cuando Tirado y su asistente terminaron de escuchar el relato, ambos se vieron entre sí divertidos pero con todo respeto y parsimonia le hicieron saber a Don Mariano que tomaban nota de todo lo relatado, al punto de levantar un acta que diera fe de los acontecido misma que lo conminarían a firmarla, previo a valorar la posibilidad de hacerla pública ante el Tribunal de la Inquisición. Don Mariano salió aliviado, libre de culpa, mientras seguramente los dos frailes se destornillaban de risa recordando las posturas y facciones de aquel pobre atormentado. Por cierto, se dice que en esos días Don Ramón López Velarde al hablar de “las pechugas al vapor” de la famosa Güera, insistía en que habría que entenderse que dicha mujer seguía las nuevas costumbres en Europa de hasta las mujeres más decentes y de alcurnia.”

Y siguieron los chismes, en este caso propiciados por una indiscreción y exceso de confianza de don Ignacio Allende hacia un “corre ve y dile”, por cierto su Tambor Mayor del Regimiento Provincial de Guanajuato de nombre Juan Garrido. Este tipejo, así como los que andan entre escritorios sobre todo en oficinas de gobierno haciendo nada, informándose e informando de todo, amarra navajas y todo lo demás, escuchó de Allende con pelos y señales todo lo previsto para iniciarse la insurrección, planeada según escuchó para de entre el 12 al 15 de septiembre sin precisar todavía si ésta se llevaría a cabo desde Guanajuato o Querétaro. Al principio Garrido se emocionó y se sintió orgulloso de haber sido tomado en cuenta y de ser informado de un suceso de tanta trascendencia. Sin embargo después de reflexionar las cosas y asustado por saberse finalmente involucrado en un asunto tan delicado manejado por personas de tanto bombo y platillo más allá de los propios Hidalgo, Allende, y los Aldama, decidió curarse en salud e ir a informar del asunto al Intendente de Guanajuato: don Juan Antonio Riaño. Éste, amigo cercano de Hidalgo por quien sentía gran respeto y deferencia, no daba crédito a lo que fue a decirle el tal Garrido, quien denotaba no entender en absoluto cualquier concepto relativo a insurgencia, libertad, independencia, etc., cabó asustadísimo y además temeroso de terminar en alguno de los calabozos de la Inquisición.

Narra Don Armando Fuentes Aguirre con toda su sabiduría y amenidad y a quien tanto admiro y respeto, que el tal Garrido tenía conocimiento hasta del inventario de armas, dineros acumulados y otros provenientes de la propia Güera Rodríguez. Es más. Sabía que entre otras cosas, Hidalgo planeaba mover a la masa a partir de mostrar como testigo, apoyo y símbolo del movimiento a la mismísima Virgen de Guadalupe. Riaño decidió tomar cartas en el asunto e informó a la autoridad, lo que le valió entre otras cosas a la Güera Rodríguez atender un citatorio que formalmente le hiciera el Tribunal de la Inquisición.

María Ignacia con todo su garbo y prestancia, acudió a escuchar y a responder con tanta frescura y naturalidad a las preguntas que se le hacían y envolviendo de tal manera a sus cuestionadores que éstos terminaron siendo cuestionados por la mujer. Dejó el lugar no sin antes atender a la recomendación del Arzobispo Francisco Javier de Lizama y Beaumont en el sentido de que abandonara por un rato la ciudad de México y fuera a aislarse a algún lugar en el cual estuviera de alguna forma protegida de eventuales persecuciones. Se arrancó a Querétaro igual de feliz y despreocupada y atenta a su vocación: dar cobijo, calor y gratos placeres a cuanto hombre resultara de su agrado. Y vaya que siguió la Güera dando pasos que la seguían engrandeciendo por su constancia y férreas convicciones (Pág. 81)

Fin parte 2.

Felizmente y luego de dar solución a los problemas de vialidad que afectaron a la ciudad de México y alrededores, el curso de 60 hrs. denominado “Analisis, discusión y correcciones respecto a la historia oficial de México”, dará inicio el próximo 23 de septiembre en la Universidad del Valle de México, UVM, Campus Lomas Verdes (ver mi muro www.antoniopatriciopeñalosa.com) Importante señalar que el costo del mismo se podrá pagar en tres parcialidades a un precio único de $ 2,400.00. Favor confirmar su asistencia a la Dirección de Mercados Corporativos, teléfono 5238 73 00, ext. 10515, con la Señora Margarita Mora Vázquez. Favor compartir esta publicación.

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