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MI IMPRESIÓN RESPECTO A HIDALGO

25/10/2013

Tuve que ser muy cauto y apuntar con toda serenidad y prudencia lo que a continuación expreso.

De entrada y a efecto de ser congruente y honesto conmigo mismo, tengo que empezar repitiendo que considero a don Miguel Hidalgo y Costilla como un ser a mi juicio soberbio, soñador, manipulador, en ocasiones muy egoísta, oportunista, cobarde, asesino, loco ¡qué sé más! Pero también tengo que reconocer que al final de su existencia, se dio la oportunidad de ser hombre auténtico en toda la extensión de la palabra. Cualquier ser humano por nefasto que haya podido en el transcurso de su vida, tiene mientras continúe existiendo todo el derecho a la reflexión y con ello la oportunidad de ponerse en paz consigo mismo.

Eso hizo Hidalgo. Eso le permitió arrepentirse de todo lo malo que arrastró y ser aunque fuera en una etapa final corta, un individuo que retomó una ubicación como ser humano común y corriente con todo lo que ello significa en el contexto de una noble sensibilidad. La aceptación de sus errores que asumió al final, hace que cuando paso frente a su estatua en Coyoacán de pronto me haga racapacitar y sienta hacia su persona compasión y hasta un espíritu dispuesto a perdonar.

Yo muchas veces me pregunto: “¿Y tú, Antonio? ¿cuántas veces el mundo cada día que pasa usa el dedo índice solo para señalar? Pero qué raro resulta que alguien entre ellos yo, sea capaz de voltear ese mismo dedo para orientarlo hacia su persona?” El gran culpable de la visión falsa que los mexicanos tenemos de tantos personajes trascendentes de nuestra historia se llama MÉXICO con todo y sus mexicanos. Unos porque no saben y porque no están interesados en saber, otros porque aún deseando saber, no tienen acceso a una educación bien entendida que el sistema malévolamente oculta. Otros también por estar insertos en escuelas sobre todo religiosas y costosas donde la educación se procura según los cánones que a la Iglesia le conviene. Por eso amo, admiro y respeto el espíritu laico y napoleónico impactado en el sistema educativo conocido como el Liceo.

Otros muchos que aun existiendo las herramientas y la obligación que asumieron de otorgar educación, no educan, no se preparan para ser auténticos maestros y por el contrario deseducan, confunden, engañan, falsean la verdad y así la acomodan acorde al apetito de alcanzar objetivos personales a sabiendas de construir caminos falsos que lejos de llevarnos a un valle de luz, cada vez más nos acercan a lo obscuro, ahí donde entre la maleza reptan bichos ávidos de mordernos para inyectarnos su veneno, su ponzoña, pero cuidando que no muramos para así, enfermos, resultarles útiles y manejables a manera de marionetas controladas por hilos que no se ven desde las gradas.

La presencia sindicalista de nuestro país en materia educativa bien ilustra este último por qué. Si tantos que se dicen ser “historiadores” o profesores pero que más bien resultan burócratas de quincena, mentirosos, ignorantes, revoltosos, etc., no sólo hablaran con la verdad, sino además no se hubieran dedicado a esconderla por órdenes de aquellos a los que les convenía más que México persistiera en el obscurantismo, entonces Hidalgo habría tenido la oportunidad de reconocerse como ser por lo menos merecedor de una relativa reivindicación. Confucio decía: “el que no sabe y no sabe que no sabe, está loco, aléjate de él. El que no sabe y sabe que no sabe, está consciente, ayúdalo. El que sabe y no sabe que sabe, está dormido, despiértalo. El que sabe y sabe que sabe, es una sabio, síguelo”.

Por favor, aceptemos que Hidalgo, Allende, los Aldama, Abasolo, Jiménez, el Padre Melero, la Güera Rodríguez, etc., así como tantos realistas en su momento enemigos, eran finalmente seres humanos. Cristo mismo, como hombre a la hora de morir y aún supuestamente respaldado por Dios, sufrió y pidió clemencia ante el sufrimiento al decir: “Señor, si es tu voluntad, aparta de mí este cáliz…”. ¿Por qué no aceptar a cada uno de los que nos rodean como son, por qué no mejor regalarles esa buena voluntad que proclamaba mi tío Joaquín sin pretender cambiarlos? ¿Por qué gobiernos de nuestra patria no nos han respetado, amado, hablándonos con la verdad? Tanto todavía que se podría exponer en detalle de lo que pasó después de su aprehensión con los primeros bien o mal intencionados gestores de nuestra Independencia.

Caminaron semanas con grilletes en los pies que los destrozaban, con las manos amarradas, sufriendo los embates del dolor y de las agresiones de mucha gente que a su paso como a Cristo les escupían. Otros se condolían ante su imagen en desgracia. Hoy un pinche futbolista proveniente del pueblo que encontró lastimado su piecito deja un buen rato de jugar y mientras tanto, recibe toda la lana del mundo acompañada de apapachos. También hoy en el marco de una especie de “neoporfirismo”, seguimos observando por televisión cada 15 de septiembre entre el palco presidencial y la Plaza de la Constitución una especie de distancia que me da la impresión que se alarga para que no se escuche la expresión de “shhh…” desde arriba y hacia atrás para que los de abajo no se enteren de lo que se está comen tando ymientras comiendo o bebiendo. Abajo, estoy seguro que muy pocos saben realmente por qué están gritando “¡¡¡¡ Viva México…!!!!”

No saben que ante la fragilidad propia de los seres humanos, los primeros insurgentes a la hora de ser juzgados y sabiendo que iban a ser pasados por las armas para que luego sus cabezas fueran expuestas a la vista de la muchedumbre a manera de advertencia, esos mismos insurgentes se culparían entre sí ante el Tribunal tratando de hacer un último esfuerzo, a costa de lo que fuera, para poder seguir viviendo ¿Por qué entonces elevarlos a categoría de super hombres si en la práctica eran entes con todo el derecho a también ser débiles? ¿ No saben los historiadores que a sus hijas o a su esposa por razones de naturaleza también les toca vivir la debilidad consecuente del sufrimiento cuando están precisadas a menstruar? La vida de cualquier país incluye menstruaciones, arroja material fétido porque se pudrió. Pero también en cada ciclo todo organismo se renueva. Malo cuando la mujer por ignorancia o irresponsabilidad no sabe que está embarazada, porque entonces sí ¡uy, qué vergüenza!

¿Elizondo era malo porque detuvo a los insurgentes? No. El señor Calleja cumplió con su deber, punto. ¿Abasolo era traidor porque su esposa luchó por salvar su vida en razón de que lo amaba y porque tuvo recursos para sacarlo a España? ¿Los Aldama dijeron mentiras ante los jueces y hasta se retractaron argumentando estar obligados a actuar por coacción? no, lo hicieron porque tenían el derecho después de todo a tratar de salvar su pellejo. Un boxeador no es un asesino porque en una pelea mata a su contrincante. Es un ser que seguramente a solas por las noches derrama lágrimas sobre su almohada por lo que sucedió ¿El Virrey era maldito porque celebró con un “Tedeum” la momentánea pacificación del país ente tanto mexicano que estaba con toda razón horrorizado?

Me impresiono al imaginar cuando los insurgentes arriban a Chihuahua. Don Nemesio Salcedo y Salcedo, Gobernador y Comandante General emite un bando que con cuatro señalamientos hace del conocimiento de la población la obligación de respetar a los presos en desgracia. Igual, aunque me declaro anticlerical no dejo de reconocer que la Iglesia tenía razón al degradar al cura Hidalgo por ese comportamiento que no correspondía a su obligación sacerdotal. Y más tengo razón desde el momento mismo que el propio Hidalgo acepta y dice arrepentirse por sus faltas, incluyendo el asesinato.

Insisto, los mexicanos ¿por qué a la luz de la verdad antes oculta o maquillada no nos reconocemos como somos? El hombre o la mujer que desea mejorar su imagen necesita tener el valor de desnudarse y verse ante el espejo. La Iglesia y los sistemas mexicanos nos han metido al baño para aparentar que se nos invita a asearnos, pero antes de cerrar la puerta nos han dicho: “ábrele a la llave suavecito para que se escuche caer el agua de la regadera, pero nomás échate un poco en la cabezota y cuida que no se desperdicie el líquido ni se acabe el gas. Haz como que te bañaste.” Yo estoy seguro que si a México se nos hubiera hablado con la verdad, habríamos terminado por juzgar a Hidalgo con todas sus fallas y carencias de manera más justa y objetiva. ¿Que disparó el movimiento de Independencia? sí. ¿Que lo hizo en forma errónea? también. ¿Que era hombre, débil y expuesto a las pasiones? por supuesto. ¿Que es un héroe? eso no lo sabemos porque repito no se nos ha hablado con la verdad.

Yo sólo me atrevo a pensar que Hidalgo fue un hombre más entre tantos millones y millones que obró a veces bien, a veces mal, otras muy mal, pero que al final se reconcilió consigo mismo y con eso alcanzó valor a su interior. Vuelvo con Don Armando Fuentes Aguirre. En la página 115 de su libro La otra historia de México. Hidalgo e Iturbide, la gloria y el olvido, hace referencia a un documento escrito por Hidalgo poco antes de morir, que por si solo se explica. Dicho documento ha sido ocultado por no sé qué razón, pero eso sí, una vez más dicho ocultamiento ha sido el resultado de la cobardía y la pretensión estúpida de tantos aquellos preocupados porque en México no asumamos el principio de la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. Ahí se los dejo… Miguel Hidalgo y Costilla murió fusilado el 30 de julio de 1811. Murieron también sus principales, excepto Abasolo. ¿Qué pasó después respecto a estos personajes…? Morbo y mentiras que los deformaron.

@ap_penalosa

VERGONZANTE FINAL DE HIDALGO EN UNA NUEVA ESPAÑA CADA VEZ MÁS ENSANGRENTADA.

21/10/2013

VERGONZANTE FINAL DE HIDALGO EN UNA NUEVA ESPAÑA CADA VEZ MÁS ENSANGRENTADA.

Me decía mi tío Joaquín que el caso del Padre Melero refleja cómo Dios es aficionado al ajedrez dado que sabe bien cómo colocar las fichas. Mi tío tenía varios apuntes personales alrededor de ese sacerdote, mismos que a su muerte fui a buscar pero desgraciadamente supe después que habían ido a caer en otras manos. De todas formas se me quedó muy grabado cuando mi tío sostenía que el padre Melero gracias a una invitación que le hicieran Allende, Abasolo y Aldama a comer, soltó la papa a tal grado que éstos se preocuparan en serio porque se hiciera presente ante el cura Hidalgo. Fue entonces a encontrarse en Dolores con éste último y de ahí surgió una gran amistad y confianza entre ambos.

Hidalgo entonces lo reforzó con chocolate por supuesto, alimentos, aguardiente y todo lo demás necesario para que por su conducto al llegar a San Luis éste se encargara de hacer proselitismo a favor del movimiento. Melero ni tardo ni perezoso fue a San Luis a cumplir con el encargo,aprovechando la oportunidad que le brindaba el confesionario. Casi todos los afectos a sus sabios consejos salían henchidos y resueltos a seguir las sugerencias de Melero. Pero un día sucedió que entre tantos devotos a cumplir con la obligación de asistir al confesionario antes de ir a comulgar previo el ayuno obligado, resultó ser nada más y nada menos don Félix María Calleja, el mismo que cuando supo del inicio de la revuelta insurgente en Dolores había convocado a los potosinos a aportar a favor de que la acción realista contara con los recursos suficientes. Decía mi tío que algo que no le gustaba de los potosinos no obstante su amor por ellos, era el hecho de saber que éstos en su momento colaboraron a favor de lo que a la postre significó una gran masacre. Taimado, Melero asistió a la reunión convocada por Calleja y apenas salió éste de San Luis para iniciar su plan de persecución a los insurgentes, el mismo cura se levantó en armas, puso en prisión a los sacerdotes peninsulares y tomó bajo su control a la ciudad.

Mientras tanto, Don Mariano Jiménez sabedor de la audacia y autenticidad del padre Melero y quien tenía dificultades para enfrentar al gobernador de Coahuila, el Coronel Arturo Cordero y Bustamante, le solicitó a Melero que se trasladara a aquel estado para que junto con Bustamante derrocaran a Cordero quien por cierto a la larga finalmente se decidió a pasarse a las fuerzas insurgentes. Cuenta Don Armando Fuentes Aguirre en el mismo libro citado anteriormente, que un amigo de
Jiménez llamado Pedro Aranda, reunió a un grupo de revoltosos para que fueran a saquear las tiendas de todos aquellos que se identificaban como simpatizantes de los revolucionarios. El Padre Melero salió furioso y a punto de garrotazos los hizo abandonar las acciones iniciadas.

Hasta aquí de los desmadres simpáticos de ese hombre bueno y bronco. Cordero por haber sido realista estuvo a punto de ser linchado por la turba revolucionaria. Melero finalmente lo salvó echando mano de todos su recursos, entre otros su capacidad de oratoria con la que sabía hacer reaccionar a la gente y con esto a tranquilizarla. Pero pasemos como decía mi tío Joaquín a la parte dramática que tuvo que enfrentar el Padre Melero en razón de la traición de que fueron sujetos Hidalgo y demás iniciadores del movimiento al punto de resultar detenidos y hechos finalmente presos.

El 24 de febrero de 1811 llegó cerca de Saltillo la esposa de Don Mariano Jiménez en avanzada, informando del próximo arribo de don Ignacio Allende. Efectivamente, horas después éste último acompañado de su hijo Indalecio, de Abasolo y de su esposa con un bebé en brazos se aparecieron en el lugar. En Aguanueva Melero los recibió, les dio acomodo para comer y descansar y envió a Saltillo a alguien para anunciar a Jiménez que al día siguiente dichas personas estarían llegando a esa última ciudad. Atrás de ellos y a suficiente distancia venía Hidalgo en calidad de preso, quien prefería arribar hasta por la noche y para el cual Allende solicitó un espacio que le diera cabida. Qué triste un Hidalgo necesitado de resguardarse en la obscuridad y con un peso de conciencia que lo aplastaba.

A la llegada de Hidalgo, ahora sí en reunión formal, éste se decidió a ratificar su renuncia y por unanimidad de votos Allende asumió el cargo en su lugar. Así Hidalgo quedaba definitivamente ante la mirada de conmiseración y sentimiento de piedad del propio padre Melero. Dice Melero que al pasar por Santamaría, el padre Hidalgo ofició la que sería su última misa. Mi tío Joaquín dice que eso no es cierto. Según él, Hidalgo dejó de oficiar desde el mismo momento en que inició el movimiento el 16 de septiembre ¡Vaya usted a saber…! Aquí un paréntesis. También se habla de que en algún momento Venegas, convencido del resultado de la rotunda derrota en Puente de Calderón, pensaba que los insurgentes finalmente aceptarían darse por vencidos y dispuestos a firmar la paz comprometiéndose a ratificarse seguidores de la monarquía que encabezaba Fernando VII. Se sabe que todos, incluyendo a Hidalgo, rechazaron la propuesta insistiendo en su intención de conseguir la libertad tan ansiada para la Nueva España a costa de lo que fuera.

El 20 de marzo de 1811, el Padre Melero se encontraba ya cerca del trágico pueblo de Baján, camino de Monclova. Ahí gente de don Ignacio Elizondo se adelantó con el pretexto de alertar al cura de las dificultades del tiempo que hacían recomendable ministrar por partes el paso de cualquier convoy para que las capacidades de las norias no se agotaran y siguieran proveyendo el agua necesaria. Melero lo creyó, cenó y pasó a dormir temprano previendo seguir al día siguiente su rumbo a partir de las 4 de la mañana del 21 de marzo. Después de tomar el obligado chocolate, salió acompañado de una pequeña guardia cuando de pronto se vio sorprendido por la presencia de Elizondo acompañado del Obispo Borrego de Monterrey. A una señal de Elizondo, fueron apareciendo un número suficiente de elementos que entremezclados con la escasa guardia de Melero reforzaron la fuerza necesaria para tomarlos presos y llevarlos a encerrar en una pequeña construcción.

A las 2 de la tarde de ese 21 de marzo apareció el primer carruaje con insurgentes que incluía a Allende, su hijo Indalecio, Jiménez y Arias. Llegó Elizondo con su gente y a boca de jarro les demandó la rendición en nombre del rey Fernando VII. Allende lo llamó traidor y su hijo Indalecio con la agresividad propia de su juventud, echó mano de una pequeña pistola no acertando y sí en cambio recibiendo un tiro en la cabeza que lo llevó a morir en los brazos de su padre. Los disparos continuaron al punto de destrozar el carruaje dando por resultado que Arias terminara acribillado quedando agonizante. Jiménez abandonó el vehículo y se entregó con las manos en alto convencido de que no quedaba más por hacer. Me cuesta trabajo imaginar cuando a la vista del padre Melero y al ver pasar el carruaje destrozado por las balas frente a él, encontrara a un Allende solicitándole a su “compañerito”- así lo llamaba- le ayudara haciéndole bajar a su hijo muerto y además solicitarle auxilio para bien morir al agonizante Arias.

Hidalgo venía a distancia. Se hacía acompañar de quien fuera terrible verdugo degollador y carnicero a su servicio y quien alguna vez fuera torero. Se le conocía como “el Castrador”. Cuando Hidalgo llegó a Valladolid a formar nuevas tropas, detuvo a ochenta españoles que puso en manos de la turba y de la cual era cabecilla ese diabólico sujeto. Cuentan que “el Castrador”, antes de acabar con la vida de sus víctimas, hacía que las mismas se mutilaran a cuchillo a efecto de causarles previo a la muerte, los más terribles sufrimientos. Esta es otra faceta de Hidalgo que hace sentirme molesto con él. ¿Por qué hacerse acompañar de un auténtico y vil asesino? Pero bueno, pasó lo que tenía que pasar y finalmente Hidalgo también fue apresado y así quedó a un paso de su muerte previo a los horrores que la vida le tenía todavía reservados entre el trayecto de Monclova a Chihuahua, los derivados del juicio a que fue sometido por las autoridades de la Corona y por el juicio y degradación sacerdotal que la Iglesia le tenía reservados

@ap_penalosa

HIDALGO Y EL INICIO DE SU INFORTUNIO

18/10/2013

Después del pasaje de Puente de Calderón, los ex compañeros de Hidalgo lo responsabilizaron de tal desastre y exigieron su abdicación a favor de don Ignacio Aldama. Hidalgo ya estaba acabado. Sin embargo esa hacienda ahora mal llamada “Pabellón de Hidalgo” fue testigo entre otras cosas de que no fue cierto lo que algunos escribanos ocultaron disfrazando la verdad al pretender anotar que a éste entonces todavía se le reconocía como jefe político del movimiento. Mentira. Ese que ahora se exhibe en Coyoacán como estatua altanera y agresiva, era ya solamente un preso más. A partir de ese momento el cura empezó a transformarse y con eso muy poco a poco a tomar real conciencia de todo lo que hizo y causó. Como ser humano, cayó en medio de varios extremos que circundan un círculo: la tristeza, la soledad, la frustración y lo peor creo yo, el reencuentro con uno mismo para enfrente de un espejo, verse en su denudez malformado, sucio y escaso de todo aquello que justificara su existencia.

Si bien yo no me identifico y mucho menos acepto al Hidalgo que realmente fue, tampoco me atrevo a poner en duda que por lo menos pocos meses antes, el hombre pretendía ser congruente con sus convicciones. Le pasó lo que a muchos que han tenido la oportunidad de saborear el poder: simplemente no supieron manejarlo porque uno de los más graves defectos de carácter que termina destruyéndonos es precisamente la soberbia. Esa soberbia fue la que finalmente acabó con su vida, con su oportunidad acompañada en su momento de supuestas buenas intenciones. También ese pecado capital de don Miguel arrasó con las vidas de muchos seres que acabaron por ser desperdiciadas o simplemente manipulados y por tanto mal usadas. Señor López Obrador, se lo digo con todo respeto y en serio, con toda buena voluntad: échele una pensadita a todo esto. Aprenda de la experiencia de otros y que ojalá esos sus apoyadores también se sienten a reflexionar. Todavía estamos vivos. Hay como decimos vulgarmente “chance”.

A Napoleón Bonaparte se le aplicó entre otros sobrenombres el de “anticristo”. Para la realeza española y otros imperios de Europa que cayeron en sus manos, el corso era una especie de ser diabólico. Fernando VII cuando regresó al trono se anunciaba como salvador de España en razón de la caída que sufrió José Bonaparte después del rechazo del pueblo español que como dije antes, se supo organizar para evitar que Francia continuara con su dominación. Napoleón también adornaba su cabeza con una gran cornamenta que erigieron sobre su frente sus dos esposas (creo que por eso, para no afectar su vista al horizonte, su sombrero tenía un corte en sentido horizontal): Josefina y María Luisa de Austria.

Aquí tengo que reconocer que mi admirada “Águila Real” se hizo mucho el pendejo haciendo caso omiso a la ligereza de cascos de Josefina en razón del amor que sentía por ella. Ésta última como María Luisa fueron muy putas. Aunque también en estos casos debo decir que hay de putas a putas. Josefina aún con sus devaneos, amó fervientemente al Bonaparte al punto de éste perdonarle todo. En cambio María Luisa, madre de quien a la postre sería Luis Napoleón II y quien murió por debilidades que arrastraba desde su niñez y que no pudo ejercer nunca el título de Emperador de Roma debido además a la caída de Napoleón, bien, esa pinche María Luisa de Austria lloraba y lloraba porque su padre el Emperador Francisco le decía: “Ni hablar mi hijita…, asuntos de estado y de interés por tu patria, hacen necesario que te cases con el odiado Anticristo.” Ésta al principio se negaba rotundamente a lo que se le imponía, pero de pronto se hizo “buenita” y accedió a la propuesta del padre. Era casi niña y Napoleón la había escogido también por conveniencia política. Para Napoleón le era indispensable procrear un heredero. Casándose con María Luisa, pensó que mataba dos pájaros de una pedrada, uno que le regalaría finalmente un descendiente que felizmente resultó varón, pero además eso comprometería irremediablemente a su suegro a darle todo su apoyo alejándose del Zar Alejandro de Rusia quien ya urdía junto con otros asociados, incluida Austria, la derrota final de Napoleón.

Bueno, pues que la tal María Luisita resultó toda una joyita. Sí, le regaló un vástago a Napoleón, terminó entregándose a él abiertamente gracias al afecto y ternura que Napoleón le prodigó, pero de ahí p’al real resultó que esta niña bonita estaba más necesitada del lecho que la famosa Güera Rodríguez. Ya Napoleón en su desgracia, preso por los ingleses en la isla de Santa Elena, sufrió la desilusión consecuente de no volver a ver a su amado hijo en razón de que el Emperador Francisco regresó a su hija a ocupar nuevamente el Palacio de Schönbrunn en Viena alejándola definitivamente de su yerno. A María Luisa le vino bien, porque allá en la tierra de Mozart, se encontró con nuevos amantes que le permitieron hacer menos “dolorosa” su existencia.

Josefina siguió amando a Napoleón y éste a Josefina de quien también por razones de estado se tuvo que divorciar. El Águila real la envió a vivir sus últimos años a la Malmaison, hermosa finca cerca de París y en la cual finalmente terminó muriendo. Platico todo esto porque tiene que ver con el fin de don Ignacio Aldama. Los españoles habían satanizado a Napoleón. Lo exhibían ante el mundo como una amenaza que además de odiar a la Iglesia, pretendía a toda costa hacer de España también su territorio. Obviamente aquí en la Nueva España todo lo que olía a franchute apestaba.

Don Ignacio por indicaciones de Allende, tomó camino a Estados Unidos buscando por lo menos el apoyo norteamericano en términos de refugio para los insurgentes caso dado fueran derrotados por los realistas. ¡Cándidos Allende y el resto de sus compañeros! No se habían enterado que en “Gringolandia” sus senadores se oponían a cualquier forma de independencia de los territorios latinoamericanos hasta que no quedara concluida la famosa Doctrina Monroe igual a “América para los Norteamericanos”, no para los americanos. Pues bien… Aldama iba por el camino real de Béjar, hoy territorio norteamericano gracias al buen Santa Anna, acompañado de su gran amigo el fraile Juan de Salazar a cumplir la misión anotada cuando de pronto vieron a lo lejos a un grupo de clérigos apostados en el camino que hizo suponer a éstos que los esperaban para darles cordial bienvenida y cobijo ¡Pues nanay! resulta que don Ignacio Aldama iba portando tremendo uniforme parecido al de los altos oficiales napoleónicos hasta por la forma del corte del sombrero y eso bastó para que se les detuviera previo a ser enviados a presidio para luego ejecutarlos. Hablaré más de esto.

Mi tío Joaquín me recordaba mucho a otro sacerdote como él. El Padre Peñalosa era a veces bravo, intolerante y de muy mal genio. Aguas con sacarlo de sus casillas porque su santidad se quedaba bajo llave en el cajoncito más oculto de su magnífico ropero traído de Segovia. Ese otro sacerdote simpatiquísimo y bueno se llamaba fray Gregorio de la Concepción Melero y Piña. Así como el Padre Fray Alberto de Ezcurdia, fundador de la Parroquia Universitaria, dominico expulsado por revoltoso, el Padre Melero, carmelita descalzo, si hubiera traído chancletas, tengan la seguridad las hubiera usado para poner en su lugar a más de tres.

Dicho personaje fue pieza de mucha trascendencia en su momento durante el primer movimiento insurgente iniciado por Hidalgo y sus seguidores. Un día el Padre Melero llegó a San Miguel echando pestes de Oaxaca. Por bronco allá, sus superiores decidieron mandarlo por peteneras para que se reubicara en San Luis Potosí. Sucedió que ya él también estaba hastiado de tantas injusticias provenientes de la Monarquía Española a través del sistema virreinal y como convivía con curas igual españoles que mexicanos, a la hora de las discusiones los frailes se dividían en dos bandos al punto de llegar muchas veces a los purísimos trancazos. Era una auténtica ladilla y por lo mismo “a freír espárragos” y a seguir con su música a otra parte.

Pues bien, resulta que el mero día que llegó a San Miguel no tenía dinero suficiente siquiera para pagar el transporte y la carga a favor de quien los trasladó desde Oaxaca y ni hablar, se tenía que quedar ahí a pernoctar porque el río estaba muy crecido, pero no tenía tampoco suficiente plata para encontrar lugar para refugiarse y reponerse al menos un rato. Revisó su escaso patrimonio que le acompañaba significado principalmente en libros. Los entregó a alguien encargándole que tratara de venderlos. De entre lo que incluían sus bienes, iban algunos documentos que lo exhibían como simpatizante del movimiento insurgente. Por mera coincidencia, todo ese material fue puesto en oferta de alguien que al revisarlos se quedó por demás interesado al punto de decidir de inmediato adquirir. Ese comprador se llamaba Ignacio Allende.

@ap_penalosa

HIDALGO AL FIN PRESO POR ALLENDE

12/10/2013

Cerca de Guadalajara se encuentra un valle que rodea una colina en la que se encuentra Puente Calderón. En las cimas del lomerío estaba concentrada una turba de 100 mil personas mientras abajo disciplinados un total de 7 mil soldados a la espera de órdenes de atacar. Independientemente del reducido número de los segundos, la gran diferencia en efectividad derivaba del talento de quien los comandaba: el General Calleja. Allende sugería para dicho combate que el número de efectivos se redujera a una cantidad que integrara solamente a gente con experiencia, de manera de evitar que el resto lejos de ayudar, solamente terminara estorbando a las maniobras. Hidalgo por lo contrario, seguía en la tozudez del uso de las masas. A primeras horas de la mañana se inició el combate con el avance de las fuerzas de Calleja las cuales fueron bien repelidas en razón del número que originalmente acumulaba aquel gran contingente de insurgentes. Ante la acción de los levantados, tanto muchos soldados como el mismo Flon, dudaron respecto de seguir adelante o mejor alejarse en retirada.

Aquí Calleja me recordó a Napoleón con aquella capacidad para arengar a sus soldados en los momentos más críticos y con ella levantarles el ánimo y la disposición a acrecentar sus esfuerzos a costa de lo que fuera. Lo que en un principio daba la impresión de desastre en detrimento de las fuerzas callejistas y gracias a un milagro, quién sabe si realizado por la Virgen de los Remedios, patrona de los realistas vs. Guadalupe a favor de los insurgentes, el caso es que una granada proveniente de quién sabe dónde, fue a parar en un carro insurgente que transportaba pólvora y que al explotar hizo que toda esa tronadota produjera tal confusión y pánico entre aquellos al punto de salir en desbandada.

Calleja entonces simplemente aprovechó la huída de espantados para que en su correr sus fuerzas ametrallaran a tantos como las balas alcanzaban. Esta batalla representó la última para Hidalgo y la fatal para Flo. Este aguerrido a la vez que sanguinario general compañero de Calleja, cometió el gran error de alejarse de sus más cercanos, lo que aprovechó la turba para hacerlo caer de su caballo y ahí mismo convertirlo en despojos en razón del odio y rencor al interior de los reducidos enemigos. Calleja en cambio, a la postre virrey que sucedería a Venegas, resultó altamente reconocido por la Monarquía Española y mientras tanto condecorado por Fernando VII que le concedió el título de Conde de Calderón.

Los muchos historiadores que se dicen ser y que mejor resultarían útiles para escribir informes presidenciales para seguir promoviendo lo que a los gobiernos les conviene decir aprovechando la inocencia de los mexicanos derivada de su ignorancia, rinden honores a los héroes de la independencia y además con ello justifican el que éstos reposen hoy en la columna que sostiene al ángel ¿Saben por qué no se ha venido abajo dicho monumento? simplemente porque ha sabido resistir el efecto de los terremotos que cada día provocan los agarrones que ahí adentro se siguen dando Hidalgo con Allende y otros que ahí se encuentran. Lo ocurrido en Puente de Calderón vino a significar la gota que derramó el vaso para Allende y sus compañeros al punto de llegar Allende a considerar la posibilidad de dar fin a Hidalgo por la vía del envenenamiento.

Esto lo sopesó tomando en cuenta la opinión de bandos opuestos entre sí. Algunos justificaban y hasta alentaban dicha acción. Otros se opusieron rotundamente. Allende fue prudente y por el momento desechó la idea, sin que ello significara que quedara abandonada de manera definitiva. Todo esto no lo exhibe la historia oficial promovida por cada sistema en su momento, llámese el Iturbidista, el tristemente Santa Annista, Juarista, Porfirista, Revolucionario luego Priista y el hasta ahora el además de dividido entre sí y también harto ignorante: el Panista.

Miren, al interior de mi familia somos ocho hermanos como ya había mencionado. Nuestra convivencia ha estado llena de matices. Algunas veces buenos, otras no. Algunos hasta nos han expuesto al exterior con una imagen que yo califico de poco grata. Pero eso sí, les puedo asegurar que por la unión y educación que nuestros padres aplicaron en cada uno de nosotros, hemos terminado aceptándonos como somos realmente y eso nos ha enseñado además a tratar de proseguir nuestra vida intentando evitar que se cometan los mismos errores que tantas veces nos dividieron. Yo me pregunto ¿por qué diablos pretender ocultar lo que como ahora ustedes ven, resulta inocultable? Lo que tarde que temprano de alguna manera tenía que salir, no necesariamente de mí que repito, me he basado en todo lo que he consultado y confrontado ¿Por qué no nos lo exhibió el PRI con la verdad? Tuvo la oportunidad más de 70 años para hacerlo. ¿Por qué López Obrador trata de promoverse como émulo de héroes de barro? ¿Porque no sabe de historia o porque se basa en la falsedad para manipular a las mismas multitudes como las de 1810? ¿Por qué mi Alma Mater, la UNAM, no saca los trapitos al sol? ¿Por qué ahora el PAN o pretende no moverle, o bien prefiere hacerse el desentendido y no cumple su promesa de hablar con la verdad? ¿Por qué, por qué, por qué…?

Cada vez que estoy en París por supuesto que paso a los Inválidos a echarle un “hola mi cuate” a Napoleón y a todos esos grandes generales que como él y muchos de los nuestros, a como fuera, se entregaron en cuerpo y alma por su patria. Yo odio a Talleyrand, lo detesto y menosprecio por traidor, hipócrita y sacerdote ¡vaya que por demás corrupto! pero sobre todo porque colaboró a hacer pedazos a Napoleón y de paso en su momento a la propia Francia. Sin embargo, he estado en Reims y me encuentro que una de sus principales avenidas rinde honor a la memoria de dicho sujeto y me escandalizo, me quedo atónito y al primero que me encuentro originario de esa misma Alsacia en la que apareció alguna vez Juana de Arco, me aclara muchas cosas que hacen también realzar la figura de Talleyrand y bueno, termino diciéndome: “mira, ¡y cómo no que el sistema Liceo base de la educación francesa hablando con la verdad! Hoy un provinciano francés me enseñó algo más”. Aquí en México le preguntamos a cualquiera respecto de nuestra historia, hasta algunos que aparecen entrevistados por las calles por la televisión o la radio y terminan repitiendo como pericos más o menos lo que recuerdan de sus años mozos, todo viciado y champurrado o simplemente salen con el: “no sepo”. Qué triste vivir en medio de la mentira y la escasez de una aparato educativo como decimos vulgarmente “di a de devis…”

Hidalgo, ahora entonces se hizo chismoso. Salió de Guadalajara separado de los demás y en el camino fue propalando que Allende junto con Jiménez habían salido huyendo rumbo al norte para encontrar refugio en los Estados Unidos y llevando consigo el resto del dinero que quedaba para la causa. El 19 de enero arribó por la noche a Calvillo, hoy Aguascalientes. Una vez más a descansar con su, como decía Cachirulo, chocolatote. A los clérigos del lugar no les agradó la estancia del señor por considerarla comprometedora. Le regalaron paciencia y tolerancia mientras que por fin decidió continuar su camino y con ello regresar la tranquilidad a la población. Adelante se encontraba una hacienda conocida como San Blas del Pabellón. Ahí lo esperaba Allende, quien de inmediato lo tomó preso y amenazó de muerte. Aunque no quedó acta que por escrito diera fe de su renuncia como líder del movimiento, éste no tuvo más remedio que aceptar su nueva realidad.

@ap_penalosa

HIDALGO YA ME TIENE HASTA LA MADRE

10/10/2013

Como ha pasado con Polonia, siempre país desde donde se han disparado tantas guerras, a Guanajuato aunque en menor proporción, también le ha tocado ser testigo de acontecimientos por demás severos. Para esta ocasión nuevamente la Alhóndiga de Granaditas volvió a vestir de luto pero ahora por efecto de la acción realista. Hasta ahí llegaron nuevamente Allende, los Aldama, Abasolo y Jiménez, quienes fueron recibidos con alegría al punto que propiciaron la procesión por sus calles de la bellísima pieza que simboliza a la Virgen de Guanajuato de origen español que data del año 714. Se dice que quienes la cargaban eran Abasolo, Aldama, Arias y Jiménez y que quien sostenía la cauda de su velo era el propio Allende. Después en la iglesia, un padre franciscano de apellido Belaunzarán ofició una misa. Allende y sus compañeros sabedores de la persecución por parte de Calleja, se preparaban para organizar la defensa de la ciudad conscientes de la alta dificultad que significaba su protección por ser plaza prácticamente indefendible.

Acudió todavía a tratar de obtener el auxilio de otros insurgentes cercanos a la ciudad y hasta llegó a pensar que Hidalgo tomaría conciencia de las cosas y se aprestaría a acudir a apoyarlo. Le invitó en carta enviada el día 19 de noviembre a hacer a un lado intereses personales y a tomar una actitud congruente con el espíritu patriótico que demandaba la nación. Allende le garantizó a cambio su sumisión y respeto como líder del movimiento. A falta de respuesta por parte de don Migual, Allende entonces envió una segunda carta pero ya no en los mismos términos. En esta ocasión Allende reclamó a Hidalgo su egoísmo, falsedad y lo hizo sujeto de todo su desprecio. Allende entonces le advierte que en razón de su negligencia y cobardía, él encontrará la oportunidad personal para la justa venganza.

Ya imagino a Hidalgo: soberbio, ingrato y desentendido de la responsabilidad que meses atrás asumió como “líder” de un movimiento ahora sentenciado a la total adversidad ¿Cuál Padre de la Independencia? ¿cuántos focos se utilizarán cada mes de septiembre en el país para con ellos ilustrar la figura de este supuesto “Prócer de la patria”? ¿cuántas toneladas de diversos metales se han utilizado para fundir su figura en forma de estatuas que pretenden demostrarlo como el congruente iniciador de dicho movimiento? ¿ “Viva México” en un grito exaltando la figura de un traidor, de un cobarde que deja a sus compañeros a la orilla del camino y con perversidad enfermiza buscando nuevamente engrandecer su imagen y satisfacer su ego informe? Yo me inclino a manifestarle a don Armando Fuentes Aguirre cuando me da la impresión que con preocupación insiste en que lo que ha narrado es simplemente la verdad y que no hay otra, que lo felicito y lo admiro no sólo por tener los pantalones bien puestos como todo coahuilense, sino porque además en su libro sobre este tema demostró un profesionalismo y honestidad como pocos.

Me pregunto cuánto tuvo que investigar y verificar dicho señor para llegar a atreverse a desnudar una historia real antaño maquillada, deforme y grotesca. Por mi parte he leído mucho respecto a este personaje, de niño a huevo y como me lo planteaban en la escuela. Ya después en el placer que me significó adentrarme en la historia de mi país, encontré tantas versiones y puntos de vista que acabé en un estado de proceso de confusión que me dejaba tenso, ansioso, inconforme. Catón finalmente me aclaró muchas cosas y desde aquí le doy las gracias y hago gran reconocimiento a su persona. Me quedo y apego definitivamente a sus conclusiones.

El 24 de noviembre de 1810 llegaron los realistas a Guanajuato. La plebe como muchos en el futbol o ante la posibilidad de ver los madrazos entre sus compañeros y amigos sin exponerse a tener que participar, se retiró a los puntos altos del lugar con objeto de ver mejor el espectáculo y sin riesgo. Y se repitió todo lo antes acontecido. Ahora resultó que en la medida que avanzaban los realistas, un negro al que llamaban Lino y a manera de patada de ahogado enardeció a la chusma facilitándole ingresar nuevamente a la Alhóndiga para dejar el camino abierto a una nueva masacre sobre los españoles. Otra vez sangre, degollamientos, aplastados, cadáveres de mujeres vejados, niños estrellados contra las paredes a efecto de que sus cabecitas explotaran. Turba, turba, turba, que alcanzó a 150 nuevas víctimas inocentes. Señor López Obrador, por cierto sus apellidos son de origen español ¿o no? ¡Ah! y la Guadalupe Loaeza en su página editorial de Reforma a cuatro o cinco días de las elecciones de 2006, escribiéndole una cartita cursi, de mal gusto, acaramelada, así como de hada madrina a su ahijadito desde el Mundo de la Fantasía en Disneylandia, diciéndole a este señor que ya muy prontito, luego de ser electo, estaría a los ojos de un México inmerso en su persona, llorando conmovido al verlo cantar en señal de triunfo nuestro Himno Nacional. ¡Ay sí, qué ternura de mujer…! Triste pero al fin humana la decisión de huir por parte de Allende, ahora él dejando solos a sus compañeros. No me gusta que así hayan sido las cosas sobre todo proviniendo de un hombre a mi juicio buen militar, justo, que amaba a su país, aguerrido y fiel. Pero bueno, era hombre con todo y sus debilidades. Lo respeto, lo admiro y le agradezco todo su esfuerzo a su capacidad en beneficio de nuestro país.

A partir del nuevo conflicto en Guanajuato inició la debacle definitiva en torno a lo que he llamado varias veces la primera “intentona independentista”. Ahora fueron los realistas los que en su afán de controlar la situación, iniciaron lo que vendría a ser el incendio más intenso con posibilidades de extenderse a gran parte del país. En el mismo Guanajuato todavía después de la tragedia que se sucedió en la Alhóndiga, los realistas asumieron acciones por demás salvajes en contra de la ya reducida chusma que quedara todavía a su alcance. Calleja y Flon no se detenían en su camino, arrasando a toque de degüello con cualquier ser humano que se atravesara en su camino. Ahí nuevamente la presencia de un cura heroico y resuelto, don José María de Jesús Belanzaurán quien mostrando al frente un crucifijo paró la sanguinaria acción que pudo haber multiplicado el número de inocentes pasados por las balas o las bayonetas.

Los instintos sanguinarios de Flon se rindieron ante la presencia y personalidad de aquel, ese sí buen religioso. Crímenes horrendos, pero nunca comparables con los cometidos por Hidalgo hasta ese momento y que por cierto se seguirían sumando. En su estancia en Valladolid camino a Guadalajara, Hidalgo se encargó una vez más de entregar para deleite de sus ya escasos seguidores a ochenta inocentes españoles más. El “Padre de la Patria” estaba cada vez más que ávido de sangre y diabólicamente enloquecido. Pero además, aún a costa del luto generado por sus arrebatos, todavía se sintió en estado de ánimo para invitar a una joven hermosa a iniciar un baile que propició se celebrara en su honor.

Don Ignacio Allende decidió tomar camino a Zacatecas y ahí tomó contacto con un insurgente antes realista llamado Rafael Iriarte. Éste último causó desconfianza en Allende temeroso de perder el liderazgo entre los suyos cuando el primero pretendió pagar a sus tropas sus salarios correspondientes. Decidió entonces Allende tomar camino a Guadalajara donde fue recibido con hipócrita cordialidad por parte de Hidalgo. Era ya evidente la animadversión entre uno y otro. Se dice que Allende pretendía tomar camino vía Querétaro a México aprovechando que la ciudad estaría menos reforzada en razón de la presencia de las principales tropas realistas en provincia. Aunque también se dice por ahí que la verdadera razón de su paso por Querétaro, obedecía más bien al deseo de encontrarse con alguien que le había arrebatado su corazón. El hombre seguramente estaba necesitado del “reposo del guerrero”.

La locura y el pánico al interior del farsante “padre de la patria” hicieron que en Guadalajara continuara su carnicería ordenando una nueva ejecución en este caso de setecientos presos españoles. Allende y Abasolo persistían aún a costa de poner en riesgo su vida, en tratar de salvar al mayor número de inocentes posible. Hidalgo ya no sólo se satisfacía con sangre, sino además y en paralelo, su mesianismo lo llevaba a imaginar la posibilidad de obtener apoyo de los Estados Unidos para lo cual decidió enviar como emisario con título de embajador a un pobre hombre de nombre Pascasio Ortiz de Letona, quien al pretender salir al norte como gestor del primer pretendido acercamiento en la historia de México con los yanquis, al saberse descubierto y perseguido por los realistas, antes de llegar a Veracruz decidió mejor el camino del suicidio. Aquí cabe mencionar unos de los últimos nombramientos asignados por Hidalgo a gente que todavía creía en él. Me refiero al que confirió sobre un abogado joven, recién casado y que dejó la explotación de una rica mina para unirse a su causa. Se llamaba Ignacio López Rayón.

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HIDALGO SE LE ADELANTÓ A AMLO CON EL ESTANDARTE GUADALUPANA

05/10/2013

Previo a que Hidalgo diera marcha atrás en su intento de avanzar sobre la capital de la Nueva España y mientras lo suponían entrando finalmente triunfador, todo era desajuste. Sus habitantes, desconfiados, trasladaban a los conventos sus pertenencias para según ellos así mantenerlas a salvo. Hidalgo que se consideraba, aún mermado, triunfador de la batalla contra los realistas, se sentía seguro de negociar con Venegas la entrega de la capital al punto de decidir enviar como sus embajadores para consolidar dicha acción a Abasolo y Jiménez. En un carruaje que los conducía a Chapultepec, los dos Marianos portaban el pliego escrito por Hidalgo conteniendo la invitación al rendimiento y todo lo demás que se significara intimidatorio. Al llegar a la casa del virrey, suponiendo que serían recibidos por el mismo, un ujier recibió el pliego, se retiró a presentarlo a su señor y ni siquiera invitó a los primeros a sentarse por lo menos en la orilla de la banqueta. Estos esperaron corto tiempo para ver reaparecer al sujeto, quien se concentró en repetir tal cual las palabrotas y adjetivos emanados de la bocota del señor virrey. Ni hablar, se tuvieron que regresar como los perros, con la cola entre las patas.

Yo no sé ahora si en aquel momento Hidalgo resultó sacón o cauto. El hecho es que si bien algunos insurgentes alcanzaron finalmente la capital hasta llegar a poblaciones como Tlalpan, San Ángel y Coyoacán, donde en éste último por cierto la autoridad arrasó con el cabecilla de los pretendidos invasores, Hidalgo simplemente decidió echar pies en polvorosa. Digo cauto, porque es lógico pensar que no dejaba de considerar la presencia de Félix María Calleja, militar realista en serio y con todos los recursos aunados a su tremenda agresividad y fiereza como para hacer en un dos por tres papilla al movimiento insurgente. Calleja era muy prepotente, fanfarrón y hasta mentiroso. Gustaba de exagerar sus triunfos. Tenía su residencia en San Luis Potosí y gozaba de la popularidad y el respeto de la alta sociedad de aquella entidad.

Casado con mujer rica, no obstante eso, veremos más adelante que era un hombre ávido de engrandecer su fortuna. Llegó a ser virrey de la Nueva España y ocupó como residencia el magnífico y soberbio hoy Palacio de Iturbide, patrimonio del Banco Nacional de México. Apenas tuvo conocimiento del movimiento insurgente, hizo sus propias previsiones y de inmediato se hizo de las herramientas necesarias tanto en dinero como en objetos materiales, que le permitieran conjugar un ejército constituido por 4 mil hombres bien disciplinado militarmente en las armas de infantería, artillería y caballería. Su regimiento llevaba el sobrenombre de los “Tamarindos” por el color de sus gamuzas. En el mismo estaban incluidos tres jóvenes: Anastasio Bustamante, Manuel Gómez Pedraza y Miguel Barragán, a la postre ya en el México independiente, los tres, presidentes de la república.

El 24 de octubre de 1810 salió Calleja rumbo a Dolores y ahí su ejército se unió con el de don Manuel Flon proveniente de Querétaro. De entrada, en Dolores hicieron despojar la casa de Hidalgo para hacer una pira que incluyera todo lo que ahí se encontraba: muebles, libros, recuerdos, todo. Se dirigieron después juntos a Querétaro hasta alcanzar Arroyo Zarco, en donde coincidirían con los rebeldes que se fueron a cobijar a una comunidad conocida como San Jerónimo Aculco. Sumaban más de treinta mil elementos que desde la cima instalaron sus cañones para iniciar el combate. Ya en conjunto con los activos de Flon, Calleja contaba con 6 mil hombres. Los insurgentes aún con sus cañones y número de efectivos, de pronto se encontraron con una infantería que abrió camino a la caballería realista para terminar conjuntamente rodeando la colina. Así de fácil, señor López Obrador. Militarmente se actuó y la mayoría de los seguidores de Hidalgo salieron corriendo en desbandada aterrorizados, pero eso sí, ya con las manotas lo suficientemente sucias por los crímenes arteros que a lo largo de su camino cometieron en detrimento de tantos seres humanos inocentes. Pretendieron aplicarse el “no somos machos pero somos muchos”.

¿Ya ve señor López Obrador por qué le digo que hay que consultar la historia? ¿Ya ve lo que pasa finalmente cuando se manipula a la borregada? ¿Ya ve lo funesto del populismo? Y no me vaya a salir ahora con que yo soy de extrema derecha, romántico realista o como alguna vez me calificaron “emisario del pasado” ¡ja, ja…! Mire don Peje, estoy hablando de lo que pasó y tenga la seguridad que vaya que me he apoyado en bibliografía. De manera que mejor en lugar de salir a pretender atacarme o a defenderse, póngase a estudiar por lo menos este pasaje de la historia de México que como usted y muchos otros lo presentan falso a efecto de seguir engañando a su conveniencia.

Esto lo escribe un mexicano interesado en su país y muy lejos de pretender participar en la política rodeado de tantos mentirosos o ignorantes como tantos que promovían un Bicentenario de la Independencia de México o el Centenario de su Revolución. Poco les faltaba para rebuznar y lo digo con todo respeto a los jumentos que por cierto tan útiles, sufridos y bonitos son. Me intereso en basarme a mi capacidad en la verdad, narrarla y esperando ver si impacta en el criterio de tantos compatriotas con los que convivimos o en los que nos sucedan para que ya a partir del escenario de una realidad se pongan a trabajar, pero en serio: a actuar, amar y respetar al país suyo y mío.

Mientras, el admiradísimo “curero” por no pronunciarlo aplicando la letra “ele”, ya se dirigía a Valladolid a curarse en salud escribiendo documentos que haría publicar en las iglesias para denotarse católico creyente y no como lo calificaban: luterano. En el camino Hidalgo se detenía en los supermercados para hacerse de chocolate, leche y rollos de canela para que acompañado de ellos se hiciera menos dura su desolación. Empezaba a quedarse solito, solito. Don Miguel en un ratito veía a la chusma que en su momento lo acompañó desaparecer y hasta quizá mentándole la madre.

Como Hidalgo, Calleja también era ratero y ambicioso. Reportaba al virrey lo que sabía lo dejaría satisfecho y a la vez beneficiaría a su imagen, pero se preocupaba mucho por ocultar lo que lo hacía distinguirse como sinvergüenza. Igual saqueaba templos y de las armas rescatadas de los grandes señores se quedaba con las piedras preciosas que las adornaban. Así como hoy algunos diputados y senadores del PRI, Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD), etc., todos mexicanos pero igual de deshonestos, independientemente de la bandera del partido que defienden, entre insurgentes y realistas en ocasiones no hacíamos uno. Corrupción, bandidaje, ambición, falsedad, hipocresía, falta de conciencia como representantes del pueblo y tantas cosas despreciables más les eran características. ¡Cuidado, no todos! también existen políticos actuales y existieron insurgentes y realistas dignos de todo respeto y admiración.

Ya para ese entonces las diferencias entre Hidalgo y Allende habían caído en el abismo más profundo. Éste último nunca dejó de insistir en la necesidad de abandonar las acciones propias de salvajes ávidos del saqueo de botínes. Hasta el punto de la necedad trataba de hacerle ver la urgencia de preparar un ejército bien organizado. Lo sucedido en Aculco era muestra fehaciente de lo mucho que ya antes había pregonado. Tanto Allende como Aldama insistieron en la toma de la capital a pesar de la negativa de Hidalgo que prefería salir en retirada. El 6 de noviembre rompieron prácticamente Hidalgo y Allende. Los Aldama, Abasolo y Jiménez deciden seguir con este último rumbo a Guanajuato. Hidalgo como decía antes, tomó camino a Valladolid. Según él pronto se volvería a fortalecer con una nueva tropa de seguidores.

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SIGO CON HIDALGO PERO AL RATO REGRESO CON CARRANZA

04/10/2013

El resto del correr del Cura Hidalgo alcanzó Valladolid, luego Acámbaro y de ahí Toluca. En la hoy Morelia no pasó mayor cosa. Ya Abad y Queipo había salido de la ciudad y seguramente tomó camino a Acapulco o a Veracruz para echarse de panza al sol a descansar, ligarse a dos que tres gringuitas y con la ginebra agregada al agua de coco, se ayudó a olvidar todo lo acontecido. Las autoridades eclesiásticas que lo sucedieron, se preocuparon por levantarle la excomunión a Hidalgo y además se aprestaron a convocar a la alta sociedad a un “Tedeum” en su honor al que por cierto no asistió. Un día antes eso sí, al encontrar cerradas las puertas de la catedral, ordenó a sus muchachitos que las destruyeran para poder acceder a la misma, darle gracias a diosito por toda su ayuda y apoyo y luego de paso para aprovechar la oportunidad que le significó echarle mano a 400 mil pesos que en ese templo se encontraban y una que otra pieza de oro y plata. Allende y Aldama ya hartos, sobre todo el primero, continuaban tratando de contener a la turba que una vez más aprovechaba la ocasión para continuar asesinando y saqueando. Hidalgo ni se inmutaba, quizá en el fondo se divertía. Una vez más un delirio de grandeza incontenible en su persona. Una vez más la hipocresía de una Iglesia presta a lavar el insulto del que fue objeto el señor don gran cura, tan bueno, santo, patriota y “buena onda con los marginados”, apoyado por una sociedad para que en conjunto se hincara ante él para pedirle perdón, y además exaltarlo.

Allende mientras tanto tuvo que hacerse de recursos hasta el punto de un cañón, para tratar de controlar a la barbarie que entre frutas y alcohol alcanzó tal borrachera que cobró muertos y que pretendía responsabilizar a los españoles de haber envenenado el aguardiente. Existe una anécdota a ese respecto en el sentido de que estando a punto de ejecutar a un español supuestamente responsable del asunto, llegó Allende a salvarlo bebiendo el mismo licor para demostrar a los barbajanes su equivocación. En el piso superior de la casa del rescatado se encontraba un joven de diez y ocho años, sospechoso a la vista de se procedencia ibérica, al que también pretendían colgar. Se llamaba Lucas Alamán.

Me causa desprecio Hidalgo cuando invita a don Agustín de Iturbide a unirse a su causa, propuesta por cierto que éste último rechazó. Igual me desagrada el trato que otorgó en la única entrevista que sostuvo con José María Morelos al menospreciarlo en un principio y después de decidirse a escucharlo, otorgarle el grado de Coronel, asignándole la responsabilidad de continuar el movimiento revolucionario hacía el sur del país. Es posible que Morelos argumentara en ese momento convicciones válidas y dignas de todo respeto. Además se ofrecía solo como capellán de la insurgencia. Pero yo me pregunto entonces qué valor otorgaba Hidalgo ya en esos momentos a sus aliados Allende y Aldama al no tomar en cuenta su parecer y a quienes además se negaba a escuchar, pretendiendo ahora involucrar en lo obscurito a otro que según él terminaría sujetándose a su voluntad para así con ello estar en condiciones de prescindir de aquellos que tanta lealtad, nobleza y paciencia le habían regalado. Hidalgo ya miraba a todos por abajito. Les “hacía el favor” de convocar, sabiendo muy en el fondo que los que en un principio creían en él, tarde o temprano terminarían por abandonarlo, como finalmente sucedió.

En Acámbaro Hidalgo ya no se aceptaba cura. Se exhibió a partir de ese momento como militar del más alto rango sustituyendo su vestimenta sacerdotal por otra en forma de uniforme que hacía resaltar el color azul combinado con terminaciones en cuello, puños y solapa de color rojo y bordado con hilos de oro y plata. Nuevamente como López Obrador, “Presidente legítimo”, sintiéndose con facultades y derechos para portar la banda presidencial, aplaudido y apoyado por sus tristes y muy contadas huestes más cercanas. Muchos de los que acudan a este libro se podrían preguntar ¿por qué tanta saña del que escribe en contra de López Obrador? Contesto: no es saña, simplemente me sorprendo al encontrar tanto parecido entre ambos personajes cuando vemos que los dos se han valido de las mismas artimañas para “usar” a las personas carentes de conciencia por su falta de conocimientos debido a la inexistencia de un sistema educativo honesto y realista dispuesto a reconocer y mostrar la verdad.

Hidalgo los usó para desquiciar y asesinar. López Obrador iba por el mismo camino. Desgraciadamente con la complacencia de muchos ignorantes, además de otros que en su desesperación por la realidad prevaleciente, decidieron apostar por “el rayo de esperanza” que como Hidalgo engañaba y otros, porque sencillamente no tienen ningún interés por el futuro de nuestra patria. En resumen, toda una buena parte de un México encerrado en la obscuridad, o por falta de educación, por irresponsable desinterés o por simple egoísmo.

Mientras todo esto acontecía, tengo la impresión que el Virrey Francisco Javier Venegas de Saavedra Rodríguez de Arenzana Güemes Mora Pacheco Daza y Maldonado no alcanzaba a asumir conciencia clara y precisa de la tremenda amenaza que se cernía sobre la capital. Ya Hidalgo se encontraba en Toluca planeando su arribo a aquella. Mientras tanto el Virrey encomendó a un militar mediocre y a la larga cobarde y traidor, llamado Torcuato Trujillo, para que acompañado de 2 mil hombres enfrentara a una multitud de aproximadamente 80 mil seguidores del ahora “Alteza Serenísima” ( ese término creo que Santa Anna se lo voló a Hidalgo). Se ubicaron dichas Fuerzas en la cima de un cerro conocido como Monte de La Cruces el día 30 de octubre de 1810 a las 11 de la mañana, pertrechadas entre ramas de los árboles y armados de cuatro cañones. En la medida que las hordas avanzaban, éstas eran repelidas por Trujillo causando un buen número de bajas. Ahí Allende, por cierto ya acompañado de Abasolo y de Jiménez quien a la postre moriría ejecutado con Hidalgo en Chihuahua, estuvo a punto de perder la vida. Siguiendo entonces sí, una real estrategia militar y teniendo por ventaja a tanta población, se implementó una acción que significó rodear a los artilleros y sorprenderlos de manera de atrapar con cuerdas los cañones y jalarlos para desubicarlos y dejarlos fuera de acción.

Sin embargo conscientes de la superioridad realista, se llegó a la conclusión de mejor pactar un alto al combate enviándose para ello una comisión representante de los insurgentes portando una bandera blanca. Trujillo dio le impresión de darles cabida, pero ya teniéndolos a su alcance optó se disparara sobre ellos, lo que significó la muerte de más de ochenta personas. Esto causó gran furia entre las huestes de Hidalgo e impregnó un espíritu de revancha que causó un terrible número de bajas realistas que hizo entre otras cosas huir a Trujillo, quien se fue a esconder en Cuajimalpa. Este pasaje trascendió hasta Europa, donde de igual manera se criticó la acción calificándola de innoble e insensata.

Al día siguiente regresó Trujillo a la capital lleno de vergüenza y con tan sólo cincuenta efectivos de los dos mil originales, entre los que se encontraba el propio Agustín de Iturbide. Venegas enfurecido y a la vez en pánico, supuso la inminente llegada de los atacantes a la ciudad de México, lo que hacía temblar a sus habitantes. Sin embargo sucedió que la Virgen de Los Remedios, patrona de los realistas, hizo aparentemente el milagro de que dicha acción no se consumara. Lo que realmente sucedió fue que la batalla del Monte de las Cruces dejó a Hidalgo prácticamente sin pertrechos para continuar. Se le habían acabado la pólvora y las balas. El cura en resumen, estaba desarmado e imposibilitado para continuar con su proyecto de invasión. Entonces como hasta ahora sucede, el percance sirvió al Virrey para jalar agua a su molino, declarando al hijo de puta de Trujillo triunfador y hasta merecedor de un premio en efectivo que le permitiera vivir para el resto de su vida holgadamente y ya sin remordimientos. Los habitantes de la capital salieron en júbilo a las calles. Todos se abrazaban, lloraban de alegría y entonces otra vez, un nuevo “Tedeum” de acción de gracias.

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