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FINAL DE DON VENUSTIANO CARRANZA

07/11/2013

La situación que vivía don Venustiano en esos momentos, aunque ya la había razonado, le resultaba muy dolorosa. Tenía frente a su persona la real imagen de la miseria humana. El 21 de mayo de 1920 por la madrugada, Carranza despertó escuchando nuevos “¡vivas!”. Ahora eran para Obregón y Peláez. También surgían “vivas” a Villa y a favor del segundo de a bordo de Peláez, su inseparable asesino Rodolfo Herrero a quien se reconocía como la segunda autoridad del Ejército Petrolero de la Huasteca. Faltaba una ovación: a Félix Díaz. El lugar: Tlaxcalantongo, sitio por el cual se desplazaba el ferrocarril a Veracruz. Cuando salió de la ciudad de México, don Venustiano había pretendido hacerse acompañar de sus más cercanos colaboradores y un contingente de 10 mil soldados para protegerlo, pero éstos últimos a la postre lo abandonaron. Tres balas atravesaron su cuerpo dejándolo muerto de inmediato. Ahí caía también abatida la Constitución de 1917 por la cual tanto lucharon los mexicanos encabezados por el “Barón de Cuatro Ciénegas”.

Un gran error cometió: penetrar en su país al territorio detentado por los yanquis y defendido a piedra y lodo también por un mexicano: Peláez ¿Que fue dubitativo entre los norteamericanos y los alemanes? sí. Cualquiera en su lugar lo habría sido ante la urgencia de seleccionar a quien verdaderamente coadyuvara a favor de la dignidad de México ¿Que mientras dudó, otros aprovecharon su indecisión para hacerse de prerrogativas en su favor, tanto de índole política como económica? también es cierto ¿Que México una vez más sufría el asesinato de un presidente a sus espaldas? estaba claro. Tuve razón al incluir en el título de este episodio una vez más la palabra: “traición”. La Constitución Mexicana de 1917, quedaba anestesiada y olvidada por un buen rato más.

@ap_penalosa

¡YA REGRESÓ DON VENUSTIANO CARRANZA!

02/11/2013

Este capítulo forma parte de serie iniciada el 31 de julio de 2013 “Atrás de nuesta pseudorevolución el petróleo” (ver blogs)

Ya derrotado el Káiser alemán, a Don Venustiano no le quedaría más remedio que seguir negociando con Wilson. Sin embargo bien sabía que éste último igual por ser conservador no estaba descartado para ser sustituido por un nuevo Republicano. Y bueno, todo apuntaba a tomar providencias que significaran la no llegada de Obregón a la presidencia, la eliminación de Peláez, la imposición de un sucesor, en este caso Ignacio Bonillas, y hasta la eventual posibilidad de persistir el mismo Carranza vía la reelección y continuar en el poder. Tendrían que suceder muchas cosas antes de que los mexicanos se supieran identificar con la Constitución del 1917 y mientras tanto, en ese tiempo no se podía esperar que México prosperara al amparo de indios incapaces para administrar la pequeña propiedad. Temía el abuso por parte de los sindicatos, se proponía dar cierre a la Casa del Obrero Mundial y hasta a meter a la cárcel a cualquier impertinente. De pronto, seguramente Carranza entendía y hasta pretendía emular a Don Porfirio Díaz.

Tomé nota de una reflexión de Don Venustiano Carranza que me pareció muy interesante y que ¡vaya que aplica para nuestros tiempos actuales! del libro de Francisco Martín Moreno, México negro: “Un Presidente de la República no puede confesar ni sus opiniones personales ni sus verdaderas intenciones a nadie. Vive en la soledad como el Capitán del barco en el puente de su nave”. Sigo con Martín Moreno: “La discreción de un Presidente es una cualidad indispensable para cumplir las difíciles tareas de un buen gobierno, toda vez que al evitar compromisos, muchas veces innecesarios, se amplían gradualmente los márgenes de maniobras políticas…” Sin palabras.

Siento que Carranza sigue siendo al día de hoy un ser incomprendido. Otra vez “hombre” lo que entraña imperfección, pero necio sería negar que en su persona sí encontramos a un elemento valioso al que yo no calificaría con esa palabra que tanto me molesta en términos de “héroe”. Carranza fue un excelente mexicano y mucho, mucho le debemos.

Obregón lloraba en el hombro de Calles y se curaba en salud. Suponía que don Venustiano valoraba todo lo que había hecho por él. Se encontraba en su rancho La Quinta Chilla en Sonora. No se explicaba que no reconociera el presidente que en la lucha contra Villa él lo había refugiado en Veracruz. También decía que había sido respetuoso al no entrometerse en sus decisiones como tal. Calles, al fin su coterráneo y “amigo íntimo”, lo consolaba y le aseguraba que no tenía pierde, que su arribo a la presidencia estaba garantizado.

En Sonora, Obregón se reveló contra Carranza el 11 de abril de 1911. Ya varios gobernadores lo apoyaban, entre ellos los de Zacatecas y Michoacán. También lo respaldaba el Ingeniero Pascual Ortiz Rubio quien había tenido desavenencias con Carranza y que optaba por supuesto por Obregón. Expidieron un “Plan” el 23 de abril del mismo año en Agua Prieta que se originó principalmente de la mano del gobernador de Sonora. Poco a poco se propalaba la noticia o mejor dicho la infamia en el sentido de que Carranza era un traidor. Algunos de los mismos constitucionalistas cayeron en las garras de la intriga. El círculo fatal se iba cerrando alrededor de don Venustiano. Por su parte, Mcdoheny se enteró desde New York que Carranza tomaría camino a Veracruz, bien para salir en extradición o porque desde ahí previera fortalecerse a efecto de dar batalla a sus adversarios. Decidió Mcdoheny tomar de inmediato rumbo a México para encontrarse con Peláez y planear su asesinato. Era tal el odio que sentía Peláez por Carranza, que por esa única ocasión le manifestó a Mcdoheny que su acción sería “cortesía de la casa.

@ap_penalosa