Archive for 30/12/2013

OBREGÓN ILUSIONADO Y SAN PEDRO REGAÑADO

30/12/2013

Pobrecito Don Adolfo de la Huerta. Después de un año en Estados Unidos, regresó a México pensando que los regalitos que había traído a sus amigos iban a encantarles. Ni maiz paloma: “Te dije que no llegaras sin lana y con la seguridad del reconocimiento diplomático a mi Presidencia”. “No te apures mi Alvarín, mira ya rompí el turrón con Harding. De pronto nos hemos ido de parranda y entre trago y trago ya nos pusimos bien de acuerdo. Créeme, el agua ahora sí ya está para chocolate” “¡Ay, qué bueno Fito, te felicito! Ahora sí entonces vamos a chocarla con los petroleros y hasta les voy a dar nuevas concesiones para que estén felices y contentos. ¡Viva, viva!” A cambio de eso Mcdoheny le pagó al gobierno de Obregón como adelanto por concepto de impuestos, 5 millones de pesos y eso molestó mucho al Jefe de Estado norteamericano Hughes, quien prefirió callar y no expresar crítica alguna. Igual yo, ante la falta de domingo por mal portado, me financiaba mi tío José Luis, pero ahí sí se armó la gorda cuando mi padre se enteró y hasta el pobre de mi tío resultó regañado.

Ya era 1923. Nada de reconocimiento a favor de Obregón por parte de los yanquis, miedo a que los petroleros manipularan a un candidato comprado por ellos y México apergollado. Eran ya la seis de la tarde en el cielo de un viernes cálido y que invitaba a salir a caminar por el bosque. En eso, DIOS se acercó a la oficina de San Pedro y la encontró vacía. Pensó: “seguramente éste fregado ya se largó dizque a su sesión de tenis pero ya sé que donde anda es en la cantina El Refugio Celestial jugando con sus cuates dominó y guardándose la mula de seises en la valenciana del pantalón” Le dejó entonces un recado por escrito citándolo a primera hora del lunes porque le urgía hablar con él. Algunos historiadores dicen que sí, que efectivamente San Pedro jugaba tenis los viernes, para con ello evitar que se manchara su reputación, pero en un museo de Nairobi, se exhibe el voucher de American Express firmado por el sucesor de Cristo, quien esa tarde había perdido y tuvo que pagar la cuenta con todo y propina y hasta el costo de la boleada de zapatos para cada uno de sus amigos. De ahí se fueron al Hipódromo y luego a seguirle a la jugada en casa de una de la tantas miles de vírgenes que habitan aquel lugar de ensoñación.

Ilustración: Ni con San Pedro Fito de la Huerta obtuvo el reconocimiento al gobierno de Obregón.

@ap_penalosa

OBREGÓN COMO COLA DE RATÓN

24/12/2013

En Estados Unidos nuevamente se reunió el “Club de Tobi”. Sus miembros se desternillaban de risa y el Gran Jefe Mcdoheny los invitó a aprovechar la oportunidad para ponerle el toque final y proceder al descabello ya no tanto de Obregón, sino al país mismo. Se sentía el “muy muy” y con su soberbia al mayor de los niveles ya hasta inclusive llegó a pensar en la oportunidad de invitar a estados fronterizos a anexarse a los Estados Unidos para entonces sí ser los únicos dueños de las terceras reservas más importantes del mundo en materia petrolera. Afortunadamente la propuesta no prosperó y el resto de los colegas de Mcdoheny, Sinclair especialmente, prefirieron buscar caminos de negociación en un plano menos agresivo. Esto es, propusieron acercarse a la autoridad mexicana para negociar en términos de paz. Mcdoheny se burlaba a su interior de dicha propuesta, pero bueno, se agazapó nuevamente y no entorpeció el plan propuesto.

Yo muchas veces me alié a amigos que según mi padre “son muy buenos muchachos” y me recomendaba: “acércate a ellos”. Entonces los alertaba y les hacía saber lo que deberían decir a mi papá para que éste último accediera a otorgarme una libertad condicional. Igual los petroleros necesitaban conjuntarse con aquellos que tenían el mismo problema y que en dicho caso se llamaban los banqueros y algunas autoridades mexicanas. De nada hubieran servido las medidas represivas del gobierno americano y de ellos mismos si no contaran con cuates que también requerían apoyos similares. En México surgió una idea que se antojaba interesante para hacerse de recursos. Mientras se seguía defendiendo la persistencia de nuestra Constitución sin que ésta resultara mutilada, se publicó un Decreto a favor de reducir los impuestos a pagar de manera sensible. Eso le permitiría a los petroleros liquidar con bonos de la Deuda Pública Federal emitidos en Wall Street. Entonces México los rescataría a su valor nominal al 100 por ciento, no obstante que los mismos se cotizaban en aquel momento al 40 por ciento de su valor a la colocación. O sea que lo que se pagaría respecto de dichos bonos era en realidad 40 de 100 y luego México los sacaría de la circulación.

Pasó entonces que los petroleros se frotaron las manos, más no los banqueros. Wall Street hizo saber que sus clientes pretendían vender sus bonos con base en su valor original y que no estaban de acuerdo en absorber una pérdida tan cuantiosa significada en un 60 por ciento. Con eso el gozo se fue al pozo por la parte de los petroleros y nuestro país no tuvo más remedio que ajustarse a pagos de impuestos reducidos, parte en moneda nacional y otra, la menor, en dólares y por supuesto, pagados “bajo protesta” por los petroleros. Una vez más, estos últimos se salían con la suya y con ello “van pa’tras” los barcos de la Marina Norteamericana, se reabren las contrataciones a favor de los obreros y con ello las válvulas que vomitaban nuestro petróleo. Así como a manera de consolación, México pidió a los petroleros un pago de 25 millones de dólares por adelantado, mismo que resultó denegado. Mientras tanto la Constitución seguía guardadita, guardadita y los petroleros encantados capitalizando a su favor el desastre de nuestra patria. Con los barcos de guerra yanquis estacionados en México Obregón no sacaba ninguna pluma para firmar. En primer lugar porque sólo tenía un brazo y le costaba trabajo alcanzarla y porque además, se había diferido la reglamentación relativa al artículo 27 de la Carta Magna.

Ilustración: Caricatura de la Standard Oil (antes en México hasta 1938 conocida como “La Tolteca”)

UN HASTA AQUÍ DE HARDING A OBREGON

18/12/2013

A Harding le asustaba mucho saber que la posición de su congreso era por demás radical. O se obtenía en forma documentada lo que los petroleros demandaban o bien ordenarían la intervención armada. No había otra salida. Según Hughes, era necesario contemplar que a la larga podría suceder que los mismos banqueros hicieran equipo con los petroleros y decidieran seguir por la misma línea. Harding por su parte se oponía a toda costa a una intervención. Ya no compartía, como había sucedido en el caso de Wilson, estrategias militares. Buscaba una modernización de manera que los caminos a seguir propios del “dejar hacer, dejar pasar” concluyeran en un principio nacionalista de avanzada.

Por lo mismo, pidió a Hughes que le diera tiempo a reflexionar la situación demandándole que mientras tanto controlara al congreso. Bien sabía Harding que Mcdoheny y Sinclair nunca se darían por satisfechos y que siempre estarían buscando subterfugios que los colocaran como los dominantes del sistema gubernamental norteamericano. Esto era algo que a Harding molestaba de sobremanera y por lo mismo ya tenía debajo de la manga una carta que haría reaccionar con sorpresa al propio Hughes que no se la esperaba. Previó dar contestación Harding a las cartas de Obregón, condicionando sus peticiones a siete puntos que incluían la declaración de considerar al problema petrolero como asunto de carácter prioritario a nivel nacional.

Ahí mismo, responsabilizaba a Obregón del derrocamiento de Carranza y por lo mismo eso no garantizaba el bien ver de los norteamericanos. Lo acusaba de aplicar retroactivamente la Constitución del ’17 y por dicha razón le negaba cualquier tipo de apoyo en materia de armamento. Le advertía de su decisión de apoyar a los enemigos de su administración y, por último, terminaba amenazándolo con una intervención armada, de manera de proteger a personas norteamericanas ubicadas en nuestro país y también los intereses de sus inversionistas. Esto resultó una bomba para el Presidente Obregón y de ahí la urgencia de proceder a aumentar de inmediato los impuestos a la industria petrolera. De otra forma, las arcas ya no contendrían ni a los ratones que por las noches se alimentaban de los poco billetes que en ellas quedaban.

@ap_penalosa

CONVERSACIÓN CON DIOS

16/12/2013

“¡Órale burro, ya es hora de levantarse!” Era San Pedro como siempre con su ironía, risita burlona y mala leche hacia mi persona. Molesto le reclamé “¡no jodas pinche anciano, si aquí apenas son la 5 de la madrugada!” Encendí la lámpara furioso retomé el auricular y le pregunté “qué chingaos quieres?” “Yo nada, solo te aviso que el Jefe desea hablar contigo”. Le pedí me diera un minuto para lavarme la cara con agua fría para aclarar mi mente y estar pronto a sostener la conversación. Ya más despierto entonces le advertí al dizque sucesor “listo mi cuate, pásamelo”.

“¡Hola Toñete, que onda ¿cómo estás…?” expresó el creador. Sereno pero a la vez encabritado le contesté “me extraña tu pregunta Señor ¿Cómo quieres que pueda estar con todo lo que pasa ahora en México? Los que se dicen maestros nos tienen agarrados por el cogote haciendo cuanto les viene en gana, millones de niños sin escuela por culpa de esos palurdos, las autoridades sin dar pié con bola por saconas o ve tú a saber que haya atrás. El presidente viaje y viaje como si todo aquí estuviera en orden. Encapuchados maricas que luego de agredir al quien se les cruza salen al día siguiente del bote con el calificativo de “pobrecitos inocentes” apapachados por los imbéciles de derechos humanos. Manifestaciones, quiebras de negocios, estados de sitio en varias partes del país ¿qué más te puedo decir?” Lo imaginé en silencio aliciándose la barba y reflexionando. De pronto reacionó y me anunció “si, si, estoy al tanto de todo, algo voy a hacer, solo te pido un poco de paciencia pretendo tomar medidas drásticas pero muy bien pensadas. Me asusté y me atreví a preguntarle “¿Pretendes acabar con los mexicanos?” “No, para nada. Solo espero que sean los mexicanos los que acaben con todo empezando por ellos mismos y entonces sí meteré la mano, ya no hay de otra carajo” ¿Saben qué? ahora si sentí pavor. Voy a buscar a alguna viejita para que me enseñe a rezar “La Magnífica”.
@ap_penalosa

OBREGÓN INCONSISTENTE Y DUBITATIVO

14/12/2013

Irónicamente, mientras todo sucedía y no se llegaba a acuerdo alguno con los prepotentes y arbitrarios petroleros, la producción mexicana alcanzaba nuevos récords que mantenían a nuestro país como el tercero más importante productor en el orbe. Curioso: solamente faltaba alcanzar un escalón para dar por concluidas las diferencias entre Estados Unidos y México y con ello la mejor hegemonía. Esto era la derogación del artículo 27 que terminaría dando el reconocimiento al gobierno obregonista y así los petroleros dejarían de constituirse en estorbo. ¡Cuán pesado era dicho artículo para México! Solamente habría uno con suficientes espaldas para soportarlo y hacer que lo condujera al lugar preciso para dejarlo bien afianzado: Don Lázaro Cárdenas, al cual habría que esperar que llegara a la silla Presidencial, varios años más.

Calles consideraba a Obregón un tanto cuanto iluso porque su paisano creía que con base en acuerdos “de palabra”, los petroleros terminarían por ceder ante sus promesas sin que tuviera que mediar un documento firmado. Plutarco insistía en no dar marcha atrás con la constitución completa y por supuesto que defendía a capa y espada el derecho a la soberanía del país. Obregón confiaba en que Harding atendería con particular interés a una primera carta que Obregón le enviara el 21 de julio de 1921. Ahí, el gran error de Don Álvaro. Ahí su candidez y falta de malicia y digamos también que una traición a México.

En dicha carta Álvaro Obregón le puso “de a pechito” nuestra nación a Warren Harding, prometiéndole que el artículo 27 sería reconsiderado a favor de los intereses de los petroleros norteamericanos, asegurando que los poderes Legislativo y Judicial manifestarían su total apoyo. Todavía más: el 1 de agosto, en una segunda misiva, Obregón se comprometía a no hacer retroactiva la Constitución en detrimento de aquellos. A cambio de esto, ya Obregón daba por seguro que Harding otorgaría un sí inmediato al reconocimiento diplomático y por tanto también el resto de los países que se mantenían como simples observadores

Sin embargo, apareció un tercero en discordia que manifestó de manera abierta su indisposición en principio a la propuesta de Obregón: Hughes, el Secretario de Estado norteamericano, quien ante le presión de los petroleros que demandaban la intervención armada de una buena vez, condicionaba como única salida para que ésta no se diera a que el gobierno de Obregón estuviera dispuesto a ratificar por escrito, vía documento formal signado por ambas partes, todo aquello que ofrecía por simple carta. Solo quedaba Obregón como jamón de sandwich. Por un lado, tendría que soportar la presión yanqui mientras por el otro, no sabía qué tan fuerte resultaría la contraparte: la opinión de sus allegados y del propio Congreso. ¡Vaya lío en que se había metido!

@ap_penalosa

OBREGÓN ANTES QUE GOBERNAR, ATRAPADO

12/12/2013

Otros eran los asuntos que realmente preocupaban a Obregón. Entre otros,
precisamente el hecho de que Estados Unidos se negara a otorgarle el reconocimiento diplomático a su gobierno, en parte porque tanto ese país como muchos del resto de la comunidad internacional, dudaban entre si sí o no había sido el autor intelectual del sacrificio de Carranza. Su problema mayor eran los petroleros y los banqueros, aunque a éstos últimos los sentía más maleables, aún sin el reconocimiento oficial por parte del gobierno americano. Los banqueros simplemente deseaban recuperar su lana y ya entonces se vería cómo hacerle para seguir apoyando al gobierno de Obregón con créditos adicionales. Fue muy sagaz don Álvaro. Planeaba con Calles, su entrañable amigo, al incrementar los impuestos a la explotación petrolera, apoyado en el artículo 27, para que con esos remanentes se obtuviera una liquidez necesaria para poner satisfechos a los banqueros. El qué pasaría después con los petroleros, Obregón lo separaba de lo primero. Eso, sentía, le daría un gran respiro para dar solución a los agobios de su gobierno que enfrentaba a un país en total estado de inanición. Confiaba que con el nuevo presidente norteamericano y su Jefe del Departamento de Estado se llegaría finalmente a un acuerdo en materia petrolera.

También creía que los esfuerzos de De la Huerta en Washington fructificarían y prestaba mucha atención a las opiniones de su Secretario de Gobernación: Calles. Sin embargo no había presidente norteamericano, fuese demócrata o republicano que se salvara de la presión de los petroleros encabezados por Mcdoheny. Estos últimos insistían e insistían en que la única salida al conflicto a favor de sus intereses era por la vía de la intervención armada, punto. Trataban de hacer ver al nuevo presidente y al congreso, que gracias a la presencia de tropas enviadas por su antecesor Wilson, aunque manejadas de manera muy tibia, habían hecho que Carranza diera marcha atrás en sus planes constitucionalistas lo cual era la mejor prueba para hacerle ver al presidente que dicho camino resultaría infalible.

Mientras tanto, Obregón planeaba otra guerra: banqueros vs. petroleros. Tristemente, cruzando los dedos Obregón a favor del triunfo de los banqueros, al hacerse de recursos provenientes de aquellos, se veía obligado a disponer de parte de los mismos para adquirir armamento que le resultaba urgente, caso de que la situación del país no aguantara en razón de la miseria que lo agobiaba y que significaba una constante amenaza de levantamientos sociales que no habría más remedio que contener por la vía de la represión.

@ap_penalosa

¿QUE QUIÉN ASESINÓ A OBREGON…?

09/12/2013

Los mexicanos somos muy a menudo poco objetivos. Preferimos ser pasionales hasta en los niveles de la burla y según las circunstancias. Somos por lo mismo a veces morbosos y afectos a generar intrigas y rumores que con mucha facilidad se expanden de la noche a la mañana entre todos los niveles de la sociedad. Justamente debido a nuestra falta de educación, echamos mano de opiniones que todos aceptamos como “la real verdad”. Si un Presidente es bueno, no se salva de también ser feo o déspota. Ningún Primer Jefe de la Nación se ha salvado de apodos, de injurias y hasta de vejaciones. Todos están obligados a aceptar sobrenombres, rechiflas, críticas y en fin, todo aquello que resulte al gusto de lo que al pueblo, sea de alta o baja sociedad, se le ocurra o se le antoje. Si no son mujeriegos nuestros presidentes entonces son homosexuales. Si son discretos resultan al gusto de la gente hipócritas. Si su antecesor murió porque se cayó por una escalera, forzosamente tuvo que haber sido víctima de un asesinato planeado desde quién sabe dónde.

Nuestra historia según nos la diseñaron está nutrida de presidentes feos, tontos, maricones, rateros, comunistas, de ultraderecha o simplemente inútiles. Eso hace que un buen número de población tenga temas de conversación que alegre la hora del dominó, la comida, los funerales, el café o hasta el momento previo a entrarle al “triqui triqui” con la cónyuge. Más, cuando los medios de comunicación promueven el que el mexicano termine después de observar distintos noticieros, con el: “¿Qué qué? ¿y ora? ¿ya oíste tu? ¡Puta madre, pinche López Obrador! ¡y yo que lo sentía tan buenito y amoroso!”

Eso mismo le pasaba al pobre Obregón. Yo no sé si Carranza efectivamente pretendía perpetuarse en el poder. Lo más probable es que sí. Pero entre pitos y flautas, en la medida en que se trasladaba en huída a Veracruz, Carranza se fue quedando solo y se hizo blanco fácil para su asesinato. El hecho es que lo mataron y “pum, pum, pum”. Ahora bien, una cosa es quién lo mató físicamente y otra quién lo mandó matar. Yo no creo que haya sido Obregón. Es más, existen investigaciones al respecto que lo aíslan de esa posibilidad. Álvaro no requería de dicha acción. Tenía el poder en sus manos y sabía perfectamente que el camino estaba abierto para que el grupo sonorense se hiciera del poder. Carranza, también hay que reconocer, no obstante sus magníficos esfuerzos, deseaba permanecer en la silla presidencial. Pero repito, creo que existen muchos puntos obscuros como para asegurar cuáles eran las reales intenciones de don Venustiano. Lo que sí está muy claro es que Obregón, leal a quien en su momento fue su Jefe, en reiteradas ocasiones le ofreció el destierro. Carranza tenía una tozudez que no le permitía razonar las cosas y además guardaba muchos rencores hacia Obregón a quien finalmente terminó calificando de traidor.
@ap_penalosa