Archive for 28/02/2014

PLUTARCO PUGILISTA

28/02/2014

El representante de Coolidge en México era todavía el embajador Warren. Estaba en las butacas nervioso y dudaba mucho del “clinch” de su peleador. Sabía que en los gimnasios en los que entrenaba en su país, siempre promovía que mejor se concentraran los americanos en boxeadores de su nación, pero que en caso verdaderamente necesario estaría dispuesto a salir a cualquier parte del mundo a defender la eventualidad que significara una afectación a la imagen de su patria. Ya sentados en sus esquinas, los dos contendientes previo al sonido de la campana se observaban uno a otro y Calles, así como que por debajo del agua, le hacía señas obscenas con los dedos al pobre Coolidge antes de que le pusieran los guantes. Le sacaba la lengua, le hacía bizcos… En resumen, trataba de ponerlo nervioso. El otro nada más se hacía el desentendido y buscaba mirar al público y a sus asistentes mientras le daban las últimas instrucciones. Les colocaron el protector en la boca y ¡zaz! que suena la campana. Dicho encuentro se llevó a cabo a mediados de 1925 y por lo mismo el calor al interior de la Coliseo estaba por demás fuerte.

Entre el periodo de Venustiano Carranza y el de Obregón, sucedieron muchos acontecimientos y a la vez ninguno. La Constitución del ’17 era solamente papel y no era reconocida ni al interior del país ni tampoco en el extranjero. Obregón trató de basarse en dicha constitución pero como él mismo decía “de palabra” y así llegar a un justo medio vía el Tratado de Bucareli y Reglas de Aplicación del mismo. Sin embargo, en la práctica todo lo dejaba en el aire. Nada estaba consolidado y mientras tanto en ambas naciones se sucedían cambios inesperados o propios de las leyes que en cada país imperaban. Obregón sujeto a la Constitución, tenía que dejar la Presidencia y además en condiciones tales que heredaba a su sucesor un camino a seguir por demás tortuoso. En Estados Unidos, lo inesperado se reflejó en la muerte de un presidente tibio para dar paso a otro quizá más tibio. En el ámbito petrolero las cosas se calentaban más cada día porque además de encontrar menos apoyo de sus propios gobiernos, empezaban a aparecer a su interior situaciones que exhibían las deshonestidades y arbitrariedades que los hacían característicos.

@ap_penalosa

REFLEXIONES Y UN HASTA LUEGO

22/02/2014

Ya no está, se fue….Más que compañera, amiga generosa y leal. Le decía “la niña de la mochila azul”. Con ella se desplazaba a todas partes alegre, curiosa, traviesa. Igual conteniendo una manzana o un muégano…¡qué se yo!

Gustabamos caminar por Coyoacán el cual nos abrigaba como miembros de ese barrio “¿Donde se ha metido guerita?” le preguntaban cada vez que la veían. Disfrutaba las aguas, las carnitas, las quesadillas y cualquier otro antojito sencillo de esos que se ofrecen en los mercados siempre vestida de forma desparpajada lo cual terminaba por hacerme enojar o reir.

Sin ella, yo me habría adelantado a su existencia, me salvó ¡Qué duro, qué difícil prescidir de su presencia! ¿En donde se encontrará? ¿Me observará?

Me da miedo salir al mundo que compartí con ella. Ya se fue y se me antoja vacío. Me siento inmerso en la soledad.

Sabio aquello de no saber valorar lo que se tiene hasta cuando se ha perdido.

Esa sensación de tristeza y angustia ahora que me decidí a escribir me atormenta. Me aferro a DIOS, le pido que me ayude a saber apreciar, a merecer y a disfrutar todo aquello que ÉL me da.

Mientras tanto, trato con resignación a ubicarme en la realidad buscando la fortaleza.

Un gran beso Netti y gracias. Te guardaré siempre en mi corazón.

Y AHORA LLEGABA CALLES

21/02/2014

En el caso de Calles, su palmarés era impresionante como manager. Logró que sus pupilos hicieran papilla a peleadores experimentados como fue el caso de Villa. Logró también que otro de ellos hiciera que uno mejor aventara la toalla siendo experimentado boxeador y al que llamaban “El Santo Kid De la Huerta”. Finalmente Calles decidió ponerse los guantes y entrarle también él a los catorrazos. Estaba seguro que ahora sí se llevaría el cinturón, ganaría toda la lana del mundo a favor de los de su barrio, ofrecería a México su resultado para fortalecer su dignidad ante los de afuera. Por supuesto, sus más cercanos admiradores que representaban al pueblo, obreros y campesinos, se desgañitaban y ¡vaya que lo aclamaban y lo animaban!: “¡Sí se puede, sí se puede…!” Lo único que pidió el gladiador a los de la taquilla fue que por ningún motivo se les diera acceso al lugar a curas, monjas o cualquier otro tipo de religiosos. Sentía aberración por ésos y temía que le dieran mala suerte. De todo lo que ganara, habría que pensar en mejorar a su pueblo, el cual se encontraba como el de su antecesor en “La Quinta Chilla”, así como en Tepito de donde era “El Ratón Macías”.

Pretendía dotarlo de agua, de caminos, de árboles, hasta de vehículos de transporte para que su gente ya no se arruinara los pies. Su contendiente era un americano de poca fama. Formaba parte de la misma camada republicana y ahora sustituía a su antecesor en el ring, el cual hacía poco había fallecido y que llevaba por nombre Warren Harding. Se había pues terminado de estrenar como el segundo mejor pero no se tenía mucho conocimiento de sus facultades como púgil. Se le veía flaco, escualidón y de piel exageradamente pálida.

Cuando hacía sentadillas a manera de calentamiento, tenía que afianzarse el calzoncillo por temor a que se le cayera y se le vieran las pompis. Sus propios ayudante y manager lo veían con desconfianza. Le apodaban en Estados Unidos: “The Just New Coolidge”. Eso sí, a la hora de los himnos, éste último con todo respeto, puso su guante derecho sobre su pecho y veía al infinito entonando para sí las letras del de su patria. Era su primera pelea en el extranjero. Muy al estilo antiguo era su forma de pelear y sus movimientos semejaban más las técnicas de boxeadores de otras épocas como “Kid Díaz”, en el cual se inspiraba mucho a la hora de dar batalla. Coolidge no era amigo de pelear en el extranjero. Prefería enfrentarse apoyado por los suyos.

@ap_penalosa

OBREGÓN Y CALLES TOMADITOS DE LA MANO

19/02/2014

Empezaban a sentirse movimientos telúricos en México. Los senadores desconocen el Tratado de Bucareli y Obregón los encara abiertamente. De la Huerta decide renunciar al cargo de Secretario de Hacienda, acusa a Obregón de traidor en razón de dicho Tratado y se levanta en armas. Todo esto no convenía a los norteamericanos. Sin el acuerdo alcanzado por el Tratado de Bucareli y con ello una relativa confianza a favor de sus intereses, podría haberse dado un movimiento social muy grave al interior de nuestro país que los hubiera orillado quizá hasta a una nueva intervención. De tal forma, Estados Unidos prefirió apoyar a Obregón para así seguir a través de su grupo dando continuidad a sus relaciones con México. Era imprescindible que Calles alcanzara la Presidencia. Las asonadas en México provocaron grandes desgracias y nuevamente sangre. Obregón no era de los que solamente amenazaba. Era drástico en sus decisiones y con ello se sucedieron olas de asesinatos y represiones. Muchos senadores desaparecieron y con eso, la única mano de Obregón se hizo presente.

Me divierte mucho cuando veo a un boxeador llegar al ring previo al inicio de una pelea. Parece troglodita a punto de acabar con el rival. Le quitan la bata sus ayudantes, mueve la cabeza haciendo círculos con ella en ambos sentidos, brinca continuamente, hace como que acribilla con sus guantes al que será su víctima, pero lo más gracioso resulta cuando voltea a ver a su público y levanta las manos después de golpearse el pecho como diciendo: “van a ver, este ni a melón me va a saber” ¡Ay el final! el propio que vimos subir minutos antes, de pronto desciende del cuadrilátero hecho cisco. Le sobra nariz, los ojos prácticamente cerrados, tambaleante, todo tembloroso, en fin, como algunos caballos, con todo el hocico sangrando.

Ya años después de la Guerra Mundial concluida y el planeta en general repuesto y dando signos de franca recuperación, aquí en México seguíamos con nuestra eterna batalla contra los americanos. Apareció un nuevo contrincante en 1924, más o menos así como el boxeador descrito en el párrafo anterior que al momento de aparecer ante el público hizo: “¡grrrr…!” y todos los espectadores palidecieron. Se trataba ni más ni menos que de “El Turco” Calles, dispuesto a vengar todas la palizas que le dieron a su antecesor “El Bigotes Obregón” quien aún con una sola mano, tenía tal potencia de izquierda que aunque en momentos hizo tambalear al contrincante, finalmente salió perdedor por decisión unánime. En la arena en que se llevaría a cabo la pelea, ya desde hacía ocho años, ningún nacional se había llevado la corona. Todos habían salido derrotados por la vía del nocaut y hasta algunos habían perecido por la gran potencia de sus oponentes.

@ap_penalosa

EL URDIDO ASESINATO DE PANCHO VILLA

17/02/2014

En México, los Tratados de Bucareli fueron muy criticados por una buena facción de los Senadores, más cuando por conducto de Calles los trató de inducir a apoyar la Convención General de Reclamaciones que conllevaba a indemnizar a los norteamericanos por todos los daños y perjuicios en su detrimento derivados de la Revolución. Se empezó a calificar a Obregón de “vende patria” y mientras tanto, éste último desoía la insistencia de defender en su totalidad la Constitución con todo y su artículo 27 creyendo que su tentativa en todo “de palabra” le daría resultado como para convencer al gobierno norteamericano a cambio de que aquel le otorgase su reconocimiento.

También los petroleros reaccionaron ante la Convención Nacional de Reclamaciones. Sabemos que nunca se darían por satisfechos y no resultaría extraño su nuevo contraataque. A Obregón le pasó lo que a la Dorotea del cuento. Venía cargando su contenedor de leche y planeando con ella fabricar quesos, mantequillas, etc. para hacerse rica. Entre pensar y planear Dorotea, no se percató de una piedra que la hizo tropezar y fue a caer al suelo con todo y ese lácteo, mismo que vio con tristeza cómo resbalaba a lo largo de la senda por la que caminaba. Obregón ya veía el reconocimiento a la vuelta de la esquina y se preparaba a festejarlo con bombos y platillos. Calles, simplemente lo observaba, escuchaba y callaba.

El 20 de julio de 1923 se suscitó el asesinato de Villa. Lo acribillaron a él y a los que los acompañaban y quedó hecho puré marca “Obregón/Calles”. Días después, esta vez en Estados Unidos, el 3 de agosto murió repentinamente el Presidente Harding debido a una intoxicación. Lo sucedió el presidente Kelvin Coolidge quien era tan mediocre como el primero. Eso resultó favorable a Obregón en razón de que un poco a la ligera, Koolidge firmó el mencionado Tratado sobre la Convención Nacional de Reclamaciones sin que mediara la ratificación del Senado y además, no escuchó a los petroleros. Así ¡la gran fiesta! Obregón en su Informe Presidencial anuncia la reanudación de relaciones con los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo no fue sujeto de muchos aplausos. De inmediato procede a solicitar un préstamo de 20 millones de dólares que los petroleros se encargan de obstaculizar. Surgió entonces todo el encono y furia por parte de Don Álvaro y por lo mismo, se niega a cualquier reforma a la Constitución y a la promulgación de una Ley Reglamentaria al gusto de los petroleros y del gobierno yanqui.

@ap_penalosa

OBREGÓN Y SU NEGATIVA A COMPROMETER POR ESCRITO A LA NACIÓN

15/02/2014

Por su parte Harding, a la sazón nuevo presidente norteamericano, había recibido grandes cantidades de dinero provenientes del bolsillo de Sinclair para apoyar su elección. Las pláticas entre Obregón y Harding se habían quedado en un compás de espera, mientras representantes de los dos países negociaban lo que se llamaría el Tratado de Bucareli en función del cual se esperaba llegar a un justo medio en relación principalmente con el contenido del artículo 27 de la Constitución.

Aunque Obregón ansiaba el que finalmente su gobierno fuera reconocido por los norteamericanos, tenía muy claro que cualquier acuerdo alcanzado derivado de las pláticas de Bucareli, sería de “palabra”. No estaba dispuesto a comprometer nada por escrito pero al mismo tiempo manifestaba su mejor voluntad para garantizar la no retroactividad de la Constitución, pero sólo a favor de aquellas empresas que demostraran su honestidad como inversionistas y que aceptaran que les sería imposible aspirar a la propiedad de nuestro territorio. Obregón en resumen lo único que garantizaba era el régimen de concesión. No estaba dispuesto a arriesgar todo el sacrificio de tantos años del pueblo mexicano a favor de rescatar sus derechos, ni tampoco deseaba pasar a la historia como traidor a la nación.

Villa, que era abstemio, se embriagaba con sangre, oportunismo y ansias de poder. Mcdoheny y Sinclair, además de ser adictos a la champaña, se emborrachaban y se acrecentaban a base de repartir dinero entre aquéllos que les sirvieran a alcanzar sus objetivos. Fue tal su ambición, que también al interior de su país, pretendieron hacerse de otra fuente petrolera: la significada en los recursos que pertenecían a la Marina Norteamericana. Compraron al Secretario del Interior, al de la Marina y por supuesto a Albert Fall. Al fin, se vino abajo su teatro y el escándalo se expandió por toda la Unión Americana. Terminarían todos en la cárcel.

@ap_penalosa

VILLA CERCA DE SU MUERTE

13/02/2014

Adolfo de la Huerta fue una víctima más de las artimañas de Villa o digamos también que de su buena voluntad y deseos de pacificar al país. Cuando cedió a favor de Villa la famosa hacienda de El Canutillo, Obregón se encabritó pero prefirió ser prudente y no opinar. Bien que conocía a Villa y también bien seguro estaba que el Centauro no se retiraría a hacer galletitas, bordar y dar clases de catecismo. Tarde que temprano volvería a las andadas y así fue. Estaba a la vista el proceso de elección para la siguiente administración presidencial que Obregón y Calles tenían perfectamente planeada a favor de éste último. Un día apareció una nota periodística que mostraba el resultado de una entrevista que se le hizo a Villa en su hacienda. La llevó a cabo un hombre de apellido Hernández Llergo.

Publicaba declaraciones de Villa a favor de De la Huerta a quien decía estaba dispuesto a apoyar con todas sus huestes y que además estaría dispuesto a incrementarlas de manera que toda esa masa se dirigiera a apoyar la candidatura de aquel a quien él consideraba como el más capaz. Era tan ruin y falso Villa que él mismo se descalificaba como candidato aduciendo que su ignorancia no lo capacitaba para pretender contender por la presidencia. En ese momento, Villa firmó su sentencia de muerte. Obregón decidió eliminarlo en complicidad con Calles.

En Estados Unidos, también habían individuos dantescos y poderosos como Villa. Era tal su influencia gracias a su dinero que muchas veces los mismos aparatos gubernamentales tenían que bailar al ritmo que aquellos les marcaran. Sin embargo, como suele decirse: “quien escupe hacia el cielo, termina recibiendo sobre su cabeza aquello que lanzó”. Eso pasó con Mcdoheny y Sinclair quienes se ufanaban de tener bajo control al sistema de su país con todo y presidente y Departamento de Estado. Compraban a cualquiera e imponían condiciones que por absurdas a audaces que sonaran, al final exigían se cumplieran a como fuera. Albert Fall en su momento como ya he mencionado, era un simple empleado de Mcdoheny. Estuvo a punto de provocar varias veces enfrentamientos militares entre México y Estados Unidos movido por los intereses y recompensas que recibía de los petroleros encabezados por el Presidente de La Tolteca.

@ap_penalosa