Archive for 29/03/2014

LA IGLESIA SORPRENDE A CALLES

29/03/2014

Según Mcdoheny, en el fondo Calles estaba inseguro y temeroso y por lo mismo en cualquier momento, en cuanto se le asestara un nuevo golpe, terminaría por bajar la cabeza. Ese argumento también lo apoyaba Sheffield. Pensaba que si como “señorita bonita” se negaba a aceptar bailar con quien se lo solicitara, la fiesta se acabaría. Igual junto con Mcdoheny, coincidía en que si éstos por el contrario, en lugar de apuntarse a bailar, dejaban de acatar la orden de cumplir con el registro de nuevos denuncios de yacimientos descubiertos para ser sujetos de concesión, entonces el gobierno mexicano tendría que dar por terminada la fiesta, permitiendo solamente que los invitados acabaran por agotar todo el alcohol que se había puesto a su disposición, mientras no movían el bote.

Ahora sí, abiertamente, el terror a la confiscación de los petroleros era grande. Sólo dependían de que su gobierno apoyara sus rebeldías a ceñirse a las leyes mexicanas. Daban por un hecho que el nuevo gobierno ya no echaría mano de cualquier acción bélica para reprimir al país. Empezaban algunos mejor a resignarse y de lo perdido, mejor lo encontrado. ¿Quién se iba a imaginar que un “Santo Varón” eclesiástico estaba a punto de dar el estoque, a partir de concebir la idea de la violencia, a favor, no sólo de los petroleros, sino también en bien de tantos norteamericanos involucrados con sus inversiones en el nuevo régimen de Calles? ¿Quién sería ese nuevo Maquiavelo? Nada menos que Su Ilustrísima: el Cardenal George Daugherty, alias un hijo más de puta.

@ap_penalosa

MCDOHENY DESESPERADO

26/03/2014

Una nueva reunión entre los petroleros resultó por demás ríspida en razón del estado de ánimo de Mcdoheny, quien vomitaba odio y resentimiento hacia todas partes. Ya no quería queso sino salir de la ratonera. El té que había tomado de marca Tea Pot Dome lo había dejado a tal punto intoxicado, así como cuando alguien come un camarón echado a perder que hace que muchos seres humanos ya no puedan volver a comer uno más a lo largo del resto de su existencia. Se sabía apestado ante la Casa Blanca y el Departamento de Estado y estaba consciente de que su poder había menguado de manera significativa. Esto representaba una buena oportunidad para otros petroleros al margen del problema de Mcdoheny, Sinclair y resto de secuaces.

Teagle, cabeza de la Standard Oil afilaba sus uñas y veía una buena oportunidad para proponerle a Mcdoheny la compra de La Tolteca. Todos estaban conscientes de que ya no resaltaban ante el gobierno norteamericano y no dejaban de reconocer que mientras tanto Calles se les iba poco a poco adelantando. Había logrado redocumentar la deuda que su gobierno tenía con distintos bancos. También estaba alcanzando mejor imagen y tolerancia por parte del Congreso norteamericano y lo más importante: quedaba en la mesa del gobierno mexicano la final resolución en torno al ya tan sobado problema petrolero. En dicha reunión se encontraba también Sheffield, el Embajador, quien en un principio sólo se dedicó a observar a un Mcdoheny quien con el ataque, pretendía defenderse del eventual reproche de sus compañeros. Decidió hacer uno con el Cardenal y se dedicaron mejor a actuar como observadores de la encarnizada lucha que empezaba ya a hacerse más evidente entre los reyes de los hidrocarburos norteamericanos. Ya no se mostraba Mcdoheny como el frenético y arbitrario jefe de todos, pero no dejaba de repetir que aceptar el régimen de concesiones sería tanto como tener que resignarse al capricho mexicano que quedara reflejado en el artículo 27.

@ap_penalosa

MCDOHENY AL BORDE DE SU DESGRACIA

23/03/2014

Recuerdo que cuando niño, mi abuela materna quien era muy religiosa, al expresarse de Diego Rivera lo hacía de modo despectivo: “ese gordo tan feo y además ¡comunista! Por algo le dicen “El Sapo”. Mi tía Carmen que en aquellas épocas trabajaba como secretaria del Doctor Atl, también la apoyaba y además agregaba: “!qué manera de pintar del Doctor y qué diferencia en su persona! ¡Sus volcanes, mamá, todos sus paisajes! En cambio el tal Diego tan irrespetuoso hasta con la Iglesia. Ya ves cómo ilustra a los señores curas que tanto dan su vida por nosotros…” Un domingo, me llevó mi papá a observar el mural de Rivera a Palacio Nacional y cuando vi en dicha obra la figura de un sacerdote gordo como cerdo vestido con su clásica sotana y su cordón que apenas daba de sí para rodear su abdomen, caí en cuenta que mi abuela y mi tía tenían razón. Lógico, era cuando yo estudiaba con los maristas y todo lo que atentara contra la religión hacía que mi pecho se hinchara y a mi interior me decía: “¡Pinche sapo de porquería!”. Conforme pasó el tiempo, me encabroné con todo lo que se llamara Iglesia, busqué a mi propio Dios, lo encontré y ahora vivo muy a gusto con ÉL. Somos muy buenos cuates y siempre me echa la mano sin necesidad de ir a visitarlo a algún templo. Ahora me sucede y tengo que reconocer que es un prejuicio, que cada vez que me encuentro con un fraile, por flaco, escuálido y chaparro que esté, inmediatamente pienso en cuánta razón tenía Don Diego.

Dicen que el “miedo no anda en burro” y por lo mismo Edward Mcdoheny andaba que no lo calentaba ni el sol. Sabiendo lo que le había sucedido a sus compañeros a quienes de vez en cuando iba a visitar para llevarles cigarros, apenas salía a la calle y volteaba por todas partes temiendo que de pronto la policía cargara con él. Ya no era el mismo. Todos sus compañeros del “Club de Tobi” lo notaban y ya hasta pensaban en la posibilidad de quitarlo de la presidencia. Mientras se discutía cualquier asunto relativo a la problemática con México, Mcdoheny tenía puesta la mirada en el infinito imaginándose vestido de cebra y recluido en una celda. Se llevó a cabo una reunión extraordinaria en dicho Club, con el objeto de dar la bienvenida a un nuevo miembro: el Cardenal de los Estados Unidos de nombre George Daugherty, igualito que los sacerdotes de Rivera: gordo, cara de santito, eso sí, con crucifijo y anillo con montaduras de piedras preciosas. Un señor Cardenal, ¡qué caray!

@ap_penalosa

UN CALLES DECIDIDO PERO EQUIVOCADO

16/03/2014

UN CALLES DECIDIDO PERO EQUIVOCADO
Así como me insistía mi padre en el sentido de que cuando me decidiera a criticar a alguien, antes de hacerlo reflexionara en relación también a sus cualidades. Yo tengo que decir que a mí Calles de ninguna manera me resulta santo de mi devoción, pero también debo destacar que a mí juicio, después de tantas idas y venidas de los gobiernos que lo antecedieron, éste sí tuvo la bravura de enfrentar al toro por los cuernos ¡Lástima que también después lo invadiera la urticaria consecuente de la enfermedad del poder! ¡Ah, qué mi papá! De entrada procedió a formar una Comisión para que de una vez por todas quedara formalmente reglamentado el artículo 27, principalmente atendiendo a los ajustes necesarios a los incisos I y IV de dicho artículo. Ordenó a Morones proceder de inmediato. Ya en Estados Unidos se sospechaba, por informaciones de Sheffield, que vendría una bomba significada en medidas de expropiación y se puso el grito en el cielo, al grado de nuevamente dar cabida a la imaginación de un eventual rompimiento de relaciones diplomáticas con México.
Esto a Calles le valía madres. Cuando Morones le entregó la tarea que le había encargado, no se dio mucho tiempo para revisarla a fondo y decidió de inmediato firmarla. La sometería a consideración del Congreso a fin de publicarla a más tardar el 31 de diciembre de 1925. Obvio, la publicación causó revuelo y enfurecimiento por parte de los petroleros, quienes por cierto, ya no se sentían tan fuertes ante su Departamento de Estado y la presidencia. Lo ocurrido con Sinclair, Mcdoheny y resto de la pandilla, había provocado que sus bonos se situaran en puntos muy bajos ante la autoridad. Sheffield se quejaba ante cualquiera que se le pusiera enfrente, de que lo publicado por el gobierno simplemente se reducía al término confiscatorio. Lo que sí preocupaba a la Casa Blanca era el hecho de que dicha proclama también afectara a otros sectores. Más allá de los intereses petroleros, los norteamericanos eran también grandes propietarios de tierras, de otras industrias, etc.
Y bueno, también los desgraciados curas se sentían amenazados. ¡Cómo era posible que en un país por encima de todo católico, se previera un control al punto de registrar para su seguimiento a cualquiera de sus religiosos o religiosas! Satanás estaba personalizado en México y acabaría con el templo de la santidad característica de todos sus mexicanos y ¿a luego? ¿nuestras propiedades qué? Llegó al punto de convocar a la población a reducir sus compras al mínimo para con eso descalabrar al comercio, a la industria y por ende a todo el aparato fiscal del país de manera de provocar una mínima recaudación de impuestos y con ello recursos económicos suficientes para la subsistencia nacional. Yo creo que el “Benemérito” atizaba el fuego desde algún lugar. Una mañana, al despertar Calles y meditando en la regadera, recordó que por la noche Juárez le había mandado un recado desde ultratumba en el sentido de recordarle: “acuérdate que los japoneses están muy interesados por la Baja California. Pon a temblar a los gringuitos”. La verdad qué mala leche de Don Benito. Él que tanto había recibido de los gringos y ahora amarrando navajas para efecto de fregarlos.
@ap_penalosa

CALLES SUMISO A USA

14/03/2014

La falta de un Tratado de Bucareli formal y por escrito, hacía que las famosas relaciones de amistad entre México y Estados Unidos estuvieran en el aire y era preciso hacerlas aterrizar para que adquirieran carácter legal. Mientras eso no sucediera, según Sheffield, el gobierno mexicano hacía suponer a su gobierno que habrían revocaciones que darían al traste con lo ya avanzado. Eso podría significar por parte de su gobierno, una nueva acción que pudiera provocar nuevamente el rompimiento de relaciones diplomáticas, derivado de una acción en detrimento de los intereses de personas y empresas norteamericanas estacionadas en México. Terminó condicionando el apoyo del gobierno estadounidense a que el mexicano cumpliera con los compromisos ya pactados mas no oficializados. De esta primera conversación quedó plasmada la posibilidad potencial de un nuevo y serio conflicto entre México y Estados Unidos.

Cuando recuerdo aquella definición de “Veneros del Diablo” que Ramón López Velarde asignó al petróleo en su poema Suave Patria, llego a la conclusión de cuán cierta y sabia resulta. Tomando un cafecín y viendo mi Plaza de la Conchita en Coyoacán, de pronto hice una especie de símil en relación a una familia pobre que teniendo todo, al mismo tiempo carecía de acceso a nada. Imaginemos que para un 24 de diciembre, esa familia se esmera y echa mano de todos sus recursos para dar cabida a invitados y que compartan con ellos todo lo que incluye esa tradicional cena y que además no es del todo barata. El pavo, el bacalao, los romeritos, el lechón, los vinos, etc., vienen a significar un desembolso extraordinario. Pero luego resulta que los invitados, además de hartarse de engullir todo lo puesto en la mesa, dejan nada para los anfitriones y terminan largándose sin ni siquiera dar las gracias. ¡Ah, pero eso sí!: “Nos vemos pa’la próxima navidad y más te vale que mejores el menú y lo hagas más espléndido porque traeremos a nuevas amistades”. Pinches gringos de mierda. De verdad ¡cómo nos habían explotado y denigrado! Pero además ¡cuánto tiempo llevábamos dejándonos! Calles se fue a fondo. No sólo echó por tierra los compromisos adquiridos por el gobierno anterior, sino que también decidió entrarle ahora sí al tema de la tenencia de la tierra y a ponerle un “hasta aquí” a la poderosa Iglesia, que muy entre las hierbas serpenteaba para de pronto surgir e inyectar su veneno mortal.

@ap_penalosa

CALLES ADVERTIDO POR USA

07/03/2014

CALLES ADVERTIDO POR USA

Ya se habían consignado a la autoridad y encerrado en la cárcel a prominentes personajes, igual del ámbito petrolero como del aparato gubernamental. Secretarios, magnates, antes muy bien vistos y respetados y hasta temidos, ahora se encontraban tras las rejas. Ya solamente faltaba que se echara la mano sobre la persona de Mcdoheny. Cuando salió Obregón de la Presidencia, se regresó a su tierra a dedicarse al comercio del garbanzo y con ello a acumular grandes fortunas. Desde allá, seguía participando en la vida política de México a través de su literalmente “otro brazo”: el ahora Presidente Plutarco Elías Calles. Este último, así como se ligaba estrechamente a Obregón, ahora hacía que se ligara a él un hombre de toda su confianza ocupando la Secretaría de Industria y Comercio de nombre Luis N. Morones, hombre por demás ambicioso, cínico, muy dado a la vida del glamour, pero al mismo tiempo con gran fuerza en razón de que tenía bajo su control a todo el sector obrero del país por conducto de sindicatos blancos que estaban siempre sumisos a sus deseos y pretensiones. Durante la administración Callista se avecinaba un nuevo huracán: el Clero. Calles siempre manifestó su total intolerancia a dicha institución y terminaría persiguiéndola a efecto de evitar cualquier intromisión de su parte.

Apareció un nuevo embajador norteamericano en México de nombre Rockwell Sheffield, muy distinto a su antecesor Warren y éste sí de mano dura. Su principal interlocutor sería el Secretario de Relaciones Exteriores nombrado por Calles: Aarón Sáenz, hombre de mucha sensibilidad en la diplomacia y buen representante de lo que llamamos el “american way”. Apenas llegó a México Sheffield ya traía la espada desenvainada. Acusaba a nuestros gobiernos de proclives a las faltas de la moral y faltos de palabra. Su primer contacto con Sáenz resultó violento por su parte frente a un diplomático mexicano paciente no dispuesto a caer en la trampa del comprometerse a nada. Como dicen nuestros hijos, supo darle muy bien “el avión” al embajador. De entrada Sheffield no llegó a pedir, sino a exigir que se concretizara el Tratado de Bucareli y las Reglas de Aplicación que de ellas derivarían, pero ahora sí con base en un documento por escrito.

@ap_penalosa