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INTENTONAS vs. RESULTADOS

28/12/2015

La independencia de México se alcanzó el 25 de Septiembre de 1821, en base a un acuerdo firmado por Agustín de Iturbide y Don Juan O’Donojú quien ante la absoluta realidad que prevalecía en México, recomendó a la Corona Española su aceptación.

Mucho habla y ensalza las historia “oficial” sobre personajes que si bien lucharon por nuestra independencia, éstos nunca la alcanzaron y por el contrario, dejaron a lo largo de once años una estela de terror, miseria, muertes y frustración entre una población analfabeta que sumaba el 90% de la totalidad. Hidalgo y Morelos, abanderados con la imagen guadalupana y aprovechando el fanatismo religioso, terminaron siendo mesiánicos y por demás brutales e inhumanos. El segundo, a cambio de que se le perdonara la vida, terminó delatando a sus compañeros insurgentes ¡Vaya par de héroes de barro!

Agustín de Iturbide fue militar de excelencia al servicio de la corona española. Luego, su experiencia y observación de lo que sucedía principalmente más allá de la ciudad de México, lo hizo decidirse a pasar a formar parte de las fuerzas insurgentes. Calmó los ánimos, propició paz, negoció con España, redujo sensiblemente la acción de las guerras y propuso a las autoridades ibéricas y a la Iglesia, que a cambio de que se reconociera nuestra independencia, México estaría dispuesto a que un español definido por Fernando VII viniera a gobernarnos mientras nuestra nación maduraba y asimilaba el concepto de democracia.

El rey anotado, soberbio y estúpido rechazó y ni siquiera dio respuesta a la alternativa anotada. Fue el pueblo todo entonces, quien exigió a Don Agustín ocupara el sillón como emperador, situación que a Iturbide lo hacía duditativo. Luego, la misma clase burguesa que lo llevó a la cumbre, manipulada por el traidor Santa Anna, lo expulsó de México para irse a refugiar con su familia a Italia. Ya estando en Europa y ante las noticias que recibía en relación a la debacle en nuestra patria, regresó a México a advertir de nuevas intenciones españolas de recuperar por la fuerza a la Nueva España. El congreso se negó a escucharlo y mientras tanto, prefirió ordenar su fusilamiento. Esto no lo digo yo. Lo expone la verdadera y honesta historia (véase “México a Través de los Siglos”, obra dirigida por Don Vicente Riva Palacio).

Así como este capítulo existen muchos otros. Los distintos sistemas que nos han gobernado, siempre con la Iglesia de su lado, han encontrado más útil para sus intereses ocultar o alterar la realidad de nuestro devenir. Son muchos, muchísimos diría yo, los personajes que pudieran ser calificados como artífices de nuestra patria. Igual, ascienden a un gran número, aquellos que lejos de hacernos sentir orgullo, bien merecerían ser enviados a un bote de basura.

¿Por qué muchos mexicanos menosprecian a tantos que nos comprendieron y ayudaron y luego deciden ligarse a quienes terminarían traicionándolos y hasta humillándolos? Yo diría que por dos razones, una: la característica del fenómeno humano. Dos: la falta de educación o también, el egoísmo y la ingratitud que cada día resaltan más alrededor de todos nosotros.

Yo envidio de Iturbide, no obstante toda su tragedia, a la gran compañera que tuvo por esposa y que se mantuvo con él hasta el final: Doña Ana Huarte. Igual que en el caso de Napoleón Bonaparte a María Waleska.

Como esas, ya no hay muchas.

@ap_penalosa

CONCEPTO DE NACIONALISMO

20/12/2015

Si bien yo no comulgo en ocasiones con José Manuel Zunzunegui y Leopoldo Vendívil, no dejo de reconocer que en esta conferencia hablaron con la verdad.

TRISTEZAS Y DECEPCIONES QUE AFECTAN A LA HISTORIA

13/12/2015

Cuando los seres humanos viven envueltos en la tristeza, sus sensaciones se expanden y contagian a su entorno. Dejan de ser positivos y alegres y no perciben que poco a poco resbalan hacia una profundidad sin que nadie se percate o se interese por sus cualidades, defectos y sufrimientos.

En la época del porfiriato, luego de muchos años de tragedias, México vivió una etapa de estabilidad aún con pendientes que no se terminaron de resolver a favor de muchos pobrecitos. Se hicieron grandes esfuerzos orientados para que nuestro pais empezara a resaltar ya no como pueblo de salvajes a los ojos del mundo. Se buscó y se alcanzó un cambio para exponer una imagen que invitara a los desconfiados a acercarse y sentir una nación curada de heridas después de tomar conciencia de tantos dolores que supo asimilar y luego sublimar. Eso se lo debemos a un gran hombre: Don Porfirio Díaz. Exhibió muchos defectos como cualquier ser humano, entre ellos, la enfermedad del poder.

Sin embargo, el pueblo no se mostraba preocupado o inquieto por sus caprichos. Más bien confiaba que mientras más tiempo durara al frente de su gobierno, las cosas seguirían marchando bien, en orden y sobretodo en medio de esa paz tan anhelada y necesaria.

Nuestra patria estaba y se sabìa cobijada por un individuo generoso y justo que mientras se mantuvo al frente también igual sufrió. Era duro, enérgico, a veces se extralimitaba en el trato a la delincuencia. Pero en el fondo sabía que tantos tumores a extirpar, o se extraían o terminarían invadiendo el resto de un cuerpo en vías de sanar. Muchos mezquinos se aprovecharon de su bondad y honradez. Luego lo desconocieron arguyendo que su posición dictatorial solo significaría debacle. Esos mismos que se decían sus entusiastas admiradores fueron los que con el pretexto de que la patria sola se encontraría a sí misma, terminaron abandonándolo y despreciándolo. Fueron los mismos que luego de argucias, traiciones e hipocresía, decidieron expulsarlo de su patria, a la que jamás retornó y que seguramente hasta el momento de su muerte añoraba. Luego de su ausencia vino el caos. Todo se convirtió en intrigas, más traiciones, sangre, decenas trágicas multiplicadas varias veces hasta que arribó al poder el Señor presidente Cárdenas.

La miseria humana está bien ejemplificada en la acción que se denotó en contra de Don Porfirio. Igual ese fenómeno cada día se observa en muchos que terminan mostrando ese cobre barnizado para que dé la impresión de oro. Se dicen buenos, nobles, leales, pero basta rascar un poco a la superficie que los disfraza y las uñas resultan manchadas y difíciles de limpiar. Tantos como aquellos, han colaborado para que México cada día se sienta más triste y abatido.

OTRA INGRATITUD EN LA HISTORIA DE MÉXICO. JOSÉ MARÍA MORELOS Y PAVÓN

06/12/2015

AsÍ como no comulgo con Hidalgo, no dejo de reconocer que fue digno a la hora de su muerte. En cambio Morelos, si se supiera la verdad, hoy sería detestado y vilipendiado.

Ya Hidalgo había perdido la confianza en los Generales Allende y Aldama. A espaldas de éstos últimos, nombró como jefe de los ejércitos del sur a José María Morelos y Pavón. Recordemos que Hidalgo ante el mesianismo que mostró a poco tiempo de iniciada su intentona independentista, provocó que los generales anotados lo tomaran preso. El “Padre de la Patria” estaba ávido de la sangre de los “gachupines” y no se detuvo, por ejemplo en el caso de la Alhóndiga de Granaditas, a ordenar el degüello de niños, ancianos, hombres, mujeres y soldados realistas. Allende, Aldama y ya luego también Abasolo, le exigían temperanza y compasión. Hidalgo lejos de escucharlos y apoyándose en una plebe ignorante y luego rapaz no se detuvo para arrasar con todo lo que aparecía a su paso. Ya detenidos todos después y previo a su ejecución, salvo en el caso de Abasolo, Hidalgo denotó muestras de arrepentimiento. Pidió perdón a la monarquía española, a la Iglesia, a tantas familias españolas agredidas y con dignidad se entregó al fusilamiento en la ciudad de Chihuahua.

Morelos también sacerdote, actuó a manera de alumno brillante de su maestro Miguel. También su apetito y olfato se satisfacían con sangre, odio, destrucción y saqueos. Así como el primero enrojeció a Guanajuato con el sacrificio de tantos inocentes, Morelos no tuvo empacho en cortar cabezas de presos en el Fuerte de San Diego para luego arrojar sus cuerpos en el mar de la Quebrada de Acapulco. Igual sus más allegados terminaron calificándolo de loco e insensible. Don Andrés Quintana Roo y su esposa Doña Leona Vicario, no daban crédito a las audacias y andanzas de ese miserable en quien tanto habían confiado.

También como en el caso de Hidalgo, los miembros del Congreso de Michoacán terminaron retirándole su apoyo y lo convirtieron en simple guía, quien por ser buen conocedor de las intrincadas zonas, les serviría de ayuda para alejarse de la persecusiòn realista.

Todavìa Morelos en sus afánes revanchistas y a sabiendas que eso le costaría la vida al padre Mariano Matamoros, este último cumplió la orden de tratar de contener a las fuerzas enviadas por el virrey a la zona del norte del país. Los compañeros de Matamoros le aconsejaban desobedecer la instrucción y con ello salvar su existencia. No hizo caso don Mariano y resultó ejecutado. Ya estando preso Matamoros y a cambio de que se le pusiera en libertad, Morelos “perdonarìa” la vida no de todos, sino de solamente la mitad de los presos que terminó asesinando.

Ante la cercanìa de Iturbide, Morelos entró en pánico y solo se preocupó por refugiarse en las montañas, haciéndose acompañar de indígenas para que lo protegieran. Le vino la debacle, fue capturado y puesto a disposición tanto de las autoridades virreinales como del clero mismo. Fue sujeto de juicio por las autoridades eclesiásticas. Nunca respondió con hombría a los cuestionamientos que se le hacían en torno a su vida mundana como procreación de hijos con varias mujeres, saqueo de iglesias, haciendas, arbitrariedades, excesos de crueldad, etc. Lo más vergonzoso después de ser sentenciado a muerte, contrario a Hidalgo, es que ya viendo que todo estaba en su contra, tuvo la desfachatez a cambio de que se le perdonara la vida, de revelar y con ello delatar con nombres, apellidos y ubicación a todos sus compañeros insurgentes que en su momento se habían entregado a el.

Terminó fusilado en Ecatepec, Estado de México, llorando y pidiendo clemencia. Era negroide, gordo, de baja estatura. Muy distinto a como se pretendía exhibir ante los que lo aclamaban. Quizá sentía vergüenza de sus orígenes.

Una vez más la canallada y cobardía de aquellos que dicen amar, sentir y estar dispuestos a todo no obstante cualquier sacrificio, para luego terminar dejando solos y desconsolados a tantos que los rodearon y apoyaron. Algunos terminan riendo y burlándose. Otros quedan para el resto de su vida atrapados por los remordimientos. Morelos se salvó de estos últimos porque la pólvora lo salvó.

Esto no le digo yo. Lo exponen los auténticos historiadores.

@ap_penalosa

INVITACIÓN

05/12/2015

Me pongo a sus ordenes y mucho les agradecería me sigan a través del periodico Blasting News con quien me acabo de contratar. Saludos.