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LA GRAN DESGRACIA QUE SIGNIFICA SER ECONOMISTA

28/12/2020

Recuerdo a un niño que se acercó a un anciano que contaba con una edad de setenta y cinco años y le pidió que lo ayudara a hacer su tarea. Aquel anciano era muy callado y además gruñón y entonces volteó solamente para observarlo. De pronto el mismo anciano le preguntó al niño: “qué deseas muchachito…”. Y el niño le respondió “tengo problemas para poder hacer mi tarea” El señor tomó su cuaderno y sin decirle nada procedió a salirse del lugar en el que se encontraba, además de manera muy callada.

Minutos después reapareció el anciano y simplemente le hizo saber “acabo de leer tu cuaderno y me he dado cuenta que tus padres tomaron una magnifica decisión”. Entonces el niño se puso muy nervioso y volvió a preguntarle: “por qué me dijo que mis papás tomaron esa decisión…? Entonces el viejo le contestó: ”simplemente porque te inscribieron en una magnífica escuela y eso se debe a que tanto tus padres como tus maestros te enseñaron a hablar de forma muy “concreta”.

 Lo anterior es solamente un ejemplo.

En muchas ocasiones los seres humanos tienden a hablar de más y ello significa que mientras más letras y palabras se escriban o se pronuncien, uno mismo no se da la oportunidad de ganarle más al tiempo en comparación con el mismo tiempo que incluye solamente párrafos que representan solo palabrerías.

Un buen ejemplo de lo anterior se da en el caso del presidente André Manuel López Obrador (AMLO).

En muchas ocasiones he observado que en sus llamadas “mañaneras” es triste observar a los reporteros que están obligados a asistir, porque me parece muy injusto el trato que se les da. Cuando acuden a participar en ellas, de inmediato me percato del enorme cansancio causado por el trabajo que se ven obligados a realizar.

Pero además de todo lo antes escrito, lo peor de todo es el exceso de palabrería que emite el señor presidente. O sea que nunca deja de pronunciar palabras que sean coherentes y además mal pronunciadas.

Durante varios años tuve la oportunidad de formar parte de la Empresa alemana de nombre Thysen, como director adjunto de la dirección general en México. Recuerdo muy bien al que fuera el director general corporativo de nombre Heins Eimmans.

En uno de tantos viajes, un día me mandó llamar y grande fue mi sorpresa cuando encontré que aquella persona me indicó: “señor Peñalosa, Usted trabaja muy bien sin embargo comete muchos errores debido a que cuando asiste a las juntas del Consejo de Administración siempre habla demasiado pero nunca concretiza cualquiera de sus opiniones…” y luego de pronto me preguntó “¿Usted es economista verdad…? De inmediato respondí “si señor, estudié en MIT pero decidí empeñarme solamente en materias relacionadas con el  Comercio Internacional….” Y entonces me pregunto: ¿Por qué los economistas son tan difusos y confusos…?”

Luego de lo anterior le indiqué a mi secretaria que iba a salir un rato a caminar a un jardín que se encuentra al frente del edificio que alberga solamente a los altos ejecutivos de aquella compañía.

En la practica, yo estaba furioso debido a que me sentía muy ofendido por todas las preguntas que me hizo el mencionado director.

Cuando regresé a mi oficina ya más tranquilo, la persona anotada me invitó a comer y cuando llegamos al restaurante luego de terminar, el mesero nos acercó una botella de Champaña para brindar por el éxito alcanzado derivado de un proyecto llevado a cabo a favor de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Al momento de terminar el brindis el señor Eimmans luego de lo anterior, de inmediato procedió a decir una palabras, entre otras “brindo por el éxito alcanzado por el señor Peñalosa, pero nunca brindaré por los economistas porque nunca concretizan y porque nunca se saben expresar…”.

Apenas salí de la comida, sentí que me habían lastimado de manera cruenta y además mi estomago me urgía a vomitar.

Ya por la noche, más tranquilo me puse a meditar en torno a todo lo sucedido e inmediatamente después tomé la carpeta que contenía entre otros, mis documentos para participar en el Consejo de Administración. Y luego de leerlos y releerlos finalmente concluí que el señor Eimmans estaba en lo correcto.

Fue entonces cuando me di cuenta que por ser economista, había caído en un gran error por no ser preciso, conciso y macizo.

Saludos y muchas gracias.

@ap_penalosa

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AMADA DÍAZ Y DON PORFIRIO

14/12/2020

Publicación realizada el 29 10, 2012

AMADA DÍAZ HIJA DE DON PORFIRIO29/10/2012.Espléndida hija y esposa. Mujer que a lo largo de su vida enfrentó un infierno. Comprendida y consolada por quien fuera quizá su mejor amiga y última esposa de Don Porfirio: Carmen Romero

.Doña Delfina Ortega, conocida como Delfinita, procreó con Don Porfirio dos hijos: Porfirio y Luz. Díaz tuvo otra hija con una extraña y a mi juicio mala mujer de quien nació Amada. Llevó por nombre Rafaela Quiñones. Esta última negoció con Don Porfirio el que él mismo se hiciera cargo de la niña a cambio de un dinero que le facilitara una vida en plena libertad, cómoda y estable, al punto de volverse a casar a su capricho. Nunca demostró un auténtico amor de madre a Amadita, el cual doña Delfina sí le supo prodigar, al punto de jamás mostrar diferencia entre sus propios hijos y la que vendría a ser finalmente su hijastra.

Papel importante jugó también en la vida de Amadita la quien fuera última esposa del señor Díaz: Carmen Romero, con quien nunca procreó hijos y quien a lo largo de toda su vida actuó como verdadera compañera, amiga y persona que siempre regaló a Amada amor y comprensión.

Lo escrito por Amadita se expone como álbum y no como diario, debido a que no tuvo tiempo para hacer anotaciones cada día. Las circunstancias la mantenían absorta en muchas otras actividades según las tristes circunstancias que en todo momento tuvo que afrontar. Muy brevemente del puño y letra de Amadita se muestra en forma muy resumida, según fechas de sus escritos, lo que refiere ser otro de los peores estadios y vergüenzas para México en el proceso de lo que se da en llamar “Revolución Mexicana” de la cual surgen anécdotas que hacen al lector darse cuenta de tantas mentiras y elevación a las alturas de personajes que en la realidad resultaron por demás dañinos y detestables y quienes a la postre según lo dice la verdad debieron ser elevados a la categoría de héroes, pero de barro o judas de cartón para ser quemados con muchos, muchos cohetes, y así evitar que ahora sus nombres embarren y hasta ensucien, escritos con letras de oro, ese circo nuestro llamado Congreso de la Unión..

Amadita casó en 1888 con un hombre muy rico hijo de un poderoso hacendado llamado Ignacio de la Torre quien había hecho gran fortuna con propiedades, entre otras azucareras, localizadas principalmente en el estado de Morelos. Era muy trabajador y ambicioso. Se dice que además era justo y espléndido con su gente. Le querían bien, lo respetaban y por lo mismo obtenía de ellos su mejor esfuerzo.

Entre esa lista de trabajadores aparecía el nombre de Emiliano Zapata, hijo de otro Zapata que siempre se mostró agradecido a la familia De la Torre.

Apenas contrajeron nupcias, Amadita sentía a su esposo muy distante de todo aquello que como toda recién casada deseaba saborear, esto es, las mieles del amor en todas sus formas. Lo notaba alejado, desinteresado y hasta temeroso a la cercanía con ella. Sospechó entonces que en sus afanes había algo extraño.

Ignacio solía alejarse con mucha frecuencia de su casa, era amigo de la farándula pero además, dichas farándulas hacían coincidir a hombres homosexuales. Ignacio era uno de ellos.En cierta ocasión alertada la policía de un escándalo más, penetró al lugar donde se llevaba a cabo otra de tantas fiestas y resultó que entre los detenidos se encontraba el esposo de Amadita, vestido de mujer, con la cintura avispada pero eso sí, luciendo el típico bigote que la moda de aquella época imponía. Don José Guadalupe Posada, uno de nuestros grandes caricaturistas mexicanos, dispuso de dicho tema para elaborar una burlesca ilustración intitulada: Los 41 Maricones encontrados en un baile de la Calle de la Paz el 20 de noviembre de 1901, misma que dio la vuelta por todos los ambientes sociales de la ciudad y que causó un gran sorpresa e indignación. Cuenta Amadita que cuando habló con su esposo al respecto, éste todo lo negó aduciendo que sólo era producto de acciones de los enemigos de Don Porfirio. Para Amadita, lo sucedido simplemente significaba la confirmación de sus sospechas.

Más pronto que tarde, Díaz mandó llamar a su hija a quien le confirmó que lo que se decía de su yerno era cierto y que para evitar un escándalo social, había intervenido para que Ignacio quedara de inmediato en libertad. Respetó a su hija y le advirtió que él de ninguna manera se inmiscuiría en un asunto tan de pareja, pero fuera cual fuera la decisión que Amadita tomara, él como su padre que era, estaría en la mejor disposición de brindarle cualquier apoyo y consuelo.

Amadita siempre vivió entre la espada y la pared. No obstante la pena que tanto afectaría el resto de su vida, nunca dejó de amar y respetar a su esposo, quien por cierto en la medida del tiempo fue mostrando más a la luz pública su tendencia sin sentirse molesto ni preocupado por lo que se hablara de él. El amor de Amadita a su marido, su tortuosa existencia, la saña y maldad de Zapata referida en mi libro, sumado a las circunstancias de la Revolución, hicieron que la vida de esta mujer se tornara en un Infierno hasta el día de su muerte

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LA MESURA DE DON PORFIRIO PARA EVITAR NUEVA DEBACLE

11/12/2020

Publicación realizada el 28 de septiembre, 2012

La historia oficial de México no da cuenta que próximo a morir Juárez, éste se empeñaba a continuar en el poder a costa de lo que fuera. Sus más allegados terminaron abandonándolo

Grandes esfuerzos tenía que hacer Don Porfirio por no hacerse presa del canto de la sirenas que le invitaban y hasta le exigían tomar las armas para por la fuerza someter al que ya se le daba el sobrenombre de “Tirano”. Díaz prefería esperar. Deseaba que la fiesta marchara en tranquilidad, cosa que ya como Presidente logró lo que le valió el reconocimiento como “Presidente de la paz”. Con el General Negrete (véase libro), ante lo crítico y desesperado de la situación y con la capacidad de convocatoria que su personalidad, decoro y prestigio representaba, México pudo estar a punto de una asonada que bien hubiera podido llevar al país a una nueva revuelta civil. Admiraba y respetaba a Díaz, confiaba en él dada la confianza y lealtad que Don Porfirio hacía sentir a la mayoría del pueblo. Negrete conminó a Díaz a unir fuerzas para provocar el desplome de Juárez.

Una vez más Don Porfirio se mostró cauto y convenció a Negrete de esperar. Le recordaba que Juárez además de contar con el apoyo de un Congreso coludido y comprado, contaba con fuerzas derivadas de tanto armamento moderno que en su oportunidad había recibido de Estados Unidos. Don Porfirio ya no quería saber de más masacres. Sabía que más temprano que tarde las cosas caerían por su propio peso. Ya Juárez mostraba gran desgaste. Había sufrido un derrame cerebral del que logró salir airoso, pero ya sólo le quedaba un poco más de vida frente al tiempo que le hubiera sumado 19 años en la Presidencia. Todavía cosas muy fuertes estaban por suscitarse mientras Juárez se aferraba al poder y mientras, solo en su despacho ideando maquinaciones nuevas con Lerdo, tenía que aceptar que ya sus amigos Altamirano, el Nigromante, Riva Palacio, Zamacona, León Guzmán, Méndez, etc., habían decidido alejarse de él. Igual los gobiernos extranjeros se mostraban cautelosos. En Washington había temor de que en México se diera en una nueva revuelta.

Los signos de salud de Don Benito denotaban agotamiento. Ese aviso que fue la afectación cerebral que venturosamente superó, hacían pensar a Lerdo y a Don Porfirio que Juárez renunciaría a un nuevo intento de reelección pero se equivocaban. Lerdo en el fondo, hipócrita e intrigante, se frotaba las manos. Era frío, calculador y así como que cada día iba marcando rayas en sus cuadernos verticales hasta sumar cuatro para luego cruzarlas con una diagonal quinta. Es impresionante el resultado de la reflexión cuando nos damos cuenta lo cruenta que había venido siendo la realidad de nuestro país en términos de tantos años acumulados, caracterizados por guerras civiles y asonadas promovidas principalmente por la avidez de los intervencionistas.

No obstante que ya todo aquello había pasado, ahora México a partir de 1867 sufría un nuevo cáncer producto de la ambición y la falta de lealtad a las leyes de su propio país por parte de Don Benito, quien después de haber sido testigo de los horrores de las guerras, en su afán de eternizarse en el poder, se mostraba insensible a un pueblo que clamaba por la paz.

Ya a partir de agosto de 1869 los avisperos empezaban a mostrar gran nerviosismo y disposición de ataque. ¿Se le puede calificar de “héroe” a quien además de ser necio no toma en cuenta que dicho defecto pone en riesgo la vida de las personas? En mi vida a muchos necios les he advertido: “tu necedad va a terminar acabándote” y siempre, siempre eso ha terminado sucediendo. ¿Por qué Juárez no se fue a su casa a disfrutar a su familia, a leer, a escribir, a recibir a tantos que le habrían mostrado su cariño, respeto y admiración? ¿qué pasaba en su interior? ¿ a qué tenía terror o de quién huía para refugiarse en la soledad propia de un Presidente detestado? ¿Era inconsciente al punto de no darse cuenta que su retiro oportuno le daría por premio la gloria? ¿No es verdad que Juárez es buen ejemplo de la enfermedad del poder? Hubiera sido buena idea después de su muerte, una autopsia para estudiar el cerebro de un ser humano muerto por dicha dolencia. No me explico cómo pudo ser posible que hiciera caso omiso ese señor de lo que ocurría a su alrededor y que por su estúpida necedad siguiera poniendo a México en la orilla.

Tres millones de pesos fue el botín que varios desesperados obtuvieron para organizar una acción de lucha para derrocarlo. Los involucrados al ser descubiertos terminaron en el paredón. En Morelia y en Toluca se sucedieron movimientos en franca rebeldía que reclamaban la urgente reinstauración de la Constitución. Juárez contestaba: “no” pero además imponía estados de sitio y suspensión de las garantías individuales.

Finalmente Negrete decidió levantarse en armas en Puebla, aún sin contar con el apoyo de Díaz y amenazó que en caso de hacerse de Juárez lo fusilaría. En San Luis Potosí, un levantamiento hizo renunciar a quien fuera Gobernador juarista para sucederlo un simpatizante de Don Porfirio de nombre Antonio Aguirre, quien de inmediato desconoció al Gobierno Federal en razón una vez más de haberse suspendido la vigencia de la Constitución de la República. En Zacatecas el Congreso desconoció a Juárez y promovió a Don Jesús González Ortega como Presidente. Juárez entonces nuevamente se hizo de nuevas “facultades extraordinarias” para evitar dicha acción. Por supuesto sus compinches del Congreso se las otorgaron. Mentiras que ocultan la verdad cuando ignorantes de la historia o indignos charlatanes escriben guiones para llevar a la televisión por instrucciones de quién sabe quién, novelas como El Carruaje. Igual tontos nosotros cuando por no mejor utilizar el tiempo para leer, nos entregamos al manejo de las pantallas para sentirnos obligados a adorar a “héroes” a efecto de conmemorar el Bicentenario y el Centenario de las mentiras nacionales. ¿Juárez héroe? ¿de dónde cómo?¿oportunista, hipócrita y descendiente de Santa Anna? Eso por supuesto.

www.antoniopatriciopeñalosa.com

Twitter: @ap_penalosa

ATRAS DE NUESTRA PSEUDOREVOLUCIÓN EL PETRÓLEO

06/12/2020

Publicación realizada en julio 31, 2013

Cuando Richard Nixon fungía como Presidente de Estados Unidos, había heredado una papa muy caliente que se llamaba la guerra de Vietnam. Su país estaba al borde de la debacle en todos los aspectos: económico, político y social. Tantos años había durado el conflicto y tanto dinero y calamidades había significado, que le era indispensable acabar con él a como diera lugar. Llegó un momento en el que la economía norteamericana giraba principalmente alrededor de casi solo Vietnam. Sus plantas productivas de acero, aviones, automóviles, llantas, herramientas, textiles, etc., del total de lo que producían, un altísimo porcentaje estaba destinado a satisfacer las necesidades crecientes que urgía todo aquello. Por ejemplo: en la medida en que la industria automotriz se veía precisada a producir cada vez más jeeps o vehículos blindados, en esa misma medida dejaba de manufacturar para satisfacer el mercado doméstico, y en adición también paulatinamente dejaba de exportar. Y por lo mismo, como ya tampoco vendía al exterior, los compradores se dirigían a buscar mercados alternativos que sí contaban con oferta vehicular como para sustituir lo que ya la Chrysler, la Ford o la GM no podían ponerles a su alcance. Así entonces Estados Unidos, de ser fabricante local a favor de sus consumidores internos y exportador, pasó a convertirse en país solamente importador.

En resumen, los mercados norteamericanos se iban constriñendo en la medida que Vietnam crecía en necesidades ¿Pero qué pasaría si Estados Unidos se retiraba de Vietnam? Entre otras cosas, el desempleo crecería de manera incontenible y así por ejemplo no habiendo demanda suficiente por falta de capacidad adquisitiva, entre otros productos de automóviles americanos como antes, o porque ya las industrias japonesa, alemana, francesa, etc. las habían rescatado para ellas ¿a dónde irían a parar todos los despedidos de sus trabajos víctimas de la terminación de la guerra referida?

Le era urgente a los yanquis recuperar sus estructuras comerciales tanto domésticas como de exportación, para con ello seguir dando ocupación a su mano de obra al margen de una economía de guerra.

Por ahí andaba un chaparrito de nombre Henry Kissinger, quien después de ser asesor directo de Nixon, pasó a convertirse en su Secretario de Estado. Hombre a mi gusto brillante en extremo y gran estratega. Sabía que solamente un arma sería capaz de derrotar en la guerra comercial a favor de los Estados Unidos: EL PETRÓLEO.

¿Con qué energéticos producían los principales competidores de los americanos? Fácil: principalmente con los provenientes del Medio Oriente, esto es Kuwait, Arabia Saudita, Libia, etc. ¿Tenían ejércitos los árabes? Por supuesto que no. Las únicas armas con que contaban los árabes eran sus hidrocarburos.

Y bueno, a don Henry como buen judío, se le ocurrió que si enviaba a sus amigos árabes a tomar por sorpresa mientras sus paisanos oraban en sus sinagogas justo a la hora de la celebración del “Día del Perdón”, esto es el Yom Kipur, éstos a la salida muy molestos tomarían hasta sus resorteras para ir en venganza por la acción por parte de los árabes. Resultado: todos se aliaron con los israelíes por representar los intereses de Estados Unidos. A manera de revanchismo, los árabes advirtieron a todos los que dependían de su petróleo “van a ver bolas de saniores desgraciados, ahora se quedarán sin nuestros batroleos”. Y ¡zaz! decían los europeos y los japonesitos “y ora ¿con qué producimos?”. Nixon y Kissinger se desternillaban de la risa.

Así, de pronto apareció Nixon en cadena nacional en la radio y televisión y anunció su decisión de la “derrota digna” que daría paso al retiro de las tropas americanas de esa tan atormentada zona y colorín colorado, los gringos recuperaron sus mercados, la economía se consolidó nuevamente, no hubo desempleados y los que se habían aprovechado de la distracción del Tío Sam por culpa de Vietnam, ésos sí que se hicieron popó en serio y en forma  muy molesta.

¡Y ya verán lo que luego pasó en Europa!

“El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el Diablo” Ramón López Velarde.

@ap_penalosa

This entry was posted on miércoles, julio 31st, 2013 at 1:58 and is filed under Economia México, Noticias Mexico, Pensamientos, Política México, Sociedad México