¿QUE QUIÉN ASESINÓ A OBREGON…?

Los mexicanos somos muy a menudo poco objetivos. Preferimos ser pasionales hasta en los niveles de la burla y según las circunstancias. Somos por lo mismo a veces morbosos y afectos a generar intrigas y rumores que con mucha facilidad se expanden de la noche a la mañana entre todos los niveles de la sociedad. Justamente debido a nuestra falta de educación, echamos mano de opiniones que todos aceptamos como “la real verdad”. Si un Presidente es bueno, no se salva de también ser feo o déspota. Ningún Primer Jefe de la Nación se ha salvado de apodos, de injurias y hasta de vejaciones. Todos están obligados a aceptar sobrenombres, rechiflas, críticas y en fin, todo aquello que resulte al gusto de lo que al pueblo, sea de alta o baja sociedad, se le ocurra o se le antoje. Si no son mujeriegos nuestros presidentes entonces son homosexuales. Si son discretos resultan al gusto de la gente hipócritas. Si su antecesor murió porque se cayó por una escalera, forzosamente tuvo que haber sido víctima de un asesinato planeado desde quién sabe dónde.

Nuestra historia según nos la diseñaron está nutrida de presidentes feos, tontos, maricones, rateros, comunistas, de ultraderecha o simplemente inútiles. Eso hace que un buen número de población tenga temas de conversación que alegre la hora del dominó, la comida, los funerales, el café o hasta el momento previo a entrarle al “triqui triqui” con la cónyuge. Más, cuando los medios de comunicación promueven el que el mexicano termine después de observar distintos noticieros, con el: “¿Qué qué? ¿y ora? ¿ya oíste tu? ¡Puta madre, pinche López Obrador! ¡y yo que lo sentía tan buenito y amoroso!”

Eso mismo le pasaba al pobre Obregón. Yo no sé si Carranza efectivamente pretendía perpetuarse en el poder. Lo más probable es que sí. Pero entre pitos y flautas, en la medida en que se trasladaba en huída a Veracruz, Carranza se fue quedando solo y se hizo blanco fácil para su asesinato. El hecho es que lo mataron y “pum, pum, pum”. Ahora bien, una cosa es quién lo mató físicamente y otra quién lo mandó matar. Yo no creo que haya sido Obregón. Es más, existen investigaciones al respecto que lo aíslan de esa posibilidad. Álvaro no requería de dicha acción. Tenía el poder en sus manos y sabía perfectamente que el camino estaba abierto para que el grupo sonorense se hiciera del poder. Carranza, también hay que reconocer, no obstante sus magníficos esfuerzos, deseaba permanecer en la silla presidencial. Pero repito, creo que existen muchos puntos obscuros como para asegurar cuáles eran las reales intenciones de don Venustiano. Lo que sí está muy claro es que Obregón, leal a quien en su momento fue su Jefe, en reiteradas ocasiones le ofreció el destierro. Carranza tenía una tozudez que no le permitía razonar las cosas y además guardaba muchos rencores hacia Obregón a quien finalmente terminó calificando de traidor.
@ap_penalosa

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