Y AHORA LLEGABA CALLES

En el caso de Calles, su palmarés era impresionante como manager. Logró que sus pupilos hicieran papilla a peleadores experimentados como fue el caso de Villa. Logró también que otro de ellos hiciera que uno mejor aventara la toalla siendo experimentado boxeador y al que llamaban “El Santo Kid De la Huerta”. Finalmente Calles decidió ponerse los guantes y entrarle también él a los catorrazos. Estaba seguro que ahora sí se llevaría el cinturón, ganaría toda la lana del mundo a favor de los de su barrio, ofrecería a México su resultado para fortalecer su dignidad ante los de afuera. Por supuesto, sus más cercanos admiradores que representaban al pueblo, obreros y campesinos, se desgañitaban y ¡vaya que lo aclamaban y lo animaban!: “¡Sí se puede, sí se puede…!” Lo único que pidió el gladiador a los de la taquilla fue que por ningún motivo se les diera acceso al lugar a curas, monjas o cualquier otro tipo de religiosos. Sentía aberración por ésos y temía que le dieran mala suerte. De todo lo que ganara, habría que pensar en mejorar a su pueblo, el cual se encontraba como el de su antecesor en “La Quinta Chilla”, así como en Tepito de donde era “El Ratón Macías”.

Pretendía dotarlo de agua, de caminos, de árboles, hasta de vehículos de transporte para que su gente ya no se arruinara los pies. Su contendiente era un americano de poca fama. Formaba parte de la misma camada republicana y ahora sustituía a su antecesor en el ring, el cual hacía poco había fallecido y que llevaba por nombre Warren Harding. Se había pues terminado de estrenar como el segundo mejor pero no se tenía mucho conocimiento de sus facultades como púgil. Se le veía flaco, escualidón y de piel exageradamente pálida.

Cuando hacía sentadillas a manera de calentamiento, tenía que afianzarse el calzoncillo por temor a que se le cayera y se le vieran las pompis. Sus propios ayudante y manager lo veían con desconfianza. Le apodaban en Estados Unidos: “The Just New Coolidge”. Eso sí, a la hora de los himnos, éste último con todo respeto, puso su guante derecho sobre su pecho y veía al infinito entonando para sí las letras del de su patria. Era su primera pelea en el extranjero. Muy al estilo antiguo era su forma de pelear y sus movimientos semejaban más las técnicas de boxeadores de otras épocas como “Kid Díaz”, en el cual se inspiraba mucho a la hora de dar batalla. Coolidge no era amigo de pelear en el extranjero. Prefería enfrentarse apoyado por los suyos.

@ap_penalosa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *