¡AH, PERO ESE DESGRACIADO DON PORFIRIO!

A mí me encanta ser mexicano. Nací y deseo morir como tal. Yo me revelé a continuar leyendo a Vargas Llosa aún con su espléndida literatura, cuando por razones políticas y quizá por resentido al no alcanzar la elección presidencial, renunció a su nacionalidad peruana para hacerse español. Hay que decir que los mexicanos formamos una sociedad a mi juicio sui generis. Eso un poco lo atribuyo a que hemos sido consecuencia de sangres tan distintas que han dado por consecuencia una raza a veces muy diferente a otras en las cuales se denota una estructura física y mental más definida y estable. De indígenas pasamos a ser criollos, luego mestizos. Son muchas las combinaciones que nos han ligado con génes de todo tipo. Españoles árabes, italianos, franceses ¡puff…! todo un tuttifruti.

Tenemos una característica que nos hace muy especiales en términos de actitudes. Igual criticamos, exigimos, nos exhibimos mártires, etc., pero al mismo tiempo nos resistimos a cooperar, a ser tolerantes y pacientes y además, tristemente muchos compatriotas terminan renegando de su nacionalidad. Otra cosa también muy propia de nosotros está en que no valoramos ni disfrutamos tanto que tenemos y nos enriquece ¡Cuántos otros países desearían poseer aunque sea un poquito de nuestro patrimonio! Muchas veces nos sucede que no sabemos qué hacer con lo nuevo conquistado, por ejemplo la democracia. Lo que pasa es que un valor como ese para saberse asimilar y practicar se requiere de educación, esa sí condición fundamental de la que desafortunadamente adolecemos y que cada día se hace más pobre, raquitica en la medida que la población aumenta. Nuestra economía se hace día a día más escasa para las mayorías y el resto va a parar a manos de corruptos, ineptos o desinteresados en dejar sus ganancias en la nación para así mantenerlas protegidas por bancos extranjeros.

Yo recuerdo cuando el presidente Calderón asumió la Presidencia, que advirtió algo que todos aplaudimos con vivo entusiasmo al anunciar que ahora sí el gobierno se avocaría a combatir al narcotráfico. Advierto que yo disto y por mucho de aplaudir los resultados de la gestión Calderonista y luego diré por qué. Sin embargo, resultaría necio de mi parte no reconocer el esfuerzo que a ese respecto hizo aunque por supuesto en forma pésimamente concebida. Pero igual a veces me pregunto ¿y si no le hubiera entrado al toro el gobierno a eso, cómo estaría el país ahora? Advirtió ese mandatario que habría por resultado muertos, entre ellos inocentes, pero también señalaba que estábamos en la orilla y ¡vamos que de verdad eso era cierto! Han caído capos y más capos y nos sabemos cuántos faltan ni cuántos nuevos aparecerán. ¿Que han muerto muchos inocentes? no existen en los anales de la historia universal capítulos que hablen de guerras en las que los inocentes en su totalidad se hayan salvado, punto.

Pero ahí aquello con lo que empecé: hoy la mayoría de los mexicanos criticamos, denostamos y culpamos de todo al gobierno o a Estados Unidos o qué sé yo a cuántos más. Pero eso lo llevamos a cabo tomando café con los amigos y ahí somos rebuenos para decir cómo se deberían resolver las cosas. Se nos olvida lo trascendente y ¡pácatelas! si no aparecen noticias relativas al Kalimba, a Carmen Aristegui o al patán de Fernández Noroña y compañía, entonces baja el rating de los noticieros y la prensa se ve precisada a mostrar buenotas encueradas, para por lo menos recuperar los costos de sus ediciones. Alguna vez hace muchos años, no recuerdo quién me comentó que en nuestro ambiente cuando alguien es señalado de borracho, ratero, maricón o comunista, ya no se la va a acabar para el resto de su vida. Ningún presidente mexicano ha dejado de ser tachado de homosexual, ladrón, asesino, tonto y así, una bola de epítetos más. Y de esta manera la seguimos llevando cada tarde sobre todo los viernes a la hora de dominó. “Pinche presidente, cabrones empresarios abusivos y avaros, mira qué bien que está la mesera, déjame ver si me la ligo, qué cagado el Noroña, bien que paró al congreso ja, ja” Y luego nuestros señores diputados y senadores quitándose la palabra para subir a la tribuna para expresar solo pendejadas, a veces a menospreciar a sus compañeros e insistir que solamente el partido que cada uno de ellos representa es el capaz de salvar a México. Y al rato: “miren para que vean que somos buenitos y demócratas, nosotros los que le decíamos espurio al presidente, las vamos a chocar y en alianza con el PAN le vamos a romper la madre a los del PRI”. Mientras, el PRI se regocijaba y todavía hace poco hacía planes con el Verde Ecologista e iban con la Gordillo a decirle ”mi alma, ven y ahora siéntate en nuestras piernas” ¡Y ahí llegaba la otra!

Exactamente igual a cuando en la época de Iturbide se constituyó un congreso, nada ha cambiado. Por lo contrario, nos hemos hecho maestros o hasta doctorados en la grilla y los que observamos seguimos en la baba y los que nos representan bien que se preocupan porque esa baba persista y hasta aumente aunque nos ahoguemos en ella. Luego en medio de esa democracia “patito” (perdón Patricio, mi hijo), salimos cada tres o seis años a votar. Y nuestra incomparable patria: bien gracias. A veces también da la impresión que a los mexicanos nos place que se nos trate con rudeza, así como a muchas mujeres u hombres que si no salen de pronto golpeados por el o la cónyuge piensan que ya no se les quiere. Don Porfirio no se andaba con medias tintas, “o se ponen en paz o les rompo la madre”. Y cumplía con la amenaza ¡sí, señor! y astuto como era también respaldaba con el “buen ejemplo” el bien hacer dando seguimiento a los mandatos impuestos por la Constitución. Creo que fue el precursor del “tapado”. No sé si se recuerde, previo a la decisión Presidencial a favor de López Mateos o de don Gustavo Díaz Ordaz, aquel anuncio de una cigarrera que rezaba “el tapado fuma Elegantes”. Así Don Porfirio, como en el acto de streaptease, de pronto mostraba y luego ocultaba. En 1898 en Monterrey, cerca ya de la convocatoria a nuevas elecciones, le dio tal coba al general Bernardo Reyes en una banquete a la hora del brindis, que todos los regiomontanos daban por seguro que el sucesor de Don Porfirio sería aquel, en ese momento gobernador de Nuevo León. Haciendo a un lado al mismísimo Presidente, todos se fueron a la cargada para hacerse notar ante el señor Reyes. Díaz en su interior se sentía muy bien y sonreía malevolamente. ¡Vaya que se había exhibido demócrata!

Lo que no sabían los del Cerro de la Silla era que en ese mismo momento en México habría otro gallo que también cantaría: don José Yves Limantour quien estoy seguro, en caso de no haber aparecido por ahí el señor Madero, hubiera sido el sucesor de Díaz, en serio. Su gestión lo hizo resaltar como unos de los mejores secretarios de hacienda que ha habido en nuestra historia. La salida de Don Porfirio a su destierro aunada al inicio de lo que a la postre significaría un rotundo fracaso, esto es la gestión de Don Francisco quien terminara asesinado junto con Pino Suárez, no dio pie a la continuación de un Porfiriato. Esto conllevó a nuevas décadas de sangre y masacres inútiles que quedarían entonces reflejadas en una nueva Dictadura de 70 años encabezada por un partido que ahora sigue vigente y se está recontruyendo que se llama PRI.

Nota: Este artículo forma parte de serie iniciada el pasado 1 de julio con publicación titulada “Ahí viene Don Porfirio” próxima a concluir. Ver blog.

@ap_penalosa

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