ANA DUARTE DE ITURBIDE, AUTÉNTICA MUJER

Don Agustín con todo y sus cualidades tambièn cometió grandes injusticias. Me temo que la mayor, si es cierto lo que cuentan algunos, fue el trato que dió a su esposa Ana Duarte. A mí no me gusta el calificativo de “abnegada” porque me hacer pensar en una mujer que no guardó nada para su persona, pero creo que eso sí aconteció con esa alma piadosa.

Del Valle Arizpe y Carlos María de Bustamente hacían mofa de todo y por todo. Era tal su saña, que no reparaban en el daño que podían causar con sus habladurías, no solo a la dignidad de una persona, sino a su propio corazon. Ya en otro artículo hablé de las andanzas de Don Agustìn con La Gûera Rodriguez pero ahora me referiré a la que fue su real compañera y esposa, como pocas que hoy existen.

Casaron muy jóvenes. Apenas terminaron la noche de su “Luna de Miel”, él se aprestó rápidamente a enfundarse su uniforme para continuar sus acciones militares. Procrearon varios hijos y de uno de ellos surgió un nieto que después adoptó por la fuerza Maximiliano a quien pretendió nombrar su sucesor. Mientras su marido vivía en combates, Doña Ana cuidaba de la educación y formación de sus vástagos. Se cuenta que Iturbide los trataba con frialdad igual que a su mujer. Sus urgencias estaban particularmente orientadas a compartir el lecho con Doña Ignacia. Fue tal su pasión por esa bellísima dama que repito, se cuenta, que para deshacerse de la esposa, hizo que se le enclaustrara en un convento acusada de adulterio.

Cuando su marido fue nombrado emperador, se hacìa obligado que el matrimonio estuviera presente a la hora de la coronación. No me imagino a esa pobrecita siendo objeto de las miradas venenosas y sarcásticas de una alta sociedad hipócrita que luego se convertiría en el verdugo de su cónyuge. A la hora de la coronación, por supuesto que la gûera ocupaba un sitio de preferencia desde donde observaba con displiscencia y burla a la primera.

Luego que vino la debacle sobre la familia, ésta se vió precisada a salir exiliada de México con rumbo a Europa con punto final Italia. Aquí importante hacer referencia al pésimo trato que Nicolás Bravo les aplicó, mientras por el contrario, Don Guadalupe Victoria antes de despedirse de Don Agustín, le obsequió un pañuelo de seda que llevó siempre consigo hasta la hora de que fue asesinado, insisto: asesinado.

Las desventuras por las que atravesaron en el continente anotado fueron en extremo brutales. Italia que en un principio les abrió las puertas, luego por motivos políticos, se vió forzada de urgirlos a salir del país, para entonces cruzar a pié un camino tortuoso incluyendo Francia, Alemania y Suiza, hasta alcanzar a refugiarse en Inglaterra enmedio del terror y la miseria. Los congresistas malditos, jamás se preocuparon por hacer efectíva la pensión acordada a favor del que nos dió la independencia. Para comer y con ello sobrevivir, doña Ana se tuvo que despojar de las pocas joyas que le quedaban. Por esos días, quien fuera emperador al enterarse que España pretendía retomar nuestra nación en razón del surgimiento de la Santa Alianza, como pudo, tomó rumbo a México con todo y su familia para alertar a las autoridades. Ya había enviado antes una carta haciendo saber de todo ello, misma de la que se desentendieron y dejaron hecha de lado menospreciada y luego olvidada.

Al cabo de muchas penas lograron retornar a tierras mexicanas, descubrieron a Iturbide y lo apresaron. Mientras, se le sometió a juicio y se le condenó por un congreso local a la pena de muerte. Doña Ana esperaba en el barco que los condujo a su regreso. Grande fue su sorpresa y amargura cuando un oficial enviado por el General Felipe de la Garza le anunció que su marido ya había muerto.

Entre sus tantos allegados, Iturbide consideró siempre como a su “hijo” a un general de apellido Echávarri, quien al final también terminó traicionándolo. Doña Ana salió de nuestro país para refugiarse en Filadelfia, USA, viviendo en extrema pobreza. En aquella ciudad encontró a un hombre andrajoso y hambriento a quien trató con calidez y compasión, era el general Echávarri.

Me pregunto ahora ¿cuàntas mujeres siguen existiendo, hechas con la madera con que se dió forma a Ana Duarte? Creo que de los bosques que las generaban ya muy pocos existen, fueron talados en una buena proporción que hizo que sus tierras quedaran erosionadas.

@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

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