CALLES ADVERTIDO POR USA

CALLES ADVERTIDO POR USA

Ya se habían consignado a la autoridad y encerrado en la cárcel a prominentes personajes, igual del ámbito petrolero como del aparato gubernamental. Secretarios, magnates, antes muy bien vistos y respetados y hasta temidos, ahora se encontraban tras las rejas. Ya solamente faltaba que se echara la mano sobre la persona de Mcdoheny. Cuando salió Obregón de la Presidencia, se regresó a su tierra a dedicarse al comercio del garbanzo y con ello a acumular grandes fortunas. Desde allá, seguía participando en la vida política de México a través de su literalmente “otro brazo”: el ahora Presidente Plutarco Elías Calles. Este último, así como se ligaba estrechamente a Obregón, ahora hacía que se ligara a él un hombre de toda su confianza ocupando la Secretaría de Industria y Comercio de nombre Luis N. Morones, hombre por demás ambicioso, cínico, muy dado a la vida del glamour, pero al mismo tiempo con gran fuerza en razón de que tenía bajo su control a todo el sector obrero del país por conducto de sindicatos blancos que estaban siempre sumisos a sus deseos y pretensiones. Durante la administración Callista se avecinaba un nuevo huracán: el Clero. Calles siempre manifestó su total intolerancia a dicha institución y terminaría persiguiéndola a efecto de evitar cualquier intromisión de su parte.

Apareció un nuevo embajador norteamericano en México de nombre Rockwell Sheffield, muy distinto a su antecesor Warren y éste sí de mano dura. Su principal interlocutor sería el Secretario de Relaciones Exteriores nombrado por Calles: Aarón Sáenz, hombre de mucha sensibilidad en la diplomacia y buen representante de lo que llamamos el “american way”. Apenas llegó a México Sheffield ya traía la espada desenvainada. Acusaba a nuestros gobiernos de proclives a las faltas de la moral y faltos de palabra. Su primer contacto con Sáenz resultó violento por su parte frente a un diplomático mexicano paciente no dispuesto a caer en la trampa del comprometerse a nada. Como dicen nuestros hijos, supo darle muy bien “el avión” al embajador. De entrada Sheffield no llegó a pedir, sino a exigir que se concretizara el Tratado de Bucareli y las Reglas de Aplicación que de ellas derivarían, pero ahora sí con base en un documento por escrito.

@ap_penalosa

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