CALLES SE ALEJA UN RATO DEL PAÍS

Calles mientras tanto a su regreso a México pensó que con la varita mágica que guardaba en un baúl, además de azotar a Cárdenas, luego lo hipnotizaría y lo haría entrar en razón al gusto de sus intereses y necesidades. Se lanzó a hacer publicar en los principales diarios de distribución nacional una especie de “consejo/amenaza” a Cárdenas, pretendiendo así de una vez por todas ponerlo en su lugar. Su estrategia resultó tan vulgar e hipócrita, que tanto americanos como mexicanos se percataron de lo que damos en llamar las “últimas patadas de ahogado”. En dicha carta, Calles se lamentaba de que México se encontrara cada día más lejos de la paz que tanto urgía al país. Reprochaba tantos movimientos de huelga que ya alcanzaban seis meses y que calificaba como injustificados. Se aplicaba en defender al gobierno argumentando que los grandes capitales, al ver afectada su productividad, se verían limitados de recursos para que por conducto del primero se administrara una economía pujante.

“Defendía” y “apoyaba” (entrecomillado por el que escribe) los grandes esfuerzos del Presidente a quien por efecto de las huelgas, se le obstaculizaban las oportunidades de aprovechar los momentos que estaban a la vista en cuanto a necesidades. Con todo lo que acontecía, decía Calles que el país iba hacia atrás. Manifestaba así como un: “¡pobrecitos gobierno y presidente! Y ¡qué malos ustedes, obreros! que tanto daño le causan al Señor Presidente Cárdenas”. Arreciaba sus ataques a los que en su opinión eran los disparadores de la agitación, entre ellos a Vicente Lombardo Toledano, quienes advertía eran los responsables de la debacle del país y de la inestabilidad del gobierno. En resumen, para Calles los obreros tenían toda la culpa y además resultaban ingratos a los grandes esfuerzos del presidente Cárdenas. Terminaba calificándolos de traidores. Entre líneas se notaba la amenaza al manifestar que no se veía con tranquilidad que por intereses bastardos, se estuvieran comprometiendo los mejores momentos para la nación.

Después de las declaraciones de Calles, Cárdenas salió a la defensa de los obreros, mientras Don Plutarco continuaba atacando pero sin fuerzas suficientes como para rematar a su contrincante. Estaba a punto de caer a la lona o que sus ayudantes aventaran la toalla. Fue entonces cuando Don Lázaro se fue de lleno contra su oponente y todos los que le rodeaban. En reunión de gabinete solicitó la renuncia de los que integraban el mismo, principalmente a los miembros de la familia Callista. Uno de ellos era el hijo de Don Plutarco, Rodolfo, a la sazón Secretario de Comunicaciones. También cambió la Presidencia del Partido Revolucionario Nacional y nombró nuevos secretarios simpatizantes de la izquierda, casi en su totalidad mayoría. Días después, Plutarco Elías Calles decidió abandonar el país como exiliado voluntario, para lo cual Cárdenas puso a su disposición cualquier tipo de facilidades.

@ap_penalosa

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