CALLES SE REFUGIA EN USA

Al día siguiente, después de casi no haber dormido, Don Plutarco encendió la radio para escuchar el noticiero de la mañana. Afortunadamente estaba cerca de su baño cuando escuchó el discurso que el día anterior había pronunciado el Presidente Cárdenas. Prefirió tomar su radio portátil para con él sentarse en el excusado. Decía Don Lázaro entre otras cosas: a volar los centros de vicio y quienes los promovieron. Igual defendió el agrarismo y el reparto de tierras y bosques, antes en poder de cercanos al líder del Maximato. Luego, lo más entrelíneas, que hizo que Don Plutarco estuviera a punto de convertirse en caca y acompañar toda la que ya había soltado, escuchó que decía Don Lázaro que los que habían delinquido, serían juzgados y castigados en nuestro país para que el
pueblo tuviera la oportunidad de observarlos y reclamarles sus injusticias ¡Don Lázaro no se andaba con mamadas!

Llamó Don Plutarco a su muchacha y le ordenó: “Revolcona, prepárame todas, todas mis maletas. Que no quede ni un calcetín porque ahora sí me voy. Dame otro té de tila doble y dile a Pirulón que si preguntan por mí no estoy, que fuí a acompañar a mi tía a comprar las tortillas”. El 10 de abril de 1936, en un avión de la Fuerza Aérea, salió Calles con rumbo a Estados Unidos. Ya sentado en el avión y viendo desde la ventanilla que había traspasado la frontera mexicana, se sentó, pidió un whisky y solamente expresó: “¡fiu!” Por supuesto, ninguno de los petroleros ni ninguno de los otros magnates estuvieron a recibirlo. Tuvo que tomar un taxi a su hotel y mientras se desplazaba al mismo, terminaba otro capítulo de la historia de México.

A decir de los petroleros, sobre todo el Presidente de la Pierce Oil, todo lo que planteaba y oficializaba Cárdenas resultaría un cohete con casi nada de pólvora. Decía, como Mcdoheny, conocer muy bien a los mexicanos. Aseguraba que la reciente Ley de Expropiaciones publicada en octubre, a la larga, como la Constitución del ’17 con todo y su artículo 27, no entraría en vigencia. Argumentaba que ante las huelgas de los trabajadores y el rechazo de ellos a sus demandas, además de paralizar al país, implicarían no poder llevar alimento a sus casas. Según Pierce, los mismos obreros se voltearían más temprano que tarde contra el gobierno y terminarían por convertirse en sus aliados. No todos comulgaban con ese punto de vista. Algunos daban mucha importancia al punto en que la ley señalaba causales de calificación de “utilidad pública” y por tanto motivo de expropiación. Además la misma ley iba en contra de los monopolios que generaban riqueza sólo a unos cuantos, en detrimento de los intereses nacionales. Bastaba por lo mismo que ante una demanda popular, representada por la persona moral de los sindicatos, diera a éstos la razón y de ahí la justificación a la acción de expropiación.
@ap_penalosa

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