CARRANZA ENTRE EL TELEGRAMA ZIMMERMANN Y LOS ENREDOS “REVOLUCIONARIOS” EN EL INTERIOR DE MÉXICO

Lo primero que tranquilizó a Don Venustiano después de leer el mensaje anotado en mi artículo anterior, fue darse cuenta que olía a salchicha, chucrut, papa al horno y también a chamorro. Seguramente antes de introducirlo en el sobre, quien lo hizo lo manchó de cerveza, de esa gruesa que en Alemania en invierno se bebe caliente al igual que el vino. Cabe señalar en adición, que dada la característica de los germanos, el texto era muy escueto. Adolecía de tanta paja y exceso de palabras que para los teutones representan tiempo perdido. En aquel país la gente no se anda por las ramas, van derecho al punto, esto es: sí o no y “zubenn strügen wajan”, así como en el metrobus en México. Esto ¡vaya que me consta! Conozco más Alemania que muchos de oriundos de aquella nación en razón de tantos años de trabajar con ellos y haber sido allá en muchas ocasiones el encargado de actuar como anfitrión de representantes de empresas o instituciones gubernamentales mexicanas interesadas en entrar en negocios con el grupo Thyssen Krupp.

El 28 de julio de 1914 estremeció al mundo. El Príncipe Heredero de la Corona Imperial Austriaca, Fernando, durante un paseo en su carruaje descubierto, terminó muriendo víctima de una bomba. Ese hecho fue el disparador de una de los peores conflictos que ha sufrido u observado el mundo. Cuando uno se encuentra en Europa en épocas de frío con todo y el mejor abrigo, bufanda, sombrero y guantes además de ropa interior específica para el invierno, no se explica cómo les fue posible a los soldados y habitantes a lo largo de varios años, enmedio de enfrentamientos de trincheras a trincheras, superar los impactos físicos y traumáticos resultado de las masacres que se suscitaron y que a millones de seres humanos les costó la vida. Con petróleo la guerra se hubiera hecho menos cruenta para aquel o aquellos que lo poseyeran. Tres países figuraban en ese momento como aportadores principales de dicho hidrocarburo: Estados Unidos con su poderosa Standard Oil, los rusos y México. Inglaterra dependía básicamente del apoyo que Estados Unidos le proporcionara.

Mientras, al interior de México, un Villa enfermo de poder y enemistado con Carranza, abrigaba esperanzas de alcanzar la presidencia de la republica ¿Se imaginan lo que le hubiera costado a nuestra nación tener que prever presupuesto para tantas Primeras Damas como esposas tenía ese cuatrero, asesino, chillón marica y acomodaticio Villa? Éste último con el pretexto de aglutinar a todos los “revolucionarios”, organizó una asamblea farsante en Aguascalientes que no tenía otro objetivo que el de desconocer a Carranza como máxima autoridad. Supuso que sabiendo que Wilson no le daba el reconocimiento oficial al primero, entonces voltearía a fijar sus ojos en el Jefe de la División del Norte para que tomara las riendas del gobierno. En resumen, una vez más en México se reactivaba la que insisto en calificar de pseudo revolución. Wilson no veía en el de Durango simpatía hacia los alemanes ¡qué iba a saber! lo que por consiguiente le daba eventualmente al centauro un punto a su favor. El santo señor de la Casa Blanca seguía exhibiéndose necio por demás cauto y no terminaba por reconocer ni a Villa ni a Carranza.

Ya entonces fue cuando los petroleros en México, entre el conflicto en Europa, la especial atención de Wilson puesta más hacia aquel continente y sus indecisiones con respecto a México, decidieron tomar por propia mano el control y protección de sus instalaciones y procedieron a organizar un ejército de fuerzas blancas para que se constituyera lo que se llamaría un “Buffer State” que concentraría a todos los territorios ricos en yacimientos e inversiones de forma que quedaran protegidos de eventuales intentonas de invasión por parte de Zapatistas, Villistas o Carrancistas.

Pasarían varios meses antes de que el Telegrama Zimmermann llegara a manos del señor Carranza. Pero es importante adelantarme al hecho dado que lo que acontecería en nuestro país entre finales de 1914 y los primeros días de enero de 1917, abría a Alemania las puertas a grandes posibilidades de convertirse en el pescador más afortunado de la presa que tantos otros pretendían llevar a su red.

Se envió codificado el Secretario de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán. Incluía una propuesta al gobierno mexicano para formar una alianza contra Estados Unidos. Por razones de suerte extraña, los ingleses lograron interceptar el contenido del documento, lo que hizo entonces a Estados Unidos decidirse a entrar en guerra también no solo contra los germanos, también contra los japoneses. La estrategia alemana preveía persistir neutral ante los yanquis. Pero en caso de que dicha esperanza no de sucediera, entonces se invitaría al gobierno mexicano a aliarse con ella para atacar a sus enemigos de entre los cuales obvio figurarían los Estados Unidos. A cambio de lo antes anotado, Alemania garantizaba rescatar a favor de nuestra nación los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona, los cuales durante la estancia de Santa Anna nuestra patria había perdido en el año 1848.

Lo que anoto de ninguna manera pretende soslayar lo que pasaría en México antes de la llegada del Telegrama Zimmermann, pero a mi juicio esto último reviste mucha más trascendencia que los sucesos de 1915 y 1916 en nuestras tierras, que no eran otra cosa que pleitos de tamaleras de mercado encabezadas por Villa y Zapata involucrando a don Venustiano, mientras los petroleros seguían con su mismo objetivo: salvar sus intereses y aprovechar la conflagración para hacerse de todo un mundo de utilidades que de ella derivarían. A continuación transcribo el contenido del telegrama traducido al castellano:

“Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América. En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Echardt]. Queda usted encargado de informar al Presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros. Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.

Por razones verdaderamente circunstanciales [véase F. Martín Moreno, “México Secreto” y bibliografía que incluyo en mi manuscrito “La Patria que No Rumbo al 2012”], el Telegrama Zimmermann fue interceptado y más o menos descifrado para identificar su contenido por dos oficiales británicos del Cuerpo de Inteligencia de aquel país. Uno se llamaba Nigel de Gray y el otro William Montgomery. Dicha Unidad de Inteligencia se conocía como “Room 40” a las órdenes de un Almirante de nombre William R. Hall”.

A mí desde niño me encantaban las novelas en las que el espionaje jugaba papel preponderante. Me parecían libros muy mágicos al punto de que al leerlos, acababa al día siguiente percatándome que por lo picado que estaba, ni siquiera había hecho la tarea y lógico, mi resultado en calificaciones semanales era catastrófico. En el caso del Telegrama Zimmermann, la situación no formaba parte de una novela, sino de un hecho real que además tuvo particular repercusión en el caso de la real historia de nuestra nación. ¡Vaya papa caliente que dicho documento significaba para los británicos!

@ap_penalosa

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