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AGUSTIN DE ITURBIDE SEGÚN JOSÉ MARÍA ZUNZUNEGUI

05/11/2017

A Don Agustín de Iturbide México debe su independencia, la cual fue acordada y formalizada el 25 de septiembre del año 1821. Por la parte de España firmó Don Juan O’Donojú quien llegó a México no como virrey, sino como encargado del despacho. Por la parte de México signó Don Agustín. Todo ello acorde con los Tratados de Córdoba.

El 27 de septiembre del mismo año Iturbide y Don Vicente Guerrero arribaron triunfantes a la ciudad de México encabezando al Ejercito Trigarante.

Al día de hoy resulta irónico encontrar que no se reconozcan los grandes méritos de Don Agustín, al punto de haber sido traicionado y fusilado por un congreso constituido por una mayoría ávida de intereses personales que injustamente lo expulsó del país.

Estando desterrado en Europa Iturbide supo de la conformación de una Santa Alianza que apoyando a España pretendía recuperar a su favor a México. De ahí entonces Don Agustín decidió retornar a México a efecto de alertar y ponerse a la disposición de nuestra patria como soldado. Pero apenas pisó terreno mexicano fue detenido arbitrariamente y puesto a la disposición de un pequeño congreso situado en Tamaulipas que se negó a prestar oídos a las advertencias de Iturbide y procediendo entonces a ordenar de inmediato su ejecución.

Adjunto opinión de un historiador mexicano de nombre Juan Manuel Zunzunegui que vale la pena escuchar y que pongo a su disposición.

MÁS SOBRE JOSÉ MARÍA MORELOS Y PAVÓN

27/10/2017

Cuando la soberbia aunada a la incapacidad atrapan a los seres humanos, los seguidores que confían en ellos terminan destrozados e inermes. Eso pasó con los que confiaban en Morelos.

Termino con Morelos: éste usó a una mujer que se agregó al movimiento insurgente y que además gozaba de la esplendidez propia de las mujeres guapas y de buenas formas. Se llamó María Tomasa Estévez. Esta dama supo hacer uso de sus encantos para obtener información del enemigo. Sabía introducirse entre las tropas, lograba seducir a sus altos oficiales y proporcionaba información importante para beneficio de la insurgencia. Agustín de Iturbide la descubrió, la hizo llevar a su presencia y después de hacerse de la confesión de aquella, de inmediato procedió a ordenar su fusilamiento. Ya para ese entonces, Morelos caía en franca decadencia. Pretendió enfrentar al propio Iturbide y a Llano en Puruarán. Su propio secretario particular, Rosains, sabía en su interior lo aberrante que era la idea tomando en consideración que mientras las fuerzas rebeldes estaban en situación de total agotamiento las fuerzas realistas por lo contrario se encontraban frescas, bien abastecidas y hasta medio aburridas por falta de más acción. Don Mariano Matamoros trató de hacerle ver lo inoportuno de dicha acción. Morelos no lo quiso escuchar y terminó cediendo a su orden no obstante que el resto de sus compañeros, los Galena, los Bravo, los Rayón, le recomendaban a Don Mariano desobedecer. Además Morelos ya daba visos de miedo y de inseguridad. Se dejaba hablar al oído de aduladores idiotas que le pedían no poner en riesgo su persona y que mejor ya no saliera a combatir. Y Morelos les hacía caso y tornaba a buscar refugios.

Mariano Matamoros salió entonces a dar batalla y quizá resignado y convencido del fracaso que le esperaba. Ahí para mi Don Mariano se engrandece como personaje. Llegó finalmente a Puruarán con sus muy pocos y agotados efectivos. Al ver la zona encontró piedras que suponía le permitirían utilizarlas a manera de fortificación que protegieran a sus soldados del fuego enemigo. Cuando llegaron Iturbide y Llano al lugar y después de observar el muro con detalle, se dieron cuenta que precisamente atrás de dicho muro se encontraban pertrechados aquellos infelices. Le fue muy fácil a Iturbide echar mano de su artillería de manera que la acción de los cañones hacía que las piedras se convirtieran en una especie de esquirlas de granadas que terminaron destrozando a 600 insurgentes.

Mientras tanto, Don Mariano entre no poder controlar a los que huían y pretender escapar salvando el río, finalmente a la mitad de su trayecto fue descubierto por un realista que le dio alcance y lo detuvo, de nombre José Eusebio Rodríguez quien lo llevo ante Iturbide. En ese momento Iturbide realizó la magnitud que alcanzaba su victoria en razón de tomar nota que había atrapado al segundo de Morelos. Dio parte al virrey y todo fue fiesta para Calleja.

Cuando Morelos fue informado, seguramente su conciencia lo puso a sufrir. Dicen que lloró ¿De qué servía? Ya todo estaba perdido. Pretendió entonces a partir del envío de una carta a Calleja, proponer un intercambio de 200 prisioneros españoles, a cambio de la persona de Matamoros. Yo no estoy seguro que Calleja, aún reconociendo las cualidades de Don Mariano, hubiera cedido a la petición. Lo malo fue que cuando recibió la carta, Don Mariano Matamoros había sido fusilado hacía dos días en la Plaza de Valladolid a la edad de 44 años. Bien dado el nombre a la ciudad de Matamoros, en el estado de Tamaulipas.

Rayón terminó renunciando a proseguir del lado de Morelos, después de la derrota en Valladolid y sabiendo que los realistas se proponían alcanzar Chilpancingo. Se hizo de sus triques pretendiendo retomar su mando, pero el Congreso lo atemperó y le hizo ver la conveniencia de tomar camino rumbo a Oaxaca. Obvio, eso puso muy mal a Morelos. ¿Cómo era posible que llegara Rayón a imponerse ante los efectivos que en su momento conquistaron Oaxaca al mando de él? Se curaba en salud, le escribía a Don Andrés Quintana Roo: “¡ay pobrecito de mí, cuánto sufro, qué malos mis ex compañeros…! Afortunadamente todavía me queda Dios…”. Sí, Chucha… Espérate a ver cómo te recibe el Ser Supremo en manos de sus “representantes” ahora que te vayan a degradar como sacerdote.

Qué duro debe ser para un Director General el que a causa de su fracaso, el Consejo de Administración se conmisere y para que pueda seguir llevando centavitos a su casa, lo mande ahora a trabajar como Supervisor de Planta.

Eso le pasó a Morelos. El Congreso de Zitácuaro lo tomó solo para que le guiara, aprovechando sus conocimientos de la región en su peregrinar de judíos errantes. Llegó el momento en que el Congreso quedó a la vista de los realistas cuando por un aguacero que cayó, éstos últimos le ganaron un día de distancia en la persecución de aquellos. Finalmente los atraparon.

No quiero dejar pasar tres pasajes. Uno se refiere a aquel Doctor Cos, quien después de ver destruida su imprenta, no recuerdo si por los realistas o los Congresistas, decidió construir por sí mismo otra a base de madera para continuar así su lucha apoyando también a los insurgentes con la elaboración de todo tipo de propaganda a su favor. Acabó Cos vilipendiado por el Congreso por las críticas que éste último manifestó, lo que vino a significarle la sentencia de muerte. Un sacerdote de Uruapan de nombre Nicolás Santiago Herrera enterado de dicha sentencia salió de rodillas rumbo al Congreso seguido de personas que poco a poco formaron un buen grupo y cuando llegó ante los Congresistas con las rodillas destrozadas a pedir clemencia para Cos, se encontró con que aquellos pendejos, salvo uno, Don José María Izazaga, insistían en su determinación. Izazaga tuvo el valor de enfrentar a los ahí presentes e hizo que la sentencia se revocara y se redujera a la de prisión perpetua. El Doctor Cos fue trasladado a terribles mazmorras que alguna vez mandara construir Morelos para ahí hacer sufrir a los españoles y a cualquiera no bien visto por él. Después de muerto Morelos, el Doctor Cos logró escapar y se fue a refugiar con Rayón, quien lo recibió con todo afecto y terminó acogiéndose al indulto ofrecido por el Virrey. El Doctor Cos murió en 1819.

Otro: Don Hermenegildo Galeana. En junio de 1815 fue rodeado por los realistas cerca de Coyuca, entre los que se encontraba un ex amigo suyo de nombre Juan Olivar. Por lo mismo evitó el encuentro con él y pretendió escapar a caballo y a galope tendido. En un momento al voltear para medir la distancia de quienes lo perseguían, no se percató de la rama de un árbol que terminó por derribarlo. Cuando pretendió levantarse a pelear con su espada, un soldado de nombre Joaquín León le disparó a quemarropa y lo mató. Después con su sable le cercenó la cabeza. En la plaza del pueblo exhibieron dicha cabeza a la que la gente escupía y se burlaba de ella. Un buen realista salió a alejar a la plebe, tomó la cabeza de Tata Guildo y fue a depositarla a la capilla para que se le diera sepultura.

Uno más. Ya muy cerca los realistas de hacerse de Morelos, el Congreso que éste último guiaba decidió tomar el camino del escape. Rosains y Victoria apenas salieron a tiempo. El único que se decidió a quedarse a combatir fue Don Hermenegildo Galeana, en balde ya pues. Ya platiqué antes lo que sucedió. Cuando los realistas llegaron al campamento, se hicieron de todo lo abandonado: documentos, sellos, correspondencia, proyectos de leyes, etc. También encontraron los uniformes que Morelos alguna vez había portado, incluyendo botonaduras de oro macizo, sombreros de plumas, cuadros con su retrato, pero además encontraron baúles repletos de monedas de oro, barras de plata, vasos sagrados y custodias de mismos materiales, todas sustraídas de las iglesias a las que Morelos llegaba a rezar para dar gracias a Dios. Calleja recibió sólo una pequeña parte de lo rescatado porque en el camino como siempre muchos se repartieron el botín de manera que llegó a manos de Calleja sólo aquello que diera constancia de los hechos. Calleja mandó todo a la Corona. Los uniformes y artículos personales de Morelos permanecieron en España hasta que Don Porfirio Díaz logró rescatarlos para con ellos iniciar en México la tradición del Grito de Independencia haciendo de alguna manera homenaje a los que insisto, debemos reconocer como actores de solamente “intentonas” hasta antes de Iturbide. Morelos decía ante los tribunales que no era amigo de robar.

Morelos ya sin Galeana, fue finalmente detenido por una partida realista a la que pretendió combatir apoyándose de tres grupos comandados, uno por Don Nicolás Bravo, otro por un hombre de apellido Lobato. Morelos tomó bajo su control el tercero. Después de la embestida realista, cayó el grupo de Lobato. Todos echaron a correr. A Bravo le dio la que sería su última orden: salir adelante protegiendo a los miembros del Congreso. Se quedó entonces solo y rodeado por sus captores. Todavía trató de escapar envuelto en pánico ayudado de un asistente quien finalmente resultó ultimado. Uno de esos captores, Carranco, alguna vez había trabajado a favor de la causa de Morelos y el otro tenía por apellido Ramírez. Los Congresistas salieron a buscar refugio con Don Vicente Guerrero quien al conocer de la detención de Morelos rompió a llorar.

Twitter: @ap_penalosa

En una visita que realicé a la Facultad de Historia de la UNAM, encontré un trabajo llevado a cabo por una alumna que me pareció honesto y muy rico en información en torno a la figura de José María Morelos y Pavón. Lo transcribo tal y como lo encontré y dejo al criterio del lector el contenido:

¿CUALES FUERON LOS ERRORES, DEFECTOS O PUNTOS NEGATIVOS DEL PERSONAJE HISTÓRICO DE LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO JOSÉ MARÍA MORELOS Y PAVÓN?

La dirección del movimiento luego de la caída de Hidalgo, pasó a manos de otro sacerdote: José María Morelos y de Ignacio Rayón quienes continuaron conduciendo a las tropas insurgentes que quedaban en el Bajío. Igualmente, Morelos fue reconocido como el principal jefe de la insurrección después de que cayera Rayón en Zitácuaro.

Morelos fue designado por Hidalgo para implantar la revolución en la costa sur, el cual creó un pequeño ejército constituido como la principal amenaza para los realistas hasta 1815. Éste avanzó más al clarificar los objetivos sociales y políticos de la rebelión que habían quedado vagos en Hidalgo. Su programa consistía en la independencia (declarada en 1813), en un sistema de gobierno parlamentario y en una serie de reformas sociales que incluía la abolición del tributo, de la esclavitud, del sistema de castas y de las barreras legales que impedían el ascenso de la gente de nivel social más bajo, así como en la introducción de un impuesto sobre los ingresos.

Al ser el más nacionalista de los rebeldes, no aceptó mantener la lealtad a la soberanía del rey y alzó el símbolo de la Virgen de Guadalupe como un contenido patriótico más profundo. Además de todo esto, fue partidario de distribuir las tierras entre los que trabajaban. En un documento aparece haciendo un llamamiento para que se confiscaran y redistribuyeran todas las propiedades pertenecientes a sus enemigos, “los ricos”. Igualmente, moderó su revolución social al proclamar la primacía absoluta de la Iglesia Católica y su derecho a cobrar los diezmos, expresando su respeto por la propiedad privada. En realidad lo que pretendía con estos manifiestos más moderados, era contar abiertamente con el apoyo de los criollos, pero al igual que Hidalgo, no lo obtuvo.

En 1812 Morelos capturó la ciudad sureña de Oaxaca con lo que obtuvo el control de gran parte del sur, llegando a la cumbre de su poder. En 1813 tomó Acapulco, lo cual no sirvió de mucho. Luego de salir de allí, organizó un congreso en Chilpancingo, el cual empezó a sesionar en el mismo año confiriéndole a Morelos el poder ejecutivo

La verdadera tarea del congreso fue establecer algún tipo de gobierno formal para poder solicitar el reconocimiento de los gobiernos extranjeros. El 6 de noviembre de 1813 proclamó la independencia, y después de ella el poder militar de Morelos declinó rápidamente en 1814. Rayón no aceptó la autoridad suprema de Morelos, en enero el congreso fue obligado a abandonar Chilpancingo convirtiéndose en itinerante. Así Morelos entregó el poder ejecutivo al congreso perdiendo también el mando militar.

En el verano de 1814 el congreso se instaló en Apatzingán proclamándose una constitución formal (influenciado por Carlos María Bustamante, Andrés Quintana Roo e Ignacio Rayón) con la intención de ganarse el apoyo de los elementos liberales de México al haberse producido la restauración absolutista en España. Esta constitución fue una reacción contra el mandato único de Morelos en tanto creó un ejecutivo tricéfalo y prohibió que cualquier funcionario gubernamental ostentara algún cargo militar. Igualmente, no obtuvo el resultado deseado porque los rebeldes no tenían suficiente acceso a la prensa para difundirla, pero sí se convirtió en un arma para la propaganda realista que la mencionaba condenándola.

El congreso insurgente pasó la mayor parte de 1815 huyendo de un lugar a otro para escapar de las fuerzas realistas y su seguridad fue cada vez más incierta. En ese mismo año, Morelos fue fusilado.

Escribió: Vicky Novas.

MORELOS VOLUBLE Y SANGUINARIO

17/10/2017

Invito a quienes se identifican con Morelos a ser cautos. Lean de historiadores veraces y honestos. Morelos forma parte del devenir vergonzante de México.

Me irrita muchísimo encontrar que Morelos a la hora de la hora cuando le hicieron “¡bú!” y se asustó, recogió sus canicas y se fue con el “ya no juego” para luego terminar ofreciendo delatar, repito DELATAR a sus compañeros insurgentes que tanto le apoyaron poniendo en riesgo su vida convencidos de que en La Nueva España con Morelos al frente se daba la mejor opción. Me pregunto si en aquellas épocas yo hubiera sido originario de Cuautla y después de conocer todo lo que fue a vomitar Morelos por salvarse cómo me hubiera sentido.

Personajes en mi opinión que merecen pasar a los archivos del México digno y orgulloso de sus protagonistas fueron los Bravo. Don Leonardo Bravo, padre de Nicolás, fue aprehendido en una hacienda llamada San Gabriel, después del sitio de Cuautla, y fue trasladado a la ciudad de México de manera degradante. Venegas y Calleja estaban ensañados contra todo lo que significara insurgencia y en el caso de Calleja influía además el hecho de saber su ego hecho trizas después de la experiencia sufrida en el sitio de Cuautla.

En resumen, a Don Leonardo lo exhibieron ante la chusma en andrajos invitándola a que participara en una especie de circo en el cual los paseantes identificaban a Bravo como una especie de hiena por la cual manifestaban asco y menosprecio. Población de la ciudad de México ignorante de la realidad más allá de la capital y deseosa de la diversión dominguera a como fuera.

Mientras tanto, Nicolás con todo su dolor pero además con pundonor, seguía cumpliendo con su deber y en esos días enfrentó a un realista llamado Juan Labaqui con quien se encontró para combatirlo en Tehuacán, Puebla. De esa batalla ganada por Nicolás y sus efectivos quedaron presos trescientos realistas, situación que hizo del conocimiento de Morelos. Éste mientras tanto, enterado de la aprehensión de Don Leonardo, propuso al Virrey y a Calleja la posibilidad de canjear a los 300 hombres a cambio de la vida de Don Leonardo. El Virrey mientras tanto había sido razonable al proponer a los Bravo acogerse al indulto para salvar la vida de Don Leonardo. Tampoco entiendo la negativa de esos dos personajes para acceder a la propuesta de Morelos. Hasta hace un tiempo relativamente corto, aprendí que la gente que amenaza, injuria, agrede, menosprecia, es precisamente la que en su interior guarda un miedo incontrolable. Eso quizá explique la reacción de Calleja y Venegas. Creo que ya a esas alturas estaban sumidos en el pánico y no era para menos. Ante la negativa anotada, finalmente se sentenció a Don Leonardo a la pena de muerte, brutal por cierto porque sería bajo la modalidad del “garrote vil”, lo que implicaba colocar en el ajusticiado en el cuello, una rosca de acero que en la medida que se iba cerrando asfixiaba a la persona hasta el punto de la muerte destrozándole la cervical.

Yo no imagino ni acepto que Morelos, si bien involucrado en acciones aparentemente nobles a favor de nuestra Independencia y que necesariamente conllevarían tristemente muertes, al mismo tiempo usara el púlpito para oficiar misa y después de leído el Evangelio promoviera el fanatismo de los asistentes para salir a favor de la causa pero de manera violenta e irracional.

Morelos manipulaba valiéndose de su carácter sacerdotal, pero cada vez más invadido del odio de aquellos que por su radicalidad caen en el abismo de la soberbia. Empezó a dar muestras de un desquiciamiento al punto de no entender que la opresión no se combate con opresión. La opresión como lo hizo Iturbide se combate con diálogo, con razonamientos. El hecho es que Morelos ante la negativa de Venegas y Calleja, ordenó la ejecución de los 300 realistas referidos. Es decir, que el mismo que pretendía a la hora de la misa en el acto de la consagración del vino y agua a convertir en sangre de Cristo, buscaba al mismo tiempo la sangre de 300 seres humanos.

Don Nicolás aún con todo y su dolor desoyó a Morelos, convocó a los presos y les perdonó la vida, misma que representaba la salvación de 300 familias que hubieran quedado sobre todo en las circunstancias de nuestro país de aquella época, desprotegidas y marcadas por un entorno cruel hasta el punto de una locura derivada de un ambiente de gran pánico y fanatismo.

Con ese episodio empezó a caer del pedestal lo que ante mis ojos la historia oficial dice de Morelos. Los mismos perdonados no daban crédito a la actitud de Nicolás y llenos de agradecimiento y conscientes de la presencia de un hombre noble y bueno, terminaron por adherirse a la causa insurgente, valorando la honestidad y generoso corazón del hijo que sabía que su padre estaba cerca de morir.

Igual que Hidalgo, Morelos fue paulatinamente dando muestras de una agresividad desproporcionada, también iniciaba un camino al mesianismo. Muchas cosas habrían de suceder muy parecidas a los crímenes perpetuados por Hidalgo haciendo uso de la chusma y los símbolos religiosos.

La historia oficial se ha encargado de exhibir a personajes que en su momento iban bien pero que luego perdieron la cualidad de la sensibilidad frente a algo que se llama congéneres, sean españoles, mexicanos, negros, chinos o lo que sea ¿Por qué Morelos al decir ante los tribunales que las circunstancias no previstas lo habían llevado finalmente a entender que no le quedaba otro camino que el asesinato? ¿Por qué ante el terror a morir se dijo dispuesto a pedir perdón al Rey y en ese momento no tuvo la capacidad de recordar que de todos los convencidos de ir con la causa de la Independencia, muchos de ellos habían sacrificado su propia vida, entre ellos personas como Don Leonardo que creyó en él?

Sigo con Nicolás Bravo. En otra ocasión enfrentó una partida de aproximadamente mil personas, casi todas ellas negros. Igual Morelos ordenó matarlos a todos argumentando con menosprecio que las mismas en la medida que se agrupaban a favor de los realistas, estorbaban a la continuidad de la causa. Así como hasta que llegó Luther King a luchar a favor de la gente de su mismo origen, Morelos representaba a una generación racista sin recordar que cuando se veía al espejo encontraba que güerito no era. Sus labios lo delataban y era hombre chaparro y prieto. Nuevamente Nicolás Bravo les perdonó y una vez más Morelos enfurecido, reprochó a Bravo su falta de disciplina.

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CARTA DE VICTOR HUGO A JUÁREZ PIDIENDO POR LA VIDA DE MAXIMILIANO. 20 DE JUNIO DE 1867

12/10/2017

Esta carta la envía Víctor Hugo a Benito Juárez, tratando de convencerlo le perdone la vida, sin embargo cuando la escribió Maximiliano ya había sido fusilado.

Traducción del documento:

Al Presidente de la República Mexicana:

Juárez, vos habéis igualado a John Brown. La América actual tiene dos héroes, John Brown y vos, John Brown,por quien ha muerto la esclavitud; vos por quien ha vencido la libertad.

México se ha salvado por un principio y por un hombre. El principio es la República; el hombre sois vos.

Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos es terminar en el aborto. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro.

Europa, en 1863, se arrojó sobre América. Dos Monarquías atacaron vuestra democracia: la una con un Príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa. que tenia por punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como el mismo en la tierra; que tenía para respaldarlo todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazos sin cesar; bien comandado victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente fanático de su bandera; que poseía en profusión caballos, artillería, provisiones, municiones . formidables. Del otro lado, Juárez.

Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre, con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por Generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones. Los matorrales por ciudades. Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándosele bandido.

La usurpación con el casco en la cabeza y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza. El derecho solo y desnudo. Vos, el derecho, habéis aceptado el combate.

La batalla de uno, contra todos, ha durado cinco años. Falto de hombres, habéis tomado por proyectiles las cosas. El clima terrible os ha socorrido; habéis tenido por auxiliar a vuestro sol. Habéis tenido por defensores a los pantanos infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, las marismas plenas de fiebre, las vegetaciones tupidas, el vómito negro de las tierras calientes, los desiertos salados, los grandes arenales sin agua y sin hierbas, donde los caballos mueren de sed y hambre; la grande y severa meseta del Anáhuac que, como la de Castilla, se defiende por su desnudez; las barrancas siempre conmovidas por los temblores de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado de Toluca. Habéis llamado en vuestro auxilio a vuestras barreras naturales: lo escabroso de las cordilleras, los altos diques basálticos y las colosales rocas de pórfido. Habéis hecho la guerra del gigante y vuestros proyectiles han sido las montañas.

Y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. Nada de Monarquía. nada de ejércitos; nada más que la inconformidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento. un hombre de pie. Juárez y al lado de ese hombre, la libertad.

Vos habéis hecho todo esto, Juárez, y es grande; pero lo que os resta por hacer es más grande todavía.

Escuchad, ciudadano Presidente de la República Mexicana:

Acabáis de abatir las Monarquías con la democracia. Les habéis demostrado su poder, ahora mostrad su belleza. Después del rayo mostrad la aurora. Al cesarismo que masacra, oponed la República que deja vivir. A las Monarquías que usurpan y exterminan, oponed al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros, mostrad la civilización. A los déspotas, mostrad los principios.

Humillad a los Reyes frente al pueblo, deslumbrándolos. Vencedlos, sobre todo, por la piedad.

Protegiendo al enemigo se afirman los principios. La grandeza de los principios consiste en ignorar al enemigo. Los hombres no tienen nombre frente a los principios; los hombres son el Hombre. Los principios no conocen más allá de sí mismos. El hombre en su estupidez augusta no sabe más que esto: la vida humana es inviolable…

¡Oh venerable imparcialidad de la verdad! ¡Qué bello es el derecho sin discernimiento, ocupado sólo en ser el derecho!

Precisamente delante de los que han merecido legalmente la muerte; es donde debe abjurarse de las vías de hecho. La grandiosa destrucción del cadalso debe hacerse delante de los culpables.

Que el violador de los principios sea salvaguardado por un principio. Que tenga esta dicha y esta vergüenza. Que el perseguidor del derecho sea protegido por el derecho. Despojándolo de la falsa inviolabilidad, la inviolabilidad real. lo ponéis delante de la verdadera inviolabilidad humana. Que se quede asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquel por el cual no es Emperador. Que este Príncipe que no sabia que era un hombre, sepa que hay en él una miseria, el Rey; y una Majestad, el hombre.

Jamás se os ha presentado una ocasión más relevante. ¿Osarían golpear a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y salvo? Uno ha querido matar a un Rey; el otro ha querido matar a una Nación.

Juárez, haced que la civilización dé este paso inmenso. Juárez, abolid sobre toda la tierra la Pena de muerte. ue el mundo vea esta cosa prodigiosa: la República tiene en su poder a su asesino, un Emperador; en el momento de aniquilado, descubre que es un hombre, lo deja en libertad y le dice: Eres del pueblo como los otros. !Vete¡

Esta será, Juárez, vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es soberbia. La segunda. perdonar al usurpador será sublime.

¡Sí. a estos Príncipes. cuyas prisiones están repletas; cuyos patíbulos están corroídos de asesinatos; a esos Príncipes de cadalsos, de exilios, de presidios, y de Siberias; a esos que tienen Polonia, a esos que tienen Irlanda, a los que tienen La Habana, a los que tienen a Creta; a estos Príncipes a quienes obedecen los jueces, a estos jueces a quienes obedecen los verdugos, a esos verdugos obedecidos por la muerte, a esos Emperadores que tan fácilmente cortan la cabeza de un hombre, mostradles cómo se perdona la cabeza de un Emperador!

Sobre todos los códigos monárquicos de donde manan las gotas de sangre, abrid la ley de la luz y, en medio de la más santa página del libro supremo, que se vea el dedo de la República señalando esta orden de Dios: Tú ya no matarás.

Estas cuatro palabras son el deber. Vos cumpliréis con ese deber.

¡El usurpador será salvado y el libertador ya no pudo serlo! Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, sin más derecho que el que tiene cualquiera hombre, he tomado la palabra en nombre de la democracia y he pedido a los Estados Unidos la vida de John Brown. No la obtuve. Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La obtendré?

Sí y quizá, a esta hora esté ya concedida. Maximiliano deberá la vida a Juárez.

¿Y el castigo?, preguntarán.

El castigo, helo aquí: Maximiliano. vivirá “por la gracia de la República”.

Hauteville House. 20 de junio de 1867

Tampoco “Santo” Don Porfirio

01/10/2017

Cuando hablo de historiadores e “historiadores” a los últimos los califico de viscerales y mentirosos. Yo admiro a Don Porfirio pero debo ser justo y veraz respecto a su persona

A mí en lo personal me costó mucho trabajo en mi intención de ser equilibrado y colocarme en un justo medio cuando me referí a Juárez. Por más que me esforzaba en encontrar cualidades que justificaran el por qué de la idolatría del pueblo de México a dicho personaje, por lo contrario, en la medida que avanzaba en mi investigación más terminaba yo enojándome. A Juárez lo encontré a mi gusto intransigente, traidor, necio y ambicioso. Pero al sistema que ha pretendido imponerlo con todos sus títulos de “prócer”, “Benemérito”, etc., a ese sí francamente lo califico de deleznable y mentiroso. Por el contrario, en el caso de Don Porfirio en general y con todo y sus asegunes, me parece encontrar a un ser humano con muchas imperfecciones pero finalmente brillante en nuestra historia . Sería estúpido de mi parte resaltar solo lo bueno de él haciendo caso omiso a esos enormes defectos y crueldades que también en su momento lo caracterizaron.

Ejemplo de esto último está en cómo fue la relación de Díaz con el General Manuel González, su compadre y luego presidente también. Éste último nació con la vocación militar, punto. No había más que esperar de dicho personaje. Lo hizo muy bien. Primero fue conservador pero después de darse la Intervención por parte de los franceses, de inmediato cambió al partido liberal y fue entonces cuando se encontró por vez primera con Don Porfirio. Fue Don Manuel el último peldaño que llevó al triunfo a Don Porfirio cuando con sus apoyadores indígenas no se daba abasto hasta en tanto no llegó González con sus tropas de caballería a poner a los federales en estado de total derrota. Era un hombre ya en el retiro que acumulaba fortuna. No sé de su procedencia. Lo que sí es cierto es que era propietario de la hacienda de Chapingo, enorme lugar en el cual después se ubicara la Escuela Nacional de Agricultura que pasó a ser de una institución militar a otra pero ahora civil, autónoma y bien reconocida con todo y alguno que otro lechuguero que sé que me está leyendo.

A Don Manuel le encantaban las mujeres, lo cual a mi juicio lo enaltece. Era ávido en su afán de conquistarlas y vaya que lo hacía bien. Primero por mojigaterías y después por razones políticas se le satanizó. No lo dejaban de calificar de promiscuo, farsante, mujeriego, jugador, sobre todo los persignados que dolidos con ellos mismos, tenían que acercarse del brazo de su esposa todas las tardes al rosario mientras Don Manuel se encontraba en sabrosas tertulias con damiselas que le alegraban su compañía. Pero bueno, en resumen, el General González terminó actuando como “hombre de paja” de Don Porfirio. Los que no eran del Club de “los rosaristas” en lugar de ir a la iglesia a la seis de la tarde con la esposa, se reunían para ver de qué manera obstaculizaban la pretensión de Don Porfirio de manera de imponer a quien sería su extensión en el poder. Hasta se formó un partido llamado de los “burocráticos” que insistían en apoyar a un señor Benítez quien sufría su soledad y su miseria en Europa pero que con lo poco que le quedaba, desde allá azuzaba en contra de Díaz.

Éste último y por eso también hablaré de sus excesos, un día recibió noticias de su Policía Secreta desde Veracruz que le hacían ver de los intentos de gente de muy altos niveles que estaba conspirando en contra de sus intenciones. Entonces Díaz cauteloso y desconfiado como era, hizo que en el puerto agentes suyos se colaran entre los diversos grupos sospechosos y sí, le confirmaron con pelos y señales qué decían y qué pretendían hacer. Creo que en Veracruz surgió la frase aquella de “mátalos en caliente” porque a resultas de todo lo anotado, Don Porfirio tomó de inmediato contacto con el gobernador de Veracruz, su incondicional Don Luis Mier y Terán, originario de Guanajuato y con quien alguna vez al alcanzar Oaxaca, terminó estrechando profunda amistad.

El 23 de junio de 1879 Díaz ya sabía quiénes eran los implicados en la pretendisa asonada y ordenó a Don Luis que los hiciera detener. Al conocer la lista Mier y Terán se quedó helado. Se percató que incluía nombres de personajes bien avecindados y sujetos de todo respeto. Se hizo un poco el desentendido esperando dar tiempo a favor de aquellos infelices, pero ya para el 24 de junio el movimiento estalló y con ello Don Porfirio se enteró que Mier y Terán no había cumplido con sus instrucciones. Entonces a Don Porfirio le entró lo “Díaz” y fue cuando se afirma que se aplicó aquella frase anotada. Se dice que el número de sacrificados sumó 25 personas.

Muy triste resultó el final de Don Luis Mier y Terán. Yo tuve el gusto de conocer a una alumna mía hace muchos años en la UNAM, quien me platicaba que Mier y Terán, su tío bisabuelo, había muerto en total estado de demencia por remordimientos. Aparentemente la razón de su desquiciamiento derivó de la angustia existencial que precedió al sacrificio de las personas que se vio obligado a ejecutar. También Catón habla de un pasaje por demás dramático cuando hace alusión a la madre de una criatura quien se fue a poner a la puerta de la casa de Don Luis. Cuando apareció, la señora le expresó a su hijo: “mira, este es el asesino que mató a tu padre…”.

Twitter: @ap_penalosa

LA MESURA DE DON PORFIRIO PARA EVITAR NUEVA DEBACLE

30/09/2017

La historia oficial de México no da cuenta que próximo a morir Juárez, éste se empeñaba continuar en el poder a costa de lo que fuera. Sus más allegados terminaron abandonándolo.

Grandes esfuerzos tenía que hacer Don Porfirio por no hacerse presa del canto de la sirenas que le invitaban y hasta le exigían tomar las armas para por la fuerza someter al que ya se le daba el sobrenombre de “Tirano”. Díaz prefería esperar. Deseaba que la fiesta marchara en tranquilidad, cosa que ya como presidente logró, lo que le valió el reconocimiento como “Presidente de la Paz”.

Con el general Negrete, ante lo crítico y desesperado de la situación y con la capacidad de convocatoria que su personalidad, decoro y prestigio representaba, México pudo estar a punto de una asonada que bien hubiera podido llevar al país a una nueva revuelta civil. Admiraba y respetaba a Díaz, confiaba en él dada la confianza y lealtad que Don Porfirio hacía sentir a la mayoría del pueblo. Negrete conminó a Díaz a unir fuerzas para provocar el desplome de Juárez.
Una vez más Don Porfirio se mostró cauto y convenció a Negrete de esperar. Le recordaba que Juárez además de contar con el apoyo de un congreso coludido y comprado, contaba con fuerzas derivadas de tanto armamento moderno que en su oportunidad había recibido de Estados Unidos.

Don Porfirio ya no quería saber de más masacres. Sabía que más temprano que tarde las cosas caerían por su propio peso. Ya Juárez mostraba gran desgaste. Había sufrido un derrame cerebral del que logró salir airoso, pero ya sólo le quedaba muy poco más de vida frente a un tiempo que le hubiera sumado 19 años en la presidencia. Todavía cosas muy fuertes estaban por suscitarse mientras Juárez se aferraba al poder y mientras, solo en su despacho ideando maquinaciones nuevas con Lerdo, tenía que aceptar que ya sus amigos Altamirano, el Nigromante, Riva Palacio, Zamacona, León Guzmán, Méndez, etc., habían decidido alejarse de él. Igual los gobiernos extranjeros se mostraban cautelosos. En Washington había temor de que en México se diera una nueva revuelta.

Los signos de salud de Don Benito denotaban agotamiento. Ese aviso que fue la afectación cerebral que venturosamente superó, hacían pensar a Lerdo y a Don Porfirio que Juárez renunciaría a un nuevo intento de reelección pero se equivocaban. Lerdo en el fondo, hipócrita e intrigante, se frotaba las manos. Era frío, calculador y así como que cada día iba marcando rayas en sus cuadernos hasta sumar cuatro para luego cruzarlas con una diagonal quinta.

Es impresionante el resultado de la reflexión cuando nos damos cuenta lo cruenta que había venido siendo la realidad de nuestro país en términos de tantos años acumulados, caracterizados por guerras civiles y asonadas promovidas principalmente por la avidez de los intervencionistas.

No obstante que ya todo aquello había pasado, ahora México a partir de 1867 sufría un nuevo cáncer producto de la ambición y la falta de lealtad a las leyes de su propio país por parte de Don Benito, quien después de haber sido testigo de los horrores de las guerras, en su afán de eternizarse en el poder, se mostraba insensible a un pueblo que clamaba por la paz.

Ya a partir de agosto de 1869 los avisperos empezaban a mostrar gran nerviosismo y disposición de ataque. ¿Se le puede calificar de “héroe” a quien además de ser necio no toma en cuenta que dicho defecto pone en riesgo la vida de las personas? En mi vida a muchos necios les he advertido: “tu necedad va a terminar acabandote” y siempre, siempre eso ha terminado sucediendo. ¿Por qué Juárez no se fue a su casa a disfrutar a su familia, a leer, a escribir, a recibir a tantos que le habrían mostrado su cariño, respeto y admiración? ¿Qué pasaba en su interior? ¿ a qué tenía terror o de quién huía para refugiarse en la soledad propia de un presidente detestado? ¿Era inconsciente al punto de no darse cuenta que su retiro oportuno le daría por premio la gloria? ¿No es verdad que Juárez es buen ejemplo de la enfermedad del poder? Hubiera sido buena idea después de su muerte, una autopsia para estudiar el cerebro de un ser humano muerto por dicha dolencia. No me explico cómo pudo ser posible que hiciera caso omiso ese señor de lo que ocurría a su alrededor y que por su estúpida necedad siguiera poniendo a México en la orilla.

Tres millones de pesos fue el botín que varios desesperados obtuvieron para organizar una acción de lucha para derrocarlo. Los involucrados al ser descubiertos terminaron en el paredón. En Morelia y en Toluca se sucedieron movimientos en franca rebeldía que reclamaban la urgente reinstauración de la Constitución. Juárez contestaba: “no” pero además imponía estados de sitio y suspensión de las garantías individuales.

Finalmente Negrete decidió levantarse en armas en Puebla, aún sin contar con el apoyo de Díaz y amenazó que en caso de hacerse de Juárez lo fusilaría. En San Luis Potosí, un levantamiento hizo renunciar a quien fuera gobernador juarista para sucederlo un simpatizante de Don Porfirio de nombre Antonio Aguirre, quien de inmediato desconoció al Gobierno Federal en razón una vez más de haberse suspendido la vigencia de la Constitución de la República. En Zacatecas el Congreso desconoció a Juárez y promovió a Don Jesús González Ortega como presidente. Juárez entonces nuevamente se hizo de nuevas “facultades extraordinarias” para evitar dicha acción. Por supuesto sus compinches del Congreso se las otorgaron. Pinches mentiras que ocultan la verdad cuando ignorantes de la historia o indignos charlatanes escriben guiones para llevar a la televisión por instrucciones de quién sabe quién, novelas como El Carruaje. Igual pendejos nosotros cuando por no mejor utilizar el tiempo para leer, nos entregamos al manejo de las pantallas para sentirnos obligados a adorar a “héroes” a efecto de conmemorar el Bicentenario y el Centenario de las mentiras nacionales. ¿Juárez héroe? ¿de dónde, cómo?¿oportunista, hipócrita y descendiente de Santa Anna? Eso por supuesto.

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