Catorrazos en el Jardìn Hidalgo de Coyoacàn

Muy de mañana salí con mi perro Góngolo a caminar un rato por Coyoacán. Al pasar frente a la estatua del Cura Hidalgo observé a éste último hacerse de palabrotas con un fraile franciscano de la Iglesia de San Juan Bautista.

“Adios pinche marica pederasta” vomitó Hidalgo sobre aquel humilde fraile. Éste furioso le contestó “¿y tú qué sacerdote de mierda, engreído. Ahí te tienen paradote y muy festejado porque la Historia de México no te exhibe tal como fuiste”. Cuando dos policías se percataron de la bronca y viendo que se acumulaban los curiosos, mi mascota me recomendó que mejor siguiéramos el camino rumbo a Francisco Sosa para evitar que saliéramos de alguna manera con un chipote o una nariz retorcida. Pero le dije: “no, no le saques, vamos a ver que tanto escupen estos. Mira va a resultar una buena clase. Ya la tamalera se había acercado a ofrecer sus riquísimos productos con atole de arroz y bueno, a entrarle y pues ¡cómo no! De pronto ¡que se baja Hidalgo convertido en  carne y hueso! , toma un palo y trata de darle en la cabezota a su contrincante. “Ave María  Purísima” contestó el franciscano  mientras de entre su sotana sacaba un Cristo diciendo “cruz, cruz, que se vaya el diablo y venga el Niño Jesús”. “¡Qué cruz ni que chingaos! ¿dónde tienes una imagen de la Guadalupana, reverendo mequetrefe?”  “Ni maíz paloma, esa si no te la presto. Capaz que con ella vuelves a arrastrar a todos los pobrecitos que la adoran, te siguen y se repiten las masacres que ya en tus épocas cometiste”. Se rascó la cabeza Don Miguel, jaló a su colega a solas y le pidió “shh, shh, eso no lo digas porque entonces me linchan y me convierten en hierro fundido. “¿Ah verdad? Ahora sí muy buenito ¿no? Mira, la neta. Lo que pasa es que la Historia de México habla bien de ti y nosotros también porque nos conviene. México ya no tiene héroes pero está urgido de ellos. Mejor disfrazamos las cosas, engañamos a tantos pobrecitos ignorantes y así los seguimos teniendo hundidos en el fanatismo. La EDUCACIÓN no conviene a los gobiernos ni a la Iglesia”. Hidalgo entonces, tomó del brazo al franciscano, se acercaron a la tamalera y bien que disfrutaron unos oaxaqueños verdes y de mole. El “cura moderno” continuó su camino a proporcionar “Santos Óleos” a cambio de una feria, mientras Hidalgo regresaba a su pedestal para mostrarse gallardo e impresionante. Góngolo me dijo al final: “¿Ya ves baboso? Siempre lo mismo”.

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