CÓMO TODOS LOS DÍAS SE APRENDE

Cuando caemos en lo pasional o en la soberbia, dejamos de dar oportunidad a nuestro espíritu a escuchar. Eso no es bueno.

En muchas ocasiones, cuando los seres humanos caen en el enfrentamiento, quedan momentáneamente sordos y no hay manera de entregarse a la reflexión. Ya luego, cuando las aguas alcanzan nuevamente su nivel, éstas invitan a penetrarlas para luego de haber desaparecido la turbiedad, las cosas se vean más claras. Sus movimientos dejan de ser turbulentos, las corrientes ya no jalan y hasta la temperatura se hace tibia, agradable a manera de bálsamo. Es entonces cuando se repara en lo que ha estado bien y en lo que por el contrario ha resultado hasta dañino. Llegan con ello los arrepentimientos, las lágrimas, el sentimiento de soledad y además las culpas. Son momentos muy difíciles pero aleccionadores.

Yo insisto mucho ahora en la falta de humildad, porque debo de reconocer que por mi soberbia he terminado quizá sin ser mi intención, dañándome mucho a mí mismo y a seres que me han amado y han creído en mí. De manera que es una experiencia que deseo compartir de todo corazón con cualquiera que ahora me lea, para alertarlos y que tomen nota.

En alguna otra publicación hablé del ego y lo califiqué de maldito. Creo no haber estado equivocado en razón de que me dejé dominar por él en lugar de saber administrarlo yo para luego ubicarlo en el “justo medio”. El ego es un poco como el alcohol, de pronto nos ofrece grandes satisfacciones pero a cambio de cobrar después, muy, pero muy caro.

Seamos muy cuidadosos y prudentes. Antes de hablar dominados por la soberbia, mejor refugiémonos en DIOS, en nuestro corazón y sobre todo en el de la contraparte.

@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

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