CON ADOLFO DE LA HUERTA YA NO HUBO REVOLUCIÓN

Villa mostró su disposición a deponer las armas a cambio de que el Ejecutivo se comprometiera a cederle en propiedad y con los requisitos legales la hacienda denominada El Canutillo ubicada en el estado de Durango. También se le asignaría una escolta de 50 elementos de toda su confianza y que vendrían a depender de la Secretaría de Guerra y Marina. El resto de la gente que formaba parte de la famosa “División del Norte”, sería indemnizada con el pago correspondiente a un año de haberes. Por último, si dichos miembros en lugar de aceptar el pago anotado preferían continuar en las Fuerzas Armadas, serían bienvenidos. Este acuerdo molestó de sobremanera a Obregón. Consideraba que Villa había sido el responsable de la expedición Pershing y bueno, tuvo que aguantar. También De la Huerta terminó perdonándole la vida a Félix Díaz quien aceptó el exilio voluntario. Con eso suponía De la Huerta, se cerraría la pinza que terminara apretando a las dos placas entre las que quedara fijada la paz.

En el plano internacional, De la Huerta ratificó la no retroactividad de la Constitución a los inversionistas extranjeros y reconoció sus derechos adquiridos hasta antes de mayo del ‘17. Mientras, en Estados Unidos las cosas también estaban por cambiar en razón de la próxima salida de Woodrow Wilson quien además de su impopularidad, era víctima de cansancio y enfermedad que por lo mismo lo alejaban de la posibilidad de contender por su reelección. Se adivinaba que su sucesor sería un republicano, lo cual alentaba a los grandes petroleros y mientras aparecía, hacían un compás de espera suponiendo que el nominado sería Harding en mancuerna con Albert Fall, este último casi podría decirse empleado de Mcdoheny. A la par de a Harding, otro petrolero poderoso le apostaba de apellido Sinclair, aportando enormes sumas de dinero que estaba seguro le garantizarían el apoyo del nuevo gobierno a favor de su principal pretensión: hacer que México diera marcha atrás con la Constitución del ‘17, particularmente en lo referente al artículo 27, el cual por cierto el presidente De la Huerta hacía que se mantuviera vigente en lo concerniente al pago de regalías, impuestos y la aplicación de los reglamentos del mismo.

Adolfo de la Huerta “Fito” como le llamaban, incluyó en su gabinete a Constitucionalistas distinguidos y también a Plutarco Elías Calles como su Secretario de Guerra y Marina. Creo que el primero fue un hombre honesto y de muy buenas intenciones, pero repito, su tránsito fue muy corto y su responsabilidad principal fue dejarle preparado el trono a Obregón. Si hablamos respecto a cuándo oficialmente concluyó la Revolución Mexicana, creo que surgirán distintos puntos de vista. Yo, repito, creo que concluyó con la muerte de Carranza y quedó entonces un espacio vacío hasta que arribó a ocupar el poder el Presidente Cárdenas.

@ap_penalosa

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