Don Lázaro Cárdenas del Río y el nacimiento de un México moderno

Álvaro Obregón y Calles hicieron magnífica mancuerna. Tenían muy bien planeada aquella jugada que permitiera a Obregón regresar al poder de manera que con la ayuda de Calles la Constitución diera paso a la reelección del primero. De hecho, Obregón mandaba sobre Calles y supo usarlo a su antojo para que le asegurara su regreso a ocupar la silla Presidencial. Como pasa en todos los casos, Calles como ser humano mexicano, de pronto a su interior se empezó a hacer “retobón” e “igualado” y con la molestia de la urticaria de la que también fue víctima, llegó a imaginar la conveniencia de hacer a un lado a su buen amigo y coterráneo para así pasar a constituirse en el nuevo amo.

Contaba con todo el apoyo de los norteamericanos, ya hasta había roto el turrón con Morrow y salían a ratos a los jardines de la casa presidencial a jugar a las canicas. Sin embargo Calles muchas veces no llegaba al hoyito, simple y sencillamente porque sabía que Obregón se la había ganado con la modificación de la Constitución para sucederlo. A los norteamericanos no les resultaba grato que su gran “aliado” se retirara. Había dado grandes resultados: El problema petrolero se había zanjado, el artículo 123 lo manejaban a su antojo dándole a los mexicanos, obreros o campesinos, atole con el dedo para mantenerlos tranquilos, sobre todo en materia de repartición agraria, pero salvaguardando todo aquello que resultaba prioritario a los intereses yanquis.

Ya el Clero estaba controlado. La Revolución Cristera había concluido, aunque por ahí quedó uno en el activo. En una ocasión, camino a una corrida de toros, se dio un atentado contra Obregón del cual resultó ileso. Ya era Presidente electo y se preparaba a reasumir el poder ahora para seis años y bueno, Calles así como que no se resignaba. Al decir que de la Revolución Cristera quedó uno en el activo, me refiero al acontecimiento del cual Obregón no se salvó y que significó su muerte. A mí no me queda duda de que Calles planeara la ejecución de Obregón y estoy seguro también que para eso se valió de la Iglesia. Así como los “idiotas útiles” que menciona Marx como factores para el triunfo de los movimientos comunistas, también la Iglesia contaba en sus almacenes con un buen número de fanáticos para como los musulmanes, ofrendar su vida a cambio de arribar al cielo para sentarse en la mesa del Señor.
@ap_penalosa

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