El hartazgo ante la “libertad de prensa” y asesinatos de periodistas

Cuando vivimos etapas de tensiones no sentimos la fatiga, la adrenalina la domina. Una vez resueltos los problemas o alcanzados los objetivos, el cuerpo nos urge al descanso. Pero si lo buscado no se logró o duró solo un momento, nuestra mente y corazón no superan las angustias.

Ahora nuestro país pasa por momentos de mucha ansiedad e incertidumbres. Se siente un ambiente, espeso, maloliente, tenso y hasta diría yo en extremo agresívo. La indignación se hace cada vez más patente porque las gentes de cualquier nivel se sienten atrapadas y manipuladas. Revientan ante los medios, los jóvenes se muestran ávidos de poner un hasta aquí no obstante saberse impotentes porque no saben en quien confiar ni finalmente a quien acudir. Eso se significa en una bomba que de estallar, podría causar grandes tragedias.

Al sistema,  la Iglesia,  las mafias, etc. les urge que los mexicanos estemos ignorantes y desorientados para de esa forma extender su poder u ocultar perversidades e ineptitudes.

Recuerdo cuando hace pocos años, de pronto observé en un periódico la imagen de una cabeza cercenada. No daba crédito a mis 60 años en esos días, a lo observado. Sentí mi estómago revuelto y a punto de vomitar. Me preguntaba ¿qué pasa en nuestro país? ¿a qué más debemos estar prestos a esperar? Hoy en día, ya se hace común descubrir continuamente ilustraciones similares, mismas que ya no despiertan la atención. Pasan desapercibidas.

Pero igual, así como lo antes descrito, ya también es costumbre saber que a un periodista lo asesinan o lo tienen amenazado a él y hasta a su familia. No obstante, salen de sus casas cada día a trabajar pero ignorando si por la noche regresarán a convivir con los suyos ¡Y qué decir cuando su ética profesional y vocación los invitan a hablar con la verdad! Son personas finalmente atrapadas por mundos dantescos.

Muchas veces leo editoriales u observo caricaturas que denotan la sabiduría y sensibilidad de periodistas, escritores, observadores políticos, etc. que señalan, advierten, orientan. Triste cuando días después, respecto a cualquiera de dichas personas aparece una esquela con el tradicional “In Memoriam”.

Calderón ya a tal grado ha alcanzado un grado de pendejéz y soberbia, que pretende desde sus alturas hacernos creer que su camino en contra del crimen ha sido el adecuado y el que marcará las bases para una nación tranquila y en franca ruta al desarrollo ¿De verdad no se da cuenta que se engaña?  ¿Tampoco toma nota del número de víctimas sacrificadas inutilmente a lo largo de su sexenio, inluídas aquellas inmersas en el periodismo? ¿Qué “mensajes” o amenazas provendrán de la Secretaría de Gobernación o de mafias poderosas a efecto de que las redes periodísticas nacionales o extranjeras, se vean precisadas a acatar? ¿Mafias según nuestro presidente en vías de extinción?

¡50 mil muertos en menos de seis años! ¿cuántos inocentes? ¿cuàntos empeñados en su trabajo? ¿cuántos sacrificados porque estorban a la “buena imagen” de un gobierno incapaz y estúpido o a los intereses de aquellos que verdaderamente mandan en nuestra nación al punto de tenerla de rodillas? ¿qué nos deja este “Supremo Comandante del Ejército” por el que yo me arrepiento al haber votado por su persona?

No me imagino a periodistas sabedores que exponen sus vidas, involucrados en el peligro que en México entraña entre otras cosas: INFORMAR ¿Será que algún día esas personas alcancen la oportunidad de retirarse un rato a relajarse, convivir con los suyos en un marco de tranquilidad, alegría e ilusión por el día siguiente?

 

 

 

 

 

 

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