EL JUSTO MEDIO

El concepto anotado simple y sencillamente implica el alejarse del mismo para terminar ubicándose la persona en los extremos de la existencia. Resulta brutal. A mí me sucedió alguna vez y si no hubiera recibido la ayuda de terceros, seguramente, si siguiera “viviendo”y mi vida sería un infierno.
Luego, si por ventura logramos convencernos y colocarnos en ese punto medio, entonces resulta que no estamos satisfechos y pretendemos alcanzar aquello por lo cual no hemos trabajado consistentemente. Los seres humanos en ocasiones somos tan estúpidos, que pretendemos suponer que aunque fuera en el extremo, éramos más felices y productivos, sin tomar conciencia de los grandes daños que por esa vivencia seguimos arrastrando. Nos aferramos, insistimos, imaginamos nuevas metas desde ese falso lugar y luego, ni hablar: al despeñadero ¿Se puede razonar y planear nuevas expectativas cuando las personas están enfrascadas en la necedad y no deciden, por difícil que sea, tomar el camino de nuevos rumbos? Por supuesto que no. En los extremos no existe la humildad, solo la soberbia y la sordera. Los extremos alejan a las personas del conocimiento de sí mismas y acaban derrotadas finalmente en la autoconmiseración, sin tomar en cuenta que mientras tanto pasó, pasó y pasó, un tiempo que ya no se recuperará.
A mí que tanto me gustó la equitación, un día tuve la oportunidad de cabalgar con “Mister Ed”, el único caballo que hablaba ¡¡je, je…!! Un día le pregunté por qué de su capricho al punto que de pronto caminaba como cansado, luego se lanzaba a un galope casi incontrolable y al final terminaba con un trote que hacía que mis pompas se lastimaran. Le pregunté “¿qué te pasa baboso?” Me contestó: “es que no sé ni a dónde voy…”
México casi nunca ha estado en el punto medio. A veces porque no se lo permitían. Otras porque otros le señalaban que lo mejor eran las orillas. Cuando llegó a él, gentes taimadas le decían “salte de ahí”. Muchos se decían organizar a nuestra nación desde el punto medio y resultaron los más extremistas que nuestra patria ha sufrido. En los dos últimos sexenios, nuestros gobernantes ni siquiera supieron en qué punto se encontraban. Simplemente porque estaban locos y por lo mismo ineptos, ególatras y ¡vaya que ineficientes! ¿Podríamos soñar en que un día nuestra patria alcance el punto medio? Creo que sí, hasta deberíamos hacerlo a condición que asimilemos que ello implica un trabajo de muchas décadas en las que ya no estaremos presentes.
@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

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