El resultado de un poco a poco del cual no seremos testigos

Los mexicanos somos impacientes. Exigimos resultados para “ayer”. No valoramos y nos cuesta aportar. Criticamos de manera pasional o fanática. Adolecemos de EDUCACIÓN y “conciencia de nacionalidad”.

Es muy común en nuestra sociedad y en cualquier nivel, observar a las personas descalificando, quejándose, denostando y a veces hasta insultando por no tener aquello que suponen son merecedores. Sea en un café, un bar, en una tertulia, etc., cualquiera pretende imponer su crítica u opinión respecto a lo que acontece. Se dice víctima pero además asegura saber como resolver cualquier problema con el clásico “ si yo estuviera en su lugar, haría….”. Yo de pronto pregunto “¿y tú por qué no lo haces…?”. Respuesta “Ah, porque a mí no me corresponde. Pago mis impuestos, se los roban y por eso hace falta una revolución”. Luego resulta que por eso apoyan tanto al “Peje”, al “132”, mientan madres contra el PRI, hacen pomada la imagen de JVM.  Si la discusión se suscitó en una cantina, al calor de los tragos, no es raro que dos que no concuerdan, se salgan de la misma y a base de puñetazos defiendan sus convicciones. Caso la “revuelta” se haya dado en la casa a la que se invitaron a varias parejas, muchas veces en el automóvil ya de regreso a casa, no faltarán el marido o la esposa que expresen “jamás volveré a discutir con esa bola de imbéciles. Cero posibilidad a aceptar una nueva invitación”.

Ignoro en qué estado se encuentren las pobres madres de los que fueron candidatos a la contienda presidencial. De lo que sí estoy seguro es de que cualquiera de esas pobrecitas, si no quedaron bien resguardadas, muy probablemente sufran de chipotes, ojos morados, crisis existencial, dolor de la punta de sus cabellos hasta el más pequeño de sus dedos de los pies, por tanto vapuleo derivado de mentadas. Las considero mártires y santas.

¿Qué entiendo yo por “conciencia de nación”? Muy simple: estar claros que un país crece, avanza, alcanza cimas, etc., en la medida en que cada uno de sus integrantes velen, se sacrifiquen y en forma conjunta aporten a su favor.

A esta fecha, pienso que México ha sido solo un territorio poblado por un buen número de individuos que solo buscan satisfactores a cambio del menor esfuerzo y sin hacer algo más cada día que signifique heredar a nuestros sucesores posiciones en mejores estadios. Esto es: “lo que no sea para mí y ya, que se vaya derechito al carajo”. Lo malo está en que tenemos tanto (litorales, climas, recursos naturales, vecindad con el poderoso, etc.) que la inocente naturaleza todo nos lo proporciona de manera que en muchas regiones de nuestra patria, las personas pueden pasar su vida en una hamaca, estirando la mano para obtener cualquier fruto, acercarse a la orilla del mar para atrapar un pez y así, cada día, viviendo en el descanso. Si se trata de un maestro normalista, tipo los de la “Sección 22”, ya tienen bien calculado que cada mes de mayo luego del “día del maestro”, saldrán a las calles, dejarán a cientos de miles de niños sin escuela y hasta que no se cumplan sus demandas, sin mediar la madurez derivada de prepararse cada día mejor, entonces retornarán a su aulas para continuar “enseñando”.

Hoy nuestro país está en el despeñadero a punto de sucumbir a tal profundidad, que luego del golpe le llevará tiempo estar en condiciones de volver a alcanzar la superficie. Todo eso derivado de la falta de EDUCACIÓN. Es imposible pensar que nuestra nación empate con las más desarrolladas, cuando en la medida en que crece la población, en la misma, decrece la oferta académica. Escuelas particulares cada día más caras, públicas mediocres, pero además: millones de infantes sin la oportunidad de asistir a una escuela porque son herramienta de sus padres para a medias alcanzar el sustento diario de la familia.

Lo peor de todo está en que el resultado de crear un hábito consecuente de una infraestructura educativa de calidad, significará muchas décadas. Nosostros, hijos, nietos y quizá hasta bisnietos, no serán testigos de lo resultados. Pero como vivimos en la demogogia, arropados por la pereza y urgidos de tener en casa una “lámpara de Aladino” que todo nos provea y que en muchos casos nos prové: “¿qué? a mi me vale madres si yo para esas épocas yo ya seré cenizas, pero eso sí: americanistas. chivas o pumas, ¡qué caray!»

 

 

 

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