EL VERDADERO VILLA

Doroteo Arango, mejor conocido como Francisco Villa, era un hombre malo,
perverso, cruel. Gustaba de postre la sangre y sin ella sentía que sus apetitos diarios no habían quedado satisfechos. Desde niño vivió del pillaje. Era oportunista, ladrón a cual más. Gustaba de raptar mujeres y exhibirse como líder en razón de tantos complejos de inferioridad que lo embargaban. Su tránsito en la historia de México fue por demás vergonzoso para nuestro país. Era despiadado e hipócrita. Igual usaba la máscara de la dulzura para hacerse sentir un “padre de sus muchachitos” a quienes terminaba por malear aprovechando su ignorancia y la miseria en que esa gente se encontraba.

Usó el movimiento Revolucionario para hacerse brillar como “Mesías” y apostaba a favor del que más le convenía. Terminó por hartar a todos, al punto de que personajes como Madero, al descubrir sus malas intenciones después de haberle otorgado su confianza, optó por meterlo a la cárcel. Hizo una gran fortuna a base de saqueos que él mismo no terminó de recordar en dónde fue escondiendo. Se diferenciaba de Zapata, también temible por su afán de venganza y su crueldad, pero éste último resultaba más congruente en sus convicciones. Emiliano era tan ignorante como Villa, pero el primero tenía más clara su idea de un movimiento revolucionario que clamaba por hacer justicia entre sus coterráneos. A Zapata lo mató la traición. A Villa lo ejecutaron por oportunista, falso, maldito y mentiroso.

Yo en Villa encuentro uno de los mejores ejemplos para demostrar la falsedad de la historia oficial que el sistema ha tratado de imponernos. No me explico cómo es que Villa haya sido elevado a la categoría de “héroe” cuando en toda su trayectoria lo único que mostró fue todo lo que se pudiera calificar como deleznable. Cómo me gustaría ver algún día (situación que por mi edad siento que ya no será), que en México habiendo educación se permita a los mexicanos una toma de conciencia que dé por resultado abrir el clóset, sacar de ahí todo lo que ya no sirve, estorba y hasta echa a perder lo que pudiera ser rescatable.

De entre tanta basura podrida y apestosa, resaltaría de inmediato Doroteo Arango y bien se preocuparían nuestros compatriotas por demandar que de inmediato se tirara o se fundiera todo aquel metal utilizado para erigirle monumentos y hacer que dicho material se convirtiera en otros a favor de personajes olvidados y que sí vale la pena mencionar. Me encantaría que los metales utilizados para exhibir a Villa se usaran para convertirlos en estatuas que nos hicieran recordar a personajes como Iturbide, Miramón, Mejía y hasta Porfirio Díaz.

@ap_penalosa

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