En México nunca ha existido una plataforma de educación de calidad masiva

La educación es un hábito. Requiere de muchas décadas para poder asimilarse

Acaba de anunciar oficialmente el gobierno un nuevo programa educativo que sustituirá al que se estableció en el año 1959 siendo secretario Don Jaime Torres Bodet, mexicano reconocido por sus conocimientos y visión en el plano de la educación. Al día de hoy México a ese respecto se encuentra ubicado en el desastre. Dicho programa no se ha venido actualizando, no incluye un número suficiente de maestros de calidad y bien pagados, las escuelas son a manera de casas abandonadas y la tragedia la acrecientan los líderes sindicales. Si a ello agregamos la falta de preparación a más de la ineptitud y corrupción de las autoridades el panorama a futuro continuará siendo fatal.

Hoy día resulta imposible pensar que la actual administración en la cual nuestro presidente se ha exhibido como auténtico ignorante, esté capaz para imaginar, estructurar e implementar un aparato que conlleve a la nación a situarse en el marco de una educación de calidad masiva de la cual derive una auténtica conciencia de nación. La educación no se adquiere de la noche a la mañana. Implica una organización solida que además de llenar huecos cada día más profundos en materia formativa tome en cuenta que para tal efecto los educandos deberán adquirir el hábito de estudiar, lo cual significará un objetivo a alcanzar a mi juicio a muy largo plazo. Y no deberían ser necesariamente los gobernantes los encargados de dicha tarea. Se requiere principalmente de la participación de verdaderos expertos que aporten cada uno sus conocimientos para de ahí luego pasar a la aplicación de las acciones a prever.

Los seres humanos están obligados a adquirir hábitos, ej.: el estudiar, saber comer, dormir, trabajar, hacer deporte, seguir las reglas de la higiene, etc. De entre ellos la educación resulta preponderante. Pero no podemos esperar nacer con uno sin antes identificarlo y desarrollarlo. Para ello requerimos que se nos inculque. México tristemente reserva una educación adecuada a solo las clases pudientes capaces de pagar por ella. O sea que nuestra nación resulta elitista en materia educativa.

Según el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) nuestra población en edad de estudiar rebasa el 90 por ciento de un total de 120 millones de habitantes. Esto significa que el grueso de la misma está compuesta por personas jóvenes. Solo que en la práctica de dicho porcentaje no más de un 70 por ciento asiste a las escuelas. El resto vive en el campo en zonas aisladas carentes de locales o bien colabora trabajando con sus padres para aportar a la economía familiar.

Para la organización y aplicación de una buena educación se hace necesario la construcción de un programa que en la práctica significará un largo plazo que incluya los objetivos a definir por los expertos. Será necesario depurar los planes que prevalecen a efecto de actualizarlos. Después, llenar los huecos a llenar con contenidos que la modernicen. Valdría la pena acudir a observar cómo operan otros sistemas prestigiados en otras partes del mundo abiertos a aconsejar y ayudar. En todo el trayecto a recorrer se hará urgente hacer limpieza de todo lo existente que lejos de proveer estorba y contamina.

Un problema que deberemos enfrentar está en el hecho de que los mexicanos somos impacientes por naturaleza. Estamos acostumbrados a exigir para ayer lo que en la práctica demanda mucho tiempo. Habremos que tomar conciencia de que de la plataforma en la que descanse esa plataforma de educación de calidad, nuestros hijos, nietos y quizá bisnietos no serán testigos de los resultados. De ahí una gran tarea: trabajar en serio a favor de un México a futuro que ya no será para nosotros.

@ap_penalosa

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