HIDALGO SE LE ADELANTÓ A AMLO CON EL ESTANDARTE GUADALUPANA

Previo a que Hidalgo diera marcha atrás en su intento de avanzar sobre la capital de la Nueva España y mientras lo suponían entrando finalmente triunfador, todo era desajuste. Sus habitantes, desconfiados, trasladaban a los conventos sus pertenencias para según ellos así mantenerlas a salvo. Hidalgo que se consideraba, aún mermado, triunfador de la batalla contra los realistas, se sentía seguro de negociar con Venegas la entrega de la capital al punto de decidir enviar como sus embajadores para consolidar dicha acción a Abasolo y Jiménez. En un carruaje que los conducía a Chapultepec, los dos Marianos portaban el pliego escrito por Hidalgo conteniendo la invitación al rendimiento y todo lo demás que se significara intimidatorio. Al llegar a la casa del virrey, suponiendo que serían recibidos por el mismo, un ujier recibió el pliego, se retiró a presentarlo a su señor y ni siquiera invitó a los primeros a sentarse por lo menos en la orilla de la banqueta. Estos esperaron corto tiempo para ver reaparecer al sujeto, quien se concentró en repetir tal cual las palabrotas y adjetivos emanados de la bocota del señor virrey. Ni hablar, se tuvieron que regresar como los perros, con la cola entre las patas.

Yo no sé ahora si en aquel momento Hidalgo resultó sacón o cauto. El hecho es que si bien algunos insurgentes alcanzaron finalmente la capital hasta llegar a poblaciones como Tlalpan, San Ángel y Coyoacán, donde en éste último por cierto la autoridad arrasó con el cabecilla de los pretendidos invasores, Hidalgo simplemente decidió echar pies en polvorosa. Digo cauto, porque es lógico pensar que no dejaba de considerar la presencia de Félix María Calleja, militar realista en serio y con todos los recursos aunados a su tremenda agresividad y fiereza como para hacer en un dos por tres papilla al movimiento insurgente. Calleja era muy prepotente, fanfarrón y hasta mentiroso. Gustaba de exagerar sus triunfos. Tenía su residencia en San Luis Potosí y gozaba de la popularidad y el respeto de la alta sociedad de aquella entidad.

Casado con mujer rica, no obstante eso, veremos más adelante que era un hombre ávido de engrandecer su fortuna. Llegó a ser virrey de la Nueva España y ocupó como residencia el magnífico y soberbio hoy Palacio de Iturbide, patrimonio del Banco Nacional de México. Apenas tuvo conocimiento del movimiento insurgente, hizo sus propias previsiones y de inmediato se hizo de las herramientas necesarias tanto en dinero como en objetos materiales, que le permitieran conjugar un ejército constituido por 4 mil hombres bien disciplinado militarmente en las armas de infantería, artillería y caballería. Su regimiento llevaba el sobrenombre de los “Tamarindos” por el color de sus gamuzas. En el mismo estaban incluidos tres jóvenes: Anastasio Bustamante, Manuel Gómez Pedraza y Miguel Barragán, a la postre ya en el México independiente, los tres, presidentes de la república.

El 24 de octubre de 1810 salió Calleja rumbo a Dolores y ahí su ejército se unió con el de don Manuel Flon proveniente de Querétaro. De entrada, en Dolores hicieron despojar la casa de Hidalgo para hacer una pira que incluyera todo lo que ahí se encontraba: muebles, libros, recuerdos, todo. Se dirigieron después juntos a Querétaro hasta alcanzar Arroyo Zarco, en donde coincidirían con los rebeldes que se fueron a cobijar a una comunidad conocida como San Jerónimo Aculco. Sumaban más de treinta mil elementos que desde la cima instalaron sus cañones para iniciar el combate. Ya en conjunto con los activos de Flon, Calleja contaba con 6 mil hombres. Los insurgentes aún con sus cañones y número de efectivos, de pronto se encontraron con una infantería que abrió camino a la caballería realista para terminar conjuntamente rodeando la colina. Así de fácil, señor López Obrador. Militarmente se actuó y la mayoría de los seguidores de Hidalgo salieron corriendo en desbandada aterrorizados, pero eso sí, ya con las manotas lo suficientemente sucias por los crímenes arteros que a lo largo de su camino cometieron en detrimento de tantos seres humanos inocentes. Pretendieron aplicarse el “no somos machos pero somos muchos”.

¿Ya ve señor López Obrador por qué le digo que hay que consultar la historia? ¿Ya ve lo que pasa finalmente cuando se manipula a la borregada? ¿Ya ve lo funesto del populismo? Y no me vaya a salir ahora con que yo soy de extrema derecha, romántico realista o como alguna vez me calificaron “emisario del pasado” ¡ja, ja…! Mire don Peje, estoy hablando de lo que pasó y tenga la seguridad que vaya que me he apoyado en bibliografía. De manera que mejor en lugar de salir a pretender atacarme o a defenderse, póngase a estudiar por lo menos este pasaje de la historia de México que como usted y muchos otros lo presentan falso a efecto de seguir engañando a su conveniencia.

Esto lo escribe un mexicano interesado en su país y muy lejos de pretender participar en la política rodeado de tantos mentirosos o ignorantes como tantos que promovían un Bicentenario de la Independencia de México o el Centenario de su Revolución. Poco les faltaba para rebuznar y lo digo con todo respeto a los jumentos que por cierto tan útiles, sufridos y bonitos son. Me intereso en basarme a mi capacidad en la verdad, narrarla y esperando ver si impacta en el criterio de tantos compatriotas con los que convivimos o en los que nos sucedan para que ya a partir del escenario de una realidad se pongan a trabajar, pero en serio: a actuar, amar y respetar al país suyo y mío.

Mientras, el admiradísimo “curero” por no pronunciarlo aplicando la letra “ele”, ya se dirigía a Valladolid a curarse en salud escribiendo documentos que haría publicar en las iglesias para denotarse católico creyente y no como lo calificaban: luterano. En el camino Hidalgo se detenía en los supermercados para hacerse de chocolate, leche y rollos de canela para que acompañado de ellos se hiciera menos dura su desolación. Empezaba a quedarse solito, solito. Don Miguel en un ratito veía a la chusma que en su momento lo acompañó desaparecer y hasta quizá mentándole la madre.

Como Hidalgo, Calleja también era ratero y ambicioso. Reportaba al virrey lo que sabía lo dejaría satisfecho y a la vez beneficiaría a su imagen, pero se preocupaba mucho por ocultar lo que lo hacía distinguirse como sinvergüenza. Igual saqueaba templos y de las armas rescatadas de los grandes señores se quedaba con las piedras preciosas que las adornaban. Así como hoy algunos diputados y senadores del PRI, Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD), etc., todos mexicanos pero igual de deshonestos, independientemente de la bandera del partido que defienden, entre insurgentes y realistas en ocasiones no hacíamos uno. Corrupción, bandidaje, ambición, falsedad, hipocresía, falta de conciencia como representantes del pueblo y tantas cosas despreciables más les eran características. ¡Cuidado, no todos! también existen políticos actuales y existieron insurgentes y realistas dignos de todo respeto y admiración.

Ya para ese entonces las diferencias entre Hidalgo y Allende habían caído en el abismo más profundo. Éste último nunca dejó de insistir en la necesidad de abandonar las acciones propias de salvajes ávidos del saqueo de botínes. Hasta el punto de la necedad trataba de hacerle ver la urgencia de preparar un ejército bien organizado. Lo sucedido en Aculco era muestra fehaciente de lo mucho que ya antes había pregonado. Tanto Allende como Aldama insistieron en la toma de la capital a pesar de la negativa de Hidalgo que prefería salir en retirada. El 6 de noviembre rompieron prácticamente Hidalgo y Allende. Los Aldama, Abasolo y Jiménez deciden seguir con este último rumbo a Guanajuato. Hidalgo como decía antes, tomó camino a Valladolid. Según él pronto se volvería a fortalecer con una nueva tropa de seguidores.

@ap_penalosa

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