HIDALGO YA ME TIENE HASTA LA MADRE

Como ha pasado con Polonia, siempre país desde donde se han disparado tantas guerras, a Guanajuato aunque en menor proporción, también le ha tocado ser testigo de acontecimientos por demás severos. Para esta ocasión nuevamente la Alhóndiga de Granaditas volvió a vestir de luto pero ahora por efecto de la acción realista. Hasta ahí llegaron nuevamente Allende, los Aldama, Abasolo y Jiménez, quienes fueron recibidos con alegría al punto que propiciaron la procesión por sus calles de la bellísima pieza que simboliza a la Virgen de Guanajuato de origen español que data del año 714. Se dice que quienes la cargaban eran Abasolo, Aldama, Arias y Jiménez y que quien sostenía la cauda de su velo era el propio Allende. Después en la iglesia, un padre franciscano de apellido Belaunzarán ofició una misa. Allende y sus compañeros sabedores de la persecución por parte de Calleja, se preparaban para organizar la defensa de la ciudad conscientes de la alta dificultad que significaba su protección por ser plaza prácticamente indefendible.

Acudió todavía a tratar de obtener el auxilio de otros insurgentes cercanos a la ciudad y hasta llegó a pensar que Hidalgo tomaría conciencia de las cosas y se aprestaría a acudir a apoyarlo. Le invitó en carta enviada el día 19 de noviembre a hacer a un lado intereses personales y a tomar una actitud congruente con el espíritu patriótico que demandaba la nación. Allende le garantizó a cambio su sumisión y respeto como líder del movimiento. A falta de respuesta por parte de don Migual, Allende entonces envió una segunda carta pero ya no en los mismos términos. En esta ocasión Allende reclamó a Hidalgo su egoísmo, falsedad y lo hizo sujeto de todo su desprecio. Allende entonces le advierte que en razón de su negligencia y cobardía, él encontrará la oportunidad personal para la justa venganza.

Ya imagino a Hidalgo: soberbio, ingrato y desentendido de la responsabilidad que meses atrás asumió como “líder” de un movimiento ahora sentenciado a la total adversidad ¿Cuál Padre de la Independencia? ¿cuántos focos se utilizarán cada mes de septiembre en el país para con ellos ilustrar la figura de este supuesto “Prócer de la patria”? ¿cuántas toneladas de diversos metales se han utilizado para fundir su figura en forma de estatuas que pretenden demostrarlo como el congruente iniciador de dicho movimiento? ¿ “Viva México” en un grito exaltando la figura de un traidor, de un cobarde que deja a sus compañeros a la orilla del camino y con perversidad enfermiza buscando nuevamente engrandecer su imagen y satisfacer su ego informe? Yo me inclino a manifestarle a don Armando Fuentes Aguirre cuando me da la impresión que con preocupación insiste en que lo que ha narrado es simplemente la verdad y que no hay otra, que lo felicito y lo admiro no sólo por tener los pantalones bien puestos como todo coahuilense, sino porque además en su libro sobre este tema demostró un profesionalismo y honestidad como pocos.

Me pregunto cuánto tuvo que investigar y verificar dicho señor para llegar a atreverse a desnudar una historia real antaño maquillada, deforme y grotesca. Por mi parte he leído mucho respecto a este personaje, de niño a huevo y como me lo planteaban en la escuela. Ya después en el placer que me significó adentrarme en la historia de mi país, encontré tantas versiones y puntos de vista que acabé en un estado de proceso de confusión que me dejaba tenso, ansioso, inconforme. Catón finalmente me aclaró muchas cosas y desde aquí le doy las gracias y hago gran reconocimiento a su persona. Me quedo y apego definitivamente a sus conclusiones.

El 24 de noviembre de 1810 llegaron los realistas a Guanajuato. La plebe como muchos en el futbol o ante la posibilidad de ver los madrazos entre sus compañeros y amigos sin exponerse a tener que participar, se retiró a los puntos altos del lugar con objeto de ver mejor el espectáculo y sin riesgo. Y se repitió todo lo antes acontecido. Ahora resultó que en la medida que avanzaban los realistas, un negro al que llamaban Lino y a manera de patada de ahogado enardeció a la chusma facilitándole ingresar nuevamente a la Alhóndiga para dejar el camino abierto a una nueva masacre sobre los españoles. Otra vez sangre, degollamientos, aplastados, cadáveres de mujeres vejados, niños estrellados contra las paredes a efecto de que sus cabecitas explotaran. Turba, turba, turba, que alcanzó a 150 nuevas víctimas inocentes. Señor López Obrador, por cierto sus apellidos son de origen español ¿o no? ¡Ah! y la Guadalupe Loaeza en su página editorial de Reforma a cuatro o cinco días de las elecciones de 2006, escribiéndole una cartita cursi, de mal gusto, acaramelada, así como de hada madrina a su ahijadito desde el Mundo de la Fantasía en Disneylandia, diciéndole a este señor que ya muy prontito, luego de ser electo, estaría a los ojos de un México inmerso en su persona, llorando conmovido al verlo cantar en señal de triunfo nuestro Himno Nacional. ¡Ay sí, qué ternura de mujer…! Triste pero al fin humana la decisión de huir por parte de Allende, ahora él dejando solos a sus compañeros. No me gusta que así hayan sido las cosas sobre todo proviniendo de un hombre a mi juicio buen militar, justo, que amaba a su país, aguerrido y fiel. Pero bueno, era hombre con todo y sus debilidades. Lo respeto, lo admiro y le agradezco todo su esfuerzo a su capacidad en beneficio de nuestro país.

A partir del nuevo conflicto en Guanajuato inició la debacle definitiva en torno a lo que he llamado varias veces la primera “intentona independentista”. Ahora fueron los realistas los que en su afán de controlar la situación, iniciaron lo que vendría a ser el incendio más intenso con posibilidades de extenderse a gran parte del país. En el mismo Guanajuato todavía después de la tragedia que se sucedió en la Alhóndiga, los realistas asumieron acciones por demás salvajes en contra de la ya reducida chusma que quedara todavía a su alcance. Calleja y Flon no se detenían en su camino, arrasando a toque de degüello con cualquier ser humano que se atravesara en su camino. Ahí nuevamente la presencia de un cura heroico y resuelto, don José María de Jesús Belanzaurán quien mostrando al frente un crucifijo paró la sanguinaria acción que pudo haber multiplicado el número de inocentes pasados por las balas o las bayonetas.

Los instintos sanguinarios de Flon se rindieron ante la presencia y personalidad de aquel, ese sí buen religioso. Crímenes horrendos, pero nunca comparables con los cometidos por Hidalgo hasta ese momento y que por cierto se seguirían sumando. En su estancia en Valladolid camino a Guadalajara, Hidalgo se encargó una vez más de entregar para deleite de sus ya escasos seguidores a ochenta inocentes españoles más. El “Padre de la Patria” estaba cada vez más que ávido de sangre y diabólicamente enloquecido. Pero además, aún a costa del luto generado por sus arrebatos, todavía se sintió en estado de ánimo para invitar a una joven hermosa a iniciar un baile que propició se celebrara en su honor.

Don Ignacio Allende decidió tomar camino a Zacatecas y ahí tomó contacto con un insurgente antes realista llamado Rafael Iriarte. Éste último causó desconfianza en Allende temeroso de perder el liderazgo entre los suyos cuando el primero pretendió pagar a sus tropas sus salarios correspondientes. Decidió entonces Allende tomar camino a Guadalajara donde fue recibido con hipócrita cordialidad por parte de Hidalgo. Era ya evidente la animadversión entre uno y otro. Se dice que Allende pretendía tomar camino vía Querétaro a México aprovechando que la ciudad estaría menos reforzada en razón de la presencia de las principales tropas realistas en provincia. Aunque también se dice por ahí que la verdadera razón de su paso por Querétaro, obedecía más bien al deseo de encontrarse con alguien que le había arrebatado su corazón. El hombre seguramente estaba necesitado del “reposo del guerrero”.

La locura y el pánico al interior del farsante “padre de la patria” hicieron que en Guadalajara continuara su carnicería ordenando una nueva ejecución en este caso de setecientos presos españoles. Allende y Abasolo persistían aún a costa de poner en riesgo su vida, en tratar de salvar al mayor número de inocentes posible. Hidalgo ya no sólo se satisfacía con sangre, sino además y en paralelo, su mesianismo lo llevaba a imaginar la posibilidad de obtener apoyo de los Estados Unidos para lo cual decidió enviar como emisario con título de embajador a un pobre hombre de nombre Pascasio Ortiz de Letona, quien al pretender salir al norte como gestor del primer pretendido acercamiento en la historia de México con los yanquis, al saberse descubierto y perseguido por los realistas, antes de llegar a Veracruz decidió mejor el camino del suicidio. Aquí cabe mencionar unos de los últimos nombramientos asignados por Hidalgo a gente que todavía creía en él. Me refiero al que confirió sobre un abogado joven, recién casado y que dejó la explotación de una rica mina para unirse a su causa. Se llamaba Ignacio López Rayón.

@ap_penalosa

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