HOMBRES NECIOS QUE ACUSAIS….

Ya a muy altas horas de la noche concluí este artículo con la colaboración de alguien que me pidió no mencionara. Le expreso a ella mi mayor agradecimiento y cariño ¡qué grato encontrar a personas sinceras, generosas y capaces!

Le encantaba mi casa y el rumbo donde vivía. Me expresó que era muy afortunado. Yo le contestè “sì, pero a algunos les parece fría”. “¡Qué va, a un espacio lo calienta el corazón de quienes lo habitan!” Agregò: “¿imaginas a Sor Juana la mayor parte de su vida enclaustrada y durmiendo cada noche sobre una masa de concreto? Ponte a ver lo que en medio de un ambiente helado y su soledad sacó de su alma y pensamiento”. Le pregunté de inmediato “¿tienes tiempo? ¿escribimos al respecto?” Y asì empezamos.

Era una más de las épocas tortuosas que afligían a los nuestros. La Santa Inquisiciòn juzgaba y ordenaba en “el nombre de DIOS” ¿Cuál dios? ¿El de aquella, demonio disfrazado, o el verdadero? Algunos frailes la acosaban por su inteligencia, valor y audacia. Estaban urgidos de exhibirla en la hoguera para lección de aquellos aterrados por los mismos. Juana de Asbaje mientras tanto, asqueada del machìsmo y arbitrariedad de tantos hipócritas y corruptos, prefirió aislarse del mundo y aunque vigilada y sujeta de denuncias por parte de quienes la “cuidaban”, plasmaba cada dìa tantas y tantas reflexiones filosóficas dichas en forma poética que para salvar terminaba ocultándolas en espacios de paredes, entre sus ropajes o en su seno y mismas que reservaba para entregarlas cada vez a las que fueran tres esposas de virreyes que actuaron como sus protectoras. Su mejor amigo: Carlos de Siguenza Y Góngora.

Mi tìo Joaquín Antonio Peñalosa fue quizá uno de los que más sabìan respecto de Juana Inés. Gracias a sus investigaciones, Margarita López Portillo se encargó de enaltecerla al punto de promover el rescate de aquel hermoso edificio que hoy se conoce como “El Claustro de Sor Juana”. Irónico que hermana de un presidente por demás frívolo, haya terminado por tomar conciencia en relación al enorme valor de dicho personaje.

Muy poco quedó para la posteridad de la inmensa obra de Sor Juana. Una vez que una de las mejores amigas de su vida regresó a España, los curas se regocijaban porque ahora sì nadie la rescataría de ser convertirla en despojos.

De pronto una epidemia apareció en la ciudad y Juana salió a auxiliar a tanto desventurado y terminó con ello contagiándose para luego morir. En lugar de ella, pasó a la hoguera el 90% de su obra. Pero ese 10% que quedó, los que son sensibles y han tenido acceso a una verdadera educación, la estudian, terminan emocionados y dejan correr algunas veces sus làgrimas.

@a_penalosa

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