HUERTA APRENDIZ Y MAESTRO EN PROPICIAR TRAICIONES

Recuerdo al Ing. Jorge L. Tamayo cuando impartía la materia de Geografía Económica en mi facultad de la UNAM. Al hablar del concepto “disciplina social derivada de la Geografía”, hacía referencia a manera de ejemplo a Egipto con todo y su Río Nilo. Decía que ese río era el determinante del desarrollo de aquella sociedad según las épocas del año. Cuando el Nilo inundaba el valle, los habitantes dedicaban el tiempo a pensar, a producir textiles, a construir, a imaginar sistemas de organización social y política, al arte, a la invención de la escritura, etc. Cuando las aguas se retiraban, entonces los egipcios se dedicaban a la agricultura, la cual era altamente productiva en razón del humus que contenía ricos nutrientes a favor de la misma. El Nilo entonces se entiende como el factor de lo que llegaría a ser el disparador de una gran civilización a partir de la cual el occidente continuó su desarrollo ulterior.

Hoy en día, recordando a ese inolvidable maestro, me reprocho no haber disentido con él para hacerle ver que así como existen ríos maravillosos a favor del desarrollo del planeta como lo fueron también el río Tigris o el Eufrates, existen otros ríos hijos de puta como el Río Bravo que lo único que ha sabido generar son desmadres, salvajismos, divisiones territoriales con ánimo parcial, etc., al punto que al día de hoy, ese río de la Chingada sigue jodiendo con aquello de facilitar o no el que los mexicanos tengan chamba y los gringos se queden sin una excelente mano de obra. El Río Bravo lejos de disciplinar más bien indisciplina y me temo que seguirá actuando igual.

A eso debemos agregar así como en un análisis sociológico de México, que nuestro comportamiento siempre ha sido sui generis y vaya que difícil de entender. Antes mencioné que nuestro país siempre ha sido ejemplo de traiciones, asesinatos, revanchismos, ansias de poder, etc. Eso lo hemos visto desde que don Agustín de Iturbide constituyó a nuestra nación como tal e independiente. Es tan importante para el político triunfar en México, que si no toma en cuenta el factor “traición”, difícilmente podrá seguir un camino sin haber previsto que de pronto alguien se le va a aparecer diciéndose su amigo y luego a la primera oportunidad buscará el mejor momento para lanzarlo por un barranco. La traición ha invitado a los políticos a acercarse cada vez a la Casa Blanca para obtener de ella los apoyos a cambio de que el gobierno norteamericano resulté favorecido. Ahora bien, si el político mexicano decide no acudir a pedir ayuda del Tío Sam, entonces los americanos disfrazados de querubines nos envían a elementos como Lane Wilson con el ánimo de brindarnos cualquier tipo de ayuda. Véase lo que le pasó a Madero.

Carranza, a sabiendas de que no estaría nunca de acuerdo con las intenciones intervencionistas norteamericanas, no tuvo más remedio que abrigarse en la Casa Blanca y en las ofertas de Mcdoheny, sin saber que a la larga sería traicionado y que él mismo también traicionaría al coquetear con los alemanes. Carranza y Obregón se hartaron de Villa y de Zapata y ya ven lo que pasó. Los americanos con Taft traicionaron a Félix Díaz para después inclinarse a favor de Huerta. Luego Huerta traicionó a Díaz a quien con tanto amor se dirigía como “mi hermano”. Abajo del Río Bravo esto es desde México, los ingleses traicionaron a los gringos y se entregaron tan inocentes como eran a Huerta. Woodrow Wilson se cuidó de traicionarse a sí mismo en materia de convicciones, pero era tan santito y recto que no se daba cuenta de la alta traición que le aplicaban los petroleros americanos, que con la mano derecha saludaban a Wilson o a su Secretario de Estado, mientras con la izquierda enviaban dinero a Carranza para sofocar a los Huertistas y con ello fregar a los británicos.

Los ingleses luego de traicionar, también resultaron traicionados y muy cara la iban a pagar al punto de que hasta el apoyo norteamericano lo hubieran podido perder frente a las intenciones de Alemania. Cada Presidente americano por demócrata o republicano que diga ser, tiene en su escritorio una formula de traición y de revancha. Wilson estuvo a punto de someter a los ingleses imponiéndoles una “tarifa especial” por atravesar el canal de Panamá. Igual no descartaba la posibilidad de poner un “hasta aquí” a nuestro país que finalmente llevó a cabo ubicando barcos frente a Tampico y Veracruz causando con ello una masacre entre gente inocente en ese segundo puerto consecuente de la soberbia de un gringo imbécil capitán de un barco. Ahí Wilson sí se traicionó a sí mismo.

Villa fue traicionado por obregón y Calles, a Carranza estos dos últimos lo traicionaron. Un día Villa estuvo con Madero, otro no y luego Madero traicionó a Villa. Zapata si bien no tuvo tiempo de traicionar a Madero aunque ya lo había desconocido para luego ser asesinado, ya estaba en la lista de los que también serían traicionados. Falta decir también de esos dos “patrióticos sonorenses” Obregón y Calles, que mientras caminaban por las terrazas del Castillo de Chapultepec siendo el primero Presidente, planeaban de entrada una traición contra nuestro país con el: “ahora yo y después tú, pero luego me la devuelves ¿eh?” ¿Y quién traicionó luego a Obregón y ayudado por la Iglesia lo asesinó? Cálle…se.

@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *