Juárez, necio hasta la hora de su muerte

Todavía muchos acontecimientos se darían en México antes de la muerte de Don Benito y el arribo de Don Porfirio Díaz a la presidencia

Luego de apartarse del “patricio” sus más allegados, entre ellos Don Guillermo Prieto, se sumaban cada día más y más políticos y militares a Díaz. Este finalmente en Oaxaca emitió su famoso “Plan de la Noria” que convocaba abiertamente al pueblo a revelarse a Juárez a quien se le calificaba como vil, con la comparsa de un Congreso constituido en su mayoría de aduladores y serviles. El Siglo XIX responsabilizaba a Juárez de nuevas masacres que se estaban suscitando. La vigencia de la Constitución del ’57 estaba prácticamente suspendida. Decía al respecto, más o menos, el propio Nigromante: “las arcas del gobierno están vacías por el despilfarro que incluía entre otros a un ejército costoso”. Acusaba a Juárez de irse por la libre otorgando concesiones a los extranjeros a cambio de que los mismos atajaran cualquier beneficio que derivaría en detrimento de la nación. En materia de justicia decía también: “con Juárez sólo se sabía matar”. Gobernación era sólo un ensayo del centralismo y en Relaciones Exteriores únicamente se comprometían las vastas regiones de nuestro país.

Y bueno, llegó la hora para Don Benito Juárez García en su camino a 19 años como Presidente de México si antes la muerte no se lo hubiera llevado. El 17 de julio había trabajado como de costumbre en su despacho. Esperaba noticias de la confirmación de la ocupación de Monterrey. Ese mismo día tuvo acuerdo con sus Ministros. Manifestó su satisfacción por el triunfo de Sostenes  Rocha en la capital sultana. Le tranquilizaba de sobremanera que Don Porfirio se encontrara ya ausente y aparentemente fugitivo. A las once de la noche de ese día 17, le quedaban al patricio solamente 24 horas de existencia. Juárez tenía por costumbre iniciar sus actividades desde muy temprano leyendo las noticias principales aparecidas en los distintos diarios.

Antes de proceder a desayunar para luego encontrarse en la junta de Ministros anotada, se dice que Don Benito sintió un fuerte dolor de cabeza. De entre sus allegados que se habían acercado a la junta, Don José María Lafruaga se percató de las dolencias que afectaban al Presidente al punto de preguntarle si se sentía mal. Juárez simulando una sonrisa contestó de manera negativa. Por la tarde, salió con sus hijas y su yerno Santacilia. Doña Margarita, su esposa, había fallecido el año anterior. Dieron una vuelta por las cercanías a Palacio en su carroza. Santacilia le propuso ir al teatro pero Juárez se negó aduciendo sentirse cansado.

A las seis treinta horas de la mañana de aquel 18 de julio, ya Juárez se sentía mal en extremo. No tuvo capacidad para levantarse y ordenó a sus hijas que nadie tomara conocimiento al respecto y mucho menos se propalara que se encontraba en cama. Tampoco autorizó que se llamara a su médico de cabecera. Véase una vez más y dicho con todo respeto, la testarudez y altivez que caracterizaba a Juárez.

Cerca del medio día sintió un fuerte dolor en el pecho y entonces sí ya sus hijas por demás preocupadas le insistieron en que se llamara al médico. Una vez más don Benito se opuso. Por la tarde se encontraron con Juárez Lafragua y el General Ignacio Alatorre con quienes las hijas hablaron del asunto. Cuando salieron de la entrevista se habían enterado, dicho por el propio Don Benito, que sentía fuerte opresión en el pecho.

Ya por fin a las siete de la noche, el propio Juárez solicitó la presencia de su médico, el Doctor Alvarado. Estaba presente su buen amigo y Ministro de la Guerra Don Ignacio Mejía, quien impresionado por su estado se limitó a preguntarle si requería de auxilio extraordinario. Don Benito le contestó que era algo pasajero. Al llegar el Doctor Alvarado, requirió de sólo 15 minutos para comprobar la gravedad del enfermo y a su salida se acercó a Santacilia de manera discreta para anunciarle que por mucho, quedaban tres horas de vida al Presidente. Llegaron también los Doctores Rafael Lucio y Gabino Barreda quienes de inmediato procedieron a derramar agua hirviendo sobre el pecho del moribundo quien reclamó el enorme dolor que se le estaba causando. Fue entonces necesario aplicarle morfina para tranquilizar al paciente. Un poco después de las once de la noche se recostó Don Benito sobre el costado izquierdo y luego de dejarse oír un estertor salido de su garganta pasó a mejor vida. Cambiaba la historia de México. Fue llamado de inmediato Don Sebastián Lerdo de Tejada quien asumiría de inmediato de acuerdo a la Constitución, la Presidencia de la República.

Al día de hoy quedan todavía en el aire muchas preguntas ¿Fue Juárez envenenado? De ser así y como se dice ¿fue Lerdo el autor? Algunos comentan que días antes de la muerte de aquel, Don Sebastián había preguntado de manera casual a qué protocolo se debía someter a un Presidente después de su muerte. Alguien que no recuerdo por ahí habló de que efectívamente a Don Benito lo hicieron sujeto de una pócima. Todos son rumores. Lo que oficialmente quedó dictaminado fue que Juárez había fallecido víctima de una angina de pecho.

Juárez fue sepultado en el panteón de San Fernando fuera de los ceremoniales religiosos no obstante sus profundas creencias al respecto. Los masones se hicieron cargo del funeral de acuerdo con sus cánones. La exequias se llevaron a cabo el 23 de julio de 1872 y su cuerpo salió de Palacio Nacional en donde del lado de la calle de Moneda se encontraba su domicilio oficial. Muchos, muchos mexicanos después de enterarse de la noticia simplemente exclamaron: POR FIN.

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Twitter: @ap_penalosa

 

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