JUÁREZ (Parte cuatro)

Desde hace varios sexenios hasta antes del actual, este día EPN asistió a su homenaje, noté que los presidentes en turno se alejaron del Hemiciclo a Juárez situado en nuestra Alameda Central para rendirle pleitesía en esta fecha. Quienes sí acuden puntualmente son los que en México se dicen masones a quienes yo en lo personal, insistiré, en el caso de México, considero en un alto porcentaje oportunistas e ignorantes. Como Juárez, piensan que al exhibirse como liberales, tendrán las puertas abiertas para escalar cada vez más altos niveles en el terreno de la política. Pienso que los peores enemigos de la masonería mexicana son los mismos que están en su interior. Triste situación.

Considero que la estatua de Juárez está incompleta. Al escultor se le olvidó incluir de entre sus guirnaldas la bandera de USA.

Miguel Miramón siempre abrazó una sola insignia, la mexicana. No concebía favorables ni prudentes ninguna de las dos intervenciones. Si bien en su momento vió en los franceses una conveniencia de alianza con nuestra nación para evitar el empuje norteamericano con el aval de Juárez, lo que le llevó al fin a apoyar a Maximiliano, luego ya estando este segundo en México surgieron fricciones que hicieron a Don Miguel exiliarse con su familia a Europa desde donde seguía paso a paso los acontecimientos en nuestra dolida patria. A su lado, siempre su esposa Concepción Lombardo, mujer abnegada y nacionalista del todo, dispuesta a ofrendar su vida por la causa nuestra, igual a libertad. Los conservadores encabezados por Almonte que vivían en medio de los lujos europeos, preferían gozar sus francachelas y menospreciar los esfuerzos y angustias de los Miramón en torno a nuestro país. Es de destacar que dicho grupo se encargó de engañar a Maximiliano haciéndole creer que México lo demandaba. Tan ruines en su actuar que le mostraron pliegos con firmas supuestas de connacionales que le hacían suponer que él era la única posibilidad de dar solución a nuestros avatares. Candidez que finalmente en muy poco tiempo le significaría la muerte en el paredón. De Francia, después de no aceptar la oferta de Napoleón III de unirse a sus tropas, Don Miguel salió a España con todo y su familia. De ahí él solo se trasladó a Alemania a hacer cursos de especialización militar. Pero en todo momento ávido por retornar a su terruño a sabiendas que eso a él y a su familia les podría costar su dignidad y existencia. En Nueva York, vivieron la desgracia de perder a un hijo pequeño víctima de una pulmonía provocada por los fríos.

Ya instaladas las fuerzas francesas en México, Juárez continuaría huyendo de las mismas e informando de todo a los Estados Unidos. No solo eso, también solicitando instrucciones. Existe una carta original en un museo de Filadelfía de la cual el que suscribe fue testigo, en la cual Don Benito avisaba desde Chihuahua a los yanquis de lo que pasaba mientras tanto en nuestro territorio y deseoso de saber qué, al criterio de aquellos, era menester proceder a hacer. Presidente falaz, agachado, cobarde y siempre huidizo. Irónico que mientras seguía en sus correrías, los mexicanos cada día más se entregaban a un Maximiliano tan liberal, que ante la sorpresa y resignación de los católicos sostuvo la promulgación de reforma en el sentido de no dar marcha atrás con la expropiación de los bienes de la Iglesia. De ahí, esa sí convicción liberal.

En el transcurso en que Juárez escapaba, Maximiliano era adorado, Miramón se perfilaba a retornar a la nación y otros sucesos, Napoleón III veía con realismo y preocupación el riesgo de su estancia en el poder que a la postre lo llevó a la ruina. Ello lo obligó a dejar desamparado a Maximiliano retirándole el apoyo militar a que se había comprometido y en un principio otorgado. Iniciaba con eso la caída del imperio y el arribo de un zapoteca áspero y perverso que enlutaría y marcaría una nueva causa de vergüenza a México.

(Continuará)
@ap_penalosa
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