JUÁREZ (Seis y última)

La guerra franco-prusiana en 1870, llevó a Napoleón III al inicio de su caída que le significaría morir exiliado en Inglaterra. Hombre con afánes expansionistas que ávido de sentar sus reales en América aprovechando la guerra de secesión en USA, usó y manipuló a Maximiliano a quien finalmente dejó desprotegido en razón de su urgencia de reconcentrar todas sus fuerzas militares en Europa. Con eso, en paralelo la desgracia para el austriaco. Carlota su esposa, salió a Francia y exigió al primero cumpliera su promesa de apoyo al imperio mexicano. Ante la negativa y desesperación del francés, todavía creyó esa pobre mujer que el papa apoyaría su solicitud no obstante el disgusto del clero dado que el Habsburgo ratificó el pronunciamiento juarista a favor de la expropiación en México de los bienes de la Iglesia. Ya en Roma, Carlota denotó su desquiciamiento mismo que alarmó a su santidad al punto de dar la orden de arroparla en sus instalaciones para brindarle ayuda médica. Se cuenta haber sido la única fémina que alguna vez pernoctó en las instalaciones de la Santa Sede. Moriría en total estado de locura muchos años después en 1927.

La circunstancia descrita hizo que los conservadores de nuestra nación reforzaran su apoyo al emperador, entre ellos Miguel Miramón quien no con el propósito de proteger a Maximiliano sino de salvar a México del apetito norteamericano, decidió trasladarse de inmediato desde Europa a nuestra patria con grandes dificultades, sufrimientos y esfuerzos para brindar soporte al desprotegido. Por cierto que en un principio el ayudado, desconfiado, le manifestó renuencia y hasta molestia. Miramón aún consciente de dichas actitudes insistió y seguió adelante. Mientras, Juárez gozoso y a la vista de que en USA la guerra apuntaba a favor de los yanquis y con ello de un patrocinio que se incrementaba para su causa, inició más confiado su desplazamiento hasta situarse en San Luis Potosí desde donde con más holgura movería a sus tropas liberales a efecto de aplastar los embates de los conservadores. Miramón resultó herido luego de una última y desesperada batalla en la que terminó derrotado. Escondido en casa de la familia Lombardo quien solicitó ayuda del macabro doctor Licea quien a la postre lo denunció, terminó siendo aprehendido y trasladado a Queretaro en donde ya también se encontraban en mismas condiciones Maximiliano junto con un indio tan como el zapoteca pero en mucho más nacionalista, de nombre Tomás Mejía. Ir y venir de Conchita Lombardo entre Queretaro y San Luis Potosí para solicitar de Juárez clemencia para su esposo sin más resultado que la soberbia, tozudez y sordera de ese traidor que se exhibió como tal con el Tratado McLane-Ocampo. Igual sucedería a personajes prominentes de la alta sociedad europea como la princesa de Salm Salm quien además de asegurar a un oficial de apellido Palacios $ 100 mil pesos por la vida del sentenciado no tuvo empacho en ofrecerse también en cuerpo. Se sabe y existe copia del documento, que el propio escritor Victor Hugo envió a Juárez en términos masónicos, con el que lo invitaba a recordar que entre “hermanos” no cabían traiciones ni asesinatos. Lerdo de Tejada, hipócrita y calculador actuaba como perro fiel urgiendo a su superior a no dar marcha atrás. Todo estaba consumado.

Dice la historia oficial que en el Cerro de las Campanas en Queretaro se llevó a cabo la ejecución en mismo momento de los tres: Maximiliano, Miramón y Mejía. Pero no apunta también que en su caso el General Mariano Escobedo aún siendo fiel a Juárez, propuso al austriaco escapar, cosa que también algunos afirman no aceptó por solidaridad con sus compañeros y su amor a México. Muchos claro obscuros, engaños y maquillajes al respecto al día de hoy. Existe el pasaje de Justo Armas quien apareció por sorpresa en el Salvador y que hay quienes aseguran era Maximiliano porque al morir dejó entre sus pertenencias cuchillería, vajillas, mantelería, condecoraciones, etc., todas con el escudo imperial.

Lo que si es cierto, rotundo y eso lo disfraza la historia oficial, es que este triste pasaje del devenir de nuestro país, no se plantea como una dictadura que pudo haberse continuado por espacio de 19 años en razón de la obseción de Juárez por no dejar el poder. Estaba próximo para asumir nuevamente la presidencia derivado de una nueva, tramposa y por lo mismo muy cuestionada elección. Un 18 de Julio al despertar no sabía que la muerte por la noche le esperaba. A la caida de Maximilano de Habsburgo un enorme número de mexicanos manifestaron su pesar y resentimiento en contra del oaxaqueño. En cambio, luego del deceso del “patricio” la mayoría de nuestros compatriotas de aquellas épocas exclamaron simplemente un: “por fin…”

@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *