JUÁREZ (tercera parte)

Don Benito además de usurpador, déspota, traidor y dictador, también era maestro en las argucias. Hubo un momento a lo largo de su estancia en la silla presidencial en el cual el pueblo y sus mismos allegados lo urgían una vez más a cumplir con la Constitición de 1857 lo que le obligaba a convocar a elecciones. Siempre tuvo excusas para solicitar “facultades extraordinarias” para así perpetuarse, hasta que llegó el tiempo en el cual la Cámara de Diputados le contestó NO, YA BASTA. Ante la postura de esta última y poco a poco el abandono de quienes antes le apoyaban, entre ellos Don Guillermo Prieto y el propio Porfirio Díaz, encontró una nueva formula que significara un contrapeso frente a las presiones de los legisladores antes mencionados, esto es: inventó una Cámara de Senadores constituida por sus incondicionales. La tensión en el país se acrecentaba cuando dos incidentes distrajeron la atención a favor de tiempo para el llamado benemérito: los asesinatos de Melchor Ocampo y Santos Degollado, de ahí que los liberales cedieran resignados a su propuesta en el sentido de que se le permitiera ante dichas desgracias continuar momentáneamente con su administración. Es importante resaltar que ya en esas fechas sus compañeros repudiaban al zapoteca debido a tanta sangre que corrió durante la Guerra de Reforma, mientras a su vez la mayoría de los mexicanos le echaban en cara la expropiación de los bienes de la Iglesia. Empezaba con todo eso el “patricio” a ya no tenerlas todas consigo.

Llegó por fin el momento en el cual Francia, Inglaterra y España se decidieron conjuntamente a invadir nuestro territorio con el ánimo de recuperar deudas contraídas que Juárez reconoció no estar capacitado para liquidar. Si bien Inglaterra y España terminaron por abandonar su causa, Francia persistiría al punto de actuar sola bajo la batuta de Napoleón III quien ya había prestado atención a conservadores mexicanos, entre ellos un hijo bastardo de José María Morelos de nombre Juan Nepomuceno Almonte, quienes al acercarse a él le hicieron saber que se vivía la circunstancia más oportuna para que los galos establecieran en América una extensión de su imperio. Los yanquis en plena guerra civil y nuestra nación inmersa en el desbarajuste. Francia engolosinada prestaría mucha atención a la observación la cual vendría a dar por resultado el arribo de un buen hombre, ese sí liberal por conocimientos y convicción, conocido como Maximiliano de Habsburgo de la Casa de Austria, hermano menor del archiduque Fernando. Mientras, el General Don Miguel Miramón solo tenía en mente un objetivo: SALVAR Y DEFENDER A MÉXICO de los intereses extranjeros y de las calamidades propiciadas por Don Benito Juárez García.

Mañana fiesta en su honor ¿merecida…?

(Continuará)

@ap_penalosa
http://www.antoniopatriciopeñalosa.com/

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