Juárez vs. Don Porfirio

Por fín arribó la paz y el desarrollo luego de muchos años, con Don Porfirio Díaz. Eso sí, luego retornarían a la nación nubarrones de tormenta

Con Juárez más se hundió México en la miseria y en la ignorancia. Su actividad de pastor de ovejas trascendió a la de manejar grandes rebaños de borregos enfrentados entre sí: liberales y conservadores  bajo el arbitraje de un referee proveniente del país vecino  mientras aquel daba por concluida su propia pelea en su interior: la Guerra de Secesión. Llegó Don Porfirio sin tomar partido. Su interés era su patria destrozada, reunir a los mexicanos en un solo grupo, abrirle las puertas a todos y con ello a las oportunidades, pero lo más importante: en un marco de paz. Eso era lo que realmente deseaba y urgía a México. Fue Dictador, sí. No quedaba de otra. 80 por ciento de la población vivía en la miseria y en la más absoluta ignorancia. Bien lo sabía. Aprovechó dicha circunstancia  pero con todo y todo y a pesar de muchos que no lo querían  Don Porfirio fue un buen gobernante. Conocía bien a México desde ser un militar que se oponía a las intervenciones, hasta que asumió el poder consciente del país que recibió arrasado y que levantó al punto de quitarle la vestimenta de tribu y exhibirlo como nación en vías de la prosperidad. Era otro ser humano,  pasional aunque a la vez reflexivo, calculador, prudente y tolerante.

Con Don Porfirio por los menos en una buena parte de nuestro enorme territorio  se dio crecimiento y trabajo. Eso no quiere decir que haya logrado salvar sectores marginados, pero bueno, puso a México en una charola de plata que nuevamente fue pateada y de ella cayeron valores que terminaron pisoteados, aplastados y hasta ignorados. Surgiría después de su salida un nuevo ciclo que se llamaría Revolución Mexicana a lo largo de la cual todo sería una vez más lo mismo de los tantos periodos anteriores: luchas fratricidas, asesinatos, traiciones, sangre, muertes, debacles y nuevamente un territorio de trogloditas y por ello de oportunidad para aquellos atentos a eso de: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. En el México independiente con todas sus cosas buenas y malas puestas en una balanza, en las segundas está representado el mayor peso.

Me pasa como lector que de pronto me arrimo a obras constituidas por tantos volúmenes o páginas y me digo: “si trato de leerlos completos luego ni me voy a acordar y no tendré tiempo de avocarme a otros”. Eso me pasa con “México a través de los siglos” o con Don Quijote de la Mancha. Pero cuando abro esos mismos libros al azar o buscando algo en específico, en el caso de la primera obra siempre termino satisfecho e impresionado. No me imagino cómo le hizo Don Vicente Riva Palacio para organizar con sus colaboradores ese monumento que desafortunadamente pocos mexicanos tienen en sus casas. Ahí está plasmada una buena parte de la verdadera historia de México no sólo en su avanzar político, sino también en lo económico, en lo social, en lo cultural, en la heráldica, en sus tradiciones y costumbres. Existen librerías de ejemplares viejos donde regateando se puede uno hacer de la obra incluyendo diez tomos a no más de mil pesos y mientras más viejos, más huelen a libro y a un México sui generis lleno de sorpresas  de pronto inentendible. Muchas veces basta abrir el Quijote así en un a ver qué sale y ¡uff, cuánta sabiduría en dos páginas! De El Principito de Antoine de Saint Exupéry, cortito, fácil de leer, ameno, ahí pasa lo mismo. Cada vez que se lee una página por enésima ocasión, algo nuevo se aprende. Leamos los mexicanos. Aprendamos y disfrutemos. Busquemos la verdad, confrontemos y van a ver: cada vez que se dé un proceso de elecciones, vamos a poner a temblar a los chingados políticos.

Para continuar con Don Porfirio, me referiré a una auténtica testigo que fuera de ese gran personaje: su propia hija de nombre Amada a quien tocó vivir grandes desventuras derivadas de su niñez, su matrimonio y por la forma como terminó la vida de su padre. Existe un espléndido libro al respecto escrito por Ricardo Orozco  denominado El álbum de Amada Díaz que quien lo consiga terminará reconciliándose con ese protagonista de nuestro devenir y que yo califico digno y ejemplar, en las mismas proporciones en que descalificaría al sistema mexicano, que por conducto de sus “historiadores”, ha sido con Don Porfirio ingrato y soez. Antes de avocarme a Amadita diré a manera de antecedente que Don Porfirio ya sentía el peso de su edad y por lo mismo ahora sí preveía su salida del gobierno. Tenía contemplado para sucederlo a quien pretendía colocar previamente como Vicepresidente y que llevaba por nombre Don Ramón Corral. Limantour también pesaba mucho, pero en aquello de previsiones, no había quién le ganara al Presidente Díaz  al punto que prefirió mejor reelegirse nuevamente.

Continuaré con Amada Díaz….

www.antoniopatriciopeñalosa.com

Twitter: ap_penalosa

 

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