LA GRAN DESGRACIA QUE SIGNIFICA SER ECONOMISTA

Recuerdo a un niño que se acercó a un anciano que contaba con una edad de setenta y cinco años y le pidió que lo ayudara a hacer su tarea. Aquel anciano era muy callado y además gruñón y entonces volteó solamente para observarlo. De pronto el mismo anciano le preguntó al niño: “qué deseas muchachito…”. Y el niño le respondió “tengo problemas para poder hacer mi tarea” El señor tomó su cuaderno y sin decirle nada procedió a salirse del lugar en el que se encontraba, además de manera muy callada.

Minutos después reapareció el anciano y simplemente le hizo saber “acabo de leer tu cuaderno y me he dado cuenta que tus padres tomaron una magnifica decisión”. Entonces el niño se puso muy nervioso y volvió a preguntarle: “por qué me dijo que mis papás tomaron esa decisión…? Entonces el viejo le contestó: ”simplemente porque te inscribieron en una magnífica escuela y eso se debe a que tanto tus padres como tus maestros te enseñaron a hablar de forma muy “concreta”.

 Lo anterior es solamente un ejemplo.

En muchas ocasiones los seres humanos tienden a hablar de más y ello significa que mientras más letras y palabras se escriban o se pronuncien, uno mismo no se da la oportunidad de ganarle más al tiempo en comparación con el mismo tiempo que incluye solamente párrafos que representan solo palabrerías.

Un buen ejemplo de lo anterior se da en el caso del presidente André Manuel López Obrador (AMLO).

En muchas ocasiones he observado que en sus llamadas “mañaneras” es triste observar a los reporteros que están obligados a asistir, porque me parece muy injusto el trato que se les da. Cuando acuden a participar en ellas, de inmediato me percato del enorme cansancio causado por el trabajo que se ven obligados a realizar.

Pero además de todo lo antes escrito, lo peor de todo es el exceso de palabrería que emite el señor presidente. O sea que nunca deja de pronunciar palabras que sean coherentes y además mal pronunciadas.

Durante varios años tuve la oportunidad de formar parte de la Empresa alemana de nombre Thysen, como director adjunto de la dirección general en México. Recuerdo muy bien al que fuera el director general corporativo de nombre Heins Eimmans.

En uno de tantos viajes, un día me mandó llamar y grande fue mi sorpresa cuando encontré que aquella persona me indicó: “señor Peñalosa, Usted trabaja muy bien sin embargo comete muchos errores debido a que cuando asiste a las juntas del Consejo de Administración siempre habla demasiado pero nunca concretiza cualquiera de sus opiniones…” y luego de pronto me preguntó “¿Usted es economista verdad…? De inmediato respondí “si señor, estudié en MIT pero decidí empeñarme solamente en materias relacionadas con el  Comercio Internacional….” Y entonces me pregunto: ¿Por qué los economistas son tan difusos y confusos…?”

Luego de lo anterior le indiqué a mi secretaria que iba a salir un rato a caminar a un jardín que se encuentra al frente del edificio que alberga solamente a los altos ejecutivos de aquella compañía.

En la practica, yo estaba furioso debido a que me sentía muy ofendido por todas las preguntas que me hizo el mencionado director.

Cuando regresé a mi oficina ya más tranquilo, la persona anotada me invitó a comer y cuando llegamos al restaurante luego de terminar, el mesero nos acercó una botella de Champaña para brindar por el éxito alcanzado derivado de un proyecto llevado a cabo a favor de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Al momento de terminar el brindis el señor Eimmans luego de lo anterior, de inmediato procedió a decir una palabras, entre otras “brindo por el éxito alcanzado por el señor Peñalosa, pero nunca brindaré por los economistas porque nunca concretizan y porque nunca se saben expresar…”.

Apenas salí de la comida, sentí que me habían lastimado de manera cruenta y además mi estomago me urgía a vomitar.

Ya por la noche, más tranquilo me puse a meditar en torno a todo lo sucedido e inmediatamente después tomé la carpeta que contenía entre otros, mis documentos para participar en el Consejo de Administración. Y luego de leerlos y releerlos finalmente concluí que el señor Eimmans estaba en lo correcto.

Fue entonces cuando me di cuenta que por ser economista, había caído en un gran error por no ser preciso, conciso y macizo.

Saludos y muchas gracias.

@ap_penalosa

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