La historia me ha salvado

¡Qué bien que decidí escribir un libro! Nunca imaginé que sería mi tabla de salvación. En el transcurso de su elaboración disfruté, soñé, viví hasta que salió a la luz. Hoy, ese libro me sostiene a mí.

Previo a retirarme de la vida profesional, luego de más de 40 años, tuve ilusiones que no me estaban todavía alcanzar. Antes el ser padre, esposo, profesional inmerso en la vida social, etc., me significaban obligaciones que me marginaban de la posibilidad de arribar a metas en extremo personales. En su momento, algunas de ellas las logré: sembrar un árbol, tener no uno, sino tres hijos, amar a un perro, convivir con los caballos y algunas otras que forman parte de hermosos pensamientos que seguirán trascendiendo. Cuando concluyó todo lo anterior y previendo no caer en la inactividad me pregunté “¿qué de lo que añorabas ahora sí puedes realizar?” La respuesta fue casi inmediata: “escribir un libro, en particular, sobre Historia de México”.

¿Por qué respecto a historia de México? Simplemente porque a lo largo de mi vida siempre me interesó, la estudié con atención y confrontando distintas opiniones o narraciones en torno a la misma, en la medida que avanzaba y sacaba mis propias conclusiones, en ocasiones me encontraba por demás confundido y en otras enfurecido. Concluí que a los mexicanos no se nos había hablado con la verdad y por lo mismo éramos víctimas de falta de respeto. O sea, de una “educación” manipulada al gusto de los sistemas que nos han regido.

Sacar al alcance del lector un manuscrito, sobre todo cuando es el primero, es algo por demás difícil. Máxime cuando sabemos que las editoriales tienen por objetivo principal ganar dinero, antes que promover a nuevos valores con potencial. De ahí tanta frustración entre jóvenes hechos a un lado como escritores, músicos, actores, pintores y tantos más. Esto es: “¿me significas dinero? bien” “¿Tengo que arriesgar por ti? no, el que sigue…”

La conclusión de un trabajo como el que ahora me ocupa, después de revisiones, correcciones, registros, etc. representa apenas un 30 por ciento del proceso. Un nuevo autor, aún contando con una editorial contratada, es un ser desconocido en medio de un océano. Nadie se percata de su existencia, ni del título de su obra. Eso obliga a un siguiente paso: difundirlo. A falta de editorial, uno tiene que convertirse en editor. En mi caso, gracias a una experta y por demás entrañable amiga, Yolanda Paramio, nos dimos a la tarea de elaborar una página web, bellísima por cierto y rica en contenido y herramientas. Gracias a dicha plataforma, hoy mi obra circula por todo el mundo ¿Cuándo y cuántas ventas derivarán de esfuerzos diarios? no lo sé. Lo que sí me queda claro es tomar en cuenta dos ejemplos: se dice que cuando Albert Einsten publicó su obra sobre la Teoria de la Relatividad, en el primer año solo se adquirieron seis volúmenes. Igual cuentan que Cuelho alcanzó la fama hasta la aparición de su tercera obra. Dicho de otra manera: no se pueden obtener resultados y satisfacciones a la vuelta de la esquina.

Cuentan que los mayas hicieron la predicción de que en 2012 el mundo se acabaría. Por lo menos a esta fecha esto no ha sucedido. Sin embargo en mi caso personal, este año ha sido uno de los más difíciles en mi existencia ¿Saben quien me ha salvado? MI LIBRO AL QUE TANTO ADORO.

 

 

 

 

 

 

 

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