La importancia de “tocar fondo”

Antonio, ríndete, acepta, ponte bien contigo mismo y disfruta. Sigue creciendo, vas muy bien. Ahora tus expectativas son nuevas y más ambiciosas. Desenganchate del pasado, olvida, perdona y verás cuánto nuevo te tiene la vida reservada. Estás vivo.

Mi vida como escritor me hace sentir pleno. En el transcurrir del tiempo he aprendido lo que suponía imposible y me asustaba. Me he disciplinado a lo que personas sinceras, valiosas, instituciones, medios, etc., todas buenas y expertas, con tanto cariño me han brindado. En la medida que avanzo y luego de dedicar horas y horas a esta actividad, la cual disfruto intensamente después de retirado de la vida profesional, doy gracias a mi Ser Superior por su ayuda y comprensión. Veo que soy afortunado y que estoy inmerso en la calidez.

De pronto cuesta trabajo. No dejan de suceder situaciones inesperadas que de pronto nos hacen ver  que solo estábamos siguiendo  la ruta al desencanto, la desilusión y con ello la frustración. Nubes rosas engañosas que invitan como más conveniente hacer lo mismo que el que desde un avión se lanza al vacío y en su trayecto,  aunque sientiendo miedo, soledad, inseguridad, un silencio extraño, las ráfagas de viento frías,  en la medida que se acerca a la superficie y ayudado de su herramienta, percibe y siente la emoción por situarse en aquello que ahora lo atrae sin saber que existía.

La vida es así. A veces aconseja y hasta a veces impone porque somo necios y temerosos. En esos estadios flotamos al capricho de un viento que juega con nosotros igual que con una hoja de árbol que desconoce en donde finalmente quedará asentada. Se hace urgente entonces tocar el fondo de ese agujero donde solo la inercia nos sostiene a su gusto y nos mantiene atrapados. Derrotarse y por profundo que resulte ese fondo, nos lleva a darnos cuenta de la solidez de su desconocida y obscura superficie. Habrá que serenarse, medir la altura a recobrar, tomar conciencia de nuestra energía, llenar nuestros pulmones de oxigeno y decidir saltar seguros de alcanzar una vez más ese espacio desde el cual volveremos a arrancar. Ya una vez arriba, se reinicia el camino, se convive con el presente y a él nos entregamos. Lo pasado ya no existe pero las buenas experiencias por difíciles o tristes que hayan sido, nos harán actuar con más cautela. Caminaremos sin prisa, libres, oliendo y disfrutando el olor que emana de la naturaleza y más temprano que tarde observaremos a lo lejos y nos percataremos del humo de la chimenea de una casa que nos dirá “ven, acercate, disfruta del calor en mi interior. Verás que aquí se está en paz y no nos pasará nada”.

Hace unos días, uno de los seres que ahora más quiero me decía: “recuerda los barcos cuando están anclados y date cuenta que cuando corren en su navegar, se hizo necesario deshacerse de lo que los tenía atados. No olvides tampoco a esos niños que en tu interior alimentan tus sufrimientos y soberbia. Hazlos a un lado y sé feliz”. Ahora lo estoy haciendo y me siento bien y ya no arrastro sufrimientos.

Esto que ahora apunto es una reflexión personal, pero creo que también quien profundice en ella, verá que aplica a México.

 

 

 

 

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