LAS MARIONETAS DE CALLES ANTES DE LLEGAR DON LÁZARO

Previo a la depresión de 1929 y sí, cómo no, los que de verdad se la sabían, se dieron cuenta que había “calma chicha” y que de pronto la realidad sería otra. Y a vender, a vender y a vender acciones. Wall Street no se daba a basto y ¡pum!: la “Gran Depresión del 29”. La nube rosa se hizo negra, los banqueros que tanto habían prestado no recuperaban nada, en fin, todo había sido un viaje a Disneylandia que cuando a su retorno los hizo ponerse en la realidad, se dieron cuenta que ya no tenían jabón ni para lavarse los calzones. Como en el 2008, el efecto fue “de dominó”. “¿Qué? ¿Vender ahora al exterior, al que ya no nos puede comprar? Y, ¿nuestros mercados internos?” ¡Bu, bu, bu!, lloraba Hoover, “y ahora, ¿quién podrá defenderme?” Todavía no habían nacido ni el Chapulín Colorado ni Supercan.

En México mientras tanto, nos gobernaba el Ing. Pascual Ortiz Rubio quien según Calles resultaría facilito, facilito para por su conducto dirigir al país. Pero no tomó en cuenta que Don Pascual, además de no saber, tenía tal miedo a una realidad desconocida y al propio Calles, que ni tardo ni perezoso y a la voz de ya, primero dejó todas las decisiones en manos de Don Plutarco. Luego ante el enfurecimiento de éste último, prefirió renunciar por motivos de salud. Estaba enojadísimo porque lo habían regresado de Brasil, donde como Embajador se la pasaba disfrutando de las playas y de las “garotas” que le ofrecía toda la hermosa Bahía de Guanabara con todas sus playas de Copacabana, Ipanema, etc. ¡Cuánto llegó a sufrir, pobrecito! Lo único que se le atribuye fue la promulgación de la Ley Federal del Trabajo incluida en el Artículo 123, pero en la práctica lo único que hizo fue firmarla, puesto que quien realmente la concibió fue el Presidente Portes Gil. ¡Qué chiste!

Respecto a Don Abelardo Rodríguez, Calles se equivocó de pe a pa. Don Abelardo fue hombre muy serio y bien se cuidó de caer en el manipuleo Callista. Se preocupó mucho por poner en práctica la filosofía Constitucionalista a favor de los obreros y campesinos. Llegó a ocupar la Presidencia un poco por casualidad. Antes Calles le había ofrecido a Alberto J. Pani dicho puesto, sin embargo aquél con toda dignidad se negó aduciendo no prestarse a formar parte de su “borregada”. Entre Presidentes interinos y sucesiones Presidenciales en Estados Unidos, a Don Abelardo le tocó como pareja Don Franklin E. Roosvelt. Sucedió con ese Presidente que le tocó bailar con la más fea: “La Recesión del ‘29” que causó un grave deterioro a la imagen Republicana. Roosvelt había sido Gobernador de Nueva York y provenía de círculos de la más alta sociedad americana, tanto en lo aristocrático como en lo económico. En su toma de posesión puso a temblar a muchos del gran capital norteamericano al declararse respetuoso y defensor, entre otros, de los territorios latinoamericanos.

@ap_penalosa

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