LOS DÍAS PRELIMINARES A LA EXPROPIACIÓN

Los petroleros ya ni se fueron a tomar sus tragos a sus lujosas instalaciones. Prefirieron esperar en la antesala del despacho de los peritos 30 días para saber al final si era niño o niña. Casi todo el tiempo estaban sumidos en sus propias reflexiones y sin hablar unos con otros, mejor se tronaban los dedos y de pronto alguno de ellos se iba a hacer pipí y luego salía a comerse unos tacos sudados, con menos sudor que el que a ellos afectaba. Finalmente salió el jefe de los peritos, se les quedó viendo directo a la cara con facciones de gladiador dispuesto a echárseles encima, pero prefirió guardar la calma y sólo expresó entre dientes: “bola de cabrones”.

Y así fueron saliendo los trapitos al sol. De entrada se apuntaba que las empresas, principalmente americanas e inglesas, habían venido operando a lo largo de su historia en México, haciendo caso omiso al interés de nuestra nación. Que además muchas veces sus actividades se habían extendido a acciones de tipo terrorista para desencadenar conflictos políticos en detrimento del orden social, muchas veces recurriendo al ámbito internacional para desde allá hacer que los acontecimientos al interior de nuestro país se complicaran más.

Se hacía una comparación de los salarios pagados por los petroleros, tomando por referencia a los que beneficiaban otras industrias, como la minera o de ferrocarriles, encontrándose que los primeros estaban muy por debajo de los segundos. Gran sorpresa causó cuando se detectó que el precio que los mexicanos pagaban por el petróleo de su país, era superior a los que prevalecían en otras partes del mundo, de ahí entonces un factor más del subdesarrollo en el cual nuestra nación se encontraba. Los números detectados en términos de resultados a favor de los petroleros eran por demás excesivos y por lo mismo, se tenía la capacidad para un pago a favor de los trabajadores demandantes por una cantidad igual a 26 millones de pesos, agregando además que la solidez de esas empresas estaba bien capaz para seguir enfrentando las futuras demandas de los trabajadores acordes con el paso del tiempo. Cárdenas sabía perfectamente que los magnates iban a chillar y a revolcarse en el piso como simulando ataques epilépticos y por supuesto, imaginaba que se negarían a aceptar el veredicto. “¡Je, je!”, se decía Don Lázaro. “Estos ya cayeron” y ¡vaya que cayeron!

@ap_penalosa

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