Los dolores del alma, dificiles de curar

Ya lo había publicado. Pero decidí hacerlo nuevamente.

En los ambientes religiosos se nos enseña que nuestra estadía en la vida contiene más pesares que alegrías. También nos consuelan prometiéndonos para después la gloria al lado de DIOS. Hoy me pregunto si habrá gloria para mí y para México

Como persona, he vivido momentos muy gratos. También por demás difíciles. Sobretodo cuando lo último me ocurre, más me acerco a mi Ser Superior pidiéndole su bendición, ayuda y fortaleza. Me aferro a mi fe y confío que más temprano que tarde se apiadará de mí y me rescatará. Pero en la medida que eso no sucede me invade el miedo. Me digo: “¡cuántos problemas más serios que el mío ocupan la atención del Creador de entre más de 2 mil millones de habitantes! ¿En qué lugar de la fila me encontraré?” Surge entonces esa terrible sensación de vacío, soledad y dolor al punto de preguntarse a uno mismo “¿vale la pena vivir?” Curioso, en la etapa de ese proceso, como por arte de magia, de quien uno menos espera ni conoce, recibimos expresiones de ¡ánimo! Hoy tengo un por qué vivir: mi página web y mi libro. Sé que me esperan universidades que me demandarán una vez más como maestro, una empresa que me dice “ven, nos haces falta”. Sin embargo aún con todo, termino reflexionando y caigo en cuenta que en realidad DIOS me está asignando pruebas que debo superar para, mientras viva, seguir creciendo.

¡Ay! Yolanda Paramio ¡cuánto me haz ayudado! Fuiste esa tabla de salvación que desde en medio del océano me llevó a tocar tierra. No sé que sería de mi existencia ahora sin esa página web que ahora me hace presente en todo el mundo ¡Qué herramienta caramba! Es mi medicina. Esta tarde, leyendo cada hastag que recibo, encuentré reconocimientos, cariño, respeto. Me encanta meterme a la “cueva de los leones” y a tratar de dialogar con los del 132. Ejercicio fascinante. Algunos, luego de expresar mi opinión, me mientan la madre. Insisto contestando con respeto y buena voluntad. Terminan preguntándome, la mayoría se convencen y se convierten en mis amigos. Dialogos que van de menos a más y que me hacen feliz porque al final del día, antes de dormir, me meto a la cama satisfecho porque concluyo “bueno, algo aporté por mi país”. Y es que esa es mi intención. Termino muy cansado, el sueño me vence pronto y aunque mi despertar es repetitivo sintiendo cierta depresión, concluyo “ándele mi cuate, que hay mucho que hacer”.

Y ¡váya que lo hay! México está igual que yo. Pasa por momentos harto difíciles. Requiere cariño, unión, reconciliación y ese empuje de todos necesario que lo lleve a la alegría, a la razón que les signifique a nuestros compatriotas amarlo, reanimarlo y alentarlo. Es muy difícil y misterioso el panorama mundial que ahora nos agobia. Cierto lo que me dice Érika: “las energías que ahora nos tienen atrapados son en intensidad muy, pero muy fuertes. Vivimos un parteaguas que transformará al mundo en forma por demás dramática”.  Tiene razón, eso mismo estoy sintiendo.

Faltan todavía cinco meses para que concluya el 2012. Debo de estar alerta y consciente de que existe un poder que me usa como marioneta. Debo aprender de él, sublimarlo, aprovecharlo y ¿por qué no? agradecerlo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *