LOS PETROLEROS CONTRA ATACAN

Los petroleros por lo pronto decidieron ampararse en contra del Decreto pretendiendo exhibir todas las violaciones, según ellos, a nuestra propia Constitución. Confiaban en el apoyo de su Departamento de Estado de manera que éste exigiera de forma inmediata la devolución de todos sus bienes. En adición, habían llegado al acuerdo de sabotear la continuidad de la producción petrolera vía varios caminos. De entrada, suspender cualquier venta de refacciones y herramientas que la maquinaria pudiera requerir. Igual ya habían ordenado el retorno de su personal técnico a su país, a efecto de que los mexicanos se quedaran sin el auxilio de aquéllos. Con eso preveían el desabastecimiento de gasolinas y por lo mismo la paralización de la vida cotidiana del país, tanto a nivel doméstico como industrial.

Además, con base en el argumento de que no habían sido indemnizados, pretenderían advertir a los que persistieran abasteciéndose de petróleo mexicano, que en la práctica estaban adquiriendo un material robado, lo que les podría significar una demanda en su contra al interior de su país. Las circunstancias en Europa también les significaban posibilidades a su favor, esto es que si los mexicanos decidieran abastecer al Eje formado por Alemania, Italia y Japón, a ojos de Roosvelt, éste último quedaría expuesto al ataque del pueblo norteamericano por tolerar que su vecino diera satisfacción a las necesidades de los fascistas.

Se abría entonces la posibilidad del retorno al trueque. Eso resultaría muy peligroso para los propios norteamericanos porque si México, a falta de liquidez para satisfacer sus necesidades de consumo se veía obligado a tranzar con los fascistas a cambio de alimentos o refacciones, entonces los propios productores de otros sectores de Estados Unidos, verían caer en forma acelerada sus tradicionales exportaciones a México. El problema para nosotros estaba en el hecho de que sin refacciones y auxilio técnico, se vería reducido a solamente una alternativa de venta: petróleo crudo. Un poco como seguimos ahora, cuando por mucho crudo que tuvimos, repito tuvimos, no había un paralelismo que permitiera darle al mismo un valor agregado por efecto de la falta de una adecuada infraestructura de refinación. Ahora mismo, el poco crudo que nos queda, flaco favor nos significa cuando por carencia de soporte técnico que dé paso a la refinación, a cambio de exportar un barril por cien dólares, terminamos comprando, quizá el mismo crudo convertido a gasolina, a precios muy superiores a los cien dólares antes mencionados.

@ap.penalosa

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