LOS RESENTIMIENTOS EN LA HISTORIA, VENENOS QUE MATAN

Hace un poco más de dos años, después de observar la Catedral de Reims en Francia y sus vitrales, y sabiendo del bombardeo de que fue sujeta al punto de su casi total destrucción me pregunté ¿qué sentirían los trabajadores mientras la reconstruían? Pienso que odio no, más bien resentimiento.

Estoy convencido que el peor espacio en la vida de un ser humano es aquel que se sitúa entre el amor y el odio. Está al centro y en paralelo a esas dos emociones y por lo mismo no permite que ambas se enfrenten cara a cara. Mientras tanto, las personas inmersas y abatidas a veces ignoran en qué lado tratar de ubicarse. Si logran retornar al plano del amor, saben que eso les significará nuevos sacrificios y hasta posibles sufrimientos. Si optan por el odio, su capacidad de autodestrucción y daño será implacable

Yo pienso que la historia a lo largo de su correr, ha propiciado en sus presentes y proyectado a momentos muchas emociones encontradas. Odios, tristezas, alegrías, sensaciones de triunfo, quizá hasta dulces evocaciones, arrepentimientos, frustraciones, en fin, todo un cúmulo de sentimientos que debieran ser lecciones de vida pero que en lugar de aprovecharlas y en razón de nuestra soberbia, preferimos hacer de ellas herramientas de venganza o de reconquista. Dos ejemplos: las Primera y Segunda guerras mundiales. Una vez concluidas, dejaron territorios convertidos en panteones de pronto arrasados por el frío y el hambre. Intensos dolores, pérdidas, miserias, frustración, pero lo peor: presencia de impotencia. Al rato, vinieron las reflexiones sobre todo lo acontecido y poco a poco la humildad fue fluyendo. Se dio paso a reconocer errores, surgió el espíritu de reconciliación y ya luego el perdón. Renacía el mundo nuevamente y los que lo habitaban se mostraban resueltos a evitar que dichas tragedias volviera a ocurrir. Limpiaron sus lugares, se volvieron a establecer en ellos y se encontraron dispuestos a rescatar como la catedral referida, todo lo que había quedado hecho añicos ¡impresionante la capacidad del hombre, igual para destruir como para reconstruir!

Solo que entre las ruinas reptaba una serpiente presta a morder y envenenar:, este fue precisamente el resentimiento. No dejaron de existir aquellos que a su interior clamaban por la venganza, la revancha y sí, muchos terminaron siendo víctimas del ataque de aquel reptil. Hombres que decían y proclamaban que era necesario hacer ajustes de cuentas. Entre la primera y la segunda guerras anotadas, hubieron muchos conscientes y decididos a evitar nuevas catástrofes. Evadían hablar de temas que solo herían su corazón. Pero también habían otros que mientras los demás estaban en paz y dispuestos a proseguir así, tramaban y preparaban armamento más moderno para con él volver a destruir de manera más contundente y volver a sembrar odio entre todos los que habitaban el planeta. Yo me pregunto ¿por qué si ya nos dimos cuenta del potencial de dañar que tiene esa terrible emoción, no mejor la incineramos, la convertimos en cenizas y con ellas abonamos árboles o plantas que nos proporcionen cobijo y sombra?

¡Fuera soberbia, al diablo con los resentimientos! ¡Y tú ego, o dejas que te administre o también te vas con aquella!

@ap_penalosa

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