MÁS SOBRE “TATA” LÁZARO.

Poco a poco Cárdenas se iba haciendo del control total de su caballo. Era buen jinete. Primero lo observó al paso, que es en el arte de la equitación el proceso más difícil, sobre todo cuando la bestia está sobrada y deseosa de lanzarse a la de ya al galope. En esos momentos nuestra nación tenía muchos bríos, estaba sobrada y era necesario hacerla caminar tranquila, sin exponerse a la fractura. Luego, se fue al trote corto sin aflojar sus piernas y viendo siempre al frente, a un punto específico. Se empezaba a notar una comunión entre jinete y bestia. En el camino aprovechó para acabar con cuanta hierba mala amenazaba con afectar a ese cuarto de milla altivo y seguro de quien lo guiaba. Sacó de sus rincones en donde se fueron a agasapar, a todos los Jueces del Poder Judicial y con ellos también a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia y a los miembros del Tribunal Superior. Bien sabía Cárdenas que todo el ambiente que le rodeaba estaba lleno de espinas ocultas provenientes de la siembra del Maximato, que igual como habían actuado en detrimento de otros, seguían ávidas de continuar ensartándose en la piel de aquéllos que las pisaran.

En sus reflexiones al inicio de su mandato, muchos fantasmas lo acosaban. Bien sabía que en buena parte de su formación y crecimiento, tanto en lo militar como político, Calles había mostrado a su persona especial deferencia y afecto. Por lo mismo, siendo de por sí disciplinado como todo buen militar, uno de ésos tantos que se pudiera considerar como traición lo hacía sentirse en conflicto extremo a su interior. Pero al mismo tiempo, asumiendo que ahora estaba constituido en Institución Presidencial, más allá de su posición como hombre común y corriente, y sabedor y testigo de tantas intransigencias e injusticias cometidas por Calles, se sentía obligado y responsable de poner un orden a las cosas. Quizá lo que más le atormentaba era el “cómo”, muy claro tenía el “debe ser”. Los objetivos de Don Lázaro estaban muy claros: los obreros, los campesinos, la paz social y por supuesto el rescate del patrimonio nacional a favor del verdadero propietario y acorde con los mandatos Constitucionales. Ya había sido Gobernador de su estado. Michoacán era sólo una muestra de todo lo que sucedía en el resto del país, un México colonial en el cual todavía prevalecían las tiendas de raya y el derecho de pernada al gusto de los señores hacendados. Las jornadas laborales a las que estaban sujetos los obreros, incluyendo a los niños, rebasaban de tal manera su dignidad y su salud, mismas que no entendían o no pretendían entender los dueños del dinero. En el caso de los petroleros, él mismo y por culpa de ellos había tenido que sujetarse a órdenes que bien sabía que indirecta o directamente afectarían a muchos padres y con ellos a los miembros de sus familias. Finalmente, la disyuntiva se hizo vapor: era México y su bienestar o Calles y con ello la traición a su país. Se decidió por lo primero.

@ap_penalosa

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