Maximiliano de Habsburgo…¿fusilado?

Juárez quien se decía liberal, también pretendía ser mason. En la práctica fue farsante, traidor, dictador y muy distante por su conducta, de los preceptos de la masonería. Es posible que por presiones de Victor Hugo, diera marcha atrás al fusilamiento de Maximiliano

Se decía llamar Justo Armas. Apareció en el Salvador. Por demás discreto, callado y bondadoso. Portaba barba grande y gustaba de andar descalso. La gente lo apreciaba y respetaba. A esta fecha, luego de distintos estudios e investigaciones, muchos coinciden en declarar que en la realidad era Maximiliano de Habsburgo.

Juárez a su muy particular modo y conveniencia pretendía exhibirse como mason. En la prática lo fue. Pero sus actitudes y acciones lo descalificaban como tal. Su intolerancia, soberbia, ansias de poder, traición a la patria vía el Tratado McLane-Ocampo, maldad, historial dictatorial y despótico, etc., me hacen suponer que sus hermanos de lógia lo veían con frialdad y desconfianza. No estoy seguro que Maximiliano también lo haya sido. Supongo que sí. Pero en contraste con el benemérito, además de su humildad, sus reales convicciones liberales lo hacían brillar ¡Vaya que practicó la tolerancia al punto del sufrimiento! Igual sin apasionamientos y fanatismos, como los que caracterizaron a Don Benito, sin conceder, ubicó a la Iglesia en el plano que le correspondía. También, como buen mason, era muy mesurado y nacionalista, en este caso: a favor de México a quien adoptó como su patria.

Yo puedo entender de Juárez su aversión hacia la Iglesia. Organo también ávido de poder y de riqueza. Pero me cuesta trabajo asimilar que si su formación intelectual provino de la misma y luego de leer a los inciclopedistas, lejos de ubicarse en el justo medio, se dejó dominar por la perversidad hacia los católicos. Políticamente fue idiota, porque no se percataba que gobernaba o pretendía gobernar a un país en el cual predominaba en un noventa por ciento la clase conservadora. Con los dineros que obtuvo de las expropiaciones eclesiásticas y con el fin de apoyar su causa, hizo negocios con los protestantes y otros interesados. Las utilidades no le fueron suficientes, de ahí su entreguismo a USA.

Juárez con su soberbia, no valoró ni aceptó recapacitar que personajes como Miramón y Mejía no estaban de acuerdo con la invasión francesa ni tampoco con la ayuda de los yanquis. Nunca tomó conciencia que eran mexicanos que finalmente lo que buscaban era la libertad de su patria. En la medida que Juárez huía de lugar a lugar, siempre comprometiéndose con USA, en la misma medida sus más cercanos más se hartaban de él. Caso Don Guillermo Prieto, Porfirio Díaz, los propios diputados, etc. Por eso se sabe que murió en medio de una inmensa soledad.

Juárez jamás tuvo el valor ni la sencillez que hubiera significado aceptar varias invitaciones de Maximiliano para sentarse a conversar y conjuntamente alcanzar un acuerdo a favor de México. Fue cobarde y ladino. Ante la perspectiva de un plebiscito imaginado por el segundo, quien estaba dispuesto a sujetarse al resultado, Don Benito simplemente y una vez más expresó un NO rotundo.

Vino el capítulo del Cerro de las Campanas. Previamente Victor Hugo, mason de trascendencia, conminó al usurpador a través de una carta a no sacrificar a “su hermano”. Es posible que dicha misiva haya tenido efecto y que diera por resultado el exilio de Maximiliano a El Salvador.

Dice la historia oficial que en sus estertores de muerte Maximiliano expresó la palabra “hombre”. Raro que quien a la hora de la muerte hablando Alemán como su idioma original, no hubiera expresado cualquier palabra en esa misma lengua. También se cuenta que una semana antes de su muerte, un fuego artificial quemó la mitad de la larga barba de dicho personaje. Quien murió exhibía barba completa como estilaba aquel. El doctor Licea “médico/carnicero” que lo embalsamó, extrajo sus ojos y los sustituyó por otros tomados de una estatua en honor de Santa Ursula. Finalmente, al arribo del cuerpo a Austria la madre de Maximiliano exclamó: “ese no es mí hijo”.

Luego de la muerte de Justo Armas, se encontraron entre sus pertenencias: vajillas, cuchillería, mantelería, condecoraciones, etc., todas ellas mostrando el escudo imperial de México. De manera que la ejecución o no de Maximiliano, sigue siendo un misterio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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